PROYECTO HUMANO

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    Torres Gemelas: ¿Atentado o Autoatentado?

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    Torres Gemelas: ¿Atentado o Autoatentado?

    Mensaje por fedex el Jue Ene 26, 2012 10:36 am

    Recuerdo del primer mensaje :

    Aca la Teoria Nº1 y mas reciente:

    En el atentado del 11S no hubo avión alguno. Existe una enorme cantidad de evidencias de este asunto, algunas de las cuales quedan claras en el documental “Las claves del 11S” (September Clues) posteado aquí varias veces ya con subtítulos. Muchos objetos son proyectados a nuestro alrededor en la vida diaria y, si no empezamos a ver las diferencias, no harán más que potenciar este sistema de engaño a nivel global.

    ¡Agudiza tus sentidos!



    Fuente: Trinity a Tierra


    Última edición por fedex el Sáb Ene 28, 2012 9:54 am, editado 1 vez

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    Re: Torres Gemelas: ¿Atentado o Autoatentado?

    Mensaje por fedex el Sáb Ene 28, 2012 10:06 am

    11/9: Entrevista exclusiva a Kurt Sonnenfeld
    El testimonio del camarógrafo oficial del gobierno de EEUU que filmó los restos de las torres gemelas el 11/S contradice la versión oficial de Washington


    por Red Voltaire

    El camarógrafo oficial del gobierno de los EEUU que filmó el Ground Zero, es decir la zona del desastre de la torres gemelas en New York que se derrumbaron el 11 de septiembre 2001 da testimonio de cosas sorprendentes. Filmó 29 películas durante un mes: «Lo que yo vi ahí en ciertos lugares y en ciertos momentos… ¡es muy raro y perturbador!». Él nunca entregó esas imágenes a las autoridades de su país para guardarlas como pruebas contrarias a la versión oficial y desde entonces es perseguido por Washington. Kurt Sonnenfeld se ha refugiado en Argentina en donde ha publicado un libro: «El Perseguido». Entrevista exclusiva para la Red Voltaire.

    Kurt Sonnenfelf, graduado de la Universidad de Colorado (Estados Unidos), hizo estudios de relaciones internacionales y economía, así como de literatura y filosofía. Trabajó para el gobierno de Estados Unidos como camarógrafo oficial de videos y director de las operaciones de divulgación audiovisual del equipo de intervención de urgencia para la Agencia Federal de Situaciones de Urgencia (FEMA).

    Kurt Sonnenfeld también trabajó bajo contrato para diversas agencias gubernamentales y programas para operaciones confidenciales y «sensibles» en instalaciones científicas y militares, en territorio estadounidense.

    El 11 de septiembre de 2001, la zona conocida como «Ground Zero» fue cerrada al público. Pero Sonnenfeld tenía libre acceso a ese sector, lo cual le permitió documentar la investigación (que nunca se concretó) y proporcionar imágenes «decantadas» a prácticamente todos los canales informativos del mundo. Las grabaciones que revelan la existencia de ciertas anomalías que descubrió en Ground Zero siguen en poder de Sonnenfeld.

    Acusado, conforme al guión de una maniobra montada de antemano [como el caso del periodista Garry Webb] –lo cual resulta evidente a la luz de hechos posteriores–, se le acusó falsamente de haber cometido un crimen, crimen que nunca tuvo lugar, Kurt Sonnenfeld ha sido perseguido a través de dos continentes. Al cabo de años de miedo, de injusticia y aislamiento, se decidió a pronunciarse públicamente en contra de la versión oficial del gobierno estadounidense, y declara que está dispuesto a someter los documentos que tiene en su poder a un detallado examen por parte de técnicos independientes y confiables.

    Entrevista

    Red Voltaire: Su libro autobiográfico «El Perseguido» fue recientemente publicado en Argentina, donde usted vive como exilado desde el año 2003. ¿Quién lo persigue?

    Kurt Sonnenfeld: Aunque es una autobiografía, no se trata de la historia de mi vida. Como me convertí en un testigo incómodo después de mi trabajo en Ground Zero, [el libro] es más bien el recuento de los extraordinarios sucesos por los que hemos tenido que pasar, mi familia y yo, por causa de las autoridades estadounidenses, durante más de 7 años y en ambos hemisferios.

    Red Voltaire: Usted ha explicado que su pedido de que se le conceda el estatuto de refugiado político, conforme a lo estipulado en la Convención de Ginebra, se encuentra todavía en estudio por parte del Senado argentino, cuando en 2005 a usted se le garantizaba el asilo político, aunque de forma provisional. ¡Usted es probablemente el primer ciudadano estadounidense en esa situación! ¿Ser sin dudas el primer funcionario del gobierno directamente vinculado a los sucesos del 11 de septiembre de 2001 en convertirse un «whistle-blower», una fuente pública [de información sobre esos hechos] es lo que le ha llevado a usted al exilio?

    Kurt Sonnenfeld: Un refugiado es una persona que se ha visto forzada a salir de su país (o que no puede volver a él) por algún tipo de persecución. Es indudable que muchas personas han sido injustamente perseguidas por causa de leyes prácticamente fascistas y de políticas vinculadas al choque del 11 de septiembre de 2001 y [esas personas] tienen derecho al estatuto de refugiado.
    Pero lo cierto es que pedir el estatuto de refugiado es un trámite arriesgado y peligroso. Estados Unidos es la única «superpotencia» que queda en el mundo, y la disidencia ha sido allí reprimida de hecho. Todo el que pide el estatuto de refugiado por razones políticas está cometiendo así un acto de disidencia extrema. Y si el pedido es rechazado, ¿qué se hace usted? Después de presentar el pedido, es imposible echarse atrás.

    Personalmente, yo no estaba obligado a salir de Estados Unidos, ciertamente no tuve que escaparme. En aquel entonces, yo simplemente no estaba conciente de lo que se estaba tramando contra mí. Todavía no había relacionado las cosas entre sí. Así que cuando me fui, en 2003, lo hice con la intención de regresar. Vine a Argentina a tomarme un pequeño respiro, para tratar de recuperarme después de todo lo que me había pasado. Vine aquí libremente, con mi propio pasaporte, utilizando mis propias tarjetas de crédito.
    Pero, como consecuencia de una increíble serie de acontecimientos, me vi posteriormente obligado a exilarme, y no regresé.

    Red Voltaire: ¿A qué tipo de acontecimientos se refiere usted?

    Kurt Sonnenfeld: Fui injustamente acusado de «crímenes» que, por supuesto, nunca se produjeron, fui objeto de encarcelamiento abusivo y de torturas, como consecuencia de aquellas acusaciones, y además de escandalosas calumnias contra mi reputación, de amenazas de muerte, de intentos de secuestro y otras violaciones de los derechos y los derechos humanos condenadas en numerosos acuerdos internacionales. Mi regreso a Estados Unidos sería no sólo una prolongación de esas violaciones sino que me separaría –quizás de forma permanente– de mi esposa y de nuestras gemelas de tres años, la única razón de ser que me queda. Además, debido a la imposibilidad de obtener un juicio justo por un crimen que nunca tuvo lugar, me vería incluso expuesto a la pena de muerte.

    Red Voltaire: En 2005, el gobierno estadounidense presentó contra usted un pedido de extradición, que fue rechazada por un juez federal [argentino]. Más tarde, en 2007, la Corte Suprema argentina –en una demostración de integridad y de independencia– rechazó la apelación estadounidense. Pero su gobierno [el de Estados Unidos] insistió. ¿Puede usted aclararnos la situación?

    Kurt Sonnenfeld: En 2008, y sin tener absolutamente ninguna base legal, el gobierno estadounidense presentó una nueva apelación ante la Corte Suprema argentina, que seguramente mantendrá las dos decisiones inatacables ya adoptadas por el juez federal.

    Una de esas decisiones señalaba que había demasiadas sombras [En español en el texto, Nota del Traductor], o puntos oscuros, en mi caso. Había muchas mentiras en el pedido de extradición de las autoridades estadounidenses y, felizmente, nosotros logramos probarlo. El hecho de que hubiera tantas mentiras sirvió para apoyar mi pedido de asilo. Pudimos demostrar que hemos sido víctimas de una larga campaña de hostigamiento y de intimidación por parte de los servicios de inteligencia estadounidenses.
    Como consecuencia de ello, mi familia se encuentra desde entonces bajo protección policial permanente. Como señaló un senador al referirse a mi caso: el «comportamiento [de los servicios de inteligencia estadounidenses] denota sus verdaderas motivaciones».


    Kurt Sonnenfeld y su familia son frecuentemente objeto de acciones de hostigamiento durante las cuales se ven vigilados y fotografiados, como se demuestra en esta imagen.

    Red Voltaire: Están tratando de atribuirle un crimen imaginario. ¿Cómo justifica usted tanto rencor? Como funcionario de la FEMA, el gobierno tendría que haberle creído a usted. ¿En qué momento cambió la situación?

    Kurt Sonnenfeld: Retrospectivamente, me doy cuenta de que la situación cambió poco antes de que yo me diera cuenta de ello. Inicialmente, la falsa acusación de la que fui objeto era totalmente irracional. Me destruyó completamente. Resulta increíblemente difícil sufrir la pérdida de alguien a quien uno ama y que se suicida. Pero que lo acusen a uno de esa pérdida, resulta insoportable. El caso fue sobreseído ya que había un montón de pruebas que me absolvían totalmente (Nancy, mi esposa, había dejado una carta y varios escritos en los que hablaba de suicidio en su diario, había otros antecedentes de suicidios en su familia, etc.). La parte acusadora estaba segura de mi inocencia al 100% antes de pedir el sobreseimiento del caso.

    Pero la prisión preventiva se prolongó, incluso DESPUÉS que ya se había dicho que había que liberarme, lo cual me demostró que algo se estaba tramando.
    Estuve preso durante CUATRO MESES después de que se informara a mis abogados que se había pedido el sobreseimiento. Finalmente me liberaron en junio de 2002. Une increíble serie de acontecimientos se produjo en ese tiempo. Mientras yo estaba detenido aún, tuve una conversación telefónica con funcionarios de la FEMA para tratar de resolver el problema. Pero me di cuenta de que me consideraban «comprometido», que yo representaba un peligro. Me dijeron que lo convenido era que «había que proteger a la Agencia», sobre todo a la luz del cambio que iba a producirse con la aplicación de la Patriot Act y el esperado intrusismo que vendría con el nuevo Departamento de Seguridad de la Patria (Department of Homeland Security). Después de todos los peligros que yo había enfrentado, de todas las pruebas y dificultades que había sufrido durante casi 10 años, me sentí traicionado. La decepción fue terrible.

    Como me estaban abandonando, les dije que yo no tenía las grabaciones, que las había entregado a un burócrata de Nueva York y que iban a tener que esperar que me pusieran en libertad para recuperar cualquier otro documento que estuviera en mi poder. Poco después de aquella conversación, mi casa fue «registrada», cambiaron las cerraduras y varios vecinos vieron hombres entrando a mi domicilio, aunque no hay en la Corte ningún informe que mencione eso, como debiera ser. Cuando al fin me liberaron, descubrí que mi oficina había sido saqueada, mi computadora también había desaparecido y varios videos ya no estaban en mi videoteca del sótano.

    Constantemente había hombres apostados en la calle cerca de mi casa, mi sistema de vigilancia fue pirateado varias veces, las lámparas exteriores de seguridad eran desconectadas, etc., a tal punto que me instalé en casa de unos amigos, en su casa en la montaña, que TAMBIÉN fue saqueada posteriormente.

    Cualquiera que trate de descubrir la verdad reconoce que hubo una serie de extraordinarias irregularidades en este caso y que yo y la gente que yo amo fuimos objeto de una escandalosa injusticia. Esta intensa campaña tendiente a obligarme a volver a Estados Unidos es un pretexto falso que esconde motivaciones más oscuras.

    Red Voltaire: Usted ha sugerido que vio cosas en Ground Zero que no concuerdan con el informe oficial. ¿Dijo usted algo o hizo algo que pudiera levantar sospechas en ese sentido?

    Kurt Sonnenfeld: En aquella misma llamada telefónica dije que iba a revelar al público no sólo mis sospechas sobre los acontecimientos que rodearon el 11 de septiembre de 2001 sino también sobre diversos contratos para los cuales había trabajado anteriormente.

    Red Voltaire: ¿En qué se basan sus sospechas?

    Kurt Sonnenfeld: Retrospectivamente, había muchas cosas raras en Ground Zero. Me pareció extraño que me enviaran a Nueva York antes de que el segundo avión se estrellara contra la torre sur, en momentos en que los medios estaban reportando solamente que un «pequeño avión» había chocado con la torre norte –una catástrofe de tan poca importancia que no merecía la intervención de la FEMA.

    La FEMA fue movilizada en pocos minutos, ¡cuando se necesitaron diez días para desplegarla en Nueva Orleáns, en respuesta al huracán Katrina, a pesar de las numerosas advertencias previas! Me pareció raro que las cámaras se prohibieran de forma tan estricta dentro del perímetro de seguridad de Ground Zero, que se declarara toda la zona como escena del crimen, mientras que las pruebas materiales eran retiradas de allí y destruidas tan rápidamente.
    Después, me pareció muy extraño enterarme de que la FEMA y otras agencias federales ya estaban en posición en su puesto de mando, en el Pier (muelle) 92, desde el 10 de septiembre, un día antes de los atentados.

    Nos piden que creamos que las 4 cajas negras «indestructibles» de los dos aviones que se estrellaron contra las torres nunca fueron halladas porque fueron completamente pulverizadas, pero yo tengo imágenes de ruedas provenientes del tren de aterrizaje [que se ven] poco dañadas, y también de asientos, de pedazos de fuselaje, de una turbina de avión que no están desintegrados en lo absoluto. Dicho esto, me parece más bien extraño que esos objetos, prácticamente intactos, hayan podido resistir al tipo de destrucción que redujo polvo la mayor parte de las Torres Gemelas. Y tengo también mis dudas en cuanto a la autenticidad de la turbina del «avión».

    Lo sucedido con el Edificio 7 es extremadamente sospechoso. Yo tengo un video que muestra hasta qué punto la pila de escombros era curiosamente pequeña y se ve que los edificios colindantes no fueron afectados por el derrumbe del Edificio 7. [Ese edificio] no fue golpeado por un avión, sólo sufrió algunos daños menores al derrumbarse las Torres Gemelas, sólo había incendios menores en algunos pisos. Sin una demolición controlada, es imposible que ese edificio fuese objeto de una implosión como la que se produjo. A pesar de ello, el derrumbe del Edificio 7 apenas se mencionó en los medios dominantes y la Comisión sobre el 11/9 lo ignoró de forma sospechosa.

    Red Voltaire: Según ciertas informaciones, en los sótanos del WTC7 había archivos sensibles y seguramente comprometedores. ¿Encontró usted algo sobre eso?

    Kurt Sonnenfeld: El Servicio Secreto, el Departamento de Defensa, el FBI, el fisco (IRS), la Comisión de Reglamentación y Control de Mercados Financieros (SEC, siglas en inglés) así como el Puesto de Mando de Crisis [de la ciudad de Nueva York. NdlR.] para situaciones de urgencia (OEM, siglas en inglés) ocupaban muchísimo espacio en varios pisos de ese edificio.

    Otras agencias federales también tenían oficinas allí. Después del 11 de septiembre, se descubrió que allí estaba, escondido en el edificio 7, el mayor centro clandestino de la CIA dentro del país, exceptuando el de Washington DC; una base operativa desde donde se espiaba a los diplomáticos de las Naciones Unidas y se realizaban las operaciones de contraterrorismo y de contraespionaje (así como la Inteligencia Económica. NdlR.).

    Ese edificio (el World Trade Center 7) no tenía parqueo subterráneo. No tenía almacenes subterráneos. En vez de eso, las agencias federales del Edificio 7 guardaban sus vehículos, documentos y pruebas materiales en el edificio de sus asociados, del otro lado de la calle. Debajo de la plaza del Buró de Aduanas US (Edificio 6) había un gran parqueo subterráneo separado del resto de la zona subterránea del complejo y altamente vigilado.

    Diferentes servicios del gobierno guardaban allí sus autos capaces de resistir explosiones de bombas, sus limusinas blindadas, los taxis falsos y los camiones de la compañía de teléfonos que se usan en las acciones de vigilancia secreta y en otras operaciones secretas, camionetas especializadas y otros vehículos.
    En esa zona del parqueo de seguridad había también un acceso a la cámara blindada inferior del Edificio 6.

    Al derrumbarse la torre norte, el Buró de Aduanas US (Edificio 6) quedó aplastado y completamente devastado por el fuego. La mayoría de sus pisos subterráneos también fueron destruidos. Pero había cavidades. Y fue a través de una de esas cavidades, recientemente descubierta, que yo bajé para investigar con la Fuerza Especial de Intervención.

    Fue allí que vimos la antecámara de seguridad del almacén subterráneo severamente dañada. Al final de la oficina de seguridad estaba la gran puerta de acero de la cámara blindada y, al otro lado, el teclado codificado en la pared. Pero la pared estaba rajada y se había derrumbado parcialmente, y la puerta estaba entreabierta. A la luz de nuestras linternas, pudimos ver lo que había dentro [de la cámara blindada]. Aparte de varias hileras de estantes vacíos, la cámara blindada no contenía otra cosa que escombros y polvo. ¿Por qué? ¿Cuándo la vaciaron?

    Red Voltaire: ¿Eso despertó en usted la sospecha?

    Kurt Sonnenfeld: Sí, pero no inmediatamente. Resulta difícil reflexionar ante un caos tan grande. Fue solamente después de digerir todo aquello que empecé a sospechar.

    El Edificio 6 fue evacuado 12 minutos después del choque del primer avión contra la torre norte. Inmediatamente, las calles quedaron bloqueadas por carros de bomberos, autos de la policía y embotellamientos, y la cámara blindada era lo suficientemente grande –yo diría que tenía 15 metros de ancho y 15 de largo– como para que se necesitara por lo menos un camión grande para evacuar su contenido. Después de la caída de las torres, destruyendo el nivel del parqueo, la realización de una misión para recuperar el contenido de la antecámara hubiese sido imposible. Así que la cámara blindada tuvo que ser vaciada antes del ataque.

    Todo esto lo describo en mi libro de forma detallada y parecía como si las cosas importantes hubieran sido llevadas a un lugar seguro antes de los atentados. Por ejemplo, la CIA no pareció inquietarse demasiado por sus pérdidas. Después de que se descubriera la existencia de su oficina secreta en el Edificio 7, un vocero de la agencia dijo a los periódicos que se había enviado un equipo especial para que inspeccionara los escombros en busca de documentos secretos y de informes de los servicios de inteligencia, cuando había millones, si no eran miles de millones, de páginas volando por las calles.
    Pero el vocero estaba muy confiado. «No debe haber demasiados papeles regados», declaró.

    Y las aduanas anunciaron desde el principio que todo había sido destruido, que el calor había sido tan intenso que todas las pruebas materiales de la cámara blindada habían sido reducidas a cenizas. Pero varios meses más tarde anunciaron que habían puesto fin a las actividades de una importante red de tráfico de narcóticos y de lavado de dinero colombiano, después de haber recuperado pruebas esenciales de la cámara blindada, entre ellas fotos de vigilancia y grabaciones de escuchas telefónicas muy sensibles. Y cuando se mudaron a su nuevo edificio, en el número 1 de Penn Plaz, en Manhattan, colgaron orgullosamente en la pared de la entrada la placa honorífica y el gran cartel redondo de las Aduanas US, también milagrosamente encontrado, inmaculado, en sus antiguas oficinas del World Trade Center, a pesar del derrumbe y de los incendios.

    Red Voltaire: Usted no era el único que estaba en misión en Ground Zero. ¿Notaron los demás las mismas anomalías? ¿Sabe usted si también fueron hostigados?

    Kurt Sonnenfeld: En efecto, yo oí hablar a algunos, en dos salidas diferentes. Algunos de nosotros incluso llegamos a conversar sobre ello posteriormente. Ellos saben de quiénes se trata y yo espero que van a hablar, pero también estoy seguro de que están bajo fuertes presiones sobre lo que pudiera sucederles si hablan. Yo dejo la decisión entre sus manos, pero en la unión está la fuerza.

    Red Voltaire: Con la publicación de su libro, usted se ha convertido en un «whistleblower» [Término aplicado en Estados Unidos a los que han alertado sobre las incongruencias del informe oficial sobre el 11 de septiembre. NdT.], ¡pero usted lo hizo alcanzando un punto en que no tiene vuelta atrás! Tiene que haber mucha gente que sabe lo que realmente sucedió o no en aquel fatídico día. Pero nadie ha emprendido una batalla personal, cosa que han evitado sobre todo aquellos que estaban directamente implicados de forma oficial. Es eso lo que hace que su caso personal sea tan convincente. Viendo lo que ha sucedido con usted, no resulta difícil imaginar por qué esas personas no quieren hablar.

    Kurt Sonnenfeld: Efectivamente, también hay gente muy honesta y digna de crédito que ha lanzado alertas. Y están siendo desacreditadas e ignoradas. Algunas de esas personas están siendo perseguidas y hostigadas como yo.

    El miedo frena a la gente. Todo el mundo sabe que si usted contradice a las autoridades estadounidenses, usted va a tener problemas, de una u otra forma. Como mínimo, lo van a desacreditar, a deshumanizar.

    Lo más seguro es que le acusen de cualquier cosa que no tenga nada que ver, como un fraude fiscal o algún peor, como en mi caso. Mire lo que le pasó a Abraham Bolden, por ejemplo [1], o al gran jugador de ajedrez Bobby Fischer después que expresó su desprecio hacia Estados Unidos. Hay muchos ejemplos. Yo le había pedido a mis amigos y asociados que hablaran en mi lugar para que contaran [la verdad sobre] todas las mentiras divulgadas en los medios de prensa, pero todos tenían miedo de las consecuencias para ellos mismos y sus familias.

    Red Voltaire: ¿Hasta qué punto los descubrimientos que hizo usted en Ground Zero pudieran implicar al gobierno en esos hechos? ¿Está usted al corriente de las investigaciones que científicos y profesionales calificados han llevado a cabo y que no sólo corroboran los descubrimientos que usted hizo sino que, en ciertos casos, los sobrepasan ampliamente? ¿Considera usted a esas personas como «adeptos de la teoría de la conspiración» (“conspiracy nuts”)?

    Kurt Sonnenfeld: Al más alto nivel en Washington DC alguien sabía lo que iba a pasar. Estaban tan deseosos de tener una guerra que, por lo menos, dejaron que sucediera aquello, y lo más probable es que incluso hayan contribuido a que aquellos acontecimientos se produjeran.

    A veces me parece que los «locos» [los «adeptos de la teoría de la conspiración». NdlR.] son aquellos que se aferran con un fervor casi religioso a lo que les dicen a pesar de todas las pruebas de lo contrario, los que se niegan a considerar el hecho de que hubo una conspiración interna.

    Hay tantas anomalías en la investigación «oficial» que no es posible atribuirlas a errores o incompetencia. Yo conozco a los científicos y profesionales calificados a los que usted se refiere. Sus descubrimientos, convincentes, creíbles y presentados según el protocolo científico, están en total oposición con los de la investigación «oficial». Además, numerosos agentes de los servicios secretos y funcionarios del gobierno expresan opiniones muy bien informadas [señalando] que la Comisión sobre el 11/9 era, en el mejor de los casos, una farsa, y en el peor, una pantalla [2]. Mi experiencia en Ground Zero no es otra cosa que una pieza más del rompecabezas.

    Red Voltaire: Esos hechos sucedieron hace casi 9 años. ¿Cree usted que descubrir la verdad sobre el 11 de septiembre sigue siendo un objetivo importante? ¿Por qué?

    Kurt Sonnenfeld: Es importantísimo. Y lo seguirá siendo dentro de 10 o incluso dentro de 15 años, si la verdad no ha salido a la luz en todo ese tiempo. Es un objetivo importante porque, en este momento de la historia, hay mucha gente demasiado crédula ante lo que le cuentan las autoridades y con demasiada tendencia a seguirlas. En una situación traumática, la gente busca que la guíen. La gente que tiene miedo es manipulable. Saber manipular a las masas implica beneficios inimaginables para muchas personas muy ricas y muy poderosas. La guerra es increíblemente cara, pero ese dinero se va a algún lugar. La guerra es siempre muy beneficiosa para unos cuantos.

    De una u otra manera, sus hilos siempre acaban en Washington DC, ellos toman las decisiones, determinan los presupuestos, mientras que los hijos de los pobres y de los que no tienen influencias siempre acaban en el frente, recibiendo las órdenes y peleando en las guerras de los anteriormente mencionados. Las enormes reservas secretas del Departamento de Defensa estadounidense representan una máquina de financiamiento ilimitado para el complejo militaro-industrial, [financiamiento] cifrado en varios miles de millones de dólares. Y así seguirá siendo mientras las masas no se despierten, mientras no se vuelvan escépticas y no pidan cuentas. Las guerras (y los falsos pretextos presentados) no se acabarán mientras la gente no tome conciencia de los verdaderos motivos de la guerra y mientras no dejen de creer en las explicaciones “oficiales”.

    Red Voltaire: Lo que se ha dado en llamar Movimiento por la Verdad sobre el 11 de septiembre (9/11 Truth Movement) ha pedido una nueva investigación independiente sobre aquellos hechos. ¿Cree usted que hay esperanzas en ese sentido con la administración Obama?

    Kurt Sonnenfeld: Realmente, espero que así sea. Pero me mantengo escéptico. ¿Qué razón pudiera llevar a los líderes de cualquier gobierno a hacer por voluntad propia algo que comprometería seriamente su propia responsabilidad?

    Ellos prefieren mantener el statu quo y dejar las cosas como están. Cambió el que maneja el tren, pero ¿cambió el tren de dirección? Yo lo dudo. El impulso tiene que venir del público, no sólo a escala nacional sino también a escala internacional, como hace la red de ustedes.

    Red Voltaire: Numerosas asociaciones de derechos humanos, grupos de activistas y muchas personalidades le están aportando a usted su apoyo en esta difícil situación, y no se trata de gente de poca monta. Entre esas personalidades está, por ejemplo, el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel. ¿Cómo responden los argentinos en general ante su situación?

    Kurt Sonnenfeld: Con una increíble cantidad de expresiones de apoyo. La dictadura militar está fresca aún en la memoria colectiva de la mayoría de la gente en Argentina, y esa gente sabe que la dictadura argentina (al igual que otras dictaduras sudamericanas de aquella época) tuvo el apoyo de la CIA, dirigida en aquel entonces por George Bush padre. [Los argentinos] se acuerdan muy bien de los centros de tortura, de las prisiones secretas, de los miles de personas «desaparecidas» por sus opiniones y del miedo cotidiano.

    Saben que Estados Unidos va a reinstaurar todo aquello si le parece conveniente, que es capaz de invadir un país con tal de concretar sus propios intereses políticos y económicos y de manipular los medios recurriendo a un “casus belli” [Pretexto que justifique una guerra. NdT.] enteramente fabricado para justificar sus conquistas.


    Kurt Sonnenfeld con Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz de 1980.

    Mi familia y yo mismo tenemos el honor de contar entre nuestros amigos más queridos a Adolfo Pérez Esquivel [3] y a sus consejeros del Servicio de Paz y Justicia (SERPAJ). Hemos trabajado juntos a favor de muchas causas, como los derechos de los refugiados, los derechos de las mujeres, de los niños sin familias y de los niños portadores del VIH/SIDA.

    Tenemos también el honor de poder contar con el apoyo de las Abuelas de la Plaza de Mayo, de las Madres de la Plaza de Mayo, de la Línea Fundadora [4], del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos (APDH) [5], de los Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas, de la Asociación de Mujeres, Migrantes y Refugiados Argentina (AMUMRA), de la Comisión de Derechos Humanos de la Honorable Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires, de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación y del Programa Nacional Anti-Impunidad. En el plano internacional, la ONG REPRIEVE de Gran Bretaña presentó un «amicus curiae» a favor nuestro y contamos con la colaboración de NIZKOR de España y de Bélgica. Además, mi esposa Paula y yo mismo hemos sido recibidos en el Congreso por la Comisión de Derechos Humanos y Garantías de la Honorable Cámara de Diputados de La Nación.

    Red Voltaire: Como decíamos al principio, la decisión de escribir su libro y de hacerlo público fue un paso enorme. ¿Qué le llevó a usted a darlo?

    Kurt Sonnenfeld: Salvar a mi familia. Y dar a conocer al mundo que las cosas no son lo que parecen.

    Red Voltaire: Una última pregunta, aunque no se trata de la menos importante: ¿Qué piensa hacer con sus grabaciones?

    Kurt Sonnenfeld: Tengo la certeza de que mis grabaciones revelan más cosas de las que yo pueda ser capaz de analizar, ya que mis conocimientos son limitados. Es por ello que voy a cooperar en todo lo que pueda con expertos confiables y serios, en un esfuerzo común para que se sepa la verdad.

    Red Voltaire: Muchas gracias.
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    Re: Torres Gemelas: ¿Atentado o Autoatentado?

    Mensaje por fedex el Sáb Ene 28, 2012 10:08 am

    11 de septiembre: naves que se estrellaron contra las torres gemelas no eran Boeing 767

    El informe oficial de la National Transportation Safety Board (NTSB) sobre los dos aviones que se estrellaron contra el World Trade Center el 11 de septiembre de 2001 señala que uno de los aparatos volaba a 945 km/h y el otro a 796 km/h cuando impactaron las Torres Gemelas.

    La asociación estadounidense Pilots For 911 Truth subraya por su parte que, según el propio fabricante, los Boeing 767 no son maniobrables y se desarticulan a altitud baja a más de 660 km/h, datos que ya fueron confirmados por Dwain Deets, un ex responsable de la NASA.

    Lo anterior significa que los aparatos que se estrellaron contra el World Trade Center no pueden ser los aviones de pasajeros que cubrían los vuelos United 175 y American 11.

    En su libro L’Effroyable imposture [Publicado en español como La gran impostura], Thierry Meyssan ya mencionaba la posibilidad de que aviones militares hayan reemplazado los aviones de pasajeros, conforme a lo previsto en la Operación Northwoods (p. 168 de la edición original en francés).

    A través de los documentos de la NTSB, desclasificados a pedido de Pilots For 911 Truth, ya habían permitido saber anteriormente que la puerta de la cabina de pilotaje del vuelo American 77 se mantuvo cerrada desde el momento del despegue hasta el instante en que se perdió todo rastro del avión, del que finalmente se dijo que se había estrellado contra el Pentágono. Lo cual demuestra que los supuestos piratas aéreos no pudieron penetrar en la cabina de pilotaje para desviarlo de su ruta.

    http://www.voltairenet.org/11-de-septiembre-naves-que-se

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    Re: Torres Gemelas: ¿Atentado o Autoatentado?

    Mensaje por fedex el Sáb Ene 28, 2012 10:12 am

    EEUU y el complejo militaro-industrial
    11S: Comprueban fuerte proporción de pasajeros vinculados a la defensa US en el vuelo que supuestamente se estrelló contra el Pentágono

    Muchas son las incoherencias vinculadas al vuelo 77 de American Airlines que supuestamente se estrelló contra el Pentágono a las 9h37 del 11 de septiembre de 2001. Por lo tanto, no vamos a repetirlas aquí. Otros artículos de este sitio las enumeran detalladamente. Sin embargo, nuevos elementos han aparecido últimamente como resultado de las investigaciones de periodistas independientes. Les presentamos aquí un fragmento del libro Strategie per una guerra mondiale, de Pino Cabras. Este periodista italiano destaca la extraña proporción de pasajeros vinculados al sector militar estadounidense que viajaban en el vuelo 77, oficialmente dados por muertos en el ataque del 11 de septiembre contra el Pentágono.



    El artí*** de la Red Voltaire sobre la puerta de la cabina de pilotaje del vuelo 77 [1] –que nos revela inquietantes detalles poco o nada investigados de manera oficial, y que deberían ser objeto de profundo análisis en el marco de toda investigación, aunque sea de manera no oficial– llama nuestra atención hacia algunas de las anomalías de aquel terrible día. El comandante Burlingame no es el único en llamar nuestra atención. Entre las 58 personas que viajaban en el vuelo 77 había una gran proporción de pasajeros (entre 16 y 21) que trabajaban secretamente para el sector de la defensa.

    La mayoría de esas personas eran ingenieros aeroespaciales. Uno de ellos, el señor Yamnicky, era desde hacía mucho agente operativo de la CIA y trabajaba como ingeniero aeroespacial para Veridian. Otro pasajero de esa lista, el señor Caswell, dirigía un equipo de un centenar de científicos de la Marina de Guerra estadounidense. Otros trabajaban para la Boeing y Raytheon en El Segundo (California) en el marco de un proyecto nombrado «Black Hawk».

    Sobre estos interesantes pasajeros del vuelo 77 presentamos aquí algunas informaciones recogidas a través del estudio de las notas necrológicas publicadas en Internet o en los artículos de la prensa posteriores a los atentados.

    1- John D. Yamnicky Sr., 71 años, de Waldorf, en Maryland, viajaba en el vuelo 77 de American Airlines por razones profesionales. Era un ex piloto militar retirado pero trabajó como proveedor de la defensa en Veridian Corp., con base en Virginia, donde –después de retirarse en 1979 con el grado de capitán– trabajaba con programas vinculados a los aviones de intercepción y los misiles aire-aire. Su hijo, John Yamnicky, declaró que su padre había trabajado en el desarrollo del interceptor F/A-18. Después de terminar sus estudios en la US Naval Academy, en 1952, John Yamnicky Sr., se hizo piloto de pruebas de la US Navy, a bordo de un bombardero A-4, y contó sus viajes y misiones con la Marina de Guerra estadounidense en Corea y Vietnam. “Se estrelló 5 veces, pero siempre salió ileso”, explicó Cindy Sharpley, amiga de la familia. “Menos esta vez” (AP, 2001).
    Yamnicky obtuvo su diploma en la Navy Test Pilot School, situada en Patuxent River, en 1960. También se hizo Master en Relaciones Internacionales en la universidad George Washington, en 1966. El señor Yamnicky, que también trabajaba en aviones de pasajeros, se hizo capitán en 1971, durante su estancia en Patuxent River, y posteriormente se puso al servicio de la secretaría de Defensa.

    2- William E. Caswell era un físico de 3ª generación cuyas funciones en el seno de la US Navy eran tan secretas que su familia prácticamente no sabía absolutamente nada de su quehacer cotidiano. Ni siquiera sabían con precisión por qué fue enviado a Los Angeles en aquel maldito vuelo de American Airlines el 11 de septiembre de 2001. Su madre, Jean Caswell, explica que William E. Caswell, viajaba frecuentemente a Los Angeles. «Nunca sabíamos qué hacía allá porque no podía decírnoslo. Uno aprende a no preguntar.» [2].

    En una publicación de la universidad de Princeton, el director de tesis de Caswell declaró que en los años 1980 supo que la US Navy estaba buscando un experto científico que pudiera servir de consejero sobre un proyecto secreto relacionado con una tecnología avanzada y presentó el nombre de Bill Caswell. «Yo no participaba en su trabajo diario pero todo indica que todavía era su proyecto de tesis. Partiendo de cero, subió rápidamente hasta un puesto de responsable científico a la cabeza de un equipo de más de 100 investigadores en uno de los sectores más exigentes de la US Navy.» Sus colegas apreciaban profundamente sus capacidades técnicas y administrativas, que le valieron las más altas recompensas y distinciones de la Marina de Guerra.
    La ironía del destino quiso que se encontrara como pasajero, precisamente por causa de aquel proyecto, a bordo del vuelo 77 de American Airlines, en el que encontró la muerte.

    3- y 4- Wilson Flagg, 63 años, nacido en Millwood, Virginia. Almirante de la US Navy y piloto de American Airlines antes de pasar a retiro. Era uno de los 3 almirantes acusados en 1991 por la US Navy en el escándalo Tailhook, vinculado a casos de violencia sexual. Su esposa Darleen, que tenía la misma edad que él, también se hallaba a bordo del vuelo 77. La carta de advertencia incluida en su expediente [después del escándalo] anulaba toda posibilidad de ascenso, llevándolo a dejar la US Navy. Se convirtió en piloto de American Airlines antes de retirarse. Su sobrino Ray Sellek indicó que Wilson Flagg seguía yendo al Pentágono donde impartía consejos técnicos y que tenía incluso su propia oficina en el Pentágono.

    5- Stanley Hall, 68 años, de Rancho Palos Verdes, California. Director de programa en Raytheon Co. «Era nuestro maestro en guerra electrónica», explica un de sus colegas de Raytheon, firma proveedora del Departamento de Defensa estadounidense. Hall había desarrollado y perfeccionado varias tecnologías antirradar. Era un hombre pausado y competente, una especie de figura paternal. «Muchos de nuestros jóvenes ingenieros lo veían como un mentor», declaró el vocero de Raytheon, Rn Colman.

    6- Bryan Jack, 48 años, de Alexandria, Virginia, analista de presupuesto y director de la División de Programación y Economía Fiscal del Departamento de Defensa (DOD). Jack, que trabajaba en el Pentágono, había sido enviado a California para impartir un curso en la Escuela de Oficiales de la Navy (Naval Postgraduate School). Según sus colegas, era un brillante matemático. Como jefe de programación y de políticas fiscales de la oficina del secretario de Defensa, era un analista de primera línea en cuestiones de presupuesto. Llevaba 23 años trabajando en el Pentágono.

    Jack se había casado en junio de 2001 con la artista Barbara Rachko. La señora Rachko trabajaba durante toda la semana en su estudio de Nueva York y ellos se veían solamente los fines de semana, en su casa de Alexandria o en su apartamento de Nueva York. Barbara Rachko posee una licencia de piloto de aviones de pasajeros y había trabajado durante 7 años como oficial naval. La señora Rachko había dejado el servicio activo pero seguía siendo comandante de reserva en la Navy.

    7- Keller, Chandler ‘Chad’ Raymond. Chad nació en Manhattan Beach, California, el 8 de octubre de 1971. Era un eminente ingeniero especializado en propulsión y jefe de proyecto en Boeing Satellite Systems [3].

    8- Dong Lee, 48 años, de Leesburg, Virginia. Ingeniero en Boeing Co.

    9- Ruben Ornedo, 39 años, de Los Angeles. Era ingeniero en propulsión en Boeing en El Segundo, California.

    10- Robert Penninger, 63 años, de Poway, California. Ingeniero electricista en BAE Systems, proveedor del Departamento de Defensa. Trabajaba en San Diego desde 1990.

    11- y 12- Robert R. Ploger III, 59 años, de Annandale, Virginia. Arquitecto de programas informáticos en Lockheed Martin Corp., y su esposa Zandra Cooper.

    13. John Sammartino, 37 años, de Annandale, Virginia. Responsable técnico en XonTech Inc., en Arlington, Virginia, compañía científica y tecnológica vinculada al sector militar y especializada en misiles de defensa y en tecnología de sensores. Esta compañía fue comprada en 2003 por otra firma que también trabaja para los militares, la Northrop Grumman. Sammartino viajaba asiduamente con su tarjeta Platino de American Airlines. Iba a la sede de su compañía en Van Nuys, California, con su colega Leonard Taylor.
    Al terminar la universidad, Sammartino había sido contratado como ingeniero en el Naval Research Lab. Llevaba 11 años trabajando para XonTech.

    14. Leonard Taylor, 44 años, de Restons, Virginia, responsable técnico en XonTech, había nacido en Pasadera, California. Terminó sus estudios en la Andover High School, en 1975, y en el Worcester Polytechnic Institute, en 1979 [4].

    15. Vicki Yancey, 43 años, de Springfield, viajaba a Reno para una reunión de trabajo pero no había previsto tomar el vuelo 77. Yancey, ex técnica en electrónica naval, trabajaba para la empresa Vredenburg, otro proveedor del Departamento de Defensa. En realidad, tenía que partir para Washington más temprano pero su salida se retrasó por problemas con los pasajes, según explicó su esposo al Washington Post. Llamó a su esposo 10 minutos después de abordar el avión para anunciarle que finalmente había conseguido un asiento en aquel vuelo [5].

    16. Charles F. Burlingame III, 52 años, graduado de la US Naval Academy en 1971. Era el capitán del vuelo 77 de American Airlines. Burlingame era reservista de la Marina de Guerra e incluso había trabajado en el ala del Pentágono contra la que se estrelló su avión [según la versión oficial. Ndt.].

    17. Barbara K. Olson, 45 años, abogada y comentarista conservadora. Los telespectadores la conocían como una periodista política combativa y segura de sí misma que representaba el punto de vista de los conservadores. En el paisaje político de Washington, ella formaba una influyente pareja con su esposo Theodore B. Olson, conocido abogado que había defendido exitosamente ante la Corte Suprema la causa de la elección de George W. Bush en la Florida. El presidente Bush había nombrado al señor Olson fiscal general de Estados Unidos, o sea responsable de la estrategia de la administración ante los tribunales estadounidenses.

    Resulta curiosa la historia de la llamada telefónica. El señor Olson contó que, estando él en su oficina del Departamento de Justicia, había recibido una llamada telefónica de su esposa, supuestamente realizada desde su teléfono celular, que se hallaba a bordo del vuelo 77 de American Airlines y le decía que el avión había sido secuestrado. Esa versión, muy criticada porque en aquel entonces era imposible utilizar un teléfono celular desde un avión en vuelo, fue modificada posteriormente por otra en la que Barbara Olson utilizaba un teléfono del avión. Sin embargo, como se señala en otro artí*** de la Red Voltaire, no existe en el menor rastro de esa llamada en las grabaciones.

    Los Olson, que tenían 4 años de casados, se completaban perfectamente en materia de estilo. De los dos, ella era la más sincera en sus comentarios de televisión mientras que él se mostraba más pausado en su papel de abogado constitucional a cargo del establishement republicano. Barbara Olson estuvo entre los más incansables críticos de Bill y Hillary Clinton y realizó implacables investigaciones contra ellos. Escribió, entre otros, un libro titulado Hell to Pay (Regnery 1999), extremadamente crítico contra Hillary Rodham Clinton, seguido de un libro póstumo sobre las ultimas semanas de los Clinton en la Casa Blanca, titulado Final Days (Regnery, 2001). [6].

    18. Karen Kincaid, 40 años, de Washington DC. Nacida en Iowa, tenia la categoría de socio en la firma de abogados Wiley Rein & Fielding de Washington, firma que se especializa en las leyes sobre las comunicaciones. Karen Kincaid iba a Los Angeles para participar en una conferencia sobre la industria del inalámbrico. Estaba entrenándose para correr en el maratón del Cuerpo de Marines, que debía tener lugar el 28 de octubre, con el hombre con quien había contraído matrimonio 5 años antes, Peter Batacan, abogado de otra firma.

    Wiley Rein & Fielding es una poderosa firma de abogados que trabaja para los republicanos, fue parte del gran equipo de abogados que ayudó a Bush y Cheney durante el controvertido asunto postelectoral que tuvo lugar después de la elección presidencial del año 2000, y constituyó una importante arma de defensa en los escándalos de delitos de cuello blanco. 19. Steven ‘Jake’ Jacoby era el director de operaciones de Metrocall Inc, cuya sede se encuentra en Alexandria, Virginia, y que es una de las mayores firmas nacionales de pagers, dispositivos también conocidos como «beepers» o «buscapersonas». «El hecho que la red operativa de Metrocall haya seguido funcionando y garantizando las comunicaciones vitales durante ese espantoso día se lo debemos a Jake», declaró Vince Nelly, el responsable financiero de la firma.

    El último trabajo de Jacoby consistió en supervisar el desarrollo de dispositivos «buscapersonas» bidireccionales destinados a los enfermos graves en caso de urgencia, reveló el vocero Timothy Dietz. La firma distribuyó ese tipo de aparatos al personal de auxilio que trabajaba en los lugares de los atentados en Washington y Nueva York. […] Hay que señalar que las listas de pasajeros de los demás vuelos también presentan cierta densidad en el número de personas vinculadas al sector militar y de inteligencia.

    Tres empleados de Raytheon se encontraban a bordo del vuelo 11 de American Airlines que se estrelló contra la torre norte del World Trade Center. Raytheon es uno de los principales proveedores del Departamento de Defensa y constituye un elemento fundamental para las tecnologías Global Hawk de control a distancia que tanto aprecia el Pentágono. Entre las numerosas hipótesis, imposibles de demostrar pero técnicamente posibles, debido a lo cual debieran ser investigadas, se encuentra el posible uso de aviones teledirigidos [en los atentados del 11 de septiembre].

    Hay elementos especialmente inquietantes que tienen que ver con Raytheon. En octubre de 2001, un artí*** publicado en USA Today anunciaba que Raytheon había teleguiado en 6 ocasiones un Boeing 727 de Fedex durante un aterrizaje sin piloto perfectamente ejecutado en una base aeronaval de Nuevo México, en agosto de 2001.

    El sistema utilizaba señales de radio emitidas hacia el avión desde el final de la pista de aterrizaje. Los dispositivos electrónicos situados en tierra coordinaban la localización a través del sistema GPS haciendo innecesaria la intervención de ningún piloto a bordo del aparato. Repetimos: se trataba de una tecnología perfectamente concebida y ya disponible en agosto de 2001, un mes antes de los fatídicos atentados. Ya a principios de 2001 un avión especial del programa Global Hawk había cruzado el océano Pacífico, desde Estados Unidos hasta Australia, sin personas a bordo.

    Como acabamos de ver, los principales actores de esos programas, al igual que otros expertos del sector aeroespacial, encontraron oficialmente la muerte el 11 de septiembre de 2001.

    Una de las objeciones que se mencionan en cuanto a la credibilidad de un complot interno en el seno de las instituciones y de la inteligencia estadounidenses es lo difícil, o incluso imposible, que sería mantener el secreto cuando hay demasiados ejecutores y conspiradores implicados. Los organizadores de una tragedia como la del 11 de septiembre son de todas maneras lo suficientemente implacables como para prever incluso el sacrificio de los ejecutores que pudiesen hablar, mezclándolos con los demás víctimas.

    El manejo de los restos de las víctimas está enteramente en manos de los militares. Resulta por lo tanto extremadamente difícil hoy en día saber cómo y dónde murieron los pasajeros. Por el momento, todo no es más que una hipótesis que debe ser investigada.



    Aclaración de Thierry Meyssan
    En septiembre de 2002, en Teherán, tuve la oportunidad de conversar de forma muy detallada sobre los atentados del 11 de septiembre de 2001 con Husein Shariatmadari, director del grupo de prensa Kheyan y vocero del Guía de la Revolución. Era la primera vez que tenía ante mí un interlocutor que mostraba un conocimiento tan preciso de los detalles de los atentados. Incluso proseguimos la conversación hasta bastante tarde. En aquella ocasión, el señor Shariatmadari me mostró el trabajo de sus investigadores. Estos habían seguido la misma pista que Pino Cabras, pero con medios muchos más importantes. Habían conformado expedientes biográficos de cada uno de los pasajeros de los 4 aviones implicados.
    Así lograron comprobar que el 75% de los pasajeros estaban vinculados al Pentágono, no sólo en el vuelo 77 sino en todos los aviones implicados.

    Traducido al español por la Red Voltaire.


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    Re: Torres Gemelas: ¿Atentado o Autoatentado?

    Mensaje por fedex el Sáb Ene 28, 2012 10:14 am

    11 septiembre: el vuelo AA77 no pudo haber sido secuestrado



    Según el informe de la Comisión presidencial Kean-Hamilton, el vuelo AA77 fue secuestrado el 11 de septiembre de 2001 por un grupo de personas que lo estrellaron contra el Pentágono.

    El informe precisa que el secuestro del vuelo AA77 se produjo entre las 8h51 (hora de su último contacto por radio) y las 8h54 (hora en que el avión cambió de rumbo) y que, al apagarse el transpondedor del avión, se perdió todo rastro del vuelo a las 8h56. No fue hasta las 9h32 que la aviación civil observó un avión cerca de Washington y lo identificó, por deducción, como el vuelo AA77.

    Según ese mismo informe, dos pasajeras de ese vuelo, Renée May y la periodista Barbara Olson, se comunicaron por teléfono con sus familiares y les dijeron que había 6 secuestradores a bordo del avión (no 5) y que estaban armados con cuchillas. Según el testimonio de Ted Olson, que a la sazón era fiscal general de los Estados Unidos, su esposa –Barbara Olson– le precisó por teléfono que los secuestradores habían obligado a los pasajeros y a los miembros de la tripulación del avión a agruparse al fondo del aparato y le preguntó qué instrucciones debía ella transmitir al capitán del avión, que se encontraba a su lado.

    La investigación del FBI invalidó posteriormente los testimonios de los pasajeros ya que, durante el juicio contra Moussaoui, quedó demostrado que en aquel entonces era materialmente imposible comunicarse por teléfono con un avión en vuelo a la altitud a la que se encontraba el vuelo AA77, además de que no existía el menor rastro de aquellas llamadas en los registros de las compañías telefónicas.

    Un nuevo elemento acaba de aparecer ahora. Documentos del National Transportation Safety Board (NTSB) que acaban de ser desclasificados a pedido de la asociación «Pilot for 9/11 Truth» señalan que en el vuelo AA77 se registró el parámetro «CI», correspondiente al «Flight Deck Door». Ese parámetro demuestra que la puerta de la cabina de pilotaje del vuelo AA77 permaneció cerrada, haciendo por lo tanto imposible que alguien penetrara en la cabina de pilotaje y sacara de ella al piloto.

    O sea, el comandante Charles F. Burlingame y el copiloto David Charlebois eran las únicas personas que se encontraban en la cabina de pilotaje del vuelo AA77 cuando el avión cambió de rumbo.

    El comandante Charles F. Burlingame había sido piloto de combate en la Marina de Guerra de los Estados Unidos y fue vocero del Pentágono durante la operación Tormenta del Desierto. También había dirigido un ejercicio que consistía en la realización de un simulacro de catástrofe provocada por… el choque de un avión de pasajeros contra el Pentágono. En virtud de una ley ad hoc, los supuestos restos mortales del comandante Burlingame fueron inhumados en el prestigioso cementerio militar de Arlignton, aunque se considera que murió como civil.

    Su hermana, Debra Burlingame, es copresidenta de la asociación Keep America Safe, junto Liz Cheney (hija del ex vicepresidente de los Estados Unidos Dick Cheney).

    http://www.voltairenet.org/11-septiembre-el-vuelo-AA77-no

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    Re: Torres Gemelas: ¿Atentado o Autoatentado?

    Mensaje por fedex el Sáb Ene 28, 2012 10:17 am

    11 de septiembre: falsedades al descubierto

    por Thierry Meyssan

    A ocho años de la caída de las torres gemelas, se derrumban elementos de la versión oficial: un libro de Eric Raynaud –que retoma investigaciones anteriores, algunas de ellas de la Red Voltaire– concluye que ningún avión de pasajeros se estrelló contra el Pentágono y que las torres no se derrumbaron por el impacto de los aviones



    Ocho años después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, el periodista Eric Raynaud publica un libro que disecciona la versión gubernamental que Estados Unidos ofreció al mundo. Aunque las autoridades se aferran a su versión de los hechos, ningún experto se arriesga ya a apoyar los detalles de ésta. El enfoque despolitizado de Raynaud permite, efectivamente, la reconstrucción de un consenso en el seno de la sociedad y colmar el abismo existente entre la prensa y el público.

    —Usted acaba de publicar 11-septembre, les vérités cachées (11-septiembre, las verdades ocultas). En este libro usted pasa en revista numerosos temas. Pero ¿cuáles son, en su opinión, los elementos más importantes de los que disponemos actualmente y que no se conocían hace ocho años?

    —Un hecho esencial ha sido la divulgación del informe de la comisión investigadora instaurada por la administración de Bush-Cheney en el verano de 2004. Sus conclusiones eran tan inaceptables, en el plano intelectual, que han despertado la curiosidad de los pensadores, los científicos, los universitarios, los expertos, etcétera. Los rigurosos trabajos de estos últimos han dado como resultado que hoy, ocho años después de los hechos, están demostrados dos elementos fundamentales: ningún avión de pasajeros se estrelló contra el Pentágono y los derrumbes de las torres gemelas (del World Trade Center) no se debieron a los impactos de los Boeing 767 ni a los incendios provocados por el combustible de éstos. En realidad, la versión oficial sobre los dos hechos esenciales más espectaculares de aquel 11 de septiembre de 2001 está hoy descalificada.

    —Es cierto, pero esos elementos ya estaban descalificados antes de la publicación de ese informe. ¿Por qué la publicación del informe cambió la percepción de la opinión pública sobre el tema y dio lugar a las asociaciones de ideas que usted menciona en su libro? Quisiera que se entienda bien el sentido de mi pregunta: ¿Por qué lo que yo (Thierry Meyssan) escribía en 2001-2002 era inaceptable en Estados Unidos y por qué, por el contrario, a partir de 2004 una parte de la opinión pública estadunidense consideró que lo inaceptable era la versión gubernamental?

    —En efecto, esos hechos ya eran conocidos. Pero sólo lo eran para aquellos que estaban buscando la verdad, cada uno por su lado. Y estaban totalmente marginados. Las familias de las víctimas, los bomberos de Nueva York, todos los que habían expresado dudas desde el primer día estaban a la espera de ese informe. Ante esa maraña de verdades falsas, de deformaciones de la verdad, de “olvidos” particularmente molestos, toda esa gente saltó a la palestra, por decirlo de alguna manera. Sobre todo porque la credibilidad de gente como David Ray Griffin o Richard Gage y de sobrevivientes que dieron sus testimonios les permitió hacerlo. Desgraciadamente para la administración de Bush, ese momento coincidió más o menos con la aparición de la web 2.0, que fue un instrumento decisivo en esa lucha. Todos, eficazmente agrupados en asociaciones muy específicas y serias, intercambiaban sus informaciones, sus estudios, análisis. La suma de ese enorme trabajo tenía que arrojar como resultado, efectivamente, un cambio en la actitud de la opinión pública ante hechos que se habían vuelto evidentes. Me parece que usted cometió el error de haber tenido razón demasiado temprano sobre el atentado contra el Pentágono. Después de haber tratado de desmontarla por todos los medios, una cantidad considerable de periodistas estadunidenses aceptaron la tesis que usted había presentado. Y ellos mismos lo confiesan hoy en día, como David von Kleist que, después de haber sido un adversario de la tesis que usted expresara anteriormente, se encuentra hoy entre los Truthers (partidarios del movimiento estadunidense por la verdad sobre el 11 de septiembre. Nota del traductor) más activos.

    —¿No sería posible considerar las cosas desde otro ángulo? Cuando yo emití las primeras críticas no existía una versión gubernamental coherente, sino un montón de información fragmentaria proveniente de diversas agencias. Siempre me respondían que yo no había entendido nada. Al tratar de unificar toda esa información fragmentaria en una versión única, la Comisión Presidencial se encontró ante la cuadratura del círculo. Su trabajo demostró esencialmente que era imposible contar esa historia de forma coherente. La comisión incluso evitó abordar numerosos problemas, llegando al extremo de olvidar el derrumbe del edificio siete.

    —De todas formas el informe de la comisión investigadora estaba condenado al destino que finalmente ha tenido: al rechazo puro y simple por parte de los que estaban esperando lo que iba a decir la administración de Bush. Los atentados fueron un conjunto de hechos tan grandes, todos de carácter único, con algunos que parecen lógicos y otros que parecen menos lógicos, que resultaba una tarea imposible. Por cierto, George Bush se había dado cuenta de eso cuando rechazó, desde el principio, la creación de aquella comisión. Y cedió únicamente ante la presión popular, pero lo hizo tratando de minimizarlo: nada de medios, nada de dinero, poco tiempo y un hombre de confianza como director ejecutivo. A pesar de eso, si dos conocidos periodistas que trabajan para las mayores cadenas, entre ellos el corresponsal de la CNN en el Pentágono, dicen en vivo en los minutos siguientes al famoso suceso que “ningún avión se ha estrellado aquí”, parece difícil que una comisión investigadora gubernamental pueda citarlos cuando el gobierno afirma exactamente lo contrario. El problema de la comisión es que las palabras se las lleva el viento mientras que las imágenes y el sonido grabados van a perdurar. Y se pueden consultar. La misma preocupación existe en el caso del edificio siete. En un informe preliminar, la Federal Emergency Management Agency estipula que “no tiene explicaciones sobre las razones de la caída de este edificio de 186 metros de altura”. La agencia gubernamental encargada de continuar la investigación, el NIST, tampoco tiene explicación para esto… Así que se “olvida” la caída de un edificio prácticamente del mismo tamaño que la Torre Montparnasse (de París) a la velocidad de caída libre –6.5 segundos– en un informe de casi 600 páginas. Finalmente, en agosto de 2008, el NIST encuentra una explicación truculenta que no convence a nadie. Se trata, en efecto, de lograr la cuadratura del círculo. Por cierto, el presidente y el vicepresidente de esta comisión expresaron su desacuerdo en un libro que escribieron juntos posteriormente. Al igual que el abogado que fungía como consejero de esa misma comisión, un exfiscal federal, que escribió recientemente en un libro que el gobierno lo había obligado a mentir, para llamar las cosas por su nombre.

    —En un asunto de Estado como éste, los testigos dicen ahora lo contrario de lo que habían dicho anteriormente. Usted citaba hace un instante a Jimmy McIntyre, el corresponsal de la CNN en el Pentágono. El 11 de septiembre él es categórico: ningún avión de pasajeros se estrelló contra el edificio. Pero ese mismo Jimmy McIntyre organiza en abril de 2002 un largo programa especial de la CNN en el que asegura que cuando yo me expreso como lo hago es por antiamericanismo y que es imposible poner en duda que el vuelo 77 se haya estrellado contra el Pentágono. La comisión escuchó sólo a dos testigos, que se retractaron, y descartó a todos los que insistían en contradecir la versión de la administración de Bush. A mí me costó mucho trabajo que la gente incorporara a sus análisis el derrumbe del edificio siete. Varios días después de los atentados, aquel hecho había desaparecido de la memoria colectiva. Y observo que la especulación bursátil anterior a favor de la baja, que antecedió al 11 de septiembre, también cayó en el olvido y, como señala usted en su libro, sólo fue mencionada nuevamente debido al escándalo de Madoff. Además, a pesar de todos mis esfuerzos, todo el mundo –incluyendo a los Truthers en Estados Unidos– se obstina en ignorar el incendio del anexo de la Casa Blanca y la comunicación de los atacantes con la Casa Blanca, en la que se usaron los códigos presidenciales, dos hechos ampliamente probados –el primero fue incluso filmado por ABC– y que impulsaron al consejero antiterrorista Richard Clarke a poner en marcha el Programa de Continuidad del Gobierno. ¿Cómo se explican todos esos ejemplos de amnesia colectiva?

    —Sí, James McIntyre se contradijo sin el menor escrúpulo en CNN. A pesar de lo cual sus declaraciones del primer momento siguen estando accesibles. En cambio, el otro colega, Bob Plugh, nunca ha modificado en lo más mínimo su versión. El 11 de septiembre de 2001, McIntyre, corresponsal permanente de la CNN en el Pentágono, reporta en vivo que ningún avión se había estrellado contra el edificio. Posteriormente habrá de retractarse para convertirse en uno de los defensores de la versión gubernamental. En cuanto a la memoria colectiva, ya se sabe que es selectiva y que retiene únicamente –me refiero al público– lo que oye o lee en los medios de prensa. Y los medios estadunidenses, a pesar de tenernos acostumbrados a un mejor desempeño, sólo hicieron su trabajo durante los dos, tres o cuatro días posteriores a los atentados. Lo dice el propio Walter Pinkus, del Washington Post, uno de los veteranos más curtidos de la profesión. Hubo un tránsito muy rápido hacia la perorata controlada por el gobierno. Lo dramático es que se habla ante todo de las dos torres gigantes que se habían derrumbado y de los 3 mil muertos. Tuvo que pasar, en efecto, mucho tiempo antes de que se admitiera que el derrumbe del edificio siete tenía una importancia fundamental, y que era incluso el talón de Aquiles de la versión (del gobierno de) Bush. Hoy en día, toda la gente que tiene que ver con el tema sabe eso. Pero es verdad que tuvo que pasar mucho tiempo. A pesar de eso, todavía hoy, cuando usted pregunta de pronto en una conversación con un grupo de personas, en sociedad, “¿cuántos edificios se cayeron el 11 de septiembre?”, nueve de cada 10 respuestas será “dos”. En cuanto al incendio en el anexo de la Casa Blanca y la utilización de los códigos presidenciales, quizá sea un poco temprano todavía. No porque se trate de información sin importancia, todo lo contrario, sino porque, como dicen, puede ser que haya que darle tiempo al tiempo.

    —No son ésos los únicos hechos que han caído en el olvido. ¿Sabía usted que ninguno de los magnates que tenían sus oficinas en el World Trade Center se encontraba allí aquel día porque estaban en Nebraska, precisamente en la base militar de Offutt, donde Bush se unió a ellos al mediodía? Esa información no estaba en mi libro. La publiqué poco después en el principal diario español, El Mundo, que es también mi editor en España. ¿Por qué la gente sigue sin querer tomar en cuenta todos los hechos?

    —Sí, supe que cierto número de “consejos de administración” fueron “descentralizados” del World Trade Center aquel día… lo cual es un elemento realmente importante, sobre todo junto con la información que usted menciona. En eso también creo que cuando la máquina se ponga en marcha –y a mí me parece que está empezando a moverse– todo eso saldrá a la luz. Por mi parte, yo tomé una decisión con mi libro: la de contar lo que realmente sucedió el 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington, en función de lo que hoy es materia de consenso y con elementos irrefutables que el lector puede verificar por sí mismo. Digamos que creo haber redactado una obra de “sensibilización” sobre lo más espectacular que la gente recuerda de aquellos hechos. Y, según las primeras reacciones que he podido conocer, hay muchos que se han quedado muy sorprendidos. Todo eso es muy duro de admitir, pero es real. Se trata de una etapa. Como yo le decía hace un instante, lo demás tiene que venir detrás; pero es bueno tener todo esto en mente.

    —Su libro nos muestra que, aunque algunas instituciones defienden aún la versión gubernamental sobre los atentados o algunos expertos apoyan en general las conclusiones (de esa versión), ningún profesional se arriesga ya a defender ningún aspecto en particular. Por ejemplo, se sigue diciendo que Al Qaeda atacó el Pentágono, pero ya ningún experto se atreverá a decir que identificó los restos de un Boeing en el lugar del crimen. O se habla, e incluso se lleva a la pantalla de cine, la rebelión de los pasajeros del avión desaparecido en Pensilvania, pero ya ningún experto se atreve a citar como auténticas las llamadas telefónicas en las que los pasajeros supuestamente dejaron testimonio de esa rebelión. ¿Cómo explica usted que sigan aferrándose a la versión gubernamental cuando no existe ya ningún elemento que la corrobore?

    —Yo creo que simplemente no pueden hacer otra cosa. Yo digo en mi libro que la posición de esa gente se ha hecho ya absolutamente insostenible, pero ¿qué alternativa les queda? Ninguna que no sea persistir en la negación o, en el caso de algunos, ser condenados a varios cientos de años de cárcel. Además, eso es exactamente lo que está pasando: ya nadie se arriesga a defender un punto específico (de la versión oficial). Vi un documental sobre el vuelo 93 y sus numerosas llamadas telefónicas. Es posible que el realizador lo haya hecho de buena fe. Su documental es anterior al proceso contra Moussaoui, donde el propio FBI, al tener que presentar los informes sobre esas conversaciones telefónicas, explicó que en 2001 era técnicamente imposible llamar a tierra con un teléfono celular desde la altitud a la que se encontraba el vuelo 93. Así que, después de una confesión de esa magnitud, es muy difícil encontrar un “experto” que se atreva a discutir eso. No tiene nada de sorprendente que los partidarios de la versión oficial se sigan aferrando a ella a pesar de estar irremediablemente atrapados por pruebas como ésa. En cambio, que los medios de prensa que disponen de esas informaciones mantengan ese juego, ya perdido de antemano, sí resulta mucho más sorprendente –si se quiere considerar esa posición como sorprendente–. Aunque he notado, en los cuatro o cinco últimos meses, algunos síntomas, intermitentes pero perceptibles, en algunos colegas.

    —Usted puso especial cuidado en recapitular hechos sin ofrecer ninguna interpretación. Tres hipótesis se distinguen a menudo: o la administración de Bush no tenía conocimiento previo de los atentados o tenía conocimiento pero permitió que se perpetraran, o está implicada en su realización. ¿Cómo se sitúa actualmente la opinión pública en Estados Unidos?

    —La posición de los Trutherts, como David Ray Griffin, uno de sus inspiradores, con quien tuve la oportunidad de reunirme, es muy clara: “It’s an inside job”, me dijo sin pestañear. Es decir que se trata de un golpe preparado desde adentro, la tercera hipótesis que usted menciona. Estábamos solos, tomando un café, y me impresionó esa confidencia porque venía de un hombre tan preciso como prudente y astuto en sus declaraciones públicas. Aunque dejo casi siempre que mi lector se forme su propia opinión, tengo que decir que mi convicción al cabo de años de estudios sobre este tema es que la administración de Bush estaba perfectamente al corriente de lo que iba a suceder. No son pruebas lo que hace falta. Pero también un sector de esa administración –del lado de los neoconservadores, claro está– había “acompañado” los atentados. No me imagino a un grupo de islamistas manejando toneladas de nanotermita e instalándolas a su gusto por los tres edificios destruidos. Pero la convicción de Griffin me impresionó, porque yo sé que él tiene mucho que escribir aún sobre el tema, y que tiene informaciones de primera mano.

    —En Estados Unidos, el Movimiento por la Verdad sobre el 11 de septiembre de 2001 reclama la “reapertura de una investigación”. Esos ciudadanos estadunidenses parecen pensar que se trata de un hecho de crónica roja que pudiera ser juzgado algún día por tribunales civiles y que la razón de Estado no existe. Sin embargo, sea cual sea la interpretación que podamos dar a esos hechos, está claro que esos atentados no sólo rebasan el marco del derecho nacional estadunidense, sino que caen en el campo del derecho internacional, y que la administración de Bush ha hecho de todo para esconder la verdad, ya sea directamente o a través de la comisión investigadora presidencial. ¿Qué significa entonces ese reclamo de una investigación judicial?

    —Yo soy exactamente de la misma opinión que usted. Lo sucedido el 11 de septiembre no fue otra cosa que la fabricación de una justificación para emprender operaciones ya planificadas contra Afganistán y, después, contra Irak. Y en mi opinión, ese tipo de cosas cae dentro de la jurisdicción de un tribunal penal internacional. También pienso que los líderes del Movimiento por la Verdad tienen en mente eso mismo desde hace tiempo. Pero, mientras tanto, los cientos de miles de Truthers anónimos tienen, por su parte, sus propias cuentas que saldar en el terreno judicial y han trabajado como locos para eso: abrir una nueva investigación nacional, lograr que sean condenados todos los que mataron o dejaron matar a 3 mil estadunidenses. Es evidente que eso puede ser un inicio ideal para pasar a una fase internacional, pero también es cierto que se corre el riesgo de que se convierta en una etapa muy, muy larga. ¿A pesar de ello, piensan los líderes de los Truthers insistir en ese sentido antes de una nueva investigación seguida de grandes juicios? Me parece que no es imposible. Y, en todo caso, nada se opone a una acción de ese tipo, dados los argumentos y pruebas de los que actualmente disponen.

    —El 11 de septiembre es un hecho estadunidense de consecuencias mundiales. Usted prefirió tratar ampliamente el Movimiento por la Verdad en Estados Unidos y dedicar unos pocos párrafos a las reacciones en el resto del mundo. ¿Significa eso que lo único importante o creíble es lo que pasa en el corazón del imperio?

    —Por supuesto que no. Yo escribí este libro precisamente porque los hechos mundiales que fueron consecuencia del 11 de septiembre me parecen absolutamente insoportables. Simplemente, adopté como punto de vista el que en Francia no se conoce suficientemente la génesis de este catastrófico principio del tercer milenio. En la Europa francófona, en particular en Francia, sólo se habla de aquel hecho a través del anatema, del insulto y la imprecación. Yo quise proporcionar elementos que sirvan de base a una discusión sana, entre adultos, sobre un hecho que cambió totalmente el mundo. Así que es muy evidente que yo observo con la mayor atención lo sucedido y lo que está sucediendo, la intrusión en el Medio Oriente y los próximos blancos del plan, Rusia y China, por ejemplo. Traté de poner a la gente al tanto de lo que realmente sucedió el 11 de septiembre de 2001. Ahora es probable que me dedique a estudiar otros aspectos del problema. Hay tanto que escribir…

    http://www.voltairenet.org/11-de-septiembre-falsedades-al

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    Re: Torres Gemelas: ¿Atentado o Autoatentado?

    Mensaje por fedex el Sáb Ene 28, 2012 10:20 am

    Un nuevo enfoque sobre el 11 de septiembre

    por David Ray Griffin

    El profesor David Ray Griffin es una distinguida personalidad en el movimiento por la verdad sobre el 11 de septiembre en los EEUU y viene de realizar una gira en Europa dando varias conferencias que ha contado con numeroso público y que reproducimos aquí a continuación. El profesor Griffin hace un balance de cómo ha evolucionado la visión en su país acerca del 11/S: numerosas asociaciones profesionales se han creado y han realizado estudios, análisis e investigaciones científicas que demuestran la gran mentira de la versión oficial del presidente Bush de estos atentados. El FBI por su lado ha indicado no contar con ningún elemento permitiendo de acusar a Osama Bin Laden como responsable. También se ha demostrado que las pretendidas llamadas telefónicas de los pasajeros hechas desde los aviones secuestrados nunca existieron. La versión gubernamental no tiene ya ninguna consistencia.

    He titulado mi conferencia «Un nuevo enfoque sobre el 11 de septiembre». Al sugerir que es hora ya de ver aquellos hechos con nuevos ojos, estoy pensando sobre todo en los que decidieron, desde hace mucho tiempo, que los atentados del 11 de septiembre se desarrollaron de la manera en que los describe la administración Bush-Cheney, y como se afirmó en los informes oficiales; estoy pensando en los que creen que el Movimiento por la Verdad sobre el 11 de septiembre, que pone en duda aquella versión de los hechos, se compone de adeptos de la teoría de la conspiración, desprovistos de toda capacidad de juicio objetivo. Esas personas, en su mayoría periodistas, que se han forjado su opinión desde hace tiempo, son impermeables a cualquier argumento que presente nuestro Movimiento. Se conforman con levantar los ojos al cielo y continuar su camino.

    Pero nuestro Movimiento, al igual que los elementos con los que contamos, ha evolucionado considerablemente en estos tres últimos años. Rechazar de entrada nuestros argumentos, sin tomarse el tiempo necesario para examinarlos, no es un acto racional. Hoy más que nunca resulta inconcebible el levantar los ojos al cielo sin demostrar la naturaleza irracional de aquellos a los que se trata de desacreditar llamándolos «adeptos de la teoría de la conspiración».

    Mi conferencia se dirige también, aunque indirectamente, a mis amigos, miembros del Movimiento por la Verdad. Algunos de ellos estiman, efectivamente, que como Bush y Cheney ya no están en funciones y como la administración Obama ha revocado algunas de las políticas basadas en los hechos del 11 de septiembre, ya no es tan importante que se sepa la verdad. Otros, al ver que la administración Obama sigue partiendo del principio que fue al-Qaeda quien atacó los Estados Unidos el 11 de septiembre, han llegado a la conclusión que no hay esperanza alguna de que se sepa la verdad y que lo mejor que podemos hacer es rendirnos.
    Quiero decirles a todos ellos que la búsqueda de la verdad es ahora más importante que nunca, ya que muchas políticas, empezando por la guerra en Afganistán, no han sido modificadas. Además, la actual coyuntura, en la que los cambios políticos vienen a agregarse a la evolución de nuestro Movimiento, nos ofrece actualmente, por vez primera, una posibilidad razonable de obtener una verdadera investigación.

    Entraré ahora en el tema de mi conferencia. ¿Por qué los adeptos de la teoría oficial de la conspiración tendrían que aceptar echar una nueva mirada al 11 de septiembre. Y estoy utilizando con toda intención el término «adeptos de la teoría oficial de la conspiración». Muy a menudo, la gente que cree en la teoría oficial sobre el 11 de septiembre llama desdeñosamente a los miembros del Movimiento por la Verdad «adeptos de la teoría de la conspiración», lo cual no es racional. Se habla de conspiración cuando varias personas conspiran en secreto para cometer un acto ilegal, como un asalto contra un banco o cualquier tipo de estafa.

    Creer en una teoría de la conspiración, cuando se trata de un hecho, significa simplemente creer que ese hecho es resultado de una conspiración. Según la interpretación del 11 de septiembre que hizo el tándem Bush-Cheney, y que se convirtió en versión oficial, los atentados fueron resultado de una conspiración entre Osama Ben Laden y 19 miembros de al-Qaeda. Esa versión oficial es, por consiguiente, una teoría de conspiración.

    Eso quiere decir que cada cual defiende su propia teoría de la conspiración sobre el 11 de septiembre. El debate sobre el 11 de septiembre no es, por consiguiente, un debate entre adeptos y antiadeptos de la teoría de la conspiración. Se trata simplemente de un debate entre quienes aceptan la teoría de la conspiración de la administración Bush-Cheney y los que se inclinan por una teoría alternativa, según la cual el 11 de septiembre fue producto de una conspiración en el seno de esa administración.

    Los defensores de la teoría oficial de la conspiración no pueden por tanto, de manera racional, rechazar la teoría alternativa simplemente porque se trate de una teoría de la conspiración. La única interrogante racional que hay que plantearse es la siguiente: ¿Cuál es la teoría que mejor se sostiene en base a elementos probatorios?

    Quiero precisar que cuando utilizo el término «teoría oficial de la conspiración» no lo hago de forma peyorativa. No hay nada de malo en el hecho de creer en esa teoría. Yo mismo la acepté, al principio. El problema es saber si usted cree en ella verdaderamente, si usted está tan convencido de la teoría oficial que eso le impide ver de manera objetiva los elementos que puedan contradecirla.

    Razones para ver con escepticismo la teoría de la conspiración de Bush-Cheney Hoy más que nunca resulta irracional seguir creyendo en la teoría oficial de la conspiración, ya que disponemos de muchos elementos nuevos en comparación con el momento en que se grabó esa teoría en las mentes.
    No sabíamos en aquel entonces, por ejemplo, que la administración nos iba a contar mentiras enormes, que provocarían a su vez millones de víctimas, entre ellas miles de americanos. Y mucho antes de mentir sobre las armas de destrucción masiva en Irak, la Casa Blanca había ordenado a la Agencia de Protección del Medio Ambiente, justo después del 11 de septiembre, que mintiera sobre la calidad del aire en el lugar donde se encontraba el World Trade Center.

    El resultado es que alrededor del 60% de las personas que participaron en las operaciones de salvamento o de limpieza de los escombros hoy en día están enfermas, cuando no están muertas, y que la cantidad que va a morir como consecuencia de diversas enfermedades va a ser probablemente superior al número de víctimas que dejaron los propios hechos del 11 de septiembre. Ante tales hechos, sería difícil afirmar que la administración Bush-Cheney no estaba moralmente implicada en la organización del 11 de septiembre y en la disimulación de estos.

    Tenemos también otras razones, poco conocidas en aquel entonces, que nos llevan a ser escépticos en cuanto a los informes oficiales. La mayoría de la gente creyó que la Comisión Investigadora sobre el 11 de septiembre se encontraba bajo la dirección de sus dos copresidentes: Thomas Kean, ex gobernador republicano, y Lee Hamilton, ex miembro demócrata del Congreso. Por consiguiente, aquella Comisión Investigadora parecía independiente, y no partidista. Pero la Comisión estuvo en realidad bajo la dirección de Philip Zelikow.

    Fue Zelikow quien dirigió el equipo de 85 personas y quien se encargó de elaborar el Informe de la Comisión Investigadora sobre el 11/9. Y Zelikow era ante todo un miembro de la administración Bush-Cheney, cercano en particular a Condoleezza Rice, con quien coescribió un libro. Gracias a un libro de Philip Shenon, periodista del New York Times, sobre la Comisión Investigadora, ahora sabemos que Zelikow se mantenía en contacto con Rice, al igual que con Karl Rove, por aquel entonces secretario adjunto de la Casa Blanca. Shenon revela que, incluso antes de que el equipo comenzara su trabajo, Zelikow ya tenía trazadas las grandes líneas del Informe, y hasta había escrito los «títulos y subtítulos de los capítulos y títulos de secciones». Shenon nos dice también que Kean y Hamilton se habían puesto de acuerdo con Zelikow para que el equipo no conociera la existencia de aquel plan preestablecido.

    En el libro que escribieron juntos sobre la Comisión Investigadora, Kean y Hamilton acusan a los «partidarios de la teoría de la conspiración» de que no basan sus teorías en los hechos sino que parten de sus teorías para buscar hechos que las corroboren. Kean y Hamilton afirman que, por el contrario, la Comisión Investigadora se basó en hechos probatorios y no en una conclusión: «Estábamos allí para oponer una teoría o una interpretación del 11 de septiembre a otra», escribieron. Admitieron, sin embargo que Zelikow atribuyó «el tema de al-Qaeda a [uno de los miembros del equipo]», a quien se le pidió «contar la historia de la más lograda operación de al-Qaeda: los atentados del 11 de septiembre». Si eso no es partir de una teoría, ¿de qué otra forma se le pueda llamar?

    Si la Comisión Investigadora no fue independiente de la administración Bush-Cheney, ¿qué se puede decir entonces del NIST (el Instituto Nacional de Normas y Tecnologías), que redactó los informes oficiales sobre la destrucción del World Trade Center? El NIST es una agencia del ministerio americano de Comercio. Era, por consiguiente, una agencia que dependía, en aquel entonces, de la administración Bush-Cheney y se encontraba bajo la dirección de una persona nombrada por aquella administración.

    Un ex empleado del NIST reveló recientemente que este organismo fue «ampliamente desviado del campo científico hacia el campo político». Los científicos que trabajaban para el NIST, afirma esa persona, «perdieron [su] independencia científica, y no eran más que ‘ejecutantes’». Y agrega: «Todo lo que producían los ejecutantes pasaba por el filtro de la dirección, y se evaluaba según criterios políticos, antes de la publicación.»

    Además, según esa persona, los informes del NIST sobre el World Trade Center también tuvieron que ser sometidos a la aprobación de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) y del Buró de Administración y Presupuesto –«brazo del Buró Ejecutivo del presidente»–, quien a su vez «había delegado especialmente a una persona para que supervisara nuestro trabajo.

    Los informes del NIST, que afirman que las Torres Gemelas y el edificio 7 se derrumbaron sin ayuda de explosivos, son más informes políticos que científicos –lo cual confirma cualquier examen serio. No se concibe que los autores, personas que ostentan diplomas de física y de ingeniería, pudieran creer realmente lo que allí escribieron.
    El nuevo rostro del Movimiento por la Verdad

    Si el disponer de nuevos elementos sobre la administración Bush-Cheney y sobre los informes oficiales que acreditan su teoría de la conspiración nos conduce a un nuevo enfoque de lo sucedido el 11 de septiembre, lo mismo sucede con la evolución del Movimiento por la Verdad. Al principio, la imagen que se daba de ese Movimiento era la de «una banda de chiquillos en Internet». Posteriormente, yo me uní al Movimiento con la publicación de mi libro El nuevo Pearl Harbor, y la imagen se convirtió en «una banda de chiquillos en Internet, más un teólogo menopáusico». En el Guardian, George Monbiot los llama «brutos» e «idiotas».

    En Counterpunch y The Nation, Alexander Cockburn los designa como «conspiracionistas dementes» (término que se edulcoró al llevarlo al francés, en Le Monde diplomatique, mediante la expresión «adeptes de la conspiration») [Esta última expresión es la que hemos traducido aquí al español como “adeptos de la teoría de la conspiración”. Nota de la Red Voltaire.] que nada saben del «mundo real», y menos aún de la historia militar. Carentes de «toda comprensión de las pruebas», agrega, representan «el predominio de la magia sobre el sentido común [y] la razón».

    Si algunos de nuestros detractores me han descrito como el jefe de este Movimiento (…) –Monbiot me designó como su «sumo sacerdote» , otro como su «gurú»– es el objetivo era presentarlo al gran público como un movimiento religioso (o incluso una especie de secta), que se componía de gente que no sabe nada del mundo real. Uno de esos críticos expresó: «Como teólogo, Griffin no está calificado para hablar de otra cosa que de mitos y fábulas». A lo cual respondí yo que, en ese caso, yo estaba perfectamente calificado para hablar de la teoría oficial de la conspiración. Sin embargo, el Movimiento padece aún de esa imagen ante el gran público, y todavía se le describe como una agrupación dirigida por gente que no tienen ninguna capacidad en los sectores que tienen que ver con este asunto.

    Aunque, como cualquier caricatura, esta en particular haya tenido algo de cierto, esa imagen es hoy totalmente errónea. El liderazgo intelectual del Movimiento está ahora en manos de los científicos y profesionales que indudablemente conocen el mundo real. Muchos de esos profesionales se han reagrupado en asociaciones, dedicadas a la investigación de la verdad sobre el 11 de septiembre.

    Varios científicos crearon, hace algunos años, el Panel Científico por una Investigación sobre el 11/9. Más recientemente, principalmente físicos y químicos crearon los Universitarios por la Verdad y la Justicia sobre el 11/9. A raíz de esto nuestros detractores declararon que si nuestras afirmaciones sobre el World Trade Center resultaban ser justificadas, serían objeto de publicaciones en revistas científicas con la aprobación de colegas. Durante el año concluido, científicos afiliados a los Universitarios por la Verdad y la Justicia publicaron 3 artículos en revistas de ese tipo (que cuentan con un comité de lectura).

    El principal autor del más reciente de esos artículos, publicado en el Open Chemical Physics Journal, es Niels Harrit, profesor de química en la Universidad de Copenhague. Esos científicos encontraron en el polvo del World Trade Center elementos químicos que no deberían estar allí, de ser cierta la teoría oficial según la cual los edificios se derrumbaron únicamente debido a la acción de los incendios y de la gravedad.

    Cuando físicos y químicos se unieron al Movimiento, algunos críticos dijeron: «En realidad, ellos no determinan nada. Las razones del derrumbe de las torres del WTC son cosa de ingenieros, y no hay ninguno en ese Movimiento.» Así era en 2005. Al año siguiente, el arquitecto Richard Gage creó la asociación «Arquitectos e Ingenieros por la Verdad sobre el 11/9», y ahora más de 600 de esos especialistas han firmado su petición, llamando a la apertura de una nueva investigación. Son personas que conocen bien los grandes edificios de estructura de acero del mundo real, y que saben que la teoría oficial del derrumbe de las Torres Gemelas y del edificio 7 sobre sí mismos, prácticamente a la velocidad de caída libre, simplemente no puede ser cierta.

    Por ejemplo, Jack Keller, profesor emérito de ingeniería civil en la Universidad de UTA, que obtuvo el reconocimiento especial de la revista Scientific American, declaró, refiriéndose al derrumbe del edificio 7: «Es claramente el resultado de una demolición controlada.» Similar juicio emitieron dos profesores eméritos de ingeniería estructural del Instituto Fédéral Suizo de Tecnología, al igual que cientos de ingenieros y arquitectos.

    Los bomberos disponen conocimientos a nivel de expertos sobre lo sucedido el 11 de septiembre en Nueva York. El año pasado crearon la asociación de Bomberos por la Verdad sobre el 11/9. Y demuestran por qué no son creíbles los informes del NIST sobre el World Trade Center.

    Además, existe ahora una asociación de Veteranos por la Verdad, a la que pertenecen varios ex oficiales [de las fuerzas armadas]. Y me imagino que sepan mucho más que Alexander Cockburn sobre el mundo militar real. Otra asociación, en otro sector vinculado [a lo sucedido el 11 de septiembre], cuenta entre sus miembros a numerosos ex pilotos de líneas aéreas y [ex pilotos] militares. Para ellos, la versión oficial, que explica por qué los aviones de pasajeros no fueron interceptados el 11 de septiembre, resulta inverosímil. Ellos concentraron su atención en lo sucedido en el Pentágono y señalaron numerosas razones por las cuales la versión oficial sobre ese hecho no resulta creíble.

    La más reciente de esas asociaciones de profesionales reagrupa a los oficiales de inteligencia. Uno de los primeros en unirse a ella fue William Christison, ex cuadro de la CIA. (…) Veamos lo que escribió en 2006:

    «Durante cuatro años y medio me negué categóricamente a prestar atención seriamente a las teorías de la conspiración alrededor del 11 de septiembre… Pero, durante los seis últimos meses, y luego de muchas dudas, cambié de opinión. … En este momento, pienso que existen pruebas convincentes de que esos atentados no se desarrollaron de la manera en que la administración y la Comisión Investigadora quisieron hacérnoslo creer.»

    La espina dorsal del Movimiento por la Verdad la conforman actualmente asociaciones de científicos, de arquitectos, de ingenieros, de bomberos, de pilotos, de oficiales militares y de inteligencia. Y existen otras más. El año pasado se crearon asociaciones de Profesionales de la Salud, de Abogados, de Responsables Religiosos y, muy recientemente, la asociación de Responsables Políticos por la Verdad sobre el 11/9. Esta última cuenta en sus filas con ex miembros y miembros en funciones del Parlamento Europeo, de los parlamentos de Japón, Italia, Reino Unido, Nueva Zelanda y Suecia, así como un ex gobernador estadounidense. Parece que los que piensan que el Movimiento se compone de dementes, idiotas o gente bruta van tener que revisar esa opinión, si quieren que su opinión se corresponda con el mundo real.

    La situación actual es la siguiente (y si tienen ustedes que recordar una sola frase de esta conferencia, esa frase es la que sigue): Entre los expertos de los sectores vinculados que han estudiado el asunto, el peso de la opinión científica y profesional inclina actualmente la balanza del lado del Movimiento por la Verdad sobre el 11/9. Más de mil se han expresado públicamente sobre la teoría oficial, y prácticamente ningún científico o profesional de los sectores vinculados ha apoyado abiertamente esa teoría –con excepción de los que no son independientes y cuya carrera se vería amenazada si se negaran a hacerlo. Este último punto es importante ya que, como señaló Sinclair Lewis: «Es difícil hacerle comprender algo a alguien cuando su salario lo obliga a no comprender.» Con excepción de esas personas, prácticamente todos los expertos de los sectores vinculados que han estudiado cuidadosamente la cuestión rechazan la teoría oficial de la conspiración. Por consiguiente, es hora de que los periodistas, y todos en general, echen una nueva mirada sobre el 11 de septiembre.
    Nuevos elementos

    Los periodistas dicen a menudo que no pueden trabajar con «historia antigua». Necesitan nuevos elementos. El caso es que la cantidad de nuevos elementos justifica ampliamente un nuevo enfoque sobre el 11 de septiembre. Son tantos que solamente puedo mencionar algunos.

    Sorprendentemente, algunos de esos elementos han sido proporcionados por el FBI. Aunque inicialmente fue la principal agencia encargada de crear y defender la versión oficial, recientes revelaciones que hacen planear la duda sobre esa versión se deben precisamente al FBI.

    Un ejemplo de ello tiene que ver con uno de los pilares centrales de la teoría oficial de la conspiración: la afirmación de que los atentados se realizaron por orden de Osama Ben Laden. Esa afirmación se utiliza aún para justificar la acción militar americana en Afganistán, acción para la cual el presidente Obama pidió el apoyo sin reservas de los europeos. Pero si ustedes visitan el sitio [Most Wanted Terrorists] dedicado a Osama Ben Laden, descubrirán que los atentados del 11 de septiembre no aparecen entre los hechos por los cuales se busca a este hombre. Un miembro del Movimiento por la Verdad se puso en contacto con el Cuartel General del FBI para pedirle una explicación. Un responsable de relaciones públicas le respondió: «No disponemos de ninguna prueba formal que permita vincular a Ben Laden con el 11 de septiembre».

    Otro ejemplo tiene que ver con las llamadas telefónicas desde los aviones, que permitieron que se supiera en tierra que los aviones habían sido secuestrados. Alrededor de quince personas declararon que sus familiares las habían llamado desde sus teléfonos celulares (o móviles). Desde el vuelo UA93 –que parecía haberse estrellado en Pensilvania– se realizaron una docena de llamadas con teléfonos celulares. Deena Burnett declaró haber recibido 3 o 4 llamadas de su marido, Tom Burnett. Ella sabía que él estaba utilizando su móvil porque, según declaró al FBI, reconoció el número que se veía en la pantalla de su propio teléfono.

    La mayor parte de esas llamadas se realizaron, supuestamente, mientras que los aviones a 10 000, incluso a 12 000 metros de altitud.
    Los pilotos y los científicos del Movimiento señalan, sin embargo, que, teniendo en cuenta la tecnología telefónica disponible en el año 2001, era imposible poder realizar una llamada desde un avión en vuelo a gran altitud. Los defensores de la versión oficial, como Popular Mechanics, afirmaron lo contrario. Pero el propio FBI les opuso un serio desmentido.

    En 2006, durante el juicio contra Zacarias Moussaoui, el supuesto 20º pirata, se le solicitó al FBI que presentara pruebas sobre las llamadas [telefónicas] realizadas desde los 4 aviones de pasajeros. Su informe indica que de las 37 llamadas provenientes del vuelo UA93, sólo 2 se hicieron desde un móvil, en momentos en que el avión –a punto de estrellarse– se encontraba a muy baja altitud. En otras palabras, el FBI apoyo de forma implícita la tesis del Movimiento por la Verdad, según la cual era imposible realizar llamadas con teléfonos celulares desde un avión a gran altitud. Un duro golpe para Popular Mechanics.

    Lo importante, sin embargo, es que el FBI afirma actualmente que Deena Burnett y todos los que decían haber recibido llamadas desde teléfonos celulares se equivocaron. Pero, ¿cómo pudo Deena Burnett equivocarse si reconoció varias veces el número de Tom que se veía en la pantalla de su propio teléfono? El FBI, que había recogido su testimonio sin discutirlo, no responde a esa pregunta. La única explicación posible parece ser, sin embargo, que las llamadas que recibió Deena eran falsas. La tecnología que permite falsear las llamadas ya existía en aquel entonces. Algunos aparatos permiten falsificar cualquier número. Sin contar que la tecnología de transformación de la voz estaba lo bastante adelantada como para engañar incluso a la esposa del individuo que supuestamente estaba realizando la llamada. Al poner en duda el origen de esas llamadas telefónicas, el FBI admitió implícitamente que estas podían haber sido falsificadas. Y si las llamadas desde teléfonos celulares fueron falsificadas, se puede suponer que todas lo fueron igualmente.

    El informe del FBI sobre las llamadas provenientes del vuelo AA77 contradice más seriamente aún la versión oficial. Las más importantes de todas las «llamadas desde los aviones» fueron las de Barbara Olson, una presentadora de la CNN muy conocida y esposa de Ted Olson, fiscal general del ministerio de Justicia. Fue Ted Olson quien representó a Bush y Cheney ante la Corte Suprema, en el litigio sobre los resultados del escrutinio en La Florida, cuando la elección presidencial del 2000. El 11 de septiembre, Ted Olson declaró a la CNN y al FBI que su esposa Barbara, quien se encontraba a bordo del vuelo AA77 –el que supuestamente se había estrellado contra el Pentágono–, lo había llamado dos veces afirmando que piratas que los piratas, armados de cuchillos y de cuchillas para cortar papel o cartón, habían secuestrado el avión.

    Esas llamadas fueron muy importantes porque eso implicaba que el vuelo AA77 estaba todavía en vuelo –en vez de haberse estrellado en Ohio, o en un Estado vecino, como pensaban algunos. Eso significaba también que podía tratarse del avión que iba a estrellarse contra el Pentágono. Y, sobre todo, la idea de que musulmanes hubieran asesinado a Barbara Olson sería manipulada como argumento a favor de la supuesta guerra contra el terrorismo.

    Pero, durante el juicio contra Moussaoui, el FBI no confirmó las declaraciones de Ted Olson sobre aquellas llamadas. Su informe sobre las llamadas del vuelo AA77 no mencionan las de Barbara Olson. El informe dice que ella «trató» de hacer una llamada, que «no tuvo éxito», y que, de hecho, [la llamada] duró «0 segundos». Esa historia resulta increíble. El FBI forma parte del ministerio de Justicia. El informe del FBI fechado en 2006 señala, sin embargo, que las dos llamadas mencionados por el ex fiscal general de ese mismo misterio nunca existieron. Eso nos deja solamente dos posibilidades: O Ted Olson inventó esa historia, o fue engañado, al igual que Deena Burnett y otras personas. En ambos casos, uno de los elementos que sirven de fundamento a la teoría oficial de la conspiración se basa en esas mentiras.

    ¿Cuántas personas creerían aún la versión oficial si supieran que el FBI la contradice de varias maneras? Seguramente serían pocas. Esto ilustra lo que intento demostrar: la mayoría de los que siguen creyendo en la teoría oficial de la conspiración, la versión Bush-Cheney, ignoran decenas de hechos que la contradicen.
    El edificio 7 del World Trade Center

    Voy ilustrar este punto, para terminar, referiéndome al derrumbe del edificio 7 del WTC. El movimiento considera desde hace mucho tiempo que este es el talón de Aquiles de la teoría oficial de la conspiración, por varias razones: ningún avión se estrelló contra el edificio 7; los incendios afectaron solamente algunos pisos; y se derrumbó sobre sí mismo, prácticamente a la velocidad de una caída libre, exactamente como en un tipo de demolición controlada que se conoce con el nombre de implosión, en la cual el edificio se retrae sobre sí mismo y termina convertido en un compacto montón de escombros. Está claro que los defensores de la versión oficial no quieren que alguien se interese por el derrumbe de ese inmueble. El Informe de la Comisión Investigadora ni siquiera lo menciona. Ese derrumbe raramente apareció en televisión antes del año 2008, cuando el NIST por fin publicó un informe sobre él, informe que había rechazado año tras año publicándolo sólo cuando la administración Bush-Cheney se preparaba para partir.

    El informe del NIST sobre el edificio 7 será el tema de mi próximo libro. Ese informe revela, involuntariamente, que no es posible defender la teoría oficial, según la cual ese inmueble se derrumbó solamente por causa de los incendios. Para lograr lo imposible, el NIST tuvo que ignorar diferentes tipos de pruebas físicas [halladas] en el polvo del WTC, como la presencia de partículas que solamente pudieron formarse a muy altas temperaturas –en varias veces superiores a las provocadas por un incendio. Ese polvo también contiene elementos que no pueden ser otra cosa que residuos de nadotermita, clasificada como altamente explosiva. Contiene incluso una sustancia termítica activa, descubierta por el físico Steven Jones, que no es otra cosa nanotermita [unreacted].

    Esa es la conclusión del nuevo artí*** al que me referí anteriormente, cuyo principal autor, Niels Harrit, es experto en nanoquímica.

    Cuando se le preguntó al NIST si se había realizado la búsqueda de rastros de explosivos en el polvo del WTC, la respuesta fue negativa. Al ser interrogado sobre las razones de que no se realizara esa búsqueda, Michael Newman, vocero del NIST, respondió: «Porque no había prueba alguna.» Ante tan oscura respuesta, el periodista preguntó: «Pero, ¿cómo saben ustedes que no hay pruebas si no las buscan?» Nueva respuesta, tan oscura como la anterior: «Si se busca algo que no está, se despercia el tiempo… y el dinero de los contribuyentes».

    El NIST también ignoró, o deformó, los testimonios en los que se hablaba de explosiones en el edificio 7. El más importante era el de Barry Jennings, del Buró de Vivienda de la ciudad de Nueva York. En el momento del impacto contra la torre norte, a la 8h46, Jennings corrió, naturalmente, hacia su oficina, en el piso 23 del edificio 7, donde también se encontraba el Buró de Manejo de Situaciones de Urgencia del alcalde Giuliani. Pero cuando Jennings y Michael Hess, el consejero de negocios de Giuliani, llegaron allí, cerca de las 9h, ya todo el mundo se había ido. Llamaron para saber lo que tenían que hacer, y les dijeron que salieran del edificio inmediatamente. Como no funcionaba el ascensor, los dos corrieron hacia abajo por las escaleras. Al llegar al piso 6, una enorme explosión levantó el piso bajo sus pies. Al subir de nuevo al piso 8, Jennigs romper un cristal para pedir auxilio, y en ese momento pudo ver las Torres Gemelas, aún en pie.

    Sin embargo, cuando Giuliani contó lo que su amigo Michael Hess había vivido aquel día, escribió que la enorme cosa que Hess y Jennings llamaron una explosión no era sino el efecto producido por los escombros del derrumbe de la torre norte, que no se derrumbó hasta las 10h28. Así que Giuliani sitúa ese episodio por lo menos una hora más tarde que Jennings. La versión de Giuliani se convirtió en la versión oficial. El NIST la defendió en su informe del año 2005 sobre las Torres Gemelas, al igual que en 2008 en un reportaje de la BBC sobre el edificio 7.

    Jennings contó su historia en una entrevista concedida a los realizadores de Loose Change Final Cut. Pero, antes de la difusión del film, pidió que se retirara la entrevista, por miedo a perder su empleo. Más tarde, sin embargo, volvió a contarla en una entrevista concedida a la BBC. Pero la BBC reinsertó su testimonio en la cronología oficial, haciendo creer así que la enorme explosión que describía Jennings se debía en realidad a los «escombros de un rascacielos que se derrumba». La BBC incluso hace creer que Jennings estaba solo, aunque éste último dice varias veces «nosotros», al hablar de sí mismo y de Hess.

    El programa de la BBC se transmitió en julio de 2008. El NIST, cuya cronología sigue la BBC, publicó al mes siguiente la primera versión de su informe sobre el edificio 7. Sólo 2 días antes de la publicación, Barry Jennings, que tenía 53 años, murió de forma misteriosa. Los que trataron de obtener más información no lograron saber nada más, aparte de que su muerte se produjo en el hospital.

    Sea cual sea la causa de su fallecimiento, lo cierto es que se produjo en el momento preciso. Cuando el NIST publicó su informe, ya Jennings no estaba presente para hablar del asunto. Y la BBC pudo transmitir una segunda versión de su documental, esta vez con el testimonio de Michael Hess, vicepresidente (desde 2002) de la firma de consultoría del ex alcalde Giuliani. De forma nada sorprendente, Hess apoya la cronología que defienden Giuliani, el NIST y la BBC, así como sus afirmaciones de que no hubo ninguna explosión en el edificio 7.

    La entrevista de Barry Jennings a los realizadores de Loose Change Final Cut, en la que contradice esa cronología, está disponible en Internet (ver Testimonio de Barry Jennings). El caso de Jennings ilustra perfectamente la amenaza que la verdad sobre el edificio 7 representa para la teoría oficial de la conspiración.

    Como quiera que sea, existen otras razones por las cuales el edificio 7 constituye efectivamente el talón de Aquiles de esa teoría. Dije, hace un momento, que el edificio 7 se había derrumbado prácticamente a la velocidad de una caída libre. En la primera versión de su informe, publicado en 2008, el NIST afirmaba que el derrumbe había durado mucho más tiempo que si se hubiera producido a la velocidad de una caída libre. Y también explicaba por qué, según su teoría del «derrumbe progresivo», la caída libre absoluta habría sido imposible. Pero David Chandler, un profesor de física, hizo un video que muestra el inmueble derrumbándose en caída libre absoluta durante más de 2 segundos. Chandler confrontó al NIST exponiéndole su trabajo durante un debate público, que se transmitió en vivo.

    Sorprendentemente, en su informe final publicado en noviembre, el NIST admite que el edificio 7 se derrumbó en caída libre durante más de 2 segundos. Pero no por ello modificó su teoría. En su informe final, el NIST admite entonces la caída libre como un hecho empírico, a la vez que elabora una teoría que simplemente no concuerda con la caída libre. Esa contradicción constituye la más importante autodestrucción de la teoría oficial de la conspiración, según la cual un grupo de terroristas musulmanes ocasionó el derrumbe de 3 inmuebles del WTC estrellando aviones de pasajeros contra 2 de ellos.
    Conclusión

    Concluiré dirigiéndome a los miembros del Movimiento por la Verdad sobre el 11 de septiembre –tanto a los viejos como a los nuevos. Yo les diría que hoy más que nunca es necesario redoblar nuestros esfuerzos por lograr que se sepa la verdad. Tenemos un nuevo presidente en la Casa Blanca. Sugiero que nos dirijamos principalmente a él. Él prometió que basará su política en la ciencia y en la inteligencia. Es un político, pero también es abogado y un hombre de fe, y tiene que saber que son muy numerosas las asociaciones de profesionales que les están pidiendo que autorice una nueva investigación.

    Además de proseguir nuestras actividades, tenemos también que hacer todo lo posible conseguir que más científicos, abogados, militares, oficiales de los órganos de inteligencia y, sobre todo, más responsables políticos se unan a nosotros, porque es eso lo que necesitamos: ganarnos el apoyo de responsables políticos a través del mundo para que nos ayuden a obtener una nueva investigación, realmente independiente, y que se revele la verdad sobre el 11 de septiembre, para que las políticas basadas en la teoría del complot desarrollada por la administración Bush-Cheney sean definitivamente abolidas.

    Traducido al español por la Red Voltaire a partir de la traducción al francés de ReOpen911.info

    _______________________________________

    David Ray Griffin, es profesor emérito de filosofía de las religiones y de teología en la Claremont School of Theology y la Claremont Graduate University.
    Es también codirector del Center for Process Studies, que divulga y desarrolla la corriente filosófica de Alfred North Whitehead, basada en las ciencias.
    Griffin ha publicado 34 libros, entre ellos 7 sobre el 11 de septiembre, 3 de los cuales han sido traducidos al francés: Le Nouveau Pearl Harbor, Omission & manipulations de la Commission d’enquête (premio de la Fundación Helios en 2006) y La Faillite des médias (medalla de bronce en la categoría Actualidades del Independent Publisher Book Awards en 2008).
    Su más reciente obra es The New Pearl Harbor Revisited: 9/11, the Cover-Up, and the Exposé, elegido en noviembre del año 2008 como «Selección de la Semana» por Publishers Weekly (el equivalente estadounidense de Livres Hebdo).
    Sus 2 próximos libros estarán dedicados al 11 de septiembre y tendrán por título: Oussama ben Laden: Dead or Alive? y The Mysterious Collapse of World Trade Center 7: Why the Final Official Report about 9/11 is Unscientific and False.

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    Re: Torres Gemelas: ¿Atentado o Autoatentado?

    Mensaje por fedex el Sáb Ene 28, 2012 10:25 am

    World Trade Center: pulverización y explosivos

    por Alejandro Nadal

    Muchas cosas cambiaron el 11 de septiembre de 2001, por eso es importante comprender qué sucedió esa mañana en Nueva York y Washington. La versión oficial sobre el derrumbe del World Trade Center contiene contradicciones y muchas preguntas sin respuesta. Por eso está siendo cuestionada vigorosamente por ingenieros y físicos. A continuación concluimos el resumen de algunos de esos estudios

    Pulverización. Casi la totalidad de la masa de concreto de las torres (unas 100 mil toneladas de concreto cada una) fue pulverizada, cubriendo la parte baja de Manhattan con una capa de polvo muy fino. ¿De dónde salió la energía para pulverizar miles de toneladas de concreto?

    La tesis oficial es que la energía cinética (la energía de un cuerpo en razón de su movimiento) provocó la pulverización. Eso es imposible porque el balance energético del colapso podría explicar el derrumbe a la velocidad observada, o bien la pulverización del concreto, pero no ambos fenómenos al mismo tiempo. El impacto gravitacional apenas hubiera alcanzado para despedazar las lozas de concreto, pero no para pulverizarlas.

    Convertir el concreto en talco fino requirió una cantidad importante de energía. Si la única energía involucrada en el colapso hubiera provenido del jalón gravitacional, y una parte significativa de esa energía se hubiera gastado en pulverizar el concreto, el colapso no habría sucedido a la velocidad que se observó. En otras palabras: como las torres se derrumbaron a una velocidad similar a la de una caída libre, muy poca energía gravitacional pudo haber sido gastada en la pulverización del concreto. Forzosamente se requirió otra fuente de energía para transformar el concreto en polvo.

    Además, la pulverización comenzó desde los primeros segundos del colapso. En esos primeros instantes, la velocidad de las lozas de concreto no podía ser mayor a los 30 o 45 kilómetros por hora. A esa velocidad, el momento lineal, es decir, la masa multiplicada por la velocidad, no pudo haber generado el polvo que muestran las imágenes desde el inicio del colapso.

    Más extraño aún: la pulverización se produce en estructuras que cayeron sobre pisos inferiores. Por ejemplo, al comenzar el colapso de la WTC 2 se puede observar que una parte importante del edificio (unos 30 pisos) conserva aún su estructura y se ladea unos 15 grados, pero en lugar de mantener su momento angular, ese segmento se hace polvo en el aire sólo unos instantes después.

    Explosivos. Una hipótesis que permitiría explicar la velocidad del colapso y la pulverización es que la resistencia de los pisos inferiores fue eliminada mediante la utilización de explosivos. ¿Qué evidencias existen sobre el uso de explosivos en el WTC?

    En condiciones óptimas la temperatura máxima que puede alcanzar el combustible de aviación en combustión difusa es de 825 grados C. Al colapsarse el WTC los incendios que subsistían se hubieran extinguido por falta de oxígeno, por lo que las temperaturas en los escombros se hubieran reducido de manera notable. Pero eso no sucedió.

    Imágenes de sensores de percepción remota evidencian que cinco días después de los atentados, aún subsistían puntos de calor con temperaturas de entre 500 y 750 grados C. Los bomberos reportaron temperaturas cercanas a los mil 500 grados C en el sitio denominado Punto Cero. Muchas fotografías de las operaciones de remoción de escombros muestran pedazos de acero al rojo vivo, incluso diez días después del 11/S. Eso no puede explicarse con la versión oficial: las temperaturas alcanzadas en los incendios en ambas torres no podrían haber causado ese fenómeno.

    Existen compuestos químicos en explosivos utilizados en demoliciones controladas que sí pueden provocar altas temperaturas, y mantener el acero casi en estado incandescente durante días. Aun sepultado el acero, la temperatura se mantendría a niveles altos porque esos compuestos químicos tienen su propio oxidante. El candidato más obvio es el explosivo llamado "thermita", elaborado con base en óxido de aluminio, que genera temperaturas superiores a los 2 mil 500 grados C en fracciones de segundo (lo que permite cortar el acero como si fuera mantequilla).

    Las filmaciones de los derrumbes muestran caudas horizontales de polvo y humo que emergen a gran velocidad en muchos pisos de las torres. Estas expulsiones podrían estar asociadas a detonaciones al interior de los edificios, probablemente en la estructura medular. La tesis oficial sostiene que esas emisiones de polvo y pequeños fragmentos de materiales se deben al efecto de la compresión provocada por la caída de los pisos superiores. Sin embargo, en muchos casos las eyecciones aparecen muy por debajo de los pisos que se están colapsando.

    Muchos fragmentos de los edificios fueron expulsados en trayectorias que describen parábolas, que alcanzan a cubrir distancias de cien metros. Eso es imposible de explicar únicamente por el impacto de los pisos superiores sobre las lozas y columnas inferiores. Además, las expulsiones ocurren desde la primera fase de los dos derrumbes (con mayor intensidad en el derrumbe de la torre WTC 1), y en esa fase el colapso no había desplegado suficiente energía como para provocar esas expulsiones.

    Tomando en cuenta este tipo de análisis, lo menos que debe hacerse es cuestionar las versiones oficiales sobre la tragedia del 11/S. Es posible consultar los estudios independientes en las siguientes páginas de Internet:

    www.st911.org www.v911t.org www.911truth.org www.911research.com www.911review.com

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    Re: Torres Gemelas: ¿Atentado o Autoatentado?

    Mensaje por fedex el Sáb Ene 28, 2012 10:27 am

    Del incendio del Reichstag al atentado a las Torres Gemelas
    Vidas paralelas: Hitler y Bush


    por Lisandro Otero

    El ascenso del nazifascismo en Europa se debió a un complejo conjunto de circunstancias que mucho se asemejan a lo que está ocurriendo hoy en Estados Unidos.



    Hitler fue auspiciado en su trepada por un grupo de empresarios industriales que estaban deseosos de un gobierno que favoreciera el rearme y un renacer de la poderosa industria pesada alemana. De igual manera la elección de Bush fue el resultado de fraudes electorales, apañamientos, una dudosa decisión de la Corte Suprema y un engaño a la opinión pública que condujo a la instauración en el poder de una camarilla belicosa que favorece los intereses del complejo industrial-militar de Estados Unidos.

    Hitler subió al poder en medio de una generalizada crisis económica que causaba el desempleo de siete millones de alemanes. Bush asumió la presidencia en medio de una recesión que creó innumerables quiebras, estafas financieras en las grandes corporaciones y un extendido malestar debido a la pésima situación de la economía. Ambos vieron en la guerra una salida al vasto abatimiento.

    Hitler necesitaba un incidente que le proporcionase un argumento para desatar una considerable represión y debilitar a sus enemigos políticos. Ese motivo lo encuentra en el incendio del Reichstag, el parlamento alemán, ordenado por él mismo, tras el cual comienza una cacería de comunistas y de otros elementos de la oposición. Termina ilegalizando los partidos políticos y metiendo en prisión a sus contendientes.

    Bush encuentra en el atentado a las Torres Gemelas el pretexto que necesitaba para acallar las voces liberales en Estados Unidos, someter al país a un patrioterismo exacerbado y dictar una serie de medidas que suprimen las libertades civiles. A la vez se produce una promoción de las voces más extremistas de la ultraderecha y se distancia a quienes opinan con cierta cordura.

    Hitler llega al poder junto a una camarilla de gángsters sin escrúpulos, decididos a verter sangre con tal de avanzar en su ambición de poder. Hombres como Goering y Goebbels, desalmados sin principios, constituyen los puntales del nuevo régimen. Bush asume su presidencia espuria con el concurso de un grupo de taimados maquinadores como Cheney y Rumsfeld, y otros arteros asesores como Condoleezza Rice y Otto Reich, decididos a llevar al mundo a una guerra, si es necesario, con tal de satisfacer los intereses de las grandes compañías petroleras.

    Hitler realizó demandas irracionales como su aspiración a la anexión de Austria, la ocupación de los Sudetes y de los territorios desmilitarizados del Rin. Ante el estupor de la opinión europea llevó a cabo esos movimientos de agregación de territorios. Bush desató una guerra contra Afganistán sin que existiesen pruebas de que ese país estaba efectivamente tras los atentados a las Torres Gemelas. Ni siquiera logró demostrar plenamente que la organización Al Quaida era responsable del acto terrorista. Bush invadió Irak con el pretexto no demostrado de que aquél país fabricaba armas de destrucción masiva y se apoderó de su industria petrolera

    Hitler contó con la anuencia de un Primer Ministro británico timorato, como Neville Chamberlain, quien accedió a todas las demandas del dictador alemán, por incongruentes que fueren, con tal de apaciguarlo. Bush dispone de la cooperación incondicional de un Primer Ministro claudicante y servil, como Tony Blair, quien otorga el respaldo de la nación británica a todas las aventuras belicistas del clan pendenciero que sirve a Bush.

    Hitler realizó un pacto con la Italia de Mussolini, quien desarrolló una campaña de conquista colonial en Abisinia y Libia. Bush mantiene incondicionalmente y fortalece la alianza con Israel, que desarrolla un vasto genocidio contra el pueblo palestino y una campaña de colonización y aniquilamiento en el Oriente Medio.

    Pese a la oposición de toda Europa Hitler lanzó una invasión contra Polonia que desató la Segunda Guerra Mundial. Bush agredió Irak no obstante el rechazo de muchos de sus aliados occidentales, la amenaza de desestabilización petrolera, de profundización de la crisis económica, del peligro de un desequilibrio político en el mundo árabe.

    La declinación de Estados Unidos como potencia económica mundial puede apreciarse en el hecho de que hace veinte años seis de los bancos más importantes del mundo eran estadounidenses, ahora son solamente dos. Ahora, 41 centavos de cada dólar depositado en los bancos del mundo se halla en bancos japoneses y solamente once centavos se encuentran depositados en instituciones norteamericanas. Alemania terminó la guerra totalmente devastada. Bush conduce a Estados Unidos a un unánime repudio mundial.
    Lisandro Otero

    http://www.voltairenet.org/Vidas-paralelas-Hitler-y-Bush

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    Re: Torres Gemelas: ¿Atentado o Autoatentado?

    Mensaje por fedex el Sáb Ene 28, 2012 10:39 am

    11/9: nuevas contribuciones investigativas
    Periodistas españoles afirman que ningún avión se estrelló en el Pentágono


    por Sandro Cruz

    Dos libros publicados en España y con mucho éxito de venta afirman que la versión oficial de los trágicos acontecimientos del 11 septiembre 2001 dadas a conocer por las autoridades de los EEUU son falsas en parte y manipuladas. La opinión pública y la prensa española han aceptado y dado buena acogida a estas investigaciones



    Cardeñosa también tuvo la suerte de entrevistar en varias ocasiones al último instructor de pilotaje de Mohamed Atta. Se trata de Iván Chirivella, un español que emigró a los EEUU con la intención de hacer carrera como tenista profesional. Pero terminó como instructor de vuelo. Cuando Cardeñosa le preguntó a Chirivella que pensaba de la proeza de pilotaje de Atta, de haber podido estrellar el Boeing contra la torre, Chirivella dijo que le parecía imposible, que cuando Atta abandonó la escuela no tenía las capacidades técnicas para hacer tal maniobra, casi no sabía nada. Sólo hubiese sido posible, concluye Chirivella, si Atta hubiese tomado el mando del avión, uno o dos segundos antes de estrellarse. Actualmente Chirivella es piloto de la compañía Iberia y a pesar de haber vivido muchos años en los EEUU, y de no haber cometido ningún delito, las autoridades estadounidenes le han prohibido la entrada al país. Efectivamente Chirivella es un testigo que molesta a la «versión oficial».

    El libro explica muchasímas cosas, una entre cien por ejemplo, acerca de los sismografos de New York que atestiguan ―pruebas a la mano― que hubo fuertes sacudidas en la corteza terrestre y en las bases de las torres gemelas segundos antes que estas se desplomen y que no corresponden al choque de los aviones ni a la caída de las torres, las cuales están también registradas. Además para los especialistas las cosas son bien claras, las dos últimas corresponden a sacudidas en la superficie de la corteza, mientras que la otra no. La investigación de Cardeñosa es una mina de información seria y objetiva. Comentar todos los aspectos de este inteligente e interesante libro no sería posible en esta corta nota periodística.

    Y si ningún avión se estrelló en le Pentágono y fue un misil lo que destruyó esta dependencia gubernamental, la pregunta que se hace todo el mundo tres años después es: ¿dónde está entonces el avión y todos los pasajeros?

    Breve entrevista a Bruno Cardeñosa
    11-S Historia de una infamia y Jefe Atta, el secreto de la Casa Blanca los dos libros publicados en España.

    Han pasado tres años del ataque que destruyó las torres gemelas del World Trade Center de New York, ataque perpetrado por aviones y en donde perecieron alrededor de tres mil personas. La «versión oficial» del gobierno de los EEUU responzabilizó inmediatamente del atentado a Osama Bin Laden y sus redes terroristas de Al Qaida, sin que hasta hoy día ninguna investigación oficial gubernamental haya podido certificar su culpabilidad ni mostrado públicamente a la ciudadanía las pruebas respectivas.

    Ante el gran mutismo del gobierno estadounidense por esclarecer estos acontecimientos, el investigador y periodista francés Thierry Meyssan, director de la Red Voltaire, publicó meses después del atentado dos libros intitulados: La gran impostura, ningún avión se estrelló en el Pentagono y El Pentagate (www.effroyable-imposture.net y www.pentagate.info). El libro se convirtió rápidamente en un éxito de librería y mejor venta en Francia. Fue traducido a más de veinte lenguas extranjeras.

    Sin embargo Thierry Meyssan se convirtió en el blanco de la prensa francesa que no sólo trató de desacreditarlo sino que también de desprestigiarlo virulentamente. La polémica fue creciendo y las críticas no sólo venían de la prensa de derecha sino que también de izquierda, incluso el célebre mensual «Le Monde Diplomatique» atacó a Meyssan bajo la pluma del periodista Serge Halimi (nota en francés).

    Hoy en día con un mejor panorama e información de estos trágicos sucesos, con nuevos aportes investigativos independientes ―son muchos ya los intelectuales, periodistas, pensadores u otros que afirman igualmente que la “versión oficial” no dice toda la verdad― o que se ha engañado o manipulado en muchos aspectos a la opinión pública. Esto es en gran parte cierto y sobre todo en los EEUU, como lo dijo simplemente el cineasta Michael Moore, autor de Farenheit 9/11: «si la prensa norteamericana haría su trabajo yo no sería tan famoso».
    Los libros españoles

    En el año 2003 aparecen dos libros en España escritos por periodistas hispanos que afirman que no hubo ningún avión que se estrelló en el Pentágono y que se trata más bien de un mísil.

    El primer libro publicado fue Jefe Atta, el secreto de la Casa Blanca (Janet & Plaza editores) de la periodista Pilar Urbano. Aunque el libro no es una investigación rigurosa y está plagada de desinformación, lo interesante y revelador del libro es que demuestra que una autora como Pilar Urbano, miembro del Opus Dei, cercana políticamente de la derecha española y del anterior gobierno de José Maria Aznar, haya optado por estas tesis. Pilar Urbano es la bíografa oficial de los Reyes de España y amiga del Sr. Trillo, antiguo Ministro de Defensa del gobierno español de Aznar, que apoyó la invasión de Irak por los EEUU.

    efe Atta, el secreto de la Casa Blanca nos relata en 550 páginas la biografía del «integrista» Mohamed Atta, presentado como uno de los pilotos de los aviones suicidas y cabecilla de los terroristas, para que en las últimas 50 páginas nos afirme con un poco más de lógica y argumento que ningún avión se ha estrellado en el Pentágono y lo que realmente se ha estrelló allí ha sido más bien un misíl.
    Nuevas contribuciones investigativas

    El segundo libro apareció en septiembre 2003 bajo el título: Historia de una infamia, las mentiras de la versión oficial (Corona Boralis) del periodista independiente madrileño Bruno Cardeñosa.

    El trabajo de Cardeñosa es una notable investigación que ayuda a esclarecer y a comprender un poco más los sucesos del 11 septiembre 2001. Por ejemplo, Mohamed Atta presentado como un ferviente integrista musulmán vivía en Miami y llevaba una relación con Amanda Keller, una mujer norteamericana que trajaba en el medio de la prostitución, de los cabaretes de strip-tease. Testigos o conocidos de dicha mujer afirmaron haber visto muchas veces a Mohamed Atta junto con ella bebiendo alcohol, incluso consumiendo drogas o comiendo incluso hasta cerdo cosa imposible para un musulmán. Otros testigos aseguran que tanto Atta como Keller compartían el apartamento y estaban unidos sentimentalmente. Periodistas estadounidenses independientes que trabajan para pequeños diarios locales de Miami, escribieron al respecto pero la información no transcendio. Nadie sabe en la actualidad donde se encuentra Amanda Keller.



    Breve entrevista a Bruno Cardeñosa
    Bruno Cardeñosa
    Autor de Historia de una infamia, las mentiras de la versión oficial (Corona Boralis)

    ¿Cómo te vino la idea de hacer este libro?

    Examinando las noticias y la información me di cuenta que había muchas incongruencias, las fotos no mostraban ningún avión, también había el trabajo pionero de Thierry Meyssan y todo esto me dio ganas por envestigar más y aportar nuevas pistas e informaciones.

    ¿Cómo ha recibido la prensa española y la opinión pública tu libro sobre el 11 septiembre y sobre todo acerca de tu afirmación que ningún avión se estrelló en el Pentágono?

    Muy bien, tanto el público como la prensa no creen en la versión oficial. Tres de los cuatro grandes diarios nacionales han escrito al respecto. He recido por e-mail muchos mensajes de apoyo y de felitaciones.

    ¿No hubo criticas?

    Sí, pero de un sector muy reducido, de extrema derecha. En la prensa general, en los diarios regionales o autonómicos han habido comentarios pero no para desprestigiar el libro, al contrario. Los semanarios de información política de calidad, como El Tiempo han realizado muy buenos comentarios. Pero también hay que señalar que en España ha aparecido la autocensura de la prensa, para las investigaciones muy reveladoras porque tienen miedo y no quieren salirse de la norma.

    http://www.voltairenet.org/Periodistas-espanoles-afirman-que

    El avión mágico del Pentágono: segunda parte

    por Pierre-Henri Bunel

    A pedido de la asociación neoconservadora Judicial Watch, el Departamento de Defensa de Estados Unidos hizo público el video completo del atentado ocurrido en el Pentágono el 11 de septiembre de 2001. La prensa neoconservadora se felicita por la difusión de estas imágenes que deberían contradecir definitivamente nuestros análisis. En realidad, el video en cuestión no contiene nada nuevo en relación con las imágenes ya conocidas desde el año 2002 y sigue siendo absolutamente imposible observar en ese material nada que se parezca a un Boeing 757-200. La secuencia confirma, por el contrario, el análisis del comandante Pierre-Henri Bunel que Thierry Meyssan publicó en su libro Le Pentagate, análisis que aquí publicamos.

    Los videos entregados por el Departamento de Defensa de Estados Unidos a la organización neoconservadora Judicial Watch



    «El efecto de una carga hueca», capítulo 4 del libro Le Pentagate

    ¿Qué tipo de explosión se produjo en el Pentágono el 11 de septiembre de 2001? Un análisis de las imágenes de video del impacto y de las fotos de los daños permite determinar el tipo de artefacto utilizado en el atentado. ¿Corresponde la explosión a la que podría producir el keroseno de un avión o a la de un verdadero explosivo? ¿Corresponde el incendio a lo que se puede esperar de un incendio producido por hidrocarburos o a un fuego clásico?
    ¿Deflagración o detonación?

    Como preámbulo, parece imprescindible aclarar al lector la existencia de una diferencia fundamental: la diferencia entre una deflagración y una detonación.

    La combustión de materias explosivas de tipo químico, como por ejemplo los diferentes tipos de pólvora, los explosivos o los hidrocarburos, causa un desprendimiento de energía que produce una onda expansiva. La difusión a gran velocidad de la enorme cantidad de gas producida por la reacción química está acompañada de una llama, de ruido causado por el desplazamiento de la onda expansiva por el aire y de humo. A menudo se observa, incluso antes de que se haga visible la llama, una nube de vapor provocada por la compresión del aire alrededor de la zona de la explosión. Al no poder ponerse inmediatamente en movimiento, el aire se comprime ante la influencia de la onda expansiva. En el primer momento, debido a la compresión de las moléculas de aire, el vapor de agua invisible siempre presente en la atmósfera en mayor o menor cantidad se comprime y se hace visible bajo el aspecto de una nube blanca. Quiero insistir sobre la noción de onda expansiva. Una explosión es una reacción que proyecta gases a una velocidad más o menos grande. Las materias explosivas, según su composición química y la disposición física de sus moléculas, imprimen a los gases que ellas mismas generan una velocidad de propagación más o menos grande. Se dice que son más o menos progresivas. La observación de la onda expansiva resulta por consiguiente un indicio importantísimo sobre la velocidad de los gases proyectados por la explosión.


    Según el periodista norteamericano Alex Jones que ha realizado un fotomontaje animado ficticio (arriba) para recordarles a todos lo que se hubiera debido ver si fuera un Boeing estrellándose en el Pentágono.

    Las materias explosivas se dividen en dos grupos, según su progresividad. Los explosivos producen una onda expansiva cuya velocidad de propagación es superior a un valor de alrededor de 2 000 metros por segundo. Se dice por ello que los explosivos «detonan». Las materias explosivas cuya onda expansiva es inferior a esa velocidad no detonan sino que producen una «deflagración». Así sucede, por ejemplo, con diferentes tipos de pólvora y con los hidrocarburos.
    En un motor de explosión –y un turborreactor de Boeing 757 es un motor de explosión continua– el carburante a presión no causa una detonación. Si lo hiciese la estructura del motor no resistiría. El keroseno de un avión de pasajeros que se estrella se inflama, generalmente ni siquiera produce una deflagración o lo hace excepcionalmente y en puntos limitados de los motores. En el caso de Airbus que cayó en Nueva York, sobre el barrio de Queens, en noviembre de 2001, los motores no explotaron al estrellarse contra el suelo. El keroseno es un aceite pesado similar al gasoil, que ha sido sometido a un proceso de filtrado para adaptarlo a las condiciones físicas del paso a los inyectores de los motores a chorro. No es ese el caso de un explosivo.

    El color de las explosiones es también bastante importante. Durante las detonaciones, la onda expansiva se desplaza con rapidez. Si la explosión es aérea y sin obstáculos, la llama es a menudo de un color amarillo pálido en el lugar de la explosión. Al alejarse del punto cero, se hace naranja y luego roja. Cuando encuentra un obstá***, como las paredes de un edificio, no se ve prácticamente la parte amarillo claro. La duración de la iluminación de ese color es breve. La forma de la llama da una impresión de «rigidez» debido a la velocidad de propagación. El humo no aparece hasta que empiezan a quemarse, debido a la brusca elevación de la temperatura, los polvos levantados por la onda expansiva. Se trata, en ese caso, de humos de incendio que tienen poca similitud con las volutas negras y pesadas que produce la quema de hidrocarburos.

    Pero los explosivos sólidos no son simples combinaciones químicas. Su eficacia se puede mejorar mediante la modificación de su forma física. En principio, la onda expansiva de los explosivos se propaga perpendicularmente a la superficie del material que se hace reaccionar. Modificando la forma de la carga es posible, por consiguiente, orientar la onda expansiva para enviar el máximo de energía en una dirección dada, como si se tratara de un reflector que permite dirigir la luz de un faro. Existen así cargas esféricas cuya onda expansiva va en todas direcciones, cargas cilíndricas como las que llevan los obuses shrapnell (el tipo de arma que explota barriendo el campo de batalla con minúsculos pedazos de acero del tamaño de un cuadrado de chocolate), cargas planas que permiten hacer agujeros en obstáculos planos con un mínimo de pérdida de energía en las direcciones inútiles, así como cargas huecas. Estas últimas concentran la onda expansiva principal creando un dardo de alta temperatura capaz de vehicular una cantidad de energía capaz de atravesar blindajes de acero, de materiales compuestos o de concreto.
    Control de la explosión

    El elemento explosivo del arma [1] debe explotar en el momento deseado. Para que esto suceda exactamente según los deseos del utilizador, el explosivo debe tener cierta estabilidad. El explosivo que constituye la carga principal de un arma es demasiado estable para explotar a causa de un simple choque. En realidad, para iniciar la reacción química es necesario someter la carga a una onda expansiva provocada por un explosivo más sensible y menos poderoso que se denomina detonante. La carga explosiva detonante reacciona a un choque, una chispa o un impulso eléctrico o electromagnético. Se crea entonces una onda expansiva que provoca la detonación de la carga principal.

    El sistema que controla la explosión de la carga detonante se llama mecanismo de fuego. Los dispositivos existentes son muy variados y llevaría demasiado tiempo estudiarlos todos. Me limitaré por tanto a mencionar los dos sistemas que podrían haberle servido al Pentágono, o sea el controlado por el operador o los sistemas para carga hueca de percusión instantánea y de explosión ligeramente retardada.

    Los obuses, bombas o misiles llevan un mecanismo de fuego que comprende una espoleta, un sistema de retardo y detonador. Este dispositivo se llama cohete. Se fija en el arma, ya sea durante la fabricación de esta o durante su preparación para el disparo. El dispositivo incluye un sistema de seguridad que impide su funcionamiento hasta el momento en que se prepara el arma para ser utilizada.

    La espoleta puede ser activada mediante un choque (en el caso de los cohetes de percusión), por un radar detector de distancia (en el caso de los cohetes radioeléctricos) o mediante la reacción provocada por una fuente de calor o una masa magnética (en el caso de los cohetes térmicos y magnéticos.

    La espoleta puede provocar la detonación instantáneamente o poner en marcha el sistema de retardo para que la detonación del arma se produzca varios milisegundos después del impacto. En este último caso, el arma penetra en el objetivo perforándolo físicamente gracias a su blindaje. La detonación de la carga se produce cuando el arma ha penetrado ya en el objetivo, lo cual acrecienta su efecto destructivo.

    Para ciertas fortificaciones muy duras, existen incluso armas equipadas de varias cargas. Las primeras rompen el concreto y la o las siguientes penetran y detonan. En general, las cargas para romper el concreto son cargas huecas. El dardo de energía y de materias fundidas perfora la fortificación y difunde dentro de ella cantidades de materias calientes empujadas por una columna de energía que perfora los muros como un taladro. El tremendo calor que produce la detonación de la carga hueca incendie toda materia combustible que se encuentre dentro del recinto atacado.

    Durante la guerra del Golfo, los misiles o las bombas teledirigidas antifortificaciones perforaron todos los búnkers alcanzados, como en el fuerte de As Salman. Una sola bomba era capaz de perforar tres capas de hormigón armado, comenzando por la más gruesa, la del exterior.
    El misil

    Es evidente que para realizar un ataque con ese tipo de arma se necesita un dispositivo de lanzamiento. En el caso de las bombas teledirigidas, el arma se lanza desde un avión o mediante un helicóptero de gran potencia. La velocidad inicial del arma es entonces la del vehí*** portador. El arma desciende en vuelo similar al de un planeador y es dirigida generalmente por una especie de carril láser. En el caso de un misil, el alcance del arma es mucho mayor ya que el misil dispone de su propio motor. También es posible disparar el misil desde una rampa de lanzamiento terrestre. Incluso existen misiles tierra-tierra capaces de servir de vector para el uso de armas antifortificaciones.

    El modelo reciente de misil crucero moderno tiene generalmente tres etapas de vuelo. El lanzamiento, etapa durante la cual el misil adquiere su velocidad de vuelo al salir de la panza de un avión o de un tubo lanzamisiles. Propulsado por un motor a velocidad máxima, el misil alcanza su velocidad óptima de vuelo y despliega sus alas y alerones de cola. Luego desciende hasta su altitud óptima de vuelo y sigue su trayectoria de acercamiento al blanco. Durante esa fase del vuelo las maniobras del misil obedecen a un programa de vuelo que lo hace tomar altitud o bajar lo suficientemente cerca del suelo como para permitirle escapar a los medios enemigos de detección, al igual que un avión de combate en vuelo táctico. El misil mantiene ese comportamiento hasta que llega a cierta distancia del objetivo, dos o tres kilómetros según el tipo de misil. A partir de ese momento, el misil vuela en línea recta hacia el blanco bajo el impulso de una fuerte aceleración que le imprime el máximo de velocidad posible para que golpee su objetivo con el máximo de fuerza de penetración.

    Para ello se necesita, por consiguiente, que el misil llegue al punto de entrada con la máxima precisión y que se encuentre no sólo en el lugar preciso sino orientado en la dirección precisa antes de entrar en la fase de aceleración. Es por ello que el misil termina frecuentemente su vuelo de aproximación con un viraje cerrado que le permite «alinearse» correctamente. Un observador atento vería que el misil reduce entonces su velocidad antes de «acelerar».
    El tipo de explosión observada en el Pentágono

    El 8 de marzo de 2002, un mes después del principio de la polémica en Internet y tres días antes de la publicación del libro L’Effroyable Imposture (publicado en español como La Gran Impostura), la CNN publicó cinco nuevas imágenes del atentado. [2] Enseguida, una agencia fotográfica difundió ampliamente dichas imágenes a numerosos periódicos de todo el mundo. No fue al parecer el Pentágono el que hizo públicas aquellas imágenes, provenientes de una cámara de vigilancia. El Pentágono se limitó a autentificarlas. En ellas se aprecia el desarrollo de la llama del impacto sobre la fachada del edificio del Departamento de Defensa.

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    La primera vista (ver cuaderno fotográfico, p. II) nos muestra una erupción blanca de lo que parece ser humo blanco. Esta imagen recuerda inevitablemente la vaporización de la humedad ambiental en el primer instante del despliegue en la atmósfera de una onda expansiva supersónica producida por una materia detonante. Se distinguen sin embargo algunas llamas rojas características de las altas temperaturas que alcanza el aire bajo la presión de una onda expansiva rápida.

    Lo que salta a la vista es que la onda expansiva comienza en el interior del edificio. Se distingue, sobre el techo, la salida de la bola de energía que no se ha convertido aún en una bola de fuego. Se puede pensar entonces en la detonación de un explosivo de alto valor energético pero no es posible determinar aún, en ese momento preciso, si se trata o no de una carga de efecto dirigido.

    A ras del suelo, partiendo de la derecha de la foto y yendo hacia la base de la masa de vapor blanco, se distingue un surco blanco de humo que recuerda ni más ni menos que el humo que sale por la tobera del propulsor de un artefacto volador. Contrariamente al humo que despedirían dos motores alimentados con keroseno, se trata de un humo muy blanco. Los turborreactores de un Boeing 757 habrían dejado una cola de humo mucho más negro. El examen de esa única foto hace pensar en el paso de aparato volante de un solo motor mucho más pequeño que un avión de pasajeros, no en dos turbopropulsores General Electric.


    En la segunda imagen (cuaderno fotográfico, p. III) se ve todavía el surco de humo horizontal pero se distingue muy claramente el desarrollo de la llama roja. Resulta interesante la comparación de esta imagen del impacto del Pentágono con la del impacto del avión contra la segunda torre del World Trade Center (cuaderno fotográfico, p. III). La llama del impacto del World Trade Center es de color amarillo, síntoma de una temperatura de combustión más baja, y está mezclada con humo negro y pesado, producto de la combustión de hidrocarburos en el aire. Se trata, en ese caso, del keroseno contenido en un avión. Arrastrada por la caída del carburante, esa llama desciende lentamente hacia delante frente a la fachada por donde penetró el avión. Por el contrario, la llama de la explosión del Pentágono se proyecta bruscamente hacia arriba, desde el interior del edificio, arrancando escombros que se ven mezclados con la llama roja. Ya no vemos la nube de vapor provocada por la onda expansiva que no dejaba ver la llama en la primera foto del impacto del Pentágono. El intenso calor ha evaporado aquella nube, lo cual, como ya hemos visto, es característico de las detonaciones producidas por un explosivo de alto rendimiento.

    Aprovechemos para fijarnos en el aspecto del humo que sube en la primera torre atacada mientras se desarrolla el incendio. Se trata de volutas pesadas y gruesas. En cuanto al paso del avión por el aire, a diferencia del aparato que parece haber golpeado el Pentágono, no se observa ningún surco de humo aunque el impacto acaba de producirse.


    Las fotos de la página IV del cuaderno (que reproducimos aquí) fueron tomadas poco después de la explosión. Los bomberos no han entrado todavía en acción. En la foto de arriba vemos que la llama de la explosión se ha apagado. El incendio provocado por el explosivo no se ha propagado aún y las llamas no son todavía visibles, con excepción del nivel del punto de impacto donde se aprecia la luminosidad roja en el eje del poste que sostiene la pancarta de la autopista. No nos encontramos, por tanto, ante la configuración de un incendio provocado por un avión de pasajeros ya que el keroseno se habría incendiado instantáneamente. La fachada no se ha desmoronado aún. No presenta ninguna huella visible de destrucción mecánica de envergadura mientras que los pisos y el techo ya han sido afectados por la explosión.

    En la foto de abajo, tomada –según el autor– alrededor de un minuto más tarde, los incendios provocados dentro del edificio por la onda de calor comienzan a propagarse. La flecha indica un agujero en la fachada a través del cual se ve el foco de un incendio que va cobrando fuerza. La fachada no se ha caído aún y el humo inicial se disipa. Sólo más tarde, después de la unión de los incendios que los convierte en uno solo, aparecen humaredas más fuertes pero que no presentan nunca el aspecto de las humaredas que produce el incendio de un avión de pasajeros y de sus tanques de keroseno.

    En resumen, el simple examen de estas fotos que todo el mundo pudo ver en la prensa permite hacerse una idea de las diferencias evidentes entre las dos explosiones. Si la llama del World Trade Center corresponde evidentemente a la llamarada provocada por el keroseno de un avión, todo indica que algo muy distinto se produjo en el Pentágono. El aparato volante que golpeó el Departamento de Defensa no tiene, a primera vista, nada que ver con el avión de pasajeros de la versión oficial. Es necesario, sin embargo, proseguir el estudio para poder progresar en la búsqueda de elementos que nos permitirán quizás determinar la naturaleza de la explosión que afectó el Pentágono.
    ¿Un incendio de hidrocarburos?

    Cuando los bomberos llegan al lugar se ve claramente que utilizan agua para atacar el fuego (cuaderno fotográfico, p. X). Varias fotos oficiales muestran un camión de bomberos de los llamados en francés CCFM (camión cisterna para fuego medio). El agua que sale de las mangueras es de color blanco. No contiene, por consiguiente, la sustancia que se utiliza para ciertos fuegos, sustancia denominada retardante. Por lo general, los retardantes dan al agua un color rojizo o carmelitoso. Por consiguiente, el incendio principal que están atacando no es un fuego producido por hidrocarburos ya que no se ve el cañón de espuma característico de las operaciones que se realizan en los casos de accidentes de aviones ni mangueras que proyecten productos adecuados para esos casos.




    A pesar de ello, el examen de la primera foto de la página VI (ver arriba) muestra residuos de espuma carbónica. Esto se explica en testimonios recogidos durante el 11 de septiembre acerca de la explosión de un vehí*** cerca de la fachada –un helicóptero según algunos, un camión según otros. En todo caso, varias fotos muestran un camión en llamas a la derecha del lugar del impacto. Sin embargo, la cantidad de residuos de espuma es bastante reducida y estos aparecen principalmente no sobre el incendio del edificio sino sobre el césped que se encuentra frente a este, como si se hubiese apagado un fuego provocado por el incendio ya producido por el atentado. Es lo que los bomberos llaman un “incendio por simpatía”. O sea que el cañón de espuma se utilizó para apagar uno o varios incendios secundarios.

    En las imágenes difundidas por el Departamento de Defensa se ve un camión equipado de un cañón de espuma que apaga un fuego situado delante de la fachada mientras que las bombas de gran potencia atacan el fuego principal dentro del edificio. Es evidente que la manera en que está dirigida la aspersión tiene como objetivo reducir la temperatura general mojándolo todo a priori, antes de poder penetrar en el edificio para apagar los incendios punto por punto.

    O sea, aunque el incendio producido por los tanques casi llenos de un avión exigiría el empleo masivo de medios especializados para la extinción de fuegos de hidrocarburos, los bomberos están utilizando agua normal como en los llamados fuegos urbanos en los que no intervienen combustibles especiales. Además, se puede ver que el humo corresponde precisamente al humo de un incendio normal en un inmueble urbano, tanto por su color como por el aspecto de las volutas. No hay comparación posible con el humo que salía del World Trade Center en aquellos mismos instantes.
    Artillería, inteligencia y BDA

    Después de reaccionar como antiguo bombero, lo haré como oficial observador de artillería. Este último tiene entre sus tareas las de señalar los objetivos, determinar el tipo de arma que será necesario utilizar en función de los objetivos y la cantidad de proyectiles que habrá que usar para ponerlos fuera de combate. Ya realizada la operación contra los objetivos, queda por realizar la evaluación de los daños reales para determinar si el primer golpe fue suficiente o si habrá que continuar el fuego.

    Se trata de hacer un balance de la destrucción provocada, balance que se transmite después a los diferentes niveles de la cadena de mando y al servicio de inteligencia. Esa evaluación de los daños ocasionados en el campo de batalla responde en inglés a las siglas BDA (battlefield damage assessment). Por supuesto, esa evaluación debe realizarse con un máximo de objetividad ya que ordenar nuevos disparos sobre un objetivo ya neutralizado o destruido sería tan estúpido como hacer creer que un objetivo ha sido neutralizado cuando en realidad sigue representando una amenaza.

    Durante la guerra del Golfo, los tres comandantes en jefe –el francés, el británico y el estadounidense– se reunían diariamente en el puesto de mando del general Schwarzkopf. Parte del tiempo dedicado al punto «inteligencia» durante el briefing estaba consagrado al examen de las fotos de BDA. Y Schwarzkopf les dedicaba especial atención. En aquellas imágenes se veían los efectos de las armas y la envergadura de los daños causados a los objetivos.

    No hay que creer que los tres generales eran una especie de fisgones. Aquello les permitía no sólo decidir si era necesario seguir atacando los objetivos ya atacados sino decidir también la utilización de armas menos potentes para evitar que los daños infligidos a los objetivos militares tuviesen consecuencias para el medio civil. Esto quiere decir que para quienes se dedican a la interpretación de las imágenes, para los observadores de artillería y los oficiales de la inteligencia, la evaluación de los daños constituye una materia clave que estudiamos con sumo cuidado. Y cuando la teoría se une a la experiencia, como en mi caso, uno dispone de ciertos elementos de apreciación objetiva que le permiten examinar los daños infligidos a una edificación, sobre todo cuando se conoce bastante bien esta última, lo que también es mi caso.
    Las fotos oficiales de la fachada

    Una vista general de la fachada resulta sumamente interesante. Esta imagen, que también proviene de los organismos oficiales estadounidenses, es presentada en la página V del cuaderno fotográfico (ver arriba).

    En momentos en que los bomberos han terminado ya su trabajo en el exterior del edificio, se distinguen varios elementos que aportan información. Primeramente, el hollín que cubre la fachada es una mezcla de los tipos de hollín que produce el humo de un incendio clásico. Otro es característico de los que produce la onda expansiva de un explosivo de alto rendimiento. Pero no se ve por ninguna parte la capa grasienta y espesa que se deposita en un fuego de keroseno. Los cristales han sido rotos por una detonación pero no fundidos por un incendio de hidrocarburos que hubiese durado varios días. Lo más notorio es que hay pocos cristales rotos y que las ventanas afectadas están situadas principalmente cerca del punto donde se produjo la explosión y al nivel de los pisos bajos. Por consiguiente, cerca del punto cero. Es muy probable que la onda expansiva se haya propagado a lo largo de los pasillos, como bien se ve en la foto de conjunto de la página XI del cuaderno. Eso corrobora el testimonio de David Theall [3]. Este oficial de enlace del Pentágono describe haber oído de pronto un ruido violento acompañado de una proyección de escombros que arrasó el pasillo al que daba su oficina.

    Al principio del desplazamiento, la onda expansiva rompió los cristales y, una vez canalizada por las paredes de los pasillos, se orientó de forma tal que no tuvo tanto efecto sobre las ventanas. Hay que precisar que se trata de ventanas con cristales dobles y que el cristal exterior es particularmente sólido. Eso fue lo que declaró el representante de la empresa que las instaló [4] y fue también lo que me habían explicado mucho antes del atentado durante una visita oficial al Pentágono como intérprete.

    Una foto tomada más de cerca y más detallada, en la parte baja de la página V, ofrece una vista de la zona del impacto después de haber sido retirados los escombros. La imagen permite distinguir claramente los pilares de concreto de la armazón del edificio y los pasillos que recorren los pisos. Esto permite comprender mejor cómo fue que la onda expansiva pasó a lo largo de las ventanas antes mencionadas.

    La foto muestra que los pilares verticales, algunos de los cuales están envueltos por encofrados de madera, fueron evidentemente fragilizados en la planta baja, o sea en el nivel donde se produjo la detonación. Pero no fueron fracturados ni partidos en pedazos, como debería haber sucedido si hubiesen sido golpeados por el borde de ataque de las alas de un avión de cien toneladas. En ese caso habrían sido alcanzados por la parte del borde de ataque situada más o menos en el lugar en que van los motores, o sea en la parte más sólida. Es evidente que ningún ala golpeó esos pilares verticales de la armazón de concreto.

    Si un avión se hubiese estrellado contra el Pentágono, como tratan de hacérnoslo creer en la versión oficial, las alas habrían tocado los pilares verticales aproximadamente al nivel del suelo en que están parados los hombres. Resulta evidente que la zona fragilizada se encuentra debajo, allí donde se ven los encofrados de madera y los puntales de acero de color minio. Por tanto, el vehí*** portador de la carga que fragilizó los pilares golpeó por debajo del nivel al que habría golpeado un enorme avión de pasajeros. Y me remito aquí a la primera foto estudiada, en la que se ve la estela de humo de un propulsor casi rasante al suelo.

    Esa imagen permite además relativizar las declaraciones de ciertos expertos, según las cuales «el Pentágono está construido con materiales extremadamente sólidos». Es cierto que los empresarios utilizaron materiales endurecidos para los cristales y los revestimientos exteriores, pero la relación entre el Pentágono y un bunker es la misma que existe entre un auto blindado y un tanque de guerra.
    Una carga hueca anticoncreto

    La última foto fue realizada por el Departamento de Defensa y publicada en un sitio de la Marina de Guerra [5]. Aparece en la página XII de nuestro cuaderno fotográfico. Al examinarla, se ve en ella un hueco casi circular encima del cual se aprecia una huella negra. Esa perforación tiene un diámetro de alrededor 2,30 metros y se encuentra en la pared de la tercera línea del edificio, partiendo de la fachada. Habría sido hecha por la nariz del avión.

    Eso implicaría que la nariz del avión, hecha con una fibra de carbono que está muy lejos de ser un blindaje, atravesó, sin destruirse, seis paredes de carga de un edificio considerado más bien sólido. ¿Cuál sería entonces el origen de la huella negra que se ve en la pared encima del huevo? ¿La combustión del hidrocarburo? Si así fuese, toda la fachada del edificio estaría marcada de hollín y no sólo los pocos metros que realmente lo están. ¿Y los vidrios rotos? ¿Se rompieron por efecto del impacto? Hay que recordar que son cristales muy sólidos.

    El aspecto de la perforación que se ve en la pared recuerda inevitablemente los efectos de las cargas huecas anticoncreto que yo he podido ver en algunos campos de batalla.

    Esas armas se caracterizan por su «dardo». Ese dardo es una mezcla de gas y de materias en fusión que es proyectado en dirección del eje del paraboloide que constituye la parte delantera del arma. Propulsado a una velocidad de varios miles de metros por segundo con una temperatura de varios miles de grados, ese dardo perfora una pared de concreto de varios metros de grosor. Así que puede perforar sin problemas cinco paredes de un edificio. Cinco de las seis paredes, ya que la fachada fue perforada por el propio vector. La detonación de la carga militar no se produce, en efecto, hasta que la carga no se encuentra dentro del objetivo. Como expliqué anteriormente, los sistemas de detonación de las cargas anticoncreto no funcionan instantáneamente sino que son de acción retardada. Es por eso que la llama de la explosión se desarrolló del interior del edificio hacia el exterior. Como puede verse en las fotos tomadas por la cámara de seguridad, la onda expansiva parásita afectó la fachada, los pisos y el techo y se propagó a través de los pasillos a la altura del punto de impacto del vector: la planta baja.

    El dardo contiene gases a alta temperatura que se vuelven más lentos y que terminan por detenerse antes del recorrido de las materias fundidas. Los gases incendian todo objeto combustible que encuentren a su paso. En la página XIII del cuaderno fotográfico se presenta una imagen esquemática de la llama y del dardo de una carga hueca en el momento de perforar una pared.

    Las materias fundidas van más lejos que los gases y, en este caso, la imagen recuerda inevitablemente el efecto provocado por las materias fundidas de un dardo al final de su trayectoria. Estas materias se habrían detenido en la última pared que se encontrara al final de su recorrido. Estando aún lo suficientemente calientes, habrían dejado en la pared esa huella negra, precisamente encima del hueco. El calor levanta materias que luego se enfrían y por tanto marca la pared solamente encima del punto de impacto. En ese estado terminal no hay ya temperatura suficiente como para marcar más aún el cemento. En cambio, los restos de la onda expansiva conservan todavía suficiente energía como para romper los cristales que se encuentran inmediatamente alrededor del hueco.

    Se comprende entonces por qué fue que los bomberos utilizaron agua. Se trata del fluido extintor que presenta el mayor calor específico. Es por tanto el más adecuado cuando se trata de enfriar materiales que han sufrido un «golpe calorífico» y de apagar los fuegos urbanos declarados por simpatía. Para los bomberos no se trataba, por consiguiente, de apagar un fuego de hidrocarburos sino diferentes fuegos aislados y de enfriar materiales recalentados. Esta foto, y los efectos descritos en la versión oficial, me hacen pensar por tanto que lo que afectó el edificio fue la detonación de una carga hueca de gran potencia destinada a destruir edificios duros y transportada por un vector aéreo, un misil.

    http://www.voltairenet.org/El-avion-magico-del-Pentagono

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    Re: Torres Gemelas: ¿Atentado o Autoatentado?

    Mensaje por fedex el Sáb Ene 28, 2012 10:45 am

    Cómo miles de criminales de guerra nazis trabajaron para el gobierno de los Estados Unidos
    La familia Bush y la Alemania nazi

    por Webster G. Tarpley, Anton Chatkin

    El Ministerio de Guerra de los Estados Unidos incorporó en el pasado, expertos en guerra biológica y en armas de destrucción masiva nazis, quiénes tuvieron la oportunidad de ensayar y probar su "especialidad" sobre los millones de civiles cuando estuvieron bajo las ordenes de Hitler.


    El Ministerio de Guerra de los Estados Unidos incorporó en el pasado expertos en guerra biológica y en armas de destrucción masiva nazis, quiénes tuvieron la oportunidad de ensayar y probar su «especialidad» sobre los millones de civiles cuando estuvieron bajo las ordenes de Hitler o adherían a sus tesis durante la Segunda Guerra Mundial.

    Durante medio siglo, estos nazis aceptaron de trabajar en el más grande secreto en Fort Bragg (Estados Unidos), en la NASA, en el complejo militaro-industrial, en el lobby del armamento y en la CIA.

    Fueron ellos los que desarrollaron los conceptos de "Guerra contra el Terrorismo" y la "Lucha contra los Estados Irresponsables". Desde 1981 George Bush padre dirigió en persona todas la operaciones secretas de la CIA, bajo el nombre de código "Contra-terrorismo".

    En 1942, Allen Dulles, abogado y amigo intimo de la familia Bush, recibió la misión de impedir a la prensa que cite o mencione el nombre de la familia Bush después que se constatara oficialmente que "grandes partes del imperio Prescott-Bush operaron para la Alemania nazi durante la segunda conflicto mundial, contribuyendo de esta manera al esfuerzo de guerra nazi [1].

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    Un año después, fue nombrado a la dirección de la OSS (Servicio Secreto predecesor de la CIA). Un encuentro tuvo lugar en Suiza con el adjunto de Himmler, Karl Wolf [2].

    Juntos elaboraron un proyecto para hacer pasar los nazis a los Estados Unidos.

    El primer proyecto de la CIA fue el Displaced Persons Act, una campaña de emigración que hizo entrar medio millón de europeos en los Estados Unidos entre 1948 y 1952. Entre estos emigrantes se encontraban 10,000 criminales de guerra nazis [3].

    Oficiales superiores de la Cruz de Hierro húngara, la Legión búlgara, de la Organización de nacionalistas Ucranianos de Stephan Bandera, de la Legión lituaniana y la Brigada ruso blanca. La mayoría de estas facciones creó divisiones de Waffen-SS que salvajemente masacraron a comunistas, judíos y otros ciudadanos [4].

    El húngaro Laszlo Pasztor representaba en Berlín al gobierno fascista de Hungría de Ferenc Szalas durante la segunda guerra mundial. En 1972, George Bush padre, era en esa entonces presidente del Concejo Nacional de los Republicanos, él nombró a Pasztor al cargo de presidente del Concejo Republicano de Nacionalidades. [5]

    Pasztor abre las puertas a los criminales nazis de Europa del Este. Por ejemplo a Nicolás Nazarenko, oficial de las Waffen-SS en Rumania y especialista en "interrogatorios" a los prisioneros políticos. [6]

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    Asesinatos en casa
    En menos de dos meses, cuatro crímenes conmovieron a las familias de Fort Bragg, la base principal de las Fuerzas Especiales estadounidenses que invadieron Afganistán para derrocar a los talibanes y capturar a Osama bin Laden. Tres efectivos que regresaron de la guerra recientemente mataron a sus esposas. El cuarto asesinato lo protagonizó otro efectivo del mismo cuartel, aunque no estuvo en la guerra pero recibió el mismo entrenamiento que el resto. Después de Vietnam, ahora se habla del trauma post-Afganistán. Texto revista Domingo.

    Abre la puerta también a Radi Slavoff, quién fue portavoz de Iván Docheff, fundador de la Legión búlgara. O a Florian Galdau, capellán de la Guardia de Hierro rumana, que se vanagloriaba de haber ayudado a entrar a los Estados Unidos miles de criminales de guerra rumanos. Walter Melianovich por su lado representa a la Asociación Americano-Bielorusa, que canta las hazañas de los verdugos de la Unidad Waffen-SS de rusos blancos [7].

    Este pequeño club de adeptos fue en 1988 el alma de la campaña electoral de George Bush padre para las presidenciales.

    Slavoff es presidente de los "Búlgaros para Bush", Galdau de los "Rumanos para Bush" y Melianovich de los "Ucranianos para Bush"... [8]
    Proyecto Paperclip: guerra biológica y de destrucción masiva

    Dulles y sus amigos del Ministerio de Guerra desarrollaron y pusieron a punto un segundo programa "top-secret": el proyecto "Overcast", rebautizado más tarde proyecto "Paperclip". El objetivo era buscar y reclutar para la industria de guerra norteamericana, los científicos nazis, los especialistas en aeronáutica, en guerra biológica y química, en investigación nuclear y tratamiento del uranio.

    Un documento con fecha del 2 de junio 1953 señala que en esa época, al menos 820 nazis ingresaron a los Estados Unidos vía la Operación "Paperclip". Entre ellos, el general-mayor nazi Walter Emil Schreiber. Este hombre experimentó sobre los prisioneros el gas-gangrena, el virus del tifus, ciertas drogas, el agua helada, las cámaras de baja presión. El general-mayor Schreiber fue asignado a la Escuela de Medicina de la Fuerza Aérea en Texas. El general mayor Kurt Blome, otro especialista en guerra biológica que experimentó con la vacuna de la peste fue contratado por el Departamento de Química del Ejército de los Estados Unidos. [9]

    Werner Von Braun ingeniero que trabajó para Hitler fue enviado a Fort Bliss en Texas. Von Braun junto con Walter Dornberger fueron contratados por el abogado de la familia Bush, Allen Dulles, para que trabajaran en la industria bélica norteamericana, así como a muchos otros miles de criminales nazis. Dornberger trabajó en Bell Aircraft (Bell Textron), Von Braun fue nombrado director de la Marshall Space Flight y de la NASA.

    Von Braun elaboró durante la segunda guerra mundial en Peenemunde el proyecto de los cohetes V2 alemán, el cual estaba dirigido por el general Walter Dornberger. Se estima que la fabricación de dichos cohetes como sus instalaciones fue responsable de la muerte de 20,000 prisioneros de los campos de concentración de Dora y de Nordhaussen. El ejército norteamericano hizo transportar a los Estados Unidos varias toneladas de las V2, los documentos técnicos y los 1,200 especialistas alemanes en la materia al final de la Segunda Guerra Mundial [10].

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    Los Estados Unidos utilizarán esta experiencia adquirida en armas biológicas contra la Grecia, en la guerra de Corea y en la Guerra del Vietnam.

    El club de amigos de George Bush padre fue y es muy activo en dichas cuestiones y objetivos. Pasztor, Nazarenko y Melianovich hacen parte del lobby estadounidense del armamento "Coalición para la Paz por la Fuerza" del Concejo de Seguridad Norteamericano (ASC). La ASC es una iniciativa militaro-industrial lanzada principalmente por la Aircraft Industries Association, Standard Oil, Honeywell, US Stell y la United Fruit, todas estas grandes multinacionales norteamericanas. La ASC era partidaria abiertamente para "una ofensiva nuclear sorpresa contra la Unión Soviética" durante la Guerra Fría. Después del 11 de septiembre, este lobby ha alcanzado al fin su objetivo: la Cámara y el Senado de los Estados Unidos aprueban hacer uso del arma atómica en primer lugar y antes que nadie y esto de manera unilateral como política oficial del Gobierno. [11]
    Operación Sunshine : especialistas de la guerra contra el terrorismo

    La obra maestra y clave de Allen Dulles fue la Operación Sunshine.

    Reinhard Gehlen era jefe de la red de espionaje alemán en Unión Soviética (Fremde Heere Ost), o sea el más alto oficial del espionaje nazi de Hitler. Trabajaba en el "Frente del Este". Gehlen obtenía sus informaciones interrogando ferozmente a los prisioneros de guerra. Tortura, malos tratos y asesinatos ordenados por Gehlen costaron la vida a 4 millones de prisioneros de guerra soviéticos [12].

    Gehlen propuso a los norteamericanos una alianza contra el comunismo y les remitió una lista de los agentes nazis. El 22 de agosto 1945, el avión personal del general Smith los lleva a los Estados Unidos.

    Durante diez años, la CIA gastó al menos 200 millones de dólares y pagó a 4,000 agentes clandestinos, para que las redes de Gehlen sigan funcionando a tiempo completo y a favor de los Estados Unidos [13].

    El nazi SS Sturmbannfuhrer Alois Brunner era un experto en deportación de "terroristas": comunistas, dirigentes sindicales y judíos. Fue el arquitecto en persona de los ghettos y los convoyes hacia los campos de concentración. Se le considera directamente responsable de la muerte de 128,500 personas [14].

    La CIA hace trabajar a todos estos expertos de la "lucha contra el terrorismo" en sus locales de Fort Bragg. Es allí que George Bush padre dirigió (¿¿dirige??) él mismo y en persona todas las operaciones secretas de la CIA, bajo el nombre de código "Contra-terrorismo" [15].

    Durante medio siglo. Estos nazis trabajaron en el más grande secreto en Fort Bragg, en la NASA, en el complejo militaro-industrial, el lobby del armamento y en la CIA.

    Después de la desintegración de la Unión Soviética en 1989, gritaron victoria por primera vez.

    Han gritado victoria una segunda vez después del 11 de septiembre 2001, porque es en estos momentos y debido a la situación y contexto de temor que sus amigos Bush, Cheney y Rumsfeld han decidido de hacer la "guerra preventiva" de la "ofensiva nuclear" de la "represión al terrorismo interior" la esencia de la política oficial de los Estados Unidos de Norteamérica.
    http://www.voltairenet.org/La-familia-Bush-y-la-Alemania-nazi

    «Ningún avión se estrelló en el Pentágono»

    por Sandro Cruz

    En el atentado sobre el Pentágono, hay tantas contradicciones en la versión oficial, que tememos

    Quién ha tenido la ocasión de conversar con Thierry Meyssan puede partir con la convicción que no es ningún charlatán ni loco por el estilo.

    También se le ha acusado de haber aprovechado la circunstancia para lanzar una gran operación de marketing y beneficiarse.

    No es el 11 de septiembre 2001 ni un poco antes que Meyssan ha comenzado a escribir artículos periodísticos. Su asociación Réseau Voltaire, la cual él dirige, existe desde hace ya casi diez años. Siempre ha trabajado en defensa de la libertad de expresión y de la laicidad con una óptica de periodismo de investigación.

    A raíz de la publicación de su libro La Gran Impostura, ningún avión se estrelló en el Pentágono por una casa editora parisina, Meyssan desató la polémica y se convirtió en el blanco de los grandes medios de comunicación de su país. Los principales diarios franceses tanto de derecha como de izquierda han tratado de ridiculizarlo y quitar consistencia a su tesis. Al preguntarle por tal actitud, me respondió: En el fondo, la prensa francesa, a raras excepciones, todos a la raíz pertenecen a los mismos grupos económicos y tienen los mismos intereses.


    Pentágono 11 septiembre
    Foto arriba izquierda, fachada del Pentágono minutos después del impacto por el supuesto avión, no se ve ningún rastro de avión solo un pequeño hueco de dos metros de diámetro a la altura del primer piso (foto abajo izquierda). Abajo derecha, un bombero en la parte trasera del Pentágono por donde salió la "punta del supuesto avión" sin dejar ningún resto del aparato.

    Cuando pude hacerle unas breves preguntas a Thierry Meyssan cuando participaba en el congreso del partido Trans Radical donde es miembro, en abril de este año [2002 ndlr], él estaba muy contento por su reciente publicación y por el éxito alcanzado y me dijo: Sabes, mi libro ha batido en dos semanas el record de la edición en Francia, el anterior lo tenía un libro de Madonna...

    Efectivamente, su obra se ha vendido a más de 200,000 ejemplares en los primeros días. El libro ha sido traducido en inglés, castellano, árabe, ruso, turco y muchas otras lenguas más.

    Más tarde lo volví a ver como invitado del Club Suizo de Prensa en la ciudad de Ginebra. Cuando partía con mis colegas corresponsales de diversas nacionalidades y medios de comunicación establecidos en esta ciudad hacia la conferencia de prensa, podía escuchar los comentarios de estos: «quién será ese chiflado»..., «vamos a reír con el charlatán...», todos iban con una cierta expectativa, pero con la expectativa del «curioso» y no la del profesional.
    El milagro llegó en plena conferencia, las actitudes cambiaron y el debate se puso muy serio e interesante. Al final todos compraron el libro de Thierry Meyssan y salieron con la convicción que el tipo era más serio que todos nosotros juntos reunidos.

    Meyssan escribe con la precisión de un relojero. Fechas, lugares, datos, nombres y documentos oficiales y todo tipo de fuente son citados. Añade además los links de Internet para que los lectores puedan verificar, muchos de ellos de instituciones oficiales.

    Desarrolla muchos aspectos que la prensa no ha tratado o tratado muy poco. Es el caso señalado por el diario hebreo Ha’aretz que reveló que la compañía Odigo especialista en la mensajería electrónica, recibió anónimamente mensajes de alerta informándola de los ataques de Nueva York dos horas antes de que ocurran. Hechos confirmados por Micha Macover, director de la firma.
    El total de víctimas de los atentados del WTC y de los aviones que se estrellaron suman oficialmente 2 843 muertos, estos datos fueron dados a conocer el 9 febrero 2002 por las autoridades norteamericanas.

    Otro aspecto, las contradicciones del portavoz de la presidencia son también muy instructivas. Ari Fleischer declaró a la prensa que los terroristas acreditaron sus planes al Servicio Secreto de Estados Unidos, amenazando de destruir incluso la Casa Blanca y el avión presidencial. Para ello según el diario New York Times los terroristas revelaron conocer los códigos de protección de las principales agencias gubernamentales. Ari Fleischer se detractó después, declarando que actuó bajo la emoción. Para James Woolsey antiguo director de la CIA, los códigos pudieron ser obtenidos gracias y únicamente a «topos» infiltrados.

    Pensar que talibanes salidos de las cavernas Afganistán hayan podido apoderarse de códigos elaborados a partir de algoritmos matemáticos que cambian constantemente debe sorprendernos. Sabemos que sólo el círculo cercano al presidente Bush lo posee.

    Meyssan piensa que habría que investigar la pista interior, que se diluye entre los lobby militaros-industriales y la extrema derecha con ramificaciones dentro del poder norteamericano.

    La psicología del suicida es otro aspecto interesante. La idea que varios equipos enteros hayan tomado tal decisión extrema de inmolarse en su acto debe llamar la atención. Decididamente, la psicología del suicida es un acto estrictamente personal e individual. En la Segunda Guerra Mundial los kamikazes japoneses actuaban individualmente, como es el caso hoy en día en Palestina de los hombre-bomba. Ver a un grupo de suicidas que se reúnen a último momento para abordar un avión e inmolarse todos juntos, es algo que nunca antes se ha visto. Todo esto, sin una formación especial previa y supuestamente tratándose de comandos que han estado en pausa «durmiente» como señaló la prensa y los investigadores.

    También se habla de las «metidas de pata» del FBI, como la declaración oficial:
    ¡Encontramos en las ruinas de las torres gemelas el pasaporte intacto de Mohammed Atta!, personaje sindicado como piloto de uno de los aviones suicidas.

    Igualmente el caso «Vreeland», que confirma la existencia de un complot dentro de las fuerzas armadas de EEUU para perpetrar los atentados del 11 de septiembre. Todo esto basado por la deposición del lugarteniente Delmart Edward Vreeland ante la Corte de justicia superior de Toronto (Canadá). Arrestado por fraude a la carta de crédito, Vreeland se defiende señalando que pertenece a los servicios secretos de la Marina de los EEUU (Naval Intelligence). Contó a los policías haber recogido informaciones en Rusia sobre el asesinato de Marc Bastien, un empleado de la codificación de la embajada del Canadá en Moscú y sobre la preparación de atentados terroristas en Nueva York. Después de comprobarse que Bastien no fue asesinado y que su muerte fue ocasionada por ingerir una sobredosis de antidepresivos en estado alcohólico, la policía descarta los propósitos de Vreeland que los asimila a una defensa desesperada y como un recurso del inculpado para no ir a la prisión.

    El 12 de agosto 2001, Vreeland entrega una carta certificada a la administración de la prisión las cuales no prestan atención. El 14 de septiembre, el juez abre el sobre y encuentra una descripción precisa de los atentados terroristas cometidos tres días antes en Nueva York. El periodista canadiense Nick Pron escribió cuatro artículos sobre el tema en el diario el Toronto Star (Did This Man Predict Sept. 11 ? by Nick Prom).

    El libro va más allá del 11 de septiembre y del Pentágono, es una obra muy bien documentada, donde se emplea la lógica, la razón en cada página. Poco a poco, como en un rompecabezas, Meyssan va construyendo el pasado de los personajes, la Historia se vuelve clara así como los móviles que están en juego. Los intereses que se disputan los poderosos de este mundo, las manipulaciones del poder y de los políticos que la dirigen.
    Una maraña ilimitada de ambición que manipula, corrompe, servicios secretos fuera de todo control, instituciones y personas. Todo se vuelve extraordinariamente visible y horroroso en La Gran Impostura.
    ENTREVISTA : Thierry Meyssan periodista, escritor y director del Réseau Voltaire en París, Francia. Autor del libro La gran Impostura, por Sandro Cruz

    ¿La investigación que ha realizado no se trata de una hipótesis, de dónde proviene su información?

    El trabajo de este libro se funda únicamente sobre los documentos oficiales de los Estados Unidos y sobre las declaraciones de los dirigentes norteamericanos a la prensa internacional. Son elementos que son públicos pero esto no significa que sean elementos conocidos. Aunque en teoría el público tenga acceso a todo tipo de documentos, del Congreso, del Ministerio, etc., estos no son leídos. Nosotros hemos reunido esos elementos, hemos trabajado con ellos, encontrado las contradicciones existentes e intentado dónde poder situar la verdad en todo esto. Resultado, nos llevó a formular varias constataciones sobre los acontecimientos del 11 de septiembre:

    Primero: La versión oficial esta incompleta. Muchas cosas importantes desaparecen de la visión de los hechos. Por ejemplo, hubo en la mañana del 11 de septiembre un gran incendio en el anexo de la Casa Blanca. Rápidamente asimilado a los atentados ocurridos en ese día. Sin embargo nadie habla de esto. Del mismo modo en Manhattan, a parte de las torres gemelas del World Trade Center que fueron chocadas por los aviones y que se desplomaron, hubo un tercer edificio que se derrumbó y nadie habló de este hecho. Ese edificio no fue tocado por un avión y no había razón alguna para que se cayera. La comisión de investigación técnica no explica hasta ahora claramente que ha pasado. Se supo posteriormente que este edifico alojaba una gran base ilegal de la CIA, el primer centro mundial de espionaje económico.

    Este centro de espionaje ilegal era objeto de un gran conflicto dentro de la administración gubernamental norteamericana, entre lo Militar y el lobby Económico, ya que Bill Clinton durante su segundo mandato había transferido lo esencial de la actividad de espionaje, de tradición estratégica militar, hacia un espionaje económico, o sea en perjuicio del lobby militaro-industrial.

    Segundo punto, respecto al atentado sobre el Pentágono, hay tantas contradicciones en la versión oficial, que tememos que ella tiende a ocultar otra realidad. La versión oficial explica que un Boeing 727 que todo el mundo ha perdido la pista, al sur del Ohio, atravesó 500 Km. sin que nadie lo vea. No fue detectado por los radares civiles y militares, ni por los aviones de caza a su persecución, ni por el sistema de satélites. Y de pronto, ese avión de pasajeros reaparece encima de Washington para estrellarse en el Pentágono, entre la planta baja y el primer piso para evaporarse después al interior por la alta temperatura del incendio.

    Si observamos la primera foto (página uno) apreciamos que el hueco es demasiado pequeño para que haya podido penetrar por ahí un Boeing. Esa fotografía ha sido reconocida por todos y nadie contesta su autenticidad. Fue difundida por la agencia de prensa Associated Press.

    El FBI explica que han encontrado pedazos del avión sobre el jardín, pero no explica cómo el Boeing ha podido entrar por un agujero tan pequeño.

    ¿Y qué ha pasado con los cuerpos de los pasajeros?

    Se ha dado a los familiares de las víctimas urnas funerarias, diciéndoles «aquí están las cenizas y restos de sus parientes», se les ha dado certificados de defunción y de identificación de los cuerpos por el médico legista del ejército de los EE.UU., ¡quién señala que los cuerpos han podido ser identificados gracias a la huellas digitales y al ADN!

    ¿Cómo se puede decir a la gente tales cosas? A la gente cuyos parientes se encontraban dentro del fuselaje del avión que ha fundido a 2500 C°? ¡Decirles que han encontrado las huellas digitales de las víctimas! Incoherencias como estas deberían escandalizar a la prensa y hacer escándalo, sin embargo, la prensa hasta hoy día no ha dicho nada.

    Precisamente, ¿Por qué los grandes medios de comunicación no han dicho nada?

    La Prensa no ha dicho nada porque se encontraba en un fenómeno psicológico que se puede comprender. Estos hechos han sido traumáticos y chocantes para todos y en estado de choque uno no se hace preguntas o en todo caso no hace las buenas preguntas. Nuestra atención estaba para las torres gemelas y no por lo que ha sucedido alrededor...Y enseguida desde el comienzo de los atentados, sin investigación previa, se nos dice que ya se sabe quien es el autor: Ben Laden. Después de todo esto, cuestionar esta versión era como poner en tela de juicio la palabra sagrada del gobierno norteamericano, una cosa que nadie se atrevía de hacer.

    Sin embargo, esto constituye el trabajo normal del periodista, como del policía: hacer investigaciones para comprobar la veracidad de los hechos.

    Sobre el 11 de septiembre nunca se ha hecho una investigación, en todo caso en el sentido clásico del término. La gran investigación del FBI para encontrar y determinar los culpables ha sido únicamente para designar los culpables escogidos de antemano. Intelectualmente es inaceptable.

    ¿A qué conclusiones llega Ud.?

    Hemos demostrado que la versión oficial es falsa y mentirosa. Desgraciadamente no tenemos los medios para reconstituir exactamente lo que ha ocurrido. Estamos en la hipótesis y estoy de acuerdo que nadie está forzado de seguir mis puntos de vista y mis hipótesis. Tampoco tengo la capacidad de aportar la prueba determinante. Estamos en una situación de incertidumbre. A pesar de esto, la ONU ha autorizado a los EE.UU. a desencadenar acciones militares para arrestar y llevar en justicia a los autores de los atentados. Vemos que este mandato de la ONU ha sido utilizado ya en Afganistán, -no para arrestar a los supuestos autores, Ben Laden y sus compinches-, sino para derrocar un régimen y poner otro.

    A partir de este trabajo, podemos decir que la política extranjera de EE.UU. no tiene fundamentos jurídicos claros, ni legitimidad jurídica internacional. Sólo podría tenerlo si se hiciera toda la transparencia necesaria para elucidar los hechos del 11 de septiembre.

    No se puede hacer confianza después de todas estas mentiras al FBI. Tampoco al Departamento de la Defensa de EE.UU. después de sus mentiras en la Guerra del Golfo, de la Guerra del Kosovo, etc. La única manera de ver claro es de constituir una comisión internacional de investigación bajo los auspicios de las Naciones Unidas, para que nos diga exactamente que es lo que verdaderamente ha pasado el 11 de septiembre.

    Todo deja suponer que los cerebros y los que han dirigido estos actos terroristas no son extranjeros y que se trata más bien de terroristas norteamericanos.

    Sus investigaciones son bien comprometedoras para las autoridades norteamericanas. ¿No han tratado de enjuiciarlo o presentarle querella por difamación? ¿A recibido amenazas?

    Si, he recibido amenazas de muerte, pero eso no es importante. La autoridades de EE.UU. por el momento no responden al libro y todas las dependencias gubernamentales dicen por el momento «no comment». En el resto del mundo al contrario hay un gran interés por esta investigación periodística realizada.
    Sandro Cruz

    http://www.voltairenet.org/Ningun-avion-se-estrello-en-el

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    Re: Torres Gemelas: ¿Atentado o Autoatentado?

    Mensaje por fedex el Sáb Ene 28, 2012 10:57 am

    La caída de las tres torres del World Trade Center

    por Arno Mansouri

    Dos hechos ocurridos el 11 de septiembre de 2001 fueron borrados de la memoria colectiva: el incendio del anexo de la Casa Blanca y el derrumbe de la torre n°7 del World Trade Center, que no había sido impactada por ningún avión. No hay de qué asombrarse ya que se trata de hechos que no concuerdan con la versión gubernamental de los atentados y que incluso la contradicen en parte. Es por eso que tales hechos ni siquiera se mencionan en el informe de la Comisión investigadora presidencial. En su libro Le Procès du 11 septembre [El Proceso del 11 de septiembre], Victor Thorn analiza de nuevo, minuciosamente, el «mimético» desplome del edificio 7, que albergaba una base de la CIA. Arno Mansouri, editor francés de este libro, resume aquí el tema abordado.

    En su libro Le Procès du 11/9, el periodista y editor Victor Thorn aborda en detalle el derrumbe de las tres torres del World Trade Center. En efecto, aunque se trata de un tema que los medios de difusión mainstream no abordan casi nunca, mucha gente considera, en ambas costas del Atlántico, que el desplome total, vertical (o sea siguiendo la vía de máxima resistencia) y rápido (a la velocidad de la caída libre, según lo presenta el Informe de la Comisión investigadora sobre el 11 de septiembre), constituye uno de los mayores misterios científicos de nuestra época.

    En dos cortos videos transmitidos recientemente por la cadena televisiva PBS, el National Institute of Standards and Tecnology (NIST) trata de dar respuesta a las «teorías de la conspiración». Aunque a primera vista estas explicaciones puedan parecer convincentes, para todo aquel que conoce los hechos, ¡estas no hacen más que esquivar los verdaderos problemas y las verdaderas interrogantes y siguen propalando un mito que está también a punto de derrumbarse total y rápidamente! [1]

    Estos dos videos apuntan en sentido opuesto al artí*** «9/11, NIST, and “Bush Science”: A New Standard For Absurdity» [2] el cual contiene pistas y documentos que contradicen e invalidan totalmente las absurdas explicaciones del NIST [3] (que siguen siendo consideradas como versión gubernamental). Hay que reconocer que las razones enumeradas para tratar de explicar el derrumbe de las torres a la velocidad de caída libre –en 9 y 10 segundos respectivamente –, razones que serían las siguientes:
    - que las torres estaban principalmente «compuestas de aire » (¡sic!),
    - que las columnas centrales eran demasiado delgadas (¡sic!),
    - que la posibilidad del impacto de un avión de pasajeros no estaba prevista (sic),
    - que los incendios fueron extraordinariamente intensos (¡sic!), etc… ¡son absurda y desvergonzadamente ajenas a la verdad!

    Recientemente interrogado sobre el tema por la televisión holandesa, Danny Jowenko, especialista holandés en demolición controlada, opinó que no cabe duda alguna de que el edificio n° 7 del World Trade Center se derrumbó bajo el efecto de una demolición controlada:



    Video: testimonio del especialista holandés en demolición controlada Danny Jowenko. (La versión íntegra está disponible en 911blogger.com).

    Lo irónico de la situación es que este experto, un profesional de la demolición controlada, ni siquiera conocía la existencia, y por consiguiente la caída «misteriosa» de este tercer edificio; yo pude comprobar que lo mismo sucede con la mayoría de los periodistas franceses. No se trataba, sin embargo, de un edificio pequeño: era una construcción reciente, fue terminado en 1987; tenía 47 pisos (sólo 9 pisos menos que el edificio de oficinas más alto de Francia –el rascacielos Montparnasse, de 210 metros de altura) y tenía 173 metros de altura.

    ¿Sabía usted que un tercer edificio se desplomó aquel mismo día sin razón aparente?

    Un experto suizo, interrogado más recientemente aún, llega a las mismas conclusiones [4]. Lo mismo sucede con los Scholars for 9/11 Truth [5], o con los científicos de Physics911.net [6] y sobre todo con el profesor Steven Jones [7]. Todos llegan a la misma conclusión: lo único que pudo haber causado el derrumbe de las torres fue una demolición controlada.

    De hecho, el organismo estadounidense encargado de la investigación inicial (la FEMA) no había podido llegar a ninguna conclusión que explicara la caída del tercer edificio: «Les spécificités des incendies dans le bâtiment n°7 et les causes de l’effondrement de ce bâtiment restent méconnues à ce jour.» [8]

    Ya abundan las películas sobre este tema… la mejor, hasta ahora, es sin dudas un documental de tres partes titulado 911 Mysteries:

    Es por consiguiente normal que un creciente número de personas cuestione a la vez la versión oficial de estos derrumbes, sin precedentes en la historia de los incendios catastróficos en estructuras similares, y el hecho, particularmente extraño, de que los periodistas no parezcan mostrar la más mínima curiosidad por esta polémica. Hubo, sin embargo, casos similares en Taiwán (febrero de 2005) [9], en Madrid (febrero de 2005) [10], en Caracas (octubre de 2004) [11], en Filadelfia (febrero de 1991) [12], en el First Interstate Bank Building de Los Angeles (mayo de 1988) [13] y ya se había producido algo parecido en el mismo World Trade Center en febrero de 1975.

    ¿No es esto suficiente material para la realización de investigaciones y de reportajes científicos?
    El tema despierta cada vez más interés y los sondeos de opinión indican que hay un creciente número de «escépticos». Esto debería incitar a las redacciones a emprender por fin una investigación seria, documentada e imparcial sobre el hecho sin precedentes que fue el derrumbe total, perfectamente vertical y demasiado rápido de las tres torres del WTC el 11 de septiembre.

    Ya usted conoce los principales elementos de este caso, por lo menos los que ya están disponibles en este momento. No pretendo en lo absoluto hacer el papel de moralista, pero no puedo hacer otra cosa que recordarle aquí la frase tan pertinente de Edmund Burke: «Para que el mal se imponga basta con que los hombres de bien no hagan nada » (frase que Victor Thorn retoma en la página 153 de su libro El Proceso del 11 de septiembre).

    Después de haber leído este texto, usted se sentirá probablemente tentado a rechazarlo de plano mientras piensa: «Yo no tengo tiempo para esas elucubraciones»… Pero, ¿con todo lo que está en juego, no vale acaso la pena que usted se tome el tiempo de considerar los argumentos y hechos con su propio espíritu crítico? ¿Las mentiras y manipulaciones sistemáticas de la administración Bush en cinco años no le invitan acaso a tratar de imaginarse la parte sumergida del iceberg?
    Arno Mansouri

    http://www.voltairenet.org/La-caida-de-las-tres-torres-del

    La opinión de un destacado profesor e investigador estadounidense
    La versión gubernamental del 11 de septiembre es una maniobra para distraer a la gente

    por David Ray Griffin

    La evolución de la jurisprudencia francesa permite ahora que los grandes medios de difusión se nieguen, sin consecuencias judiciales, a publicar las respuestas de las personas que ellos mismos han criticado. Este desequilibrio constituye una degeneración de la libertad de expresión y falsea el debate democrático. Es por ello que la Red Voltaire pone sus columnas a la disposición de aquellos cuyas voces los grandes medios están tratando de acallar. Hoy publicamos una respuesta del profesor David Ray Griffin a Le Monde diplomatique, respuesta que esta publicación se ha negado a publicar.



    Foto arriba: El destacado y remarcable investigador estadounidense David Ray Griffin, tiene mucho prestigio en su país como catedrático universitario, por tal razón la prensa oficialista ligada al poder no puede acusarlo de chiflado como acostumbra hacerlo para desacretidar las investigaciones de periodistas independientes. El profesor David Ray Griffin es autor de varios libros sobre los atentados del 11 de septiembre y en donde pone en tela de juicio la versión oficial de la administración Bush acerca de estos acontecimientos.
    _________________________________________________

    El artí*** del Sr. Cockburn, «Le complot du 11 Septembre n’aura pas lieu», publicado en la edición de diciembre de 2006 de Le Monde diplomatique, constituye un claro ataque contra el movimiento a favor de la verdad sobre el 11/9 [1]. El artí*** es erróneo en todos los aspectos.

    Me presenta como uno de los «grandes sacerdotes» de este movimiento, como si se tratara de una secta religiosa y no de una fuerza basada en los hechos y de la que forman parte científicos, ingenieros, pilotos, veteranos de guerra, filósofos, ex controladores aéreos, ex altos responsables del Departamento de Defensa y analistas que decidieron dejar la CIA [2].
    Nos llama «adeptos de la teoría del complot», ignorando el hecho de que, al defender la versión gubernamental, está defendiendo la teoría oficial del complot del 11/9.

    Al declarar que la administración Bush y los militares son tan incompetentes que no pudieron haber organizado los atentados del 11/9, presenta un argumento que podría servir también para probar que tampoco podían organizar las invasiones militares contra Afganistán o Irak.
    Al pretender que Osama Ben Laden reivindicó los atentados, Cockburn parece ignorar que el video de la supuesta confesión de Ben Laden fue fabricado [3] y que según un vocero del FBI: «El FBI no dispone de pruebas tangibles que permitan vincular a Ben Laden con el 11 de septiembre.» [4]

    Después de presentar a los miembros de este movimiento como «adeptos del complot», el Sr. Cockburn avala por sí mismo la versión gubernamental sobre los derrumbes de las Torres Gemelas, [versión] que se sostiene únicamente si se ignoran una considerable cantidad de hechos.

    Lejos de estar «mal hechas», las torres fueron concebidas para resistir prácticamente a cualquier eventualidad, incluyendo el choque de grandes aviones de pasajeros.
    Al rechazar la posibilidad de que hubiera cargas explosivas instaladas, el Sr. Cockburn no tiene en cuenta que 118 miembros del Fire Department de New York atestiguaron que hubo detonaciones de explosivos [5]. (Yo mismo cité los testimonios de 31 de ellos, en un ensayo titulado Explosive Testimony [6].)
    La versión oficial sobre esos edificios, versión que el Sr. Cockburn defiende, entra en contradicción con toda la historia de incendios catastróficos en inmuebles con este mismo tipo de arquitectura de estructura de acero: un derrumbe total de ese tipo de rascacielos nunca se ha producido como consecuencia de daños externos y/o de un incendio, ni siquiera en el caso de incendios mucho más intensos y de mucha más duración.

    Varias características de los derrumbes de esas torres no tienen otra explicación que la utilización de explosivos:
    - 1. Fueron simétricos y perfectamente verticales, lo cual significa que todas y cada una de las 287 columnas en cada una de las torres (las 47 enormes columnas centrales y las 240 columnas del perímetro) y cada una de las 81 columnas del edificio n° 7 tuvieron que derrumbarse simultáneamente. Creer que tal cosa pudo producirse por causa de los incendios, que no se propagaron uniformemente en ninguno de los edificios, es como creer en los milagros.

    - 2. Los derrumbes fueron totales, cada uno de los 3 rascacielos se desmoronó formando un montón de escombros de unos pocos pisos solamente. O sea, cada una de las columnas de acero tuvo que partirse en muchos pedazos, que es precisamente lo que hacen los explosivos utilizados en las demoliciones controladas.

    - 3. Todo el hormigón, al igual que el mobiliario, quedó pulverizado en partículas de polvo extremadamente finas (las inmensas nubes que pudieron observarse). Los incendios y la ley de gravedad no habrían bastado para proporcionar la cantidad de energía necesaria para producir dicha pulverización, lejos de ello.

    - 4. Al principio del derrumbe de cada una de las Torres Gemelas, que comenzó cerca de la cúspide, vigas de acero salieron disparadas horizontalmente hasta una distancia de 150 metros. Tan impresionantes proyecciones verticales no pueden explicarse mediante la energía gravitacional, que es vertical.

    - 5. Todos y cada uno de los 3 inmuebles se derrumbaron a la velocidad de la caída libre. Eso quiere decir que los pisos inferiores, con todo el acero y el hormigón de que estaban compuestos, no opusieron absolutamente ninguna resistencia (a la caída de los pisos superiores). El Sr. Cockburn escribe también: «Recurrir a la hipótesis de las cargas explosivas no es necesario en lo absoluto para comprender la caída acelerada de las torres…» Tal afirmación está en total contradicción con las leyes más elementales de la física.

    - 6. Durante varias semanas después de los derrumbes, aparecieron charcos de metal derretido debajo de cada edificio. El acero sólo empieza a derretirse a los 1 540° C, mientras que la temperatura de los incendios no puede haber sido superior a los 1 000° C [7].
    El derrumbe del edificio n° 7, «que no fue golpeado por ningún avión», también corresponde a las características clásicas de las demoliciones controladas.

    Aunque me he concentrado aquí en el World Trade Center, existen abundantes pruebas que inducen a la duda sobre casi todos los aspectos de la versión oficial de los hechos; pruebas que yo mismo presento en Le Nouveau Pearl Harbor y en Omissions et manipulations de la Commission d’enquête sur le 11/9. En este último libro, demuestro que el informe de la Comisión contiene por los menos 115 mentiras por omisión o manipulaciones [8].

    El Sr. Cockburn parece no querer examinar esas pruebas porque está convencido de que los esfuerzos tendientes a demostrar que el 11/9 es un «complot interno» son una pérdida de tiempo y desvían la atención de los temas verdaderamente importantes. Sin embargo, si el 11/9 fue verdaderamente orquestado por ciertas facciones del gobierno estadounidense, ¿qué podría resultar entonces más importante que demostrarlo basándose en hechos? La idea de que Estados Unidos fue atacado por terroristas extranjeros el 11 de septiembre fue utilizada para justificar la guerra contra Irak y mil cosas más. El resultado de ello es que Estados Unidos convirtió al mundo en un lugar mucho más peligroso después del 11/9.

    También fue utilizada para desviar nuestra atención del problema de recalentamiento climático, que constituye una amenaza real y seria para la humanidad. En otras palabras, la versión (conspiracionista) oficial sobre el 11/9 es la verdadera maniobra diversionista.
    David Ray Griffin

    http://www.voltairenet.org/La-version-gubernamental-del-11-de

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    Re: Torres Gemelas: ¿Atentado o Autoatentado?

    Mensaje por Invitado el Sáb Ene 28, 2012 11:11 am

    Bajo mi punto de vista fue un autoatentado como tu dices, primero se supone que EEUU es el pais con mayor seguridad y me dices que tienes a unos cuantos aviones haciendo el pijo por el cielo y nadie hace nada?
    Segundo no se encontraron los restos de los supuestos del Al Qaeda según ellos porque se quemaron con el impacto pero anda, fijate tu que encontraron entre las cenizas sus pasaportes intactos, tercero el hermano de Bin Laden tenía una empresa con Bush...esto que alguienme lo explique porque es algo que no entiendo...
    Buen tema Fedex, como siempre! cheers

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    Re: Torres Gemelas: ¿Atentado o Autoatentado?

    Mensaje por El_Fausto el Mar Ene 31, 2012 2:52 am

    Al jugar Ajedrez, muchas veces podés predecir el próximo movimiento de tu adversario... eso te da la ventaja de poder elegir tu mejor movimiento para usar a tu rival en beneficio propio... incluso pudiendo sacrificar una o dos piezas...

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    Re: Torres Gemelas: ¿Atentado o Autoatentado?

    Mensaje por Halfaro el Vie Jul 20, 2012 1:12 pm

    Veterano del Cuerpo de Marines de Estados Unidos: “La verdad detrás del 9/11 aniquilaría a Israel “
    Posted on julio 10, 2012

    Un autor y veterano del Cuerpo de Marines de EE.UU. afirma que Israel planeó los ataques del 9/11, diciendo que, si los norteamericanos fuesen informados sobre esto, exterminarían al régimen sionista.


    “He tenido largas conversaciones durante las últimas dos semanas con contactos en el Colegio de Guerra del Ejército, en la sede del Cuerpo de Marines, y me han dejado absolutamente claro, en ambos casos, que es 100 por ciento seguro que el 9/11 fue una operación del Mossad. Punto “, dijo Alan Sabrosky, escritor y consultor especializado en asuntos nacionales e internacionales de seguridad, en un clip que aparece en el sitio de web opinión pública de intercambio de videos You Tube.

    Sabrosky dijo que sus colegas, que aún están en servicio, reaccionan inicialmente con incredulidad a sus afirmaciones, pero al dar sus explicaciones con respecto a la demolición controlada de los edificios, la incredulidad da paso a la rabia.

    “En primer lugar está la incredulidad, y luego, cuando les muestro inmediatamente una entrevista con un experto en demoliciones danés, llamado Danny Jowenko, y esta muestra al tercer edificio del World Trade Center cayendo – el WTC7″“Lo que es necesario es decirle a la gente: Tres edificios cayeron, y el tercero no fue impactado por un avión, estaba conectado a la demolición controlada, por lo tanto, todos ellos estaban conectados a la demolición controlada. Y en ese punto la reacción es de rabia. En primer lugar la incredulidad, y luego la rabia “, agregó.

    Sabrosky dijo que, si los norteamericanos fuesen informados de la verdad detrás de los ataques, no dudarían en eliminar a Israel sin ninguna consideración por los costos involucrados.

    “Si los estadounidenses saben que Israel hizo esto, lo quitarían del tierra”, dijo.

    El 11 de septiembre de 2001, se llevaron a cabo una serie de ataques coordinados en Estados Unidos, según informes, dejando casi 3.000 muertos.

    El gobierno de EE.UU. afirmó que 19 terroristas, supuestamente relacionados con el misterio, Afganos del grupo al-Qaeda, secuestraron cuatro aviones comerciales de pasajeros para llevar a cabo los ataques.

    El reporte oficial de EE.UU. de los acontecimientos del 11 de septiembre ha sido, sin embargo, ampliamente cuestionado por diversos sectores en EE.UU. y en todo el mundo.

    EE.UU., bajo la administración del ex presidente George W. Bush, invadió Afganistán en 2001, después de afirmar que los ataques del 9/11 se llevaron a cabo por los miembros de Al Qaeda, albergados por el régimen talibán en Afganistán.

    EE.UU. también atacó a Irak en 2003, insistiendo en que el país rico en petróleo estaba en posesión de armas de destrucción masiva (ADM).

    El 22 de septiembre de 2011 ante la Asamblea General de la ONU, el presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad, pidió una investigación internacional independiente sobre el incidente de 9/11, diciendo que los ataques le proveyeron a EE.UU. la excusa conveniente para librar guerras en Afganistán e Irak.

    “Los sionistas están jugando esto como un verdadero ejercicio de todo o nada, porque si lo pierden, si el pueblo estadounidense da cuenta de lo que pasó, estarán terminados”, concluyó Sabrosky.

    Fuente: Sleepwalkings

    http://falsasbanderas.wordpress.com/2012/07/10/veterano-del-cuerpo-de-marines-de-estados-unidos-la-verdad-detras-del-911-aniquilaria-a-israel/


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    Re: Torres Gemelas: ¿Atentado o Autoatentado?

    Mensaje por Invitado el Vie Jul 20, 2012 1:17 pm

    Shocked Shocked hay que decir que salen versiones de este atentado de todo tipo. Cual será la verdad de lo que pasó scratch scratch

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    Re: Torres Gemelas: ¿Atentado o Autoatentado?

    Mensaje por FranciscoBU el Miér Sep 19, 2012 1:03 pm

    Netanyahu estuvo detrás del 11S




    Una entrevista realizada por Alex Jones al doctor Steve Pieczenik, psiquiatra y especialista en relaciones internacionales de USA, revela una serie de datos oscuros alrededor de los atentados del 11 de septiembre del 2001 y la guerra global contra el terrorismo que desencadenó el gobierno de George Bush Jr y prosiguió su sucesor, Barack Obama.

    La idea de que el ataque del 11 S fue orquestado por sectores dentro del gobierno de USA, o por lo menos “aliados”, ha caído en incontables ocasiones dentro de las llamadas “teorías de conspiración”. Sin importar la cantidad de testimonios y pruebas que se hayan presentado refutando la versión oficial, el mote de “teorías de conspiración” ha servido para desestimar cualquier cuestionamiento más allá de quien lo pronunciara.

    Sin embargo, las voces que se oponen a la eternización del clima de guerra en Medio Oriente y en todo el mundo, algo que genera unos dividendos incalculables y que mantiene en actividad al poderoso complejo militar industrial de USA, siguen alzándose.

    En el caso del doctor Pieczenik, sus controvertidas declaraciones tienen soporte en su conocimiento de causa y su participación activa en diferentes operaciones de inteligencia del gobierno de USA a lo largo de décadas. Trabajó con Henry Kisinger, Cyrus Vance y James Baker en el Departamento de Estado bajo las administraciones Gerald Ford, Jimmy Carter, Ronald Reagan y George Bush Sr.

    Además, este psiquiatra hijo de una pareja de judíos polacos y rusos que se exiliaron por el avance de los totalitarismos europeos enfrentados en la 2da Guerra Mundial, cuenta en su currículum con una sociedad con el escritor Tom Clancy, el famoso autor de best sellers de espionaje y política internacional. De hecho, Pieczenik ha sido su principal informante durante muchos años y el personaje de Jack Ryan en “La caza del Octubre Rojo” está inspirado en él.

    Más allá de los títulos y honores que lo avalan, este psiquiatra tiene una visión bastante particular de la realidad geopolítica mundial y en la nueva entrevista otorgada a Jones para Infowars.tv, soltó algunas versiones más que interesantes.

    Según Pieczenik, el actual primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, fue uno de los organizadores del 11-S y sostiene que un centenar de agentes de El Mossad fueron detenidos tras el trágico atentado.

    El doctor sostiene que Israel trabaja con Arabia Saudita y una facción de la CIA, argumentando que la dinastía Saud que gobierna el país que guarda La Meca no es real descendiente del profeta Mahoma y sí la dinastía hashemita, que gobierna Jordania.

    Pieczenick explica la confrontación directa entre la CIA y el Ejército USA actual, en la que los primeros estarían siendo usados por los sionistas. Los sionistas son los responsables del asesinato del embajador USA en Libia para provocar a los musulmanes y así poner a USA de parte de los israelitas. El tal Stevens era un respetado arabista, que participó en las conversaciones de paz de Camp David; comprendía el mundo árabe y era un puente con el islam que los sionistas han tratado de cortar.

    Pieczenick responsabiliza a los judíos sionistas Wolfowitz, Abrams, Zellick, Chertoff y Perle de este asesinato y de estar detrás de Romney, queriendo favorecer su campaña en lugar de Obama. El ataque a la embajada de los salafistas fue financiado por Arabia Saudita, en cooperación con Israel y con elementos sionistas de los Estados Unidos que no defendieron su sede y cooperaron por negligencia en el asesinato.

    El ex asesor del Departamento de Estado afirma que Israel está aislada desde hace dos años y no tiene los apoyos necesarios para atacar a Irán “que la destruiría sin duda” en caso de guerra. Sólo haciéndose la víctima y atrayéndose a otros países conseguiría su propósito. Los líderes militares USA se han negado en repetidas ocasiones a apoyar ese ataque.

    Así las cosas, Pieczenick avisa de que Israel va a tratar de lanzar “una sorpresa de Octubre”, probablemente coincidiendo con el Yom Kippur (día del perdón judío) y esta bandera falsa en torno a la película sobre el profeta Mahoma iba en ese sentido. Israel atacaría a Irán, que a su vez respondería con un ataque a bases USA y así, conseguiría el apoyo de la OTAN.

    Obviamente, el caracter punzante de sus críticas ha llevado a sus detractores a catalogarlo de loco o resentido. En 1992, consultado por los medios, diagnosticó que el presidente George Bush Sr estaba sumido en una fuerte depresión, lo que le valió la salida de la Asociación americana de Psiquiatría previa sanción.

    El 3 de mayo del 2011 aseguró que Osama Bin Laden había muerto de un extraño síndrome (Mafan) poco tiempò después del ataque a las Torres Gemelas y el Pentágono, y que los ataques respondían a una operación de falsa bandera del gobierno.

    En Octubre del año pasado este psiquiatra también sostuvo que Muammar Gadaffi estaba vivo asegurando que asesinar a opositores no era el modus operandi de USa en los 30 años que había estado operando para el gobierno aunque calificó a Obama como un mentiroso patologicamente obsesivo.

    La entrevista otorgada a Alex Jones se encuentra en la web aún sin subtítulos.

    http://urgente24.com/areax/2012/09/netanyahu-estuvo-detras-del-11-s/


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    Re: Torres Gemelas: ¿Atentado o Autoatentado?

    Mensaje por Halfaro el Miér Mar 13, 2013 9:42 am

    Asesinan a un Escritor e Investigador del 9/11 que Comprometía a la Administración Bush

    marzo 11, 2013 1:34 am


    Phillip Marshall, escritor, investigador y expiloto de la CIA, fue encontrado muerto el 2 de febrero del 2013, junto a su mujer e hijos, incluso el perro de la familia fue asesinado.



    Para las autoridades este asunto no es más que un suicidio, pero según los que conocían a Phillip, éste vivía con temor desde que publicó su libro: “El Bamboozle grande: 9/11 y la Guerra contra el Terror”, en el cual culpa al gobierno de los Estado Unidos de los atentados.

    Phillip escribió en el libro que la administración Bush, con la cooperación de la inteligencia Saudí, eran los responsables de los ataques terroristas de la falsa bandera del 11 de Septiembre de 2001 a las Torres Gemelas.

    De acuerdo con Santa Barbara View , durante el proceso de edición y pre-comercialización del libro de Marshall, expresó algún grado de paranoia, porque en la obra de no ficción acusaba al presidente George W. Bush de estar en connivencia con los servicios de inteligencia de Arabia Saudita en la formación de los secuestradores que murieron en los aviones usados ​​en los ataques.

    “Piense en esto”, dijo Marshall el año pasado en una declaración escrita, “La versión oficial sobre un fantasma (Osama bin Laden) en una cueva en el otro lado del mundo derrotando a todo nuestro establecimiento militar en territorio de EE.UU. es absolutamente absurdo”.

    Marshall también llegó a decir: “La verdadera razón de que el ataque fuera un éxito se debe a un militar en stand-down y una operación coordinada de formación que prepara a los secuestradores para volar grandes aviones comerciales. Tenemos docenas de documentos del FBI para probar que este entrenamiento de vuelo se llevó a cabo en California, Florida y Arizona en los 18 meses previos al ataque. “

    FRAGMENTOS DE SU LIBRO:


    “Después de un exhaustivo estudio de 10 años de este ataque letal que utiliza aviones Boeing llenos de pasajeros y miembros de la tripulación de compañeros como los misiles guiados, estoy 100 por ciento convencido de que un equipo encubierto de agentes de inteligencia sauditas era la fuente de los recursos logísticos, financieros y tácticos que la formación dirigida vuelo esencial para los secuestradores 9/11 para 18 meses antes del ataque “, escribió Marshall. “Esta conclusión se determinó hace seis años y todas las pruebas posteriores han hecho más que confirmar esta conclusión.”

    El 1 de marzo, dos ex senadores estadounidenses, quienes encabezados separados 9.11 investigaciones federales, también planteó la posibilidad de la participación de Arabia Saudita en los atentados en los que murieron 3.000 personas y estimulado la guerra mundial contra el terrorismo. En declaraciones juradas que parece probable que reavivará el debate, el ex senadores Bob Graham y Bob Kerrey, que vio top-secret información sobre las actividades de los saudíes, dijeron que creen que el gobierno saudí desempeñó un papel directo en los atentados terroristas.

    “Estoy convencido de que había una línea directa entre al menos algunos de los terroristas que llevaron a cabo los ataques del 11 y el gobierno de Arabia Saudita “, el ex senador Bob Graham dijo en una declaración jurada presentada como parte de una demanda presentada contra el Gobierno saudí y decenas de instituciones en el país por las familias de 9/11 víctimas, entre otros. Graham encabezó una investigación conjunta del Congreso 2002 sobre los ataques y ha afirmado que estaba amordazado en silencio acerca de los hallazgos de su comisión en 2002 por el ex vicepresidente Dick Cheney y otros altos miembros de la comunidad de inteligencia de Bush.

    La muerte de este escritor tiene a muchas personas preguntándose:

    ¿Es este asesinato despiadado de toda la familia de Phillip Marshall, incluído el perro, una advertencia disuasoria para aquellos que estén pensando en investigar o publicar sobre el tema? Juzguen ustedes, aunque está bastante claro.

    Fuente: http://periodismoalternativoblog.wordpress.com/2013/02/13/asesinan-a-un-escritor-e-investigador-del-911-que-comprometia-a-la-administracion-bush/


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    Re: Torres Gemelas: ¿Atentado o Autoatentado?

    Mensaje por FranciscoBU el Sáb Mar 16, 2013 12:13 pm

    ESCRITOR QUE EXPONIA COMO AUTOATENTADO LA CAIDA DE LAS TORRES GEMELAS ES ENCONTRADO MUERTO JUNTO A TODA SU FAMILIA



    vÍA PERIODISMO ALTERNATIVO

    Phillip Marshall, escritor, investigador y expiloto de la CIA, fue encontrado muerto el 2 de febrero del 2013, junto a su mujer e hijos, incluso el perro de la familia fue asesinado. Para las autoridades este asunto no es más que un suicidio, pero según los que conocían a Phillip, éste vivía con temor desde que publicó su libro: “El Bamboozle grande: 9/11 y la Guerra contra el Terror”, en el cual culpa al gobierno de los Estado Unidos de los atentados.

    Phillip escribió en el libro que la administración Bush, con la cooperación de la inteligencia Saudí, eran los responsables de los ataques terroristas de la falsa bandera del 11 de Septiembre de 2001 a las Torres Gemelas. De acuerdo con Santa Barbara View , durante el proceso de edición y pre-comercialización del libro de Marshall, expresó algún grado de paranoia, porque en la obra de no ficción acusaba al presidente George W. Bush de estar en connivencia con los servicios de inteligencia de Arabia Saudita en la formación de los secuestradores que murieron en los aviones usados en los ataques.


    FRAGMENTOS DEL LIBRO

    “La verdadera razón de que el ataque fuera un éxito se debe a un militar en stand-down y una operación coordinada de formación que prepara a los secuestradores para volar grandes aviones comerciales. Tenemos docenas de documentos del FBI para probar que este entrenamiento de vuelo se llevó a cabo en California, Florida y Arizona en los 18 meses previos al ataque”

    “Después de un exhaustivo estudio de 10 años de este ataque letal que utiliza aviones Boeing llenos de pasajeros y miembros de la tripulación de compañeros como los misiles guiados, estoy 100 por ciento convencido de que un equipo encubierto de agentes de inteligencia sauditas era la fuente de los recursos logísticos, financieros y tácticos que la formación dirigida vuelo esencial para los secuestradores 9/11 para 18 meses antes del ataque “, escribió Marshall. “Esta conclusión se determinó hace seis años y todas las pruebas posteriores han hecho más que confirmar esta conclusión.”

    “El 1 de marzo, dos ex senadores estadounidenses, quienes encabezados separados 9.11 investigaciones federales, también planteó la posibilidad de la participación de Arabia Saudita en los atentados en los que murieron 3.000 personas y estimulado la guerra mundial contra el terrorismo. En declaraciones juradas que parece probable que reavivará el debate, el ex senadores Bob Graham y Bob Kerrey, que vio top-secret información sobre las actividades de los saudíes, dijeron que creen que el gobierno saudí desempeñó un papel directo en los atentados terroristas”

    “Estoy convencido de que había una línea directa entre al menos algunos de los terroristas que llevaron a cabo los ataques del 11 y el gobierno de Arabia Saudita “, el ex senador Bob Graham dijo en una declaración jurada presentada como parte de una demanda presentada contra el Gobierno saudí y decenas de instituciones en el país por las familias de 9/11 víctimas, entre otros. Graham encabezó una investigación conjunta del Congreso 2002 sobre los ataques y ha afirmado que estaba amordazado en silencio acerca de los hallazgos de su comisión en 2002 por el ex vicepresidente Dick Cheney y otros altos miembros de la comunidad de inteligencia de Bush”


    LO MÁS SEGURO ES QUE ESTA MUERTE, JUNTO CON LA DE TODA SU FAMILIA SEA SOLO UNA COINCIDENCIA…

    *http://www.gamba.cl/?p=37363


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    Re: Torres Gemelas: ¿Atentado o Autoatentado?

    Mensaje por FranciscoBU el Mar Jul 30, 2013 7:27 pm

    les dejo este link no puedo subir el video pero la verdad se los recomiendo aunque sea algo grosero pero dice muchas verdades ademas de que lo deja pensando a uno, si alguien puede subir el video le agradecere.

    http://latinsouthpark.blogspot.com/2010/10/el-misterio-del-mojon-en-el-urinal.html

    Saludos!!


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    Re: Torres Gemelas: ¿Atentado o Autoatentado?

    Mensaje por laugarcia el Jue Ago 01, 2013 2:45 pm

    Fran perdon no encuentro forma de subirlo,Embarassed 

    encontre otro este es cantado.....YA NO SABEN COMO HACER PARA MOSTRARNOS LA VERDAD.



    https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=sw6Zr_8hIls


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    Re: Torres Gemelas: ¿Atentado o Autoatentado?

    Mensaje por susy307 el Jue Ago 01, 2013 7:10 pm

    excelente video,ya hay varios estudios sobre el tema..el que aún crea en un atentado de los talibanes está loco

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    Re: Torres Gemelas: ¿Atentado o Autoatentado?

    Mensaje por Halfaro el Mar Sep 15, 2015 3:21 pm

    11 hechos que prueban que el Mossad está detrás del 9/11

     «Para saber quien gobierna sobre ti, simplemente encuentra a quien no estas autorizado a criticar». Voltaire. 

    Arquitectos, físicos, e ingenieros lo han dejado muy claro, es imposible que las Torres Gemelas cayeran producto del impacto de sendos aviones en su parte superior. Sin embargo, existen evidencias de explosiones sucesivas ocurridas en pisos inferiores y que serían parte de una siniestra demolición controlada. Scott Forbes, un empleado administrativo que trabajaba en el piso 97 de la Torre Sur, declaró que, «durante el fin de semana previo al 9/11, la energía fue cortada por 36 horas, algo sin precedentes que lleva a pensar que se debió a la instalación de dispositivos de demolición en el interior del edificio». Esta conjetura es compartida por la mayoría de los llamados «teóricos de la conspiración» y, a la hora de señalar a un culpable, el Sionismo se lleva el primer lugar. Pero… ¿existen fundamentos para apuntar a tal culpable? De sobra… y, como veremos a continuación, no hay nada de «teoría», solo hechos.



    Los puntos expuestos en este artículo fueron extraídos en su mayoría de dos artículos escritos por el Dr. Alan Sabrosky [Ref. 1], ex profesor del US Army College, quien afirma tajantemente que el 9/11 fue una operación del Mossad (Agencia de Inteligencia del Estado de Israel), cuya motivación encaja perfectamente con el programa neoconservador del Sionismo para un evento catalizador con la capacidad de movilizar al público estadounidense a apoyar sus causas bélicas y así valerse del ejército más poderoso del mundo para cargarse a sus enemigos árabes en Medio Oriente. NOTA: En algunos de los siguientes puntos encontrarán enlaces a videos que ilustran la situación y recomendamos ver. La demolición controlada del WTC 7 implica que si una construcción del complejo fue demolida tan rápidamente «a la orden», entonces las tres pudieron serlo. Según varios investigadores y científicos, como el danés Niels Harrit del Departamento de Química de la Universidad de Copenhague, entre las ruinas de las torres se hallaron restos de nanotermita, un explosivo militar de gran poder destructivo. El impacto de los aviones comerciales fue solo una «obra teatral» diseñada para proveer una estremecedora distracción y facilitar la destrucción de los edificios por otros métodos, obviamente, con el amparo de los medios de comunicación. La BBC dio a conocer que el WTC 7 había colapsado veinte minutos antes de que ocurriera. Jane Standley, la periodista que anunció la caída prematura, lo calificó como un «muy pequeño y muy honesto error» provocado por su manera de pensar después de ser confrontada con un informe que no tenía manera de comprobar. Una operación de falsa bandera de este tipo requiere experiencia, acceso a los objetivos, y un apoyo local efectivo para posibilitar la evasión posterior al ataque. Ninguno de los 19 árabes acusados o sus posibles cómplices cumplían con los requerimientos mencionados. Por otro lado, Israel tenía la experiencia, el acceso, el apoyo local necesario —dentro y fuera del gobierno de EE.UU.—, y un incentivo positivo para derribar los símbolos del poder estadounidense y poner a la opinión pública a favor de la guerra contra los enemigos de Israel. Muchos funcionarios clave de la Administración Bush provenían del PNAC (Proyecto para un Nuevo Siglo Americano). Todos eran sionistas (partidarios de Israel) e incluso llegaron a escribir sobre la necesidad de un «evento catalizador» para movilizar al público estadounidense a favor de sus intereses. La empresa que proveía el servicio de seguridad al WTC era Kroll Associates, perteneciente a y operada por sionistas. Ninguno de sus dueños o parientes estaban en los edificios la mañana del 9/11. A pesar que cientos de judíos americanos murieron en el WTC, según se pudo determinar, solo 3 israelíes de 4.000 normalmente allí —más dos en los aviones estrellados— se contaron entre las víctimas fatales del «atentado». Larry Silverstein, quien adquirió y aseguró por miles de millones de dólares el WTC seis meses antes del ataque, tampoco estaba presente aquella mañana del 11 de septiembre de 2001. Convenientemente tenía una cita con el médico. Años después, no contento con la indemnización multimillonaria recibida, demandó a American Airlines y United Airlines por más de 8.000 millones de dólares por daños y perjuicios, alegando que eran los responsables de haber violado las normas de seguridad de manera imprudente. Afortunadamente la ley del estado de New York prohibe indemnizar dos veces por los mismos daños. ICTS, una compañía privada en manos de dueños israelíes y registrada en Holanda, proveía la seguridad a los tres aeropuertos de los que partieron los aviones secuestrados. Residentes de New Jersey observaron a cinco hombres junto a una furgoneta blanca filmando y celebrando los ataques. Según los testigos, los hombres habían preparado sus cámaras ANTES que se estrellara el primer avión. Al ser arrestados por la policía, se descubrió que todos eran de nacionalidad israelí. Los perros detectores de bombas llevados por los oficiales reaccionaron como si hubiera explosivos en la furgoneta pero no pudieron hallar nada. Más tarde, y bajo la presión de elementos gubernamentales, los cinco sospechosos fueron liberados. Los detalles aún permanecen como clasificados. Una segunda furgoneta fue detenida en las proximidades del Puente George Washington. Según reportaba a CBS en aquel entonces: «Dos sospechosos están bajo custodia del FBI luego que un vehículo lleno de explosivos fuera descubierto en los alrededores del Puente George Washington que cruza el río Hudson y une New York con New Jersey. Se desconoce si el hallazgo está relacionado con los eventos de hoy, pero el FBI dijo que los explosivos hallados eran suficientes como para volar el puente». Curiosamente, no se volvió a saber sobre estos dos sospechosos ni la verdadera razón por la cual transportaban estos explosivos… El NORAD (North American Air Defense command) y sus cazas respondieron de manera inusualmente lenta. Tuvieron el tiempo para interceptar los 4 aviones comerciales en un rango de pocos minutos, pero no lo hicieron. Fallaron en la puntualidad de los reportes de la FAA con los aviones a desviar, en despachar cazas desde las bases más cercanas, en interceptar a máxima velocidad, y en redirigir aviones en el aire para interceptar los objetivos. Seguramente los súbditos del PNAC hicieron su parte para generar esta serie de «fallos» graves. La Comisión designada para investigar el 9/11 no está excenta de fallas, como tampoco lo está de integrantes pro-Israel. Muchos detalles improbables fueron aceptados y permitidos sin ser cuestionados, como el hecho que, en la propia base destruida de las Torres Gemelas, un hombre bien vestido le entregara a un detective el pasaporte intacto de uno de los presuntos terroristas; pasaporte que, milagrosamente, sobrevivió al impacto del avión, adquirió inmunidad al fuego e intenso calor, y cayó más de 800 pies sin ser afectado por el viento… Al parecer, el Director Ejecutivo de la Comisión del 9/11, el sionista Philip D. Zelikow, se aseguró que nada desviara la atención de los 19 árabes acusados. Asimismo, el 10 de septiembre de 2002, Zelikow declaró ante una audiencia en la Universidad de Virginia que la verdadera razón para la guerra urgente contra Irak —además del 9/11— era «la amenaza que se cernía sobre Israel». Como toda operación ejecutada maquiavélicamente por una agencia de inteligencia como el Mossad o la CIA, los autores intelectuales y verdaderos culpables permanecerán impunes, sentados en el mismísimo Sistema jugando al ajedrez sobre un tablero lleno de sangre. Referencia 1: Treason, Betrayal and Deceit – 9/11 & Beyond por el Dr. Alan Sabrosky. Israel’s Hidden Faces, mismo autor. Publicado el 11 de septiembre de 2015

    Artículo publicado en MysteryPlanet.com.ar: 11 hechos que prueban que el Mossad está detrás del 9/11 http://mysteryplanet.com.ar/site/11-hechos-que-prueban-que-el-mossad-esta-detras-del-911/


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    Re: Torres Gemelas: ¿Atentado o Autoatentado?

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