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    Pederastia en la Iglesia católica

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    Pederastia en la Iglesia católica

    Mensaje por FranciscoBU el Vie Nov 11, 2011 6:15 pm

    Pederastia en la Iglesia católica

    En poco tiempo, cientos de sacerdotes han sido condenados judicialmente por cometer delitos sexuales contra menores y un buen número de obispos han cesado de sus cargos al hacerse públicas sus conductas pederastas. La Iglesia esconde y minimiza este tremendo problema, pero no estamos ante algo puntual sino ante la consecuencia de sus graves errores estructurales. En Pederastia en la Iglesia católica se analiza y denuncia, con solidez y dureza, la realidad, causas y efectos de la pederastia clerical, se cuantifica su dimensión, y se muestra que la cúpula de la Iglesia, incluido el Papa, mantiene una legislación canónica que obliga a encubrir y perdonar los delitos del clero.

    Pepe Rodríguez demuestra que encubrir esos delitos es una práctica cotidiana en las diócesis católicas, aportando un gran número de casos bien significativos, con nombres y apellidos, de España, Francia, Italia, Alemania, Austria, Polonia, Gran Bretaña, Irlanda, Estados Unidos, México, Centroamérica, Costa Rica, Puerto Rico, Colombia, Argentina, Chile... Australia; y en su "decálogo de los prelados para el encubrimiento" aflora las vergonzosas maniobras que éstos realizan a fin de proteger al clero pederasta. Pero, aunque el objetivo del libro es demostrar la inmoralidad del gobierno de la Iglesia ante este problema, el autor no olvida lo fundamental, eso es, la situación psicológica y social de las víctimas y sus familiares, aportando las recomendaciones indispensables para poder detectar y protegerse del clero agresor.



    --------------------------------------------------------------------------------

    "El problema fundamental no reside tanto en que haya sacerdotes que abusen sexualmente de menores, sino en que el Código de Derecho Canónico vigente, así como todas las instrucciones del Papa y de la curia del Vaticano, obligan a encubrir esos delitos y a proteger al clero delincuente. En consecuencia, los cardenales, obispos y el propio gobierno vaticano practican con plena conciencia el más vergonzoso de los delitos: el encubrimiento."

    Pepe Rodríguez

    "Las conductas de abuso sexual a menores por parte de clérigos, así como el patrón de conducta encubridor por parte de las autoridades eclesiásticas, contradicen el Evangelio, vulneran la dignidad y los derechos fundamentales de la persona, y cuestionan la naturaleza misma de la misión de la Iglesia en el mundo y el papel de sus autoridades."

    Padre Alberto Athié

    http://www.pepe-rodriguez.com/Pederastia_clero/Pederastia_clero_ficha.htm


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    Re: Pederastia en la Iglesia católica

    Mensaje por FranciscoBU el Vie Nov 11, 2011 6:16 pm

    Introducción: Demasiados casos, excesiva frecuencia y desmedida impunidad

    En este libro, los abusos sexuales a menores, cometidos por el clero o por cualquier otro, son tratados como "delitos", no como "pecados", ya que en todos los ordenamientos jurídicos democráticos del mundo se tipifican como un delito penal las conductas sexuales con menores a las que nos vamos a referir. Y comete también un delito todo aquel que, de forma consciente y activa, encubre u ordena encubrir esos comportamientos deplorables.
    Usar como objeto sexual a un menor, ya sea mediante la violencia, el engaño, la astucia o la seducción, supone, ante todo y por encima de cualquier otra opinión, un delito. Y si bien es cierto que, además, el hecho puede verse como un "pecado" -según el término católico-, jamás puede ser lícito, ni honesto, ni admisible abordarlo sólo como un "pecado" al tiempo que se ignora conscientemente su naturaleza básica de delito, tal como hace la Iglesia católica, tanto desde el ordenamiento jurídico interno que le es propio, como desde la praxis cotidiana de sus prelados.
    La existencia de una cifra enorme de abusos sexuales sobre menores dentro de la Iglesia católica es ya un hecho innegable, que no es puntual, ni esporádico, ni aislado, ni está bajo control, antes al contrario. Tampoco es, ni mucho menos, producto de una campaña emprendida contra la Iglesia por oscuros intereses. Los mayores enemigos de la Iglesia, mejor dicho, del mensaje evangélico que dicen representar, no deben buscarse en el exterior, basta y sobra con los muchos que existen entre su clero más granado. La pérdida de creyentes y de credibilidad tan enorme que está afectando a la Iglesia católica, desde hace algo más de un siglo, no obedece tanto a la secularización de la sociedad como a los gravísimos errores de una institución que ha perdido pie en el mundo real.
    El cardenal James Stafford, miembro de la curia vaticana, cuando en abril de 2002 acudió a Roma para debatir el escándalo de la pedofilia en Estados Unidos junto al Papa y al resto de cardenales norteamericanos, fue claro al afirmar que "la Iglesia pagará muy caros estos errores -según publicó La Reppublica- (...) Ha sido una tragedia, pero tenemos la obligación de reaccionar y de ayudar por todos los medios a las víctimas".
    Sin embargo, la reacción que llevó a la Iglesia católica norteamericana a plantearse en serio un problema que ella misma ya se había diagnosticado como grave más de una década antes, no fue el interés por ayudar a las víctimas, sino el interés por evitar una bancarrota económica que ya era evidente en buena parte de las diócesis del país y que, de rebote, afectaba a las siempre necesitadas arcas vaticanas, que veían peligrar las aportaciones de su principal contribuyente. La alarma, en el Vaticano, se disparó por el dinero pagado en indemnizaciones a las víctimas de los delitos sexuales del clero, pero durante décadas nadie se inmutó ante el grave daño que sabían se le estaba causado a cientos de menores de edad.
    Cuando estalló el escándalo en las portadas de todos los medios de comunicación, la Iglesia norteamericana ya había pagado en secreto unos 1.000 millones de dólares para comprar el silencio de centenares de víctimas de delitos sexuales de sacerdotes de sus diócesis, y todavía quedaban pendientes de resolver varios cientos de procesos judiciales y denuncias por otros tantos delitos sexuales, a los que iban aparejados peticiones de indemnización por un monto global inmenso.
    Una estimación del prestigioso Business Week relacionó rápidamente la tormenta de denuncias de abuso sexual contra sacerdotes, que arreciaba sobre la Iglesia, con las dificultades financieras que estaban atravesando algunas de las diócesis más significativas de Estados Unidos. La rica archidiócesis de Boston, bajo el cardenal Bernard Law, el encubridor de curas pedófilos más pertinaz y notable del país, calculaba terminar el ejercicio del 2002 con un déficit de 5 millones de dólares. La de Nueva York, igualmente adicta al encubrimiento, con uno de 20 millones de dólares. En la de Chicago los números rojos serían de 23 millones de dólares. El motivo había que buscarlo en la fuerte caída de las donaciones realizadas por sus fieles. En marzo de 2002, las encuestas indicaban que tres de cada cuatro católicos norteamericanos pensaban que las acusaciones de pedofilia contra sacerdotes eran ciertas y eso se traducía en el recorte más o menos drástico de donaciones.
    Otras encuestas de esos días revelaban que un 72 % de los católicos opinaba que la jerarquía de la Iglesia católica manejaba mal el problema de la pedofilia, y un 74 % consideraba que el Vaticano "sólo piensa en defender su imagen y no resolver el problema". La clave del escándalo había sido un asunto de imagen; los prelados de la Iglesia católica, en todo el mundo, tienen orden de encubrir los delitos sexuales del clero para proteger la imagen de honestidad de la institución. En Estados Unidos se les estaba derrumbando parte del muro de contención que ocultaba cientos de delitos sexuales del clero... en otras partes del mundo, como se verá en este libro, comenzaba a suceder lo mismo, aunque a menor escala.
    A fectos al aparentar sin cambiar, algunos prelados, como el de la archidiócesis de Los Ángeles, al más puro estilo californiano, llegaron a contratar a la conocida y elitista firma de relaciones públicas Sitrick, radicada en Hollywood y especializada en variar la opinión pública cuando ésta perjudica a alguno de sus clientes. El objetivo, claro está, fue el de tratar de paliar la mala imagen que la Iglesia norteamericana en general había adquirido por su inadmisible actuación al encubrir a su clero delincuente durante décadas (1).
    Sin embargo, cuando la Iglesia se siente criticada, en lugar de afrontar los reproches y cambiar lo que esté mal, se encierra siempre bajo una coraza de victimismo hacia sí misma y agresividad para con el resto del mundo. Es la típica mentalidad conspiranoica que predomina en el pensamiento y discurso de la mayoría de los prelados de la Iglesia y que, por ejemplo, Manuel Camilo Vial, obispo de Temuco y secretario general de la Conferencia Episcopal chilena, expuso con claridad al afirmar que "creemos que esto [informaciones periodísticas sobre los delitos sexuales contra menores del clero católico] lo han magnificado demasiado los medios de comunicación social -afirmó el obispo-, creemos que hay también poderes económicos y políticos detrás, no de Chile, sino que internacionales, que están en una campaña de desprestigiar a la Iglesia, de alejarla de esa situación privilegiada de ser la institución más confiable"(2).
    Pero a la percepción paranoide de todo el mundo que no les aclame, muchos prelados añaden una visión patética y absurda del origen de problemas que se empeñan en ignorar y silenciar. Así, un alto cargo vaticano, el también chileno cardenal Jorge Medina, prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, tras referirse a los procesos penales por pederastia que enfrentan sacerdotes de Estados Unidos, Polonia, Francia, Brasil y Chile como "esas cosas ingratas que han sucedido en el seno de la Iglesia", mostró tener muy clara la causa de todos los males. Cuando el periodista Laureano Checa le preguntó: "¿Es la admisión de que existen estos elementos en la Iglesia un primer paso para erradicarlos?" El prelado no dudó en su respuesta: "Erradicar es una palabra muy fuerte. Habría que erradicar al demonio y el demonio..."(3).
    Rápido y audaz, el reportero interrumpió a su eminencia con un sorprendido "pero ¿no se supone que el demonio no tiene que estar en la Iglesia?". Pero el cardenal Medina sabía con quién se la jugaba: "Es decir... no hay ninguna reja que impida al demonio hacerse presente. El demonio se mete por todas partes. Y también el demonio se puede meter en la Iglesia. A través de muchas cosas se puede meter. Por ejemplo, a través del apetito de poder, del apetito de dinero... a través de estos problemas de moral en el ámbito sexual... La Iglesia no está al margen de la tentación... los hombres de Iglesia, digo."
    A juzgar por cómo está la cúpula de la Iglesia en materia de poder, dinero y sexo uno estaría bien dispuesto a creer, junto a tan experimentado prelado, que el demonio ha hecho una excelente clientela entre el clero y su jerarquía, pero cuando se tiene la desgracia de no poder creer en cuentos de viejas, ni tampoco en el demonio, lo único que explica el patético estado que monseñor Medina atribuye al maligno es, claro está, la ambición y corrupción que siempre le son consustanciales a toda estructura de poder totalitario. Compartimos el diagnóstico, pero no la causa del problema. Si algo parecido al "demonio" anduviese suelto por la Iglesia cabría esperar algo más de maldad, cierto, pero también muchísima menos mediocridad.
    El grave problema de los delitos sexuales contra menores por parte del clero católico no se arregla exorcizando al mítico demonio, sino afrontando los grandes problemas estructurales de la Iglesia actual y, tanto más importante, acabando con una mentalidad eclesial anclada en la Edad Media y que vive de espaldas al Evangelio que dice defender, para construir una mentalidad de Iglesia moderna y democrática, tan temerosa de Dios -si se me permite usar esta trágica expresión- como de los hombres.
    Muy lejos de la cháchara vacua del cardenal chileno Jorge Medina, el sacerdote español Aquilino Bocos, actual superior general de los Misioneros Hijos del Corazón de María (claretianos), en declaraciones al semanario católico Vida Nueva, reconoció que la Iglesia católica ha sido "remisa" a la hora de "condenar, aplicar medidas eficaces e impedir que se puedan repetir" los abusos sexuales de los sacerdotes, y que siguió "una política de silencio y ocultación de los hechos" por el deseo "de mantener limpio el prestigio de las instituciones" y llevada por su "tradicional misericordia hacia los culpables"(4).
    Para este religioso, que goza de un gran prestigio dentro de la Iglesia católica, "nos ha venido muy bien la reacción mediática [publicación de cientos de informaciones sobre los delitos sexuales del clero], aunque a veces pueda parecer exagerada, para limpiar nuestra conciencia colectiva de los hechos que no sólo nos avergüenzan, sino que, en cierta medida, nos implican". Aquilino Bocos, al igual que muchos millones de católicos, no pocos sacerdotes y un puñado de prelados, piensa que ya es hora de que la Iglesia "abandone definitivamente la política del silencio y de la ocultación de los hechos, para reparar cuanto sea reparable y evitar lo que sea evitable en el futuro".
    En ese deseo y esperanza de Aquilino Bocos se inscribe este libro que, sin duda con dureza, pero también con razón, argumentos y datos sólidos, aboga por depurar en la Iglesia, entre su cúpula y en sus códigos y normas, hábitos de corrupción ancestrales que son causa de dolor para muchos.
    A lo largo del libro desfilan decenas de casos de sacerdotes y prelados de todo el mundo, pero lo aterrador no es su número -en el texto no se llega a mencionar ni un 1 % de los nombres que este autor tiene referenciados-, sino la coherencia que denotan sus conductas delictivas y encubridoras. No se trata de generalizar sobre casos particulares, pero al revisar en conjunto las conductas de clérigos de todo el mundo, particularmente de los prelados, que son el objetivo fundamental de este trabajo, queda patente que existe una forma de hacer y de comportarse profundamente perversa, que subsiste, anquilosada, dentro de la mentalidad eclesial más clásica.
    El poeta y dramaturgo alemán Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832), dejó escrito que "la maldad no necesita razones, le basta con un pretexto". La Iglesia católica en su conjunto -con su clero y sus creyentes-, escuchando a sus críticos, internos y externos, en lugar de acallarlos y perseguirles, debería trabajar con rigor, y de una vez por todas, para acabar con los muchos pretextos eclesiales que alimentan maldades y pervierten razones.


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    http://www.pepe-rodriguez.com/Pederastia_clero/Pederastia_clero_intro.htm


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    Re: Pederastia en la Iglesia católica

    Mensaje por FranciscoBU el Vie Nov 11, 2011 6:19 pm

    La burla del derecho canónico

    Nota: un estudio posterior y mucho más amplio y detallado sobre el encubrimiento de los delitos sexuales del clero a que obliga el Libro VI del Código de Derecho Canónico ha sido publicado en el libro Pederastia en la Iglesia católica, en su capítulo 3.





    La voluntad encubridora de los prelados en cuanto a los delitos sexuales cometidos por los sacerdotes católicos no sólo es evidente por la propia fuerza probatoria de los hechos, sino que, por esperpéntico y terrible que parezca, resulta ajustada al proceder que establece el Código de Derecho Canónico por el que se gobierna la Iglesia católica actual. Lo que el Derecho Canónico vigente entiende por "ley penal" está regulado en su Libro VI, De las sanciones de la Iglesia, cánones 1311 a 1399. Los textos de los cánones que se relacionan a continuación son harto explícitos:

    Canon 1312: # 1. Las sanciones penales en la Iglesia son: 1º penas medicinales o censuras, que se indican en los cann. 1331-1333; 2º penas expiatorias, de las que trata el can. 1336. # 3. Se emplean además remedios penales y penitencias: aquellos, sobre todo, para prevenir los delitos; éstas más bien para aplicarlas en lugar de una pena, o para aumentarla.

    Canon 1339: # 1. Puede el Ordinario, personalmente o por medio de otro, amonestar a aquel que se encuentra en ocasión próxima de delinquir o sobre el que, después de realizada una investigación, recae grave sospecha de que ha cometido delito. # 3. Debe quedar siempre constancia de la amonestación y de la reprensión, al menos por algún documento que se conserve en el archivo secreto de la curia.

    Canon 1340: # 1. La penitencia, que puede imponerse en el fuero externo, consiste en tener que hacer una obra de religión, de piedad o de caridad. # 2. Nunca se imponga una penitencia pública por una trasgresión oculta.

    Canon 1341: Cuide el Ordinario de promover el procedimiento judicial o administrativo para imponer o declarar penas, sólo cuando haya visto que la corrección fraterna, la reprensión u otros medios de la solicitud pastoral no bastan para reparar el escándalo, restablecer la justicia y conseguir la enmienda del reo.

    Canon 1347: # 1. No puede imponerse validamente una censura, si antes no se ha amonestado al menos una vez al reo para que cese en su contumacia, dándole un tiempo prudencial para la enmienda.

    Canon 1395: # 1. El clérigo concubinario, exceptuando el caso del que se trata en el can. 1394, y el clérigo que con escándalo permanece en otro pecado externo contra el sexto mandamiento del Decálogo, deben ser castigados con suspensión; si persiste el delito después de la amonestación, se pueden añadir gradualmente otras penas, hasta la expulsión del estado clerical. # 2. El clérigo que cometa de otro modo un delito contra el sexto mandamiento del Decálogo, cuando este delito haya sido cometido con violencia o amenazas, o públicamente o con un menor que no haya cumplido dieciséis años de edad, debe ser castigado con penas justas, sin excluir la expulsión del estado clerical, cuando el caso lo requiera.

    Canon 1362: # 1. La acción criminal se extingue por prescripción a los tres años, a no ser que se trate: 2º de la acción por los delitos de los que se trata en los cann. 1394, 1395, 1397 y 1398, la cual prescribe a los cinco años; # 2. El tiempo para la prescripción comienza a contar a partir del día en el que se cometió el delito, o, cuando se trata de un delito continuado o habitual, a partir del día en que cesó.

    En resumen, que el "castigo penal" que la Iglesia católica le aplica a un clérigo que, por ejemplo, haya corrompido sexualmente a un menor (can. 1395.2) se limita a la práctica de alguna amonestación, obra de religión o penitencia (cann. 1312, 1339), realizadas siempre en privado (can. 1340) para que permanezca en secreto la comisión del delito. En todo caso, nunca puede emprenderse un "procedimiento penal" sin antes haber intentado "disuadir" al delincuente para que cambie de comportamiento (cann. 1341, 1347), es decir, que la Iglesia siempre perdona y "olvida" de oficio el primer delito —en este caso la primera relación sexual con un menor— y, en la práctica, también perdona y encubre todos los siguientes. La burla a las víctimas y a la Administración de Justicia es obvia.


    http://www.pepe-rodriguez.com/Sexo_clero/Sexo_clero_der_canon.htm


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    Re: Pederastia en la Iglesia católica

    Mensaje por FranciscoBU el Vie Nov 11, 2011 6:20 pm

    Obispos y cardenales católicos dimitidos a causa de asuntos sexuales y delitos de pedofilia (1990-2002)

    (Fuente: © Rodríguez, P. (2002). Pederastia en la Iglesia católica. Barcelona: © Ediciones B, Cap. 4: El encubrimiento de los abusos sexuales a menores como práctica cotidiana en las diócesis católicas; pp. 106-110)



    Sirva recordar sucintamente algunos casos notables que han protagonizado diferentes prelados durante la última década y de los que se trata en el libro citado:

    Los nombres y elementos de identificación de los prelados que se citan en el libro mencionado, y de cuyas conductas se tiene documentación más que sobrada, han sido autocensurados en este web (pero siguen y seguirán figurando en su texto original, el libro Pederastia en la Iglesia católica).

    -- A. P., arzobispo de la diócesis de xxxxxxxxx (Canadá), dimitió, en julio de 1990, por haber encubierto decenas de delitos sexuales cometidos contra unos 50 menores por más de una veintena de sacerdotes de su diócesis.

    -- H. P. O'C., obispo de xxxxxxxxx(Canadá), en febrero de 1991, fue formalmente acusado por la Policía de haber violado a varias mujeres y de cometer asaltos obscenos contra varias otras.

    -- E. C., obispo de xxxxxxxxx (Irlanda), dimitió, en mayo de 1992, tras conocerse que era padre de un adolescente y que de los fondos de la diócesis había pagado a la madre, en 1990, unos doce millones de pesetas "para gastos".

    -- R. B., obispo de xxxxxxxxx (Holanda), fue forzado a presentar su dimisión, en marzo de 1993, tras ser acusado de "homosexual".

    -- H. V., obispo de xxxxxxxxx (Suiza), dimitió de su cargo, en junio de 1995, debido a que estaba esperando un hijo de su amante.

    -- R. W., obispo de la diócesis de xxxxxxxxx (Escocia), dimitió, en septiembre de 1996, tras haber protagonizado una ruidosa fuga con una atractiva feligresa.

    -- H. H. G., cardenal y arzobispo de xxxxxxxxx (Austria) y presidente de la xxxxxxxxx austriaca, fue forzado a dimitir de todos su cargos, en abril de 1998, tras ser acusado, en 1995, de cometer una diversidad de delitos sexuales contra menores, por una decena de antiguos seminaristas de los que fue confesor..

    -- J. A. W., arzobispo de xxxxxxxxx (Irlanda), fue sustituido al frente de su diócesis, por el Vaticano, en diciembre de 2000, por la presión social desencadenada por haber encubierto a dos curas pedófilos de su diócesis que acabaron encarcelados, aunque la causa oficial para dejar su puesto fue la convalecencia de una trombosis.

    -- P. P., obispo de la diócesis francesa de xxxxxxxxx, fue condenado, en septiembre de 2001, a tres meses de prisión por haber encubierto a un sacerdote pederasta.

    -- A. J. O'C., obispo de xxxxxxxxx (Estados Unidos), dimitió en marzo de 2002 tras admitir haber abusado de dos seminaristas; con uno de ellos, a finales de la década de los setenta, se había metido en la cama, desnudo, cuando el joven acudió a él para pedirle consejo pastoral. O'C. reconoció que su diócesis pagó a su víctima, en 1976, la suma de 125.000 dólares para ocultar los hechos (que incluían los tocamientos de O'C. y los abusos sexuales de otros dos sacerdotes). "Ninguna de las personas que me nombró para este cargo lo sabía. Aunque siempre supe que estaba en mi pasado, no lo reconocí", dijo el obispo.

    -- J. K. S., el obispo anterior de xxxxxxxxx al que O'C. tuvo que sustituir en 1999, también debió dimitir tras verse obligado a admitir que había abusado de cinco monaguillos durante las décadas de los años 1950 y 1960.

    -- J. P., arzobispo de xxxxxxxxx (Polonia), renunció al cargo, en marzo de 2002, tras haber sido acusado de cometer abusos sexuales sobre decenas de seminaristas.

    -- B. C., obispo de la diócesis irlandesa de xxxxxxxxx, dimitió en abril de 2002, al hacerse público que encubrió los delitos sexuales que uno de sus sacerdotes cometió sobre varios menores.

    -- F. E., obispo auxiliar de la diócesis alemana de xxxxxxxxx, renunció a su cargo, en abril de 2002, a consecuencia de la denuncia presentada por la catedrática A. B.-S., en septiembre de 2000, acusando al prelado por abuso sexual y daños corporales. Fue la primera vez que la justicia alemana investigó a un obispo y, aunque el proceso fue sobreseído por el tribunal de xxxxxxxxx, en noviembre de 2001, por falta de pruebas, el obispado tuvo que reconocer que entre la denunciante y el obispo hubo "contacto corporal", quedando sin aclarar todo un trasfondo de otras posibles relaciones sexuales.

    -- R. W., arzobispo de xxxxxxxxx, solicitó al Vaticano, en mayo de 2002, que aceptase su jubilación anticipada tras saltar a la luz que compensó con 450.000 dólares a un ex amante adulto que le acusaba de violación.

    -- J. W., obispo de xxxxxxxxx (Estados Unidos), renunció en junio de 2002 tras ser acusado por uno de sus antiguos monaguillos, J. B., un joven de 33 años, que acusó al obispo W. de haber abusado sexualmente de él hace 21 años, cuando fue su ayudante en una parroquia; al parecer no fue su única víctima, ya que otras 90 denuncias de otras tantas víctimas incidieron en lo mismo.

    -- J. McC., obispo auxiliar en la archidiócesis de xxxxxxxxx (Estados Unidos), dimitió de sus cargos en junio 2002 tras reconocer haber mantenido relaciones sexuales con varias mujeres, que en este caso eran todas mayores de edad.

    -- G. P., arzobispo de xxxxxxxxx (Australia), renunció temporalmente a su cargo en agosto de 2002 tras ser acusado de haber abusado sexualmente de un menor de 12 años en 1961. Tres meses antes, en junio de 2002, varios feligreses le habían acusado de encubrir delitos sexuales del clero, cuando fue obispo auxiliar en xxxxxxxxx, en 1993, ofreciendo dinero a las víctimas a cambio de silencio.

    -- E. S., arzobispo de xxxxxxxxx (Argentina), fue procesado judicialmente en agosto de 2002 acusado de haber abusado sexualmente de al menos una cincuentena de jovencitos, todos ellos seminaristas. El Vaticano le investigó por esta misma conducta en 1994, pero silenció su expediente. En el momento de cerrar la edición de este libro, a principios de septiembre de 2002, en el Vaticano se había adoptado la decisión de removerlo de su cargo, pero todavía no la había materializado. Nota: S. fue removido de su cargo en octubre de 2002.

    -- F. J. C., ex arzobispo de xxxxxxxxx (Chile), fue recluido de por vida en un monasterio en noviembre de 2002 por "comportamiento impropio con niños varones". Los abusos sexuales a menores cometidos por este prelado se produjeron a lo largo de muchos años, pero sólo ahora la Iglesia tomó cartas en el asunto. La comunidad a la que pertenece el prelado, la de Sh., le examinó y le encontró "no apto psiquicamente para la función pastoral".

    -- B. L., arzobispo de xxxxxxxxx (Estados Unidos), fue finalmente "dimitido" en diciembre de 2002, más de un año después de que en su archidiócesis estallasen cientos de casos de delitos sexuales contra menores cometidos por sacerdotes y encubiertos por el cardenal L. con plena conciencia y voluntad de proteger a los delincuentes con desprecio de sus víctimas. De todos los casos conocidos hasta la fecha, este cardenal es el que mayor número de delitos ha encubierto y ha propiciado (buena parte de los sacerdotes que encubrió volvieron a delinquir en numerosas ocasiones, cosa que pudieron hacer gracias a la protección continuada que les facilitó el cardenal). Al igual que sus colegas, prelados delincuentes sexuales por acción (agresores ellos mismos) o por omisión (encubridores y cómplices), L. tampoco ha sido juzgado por un comportamiento delictivo que ha protagonizado durante décadas. Sigue contando con la protección del Papa.


    Estos casos, citados en el libro de referencia, que podrían incrementarse notablemente con sólo realizar una búsqueda en bases de datos internacionales, comprenden una buena representación de las conductas relacionadas con la sexualidad, delictiva o no, protagonizadas por prelados católicos. Sin duda los casos apuntados constituyen una minoría entre el total de prelados, cierto, pero también lo es que éstos son unos pocos casos que han trascendido a la luz pública. Cualquiera que conozca a fondo este ámbito podría citar no menos de una treintena de casos parecidos que todavía no han aflorado al conocimiento público (aunque sí son bien conocidos entre los especialistas), pero no tiene especial interés hacer tal cosa. Dice el dicho popular que para muestra, basta un botón.

    http://www.pepe-rodriguez.com/Sexo_clero/Casos/Sexo_clero_Obispos_pedofilia_cesados.htm


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    Re: Pederastia en la Iglesia católica

    Mensaje por FranciscoBU el Vie Nov 11, 2011 6:20 pm

    Querella contra la cúpula del obispado de Barcelona por encubrir una red clerical de corrupción de menores

    Nota: de este web ha sido autocensurada toda la información y documentación relacionada con este caso, aunque, obviamente, permenece accesible en su fuente original, el libro "La vida sexual del clero". Toda la documentación probatoria está archivada en el Juzgado de Instrucción nº 21 de Barcelona y es accesible a quien muestre un interés "legítimo" en la causa... tal como marca y obliga la legislación española.



    Resumen:

    En la diócesis de Barcelona, entre los años 1985 a 1988, como mínimo, un número indeterminado de menores de edad -quizá más de 60-, de ambos sexos, fueron corrompidos sexualmente por un grupo de sacerdotes y diáconos de la diócesis. Los hechos fueron denunciados al obispado por al menos tres familias de víctimas (el resto de padres prefirió aceptar los abusos sexuales a que fueron sometidos sus hijos e hijas antes que enfrentarse a la Iglesia), pero se encubrió el asunto desde la cúpula del obispado, se engañó a las familias denunciantes y se protegió a todos los corruptores, tanto a los que eran sacerdotes, que lo siguen siendo sin problemas, como a los que eran diáconos, que fueron ordenados sacerdotes tiempo después con el beneplácito de los prelados que conocieron sus tropelías sexuales.

    Entre los prelados con máxima responsabilidad en la ocultación de los hechos destacan los cardenales N. J. (ya fallecido) y R. M. C. G., así como los obispos C. S. P. (párroco, en el momento de los hechos, que encubrió a su diácono A. S.) y J. T. C., entre otros.

    Este caso, perfecta e indiscutiblemente documentado, motivó la presentación de una querella contra los presuntos delincuentes y sus encubridores tras haber publicado una amplia y documentada investigación de los hechos en los capítulos 9 y 10 del libro La vida sexual del clero (páginas 123 a 143). Tras la correspondiente investigación de la Fiscalía de Menores de Barcelona, el asunto originó las Diligencias Previas nº 2083/95-J del Juzgado de Instrucción nº 21 de Barcelona, que finalmente fueron sobreseídas por estimarse prescritos los delitos investigados (de hecho, sólo se indagó sobre una de las víctimas de delito sexual -Asunción XXX-, pero no se tomó declaración al resto de víctimas identificadas ni a los presuntos delincuentes y encubridores, con lo que el proceso judicial se cerró de un modo más que discutible, tal como se argumentó en el recurso de reforma contra el auto de sobreseimiento que aportamos más abajo).

    Así, pues, todos los sacerdotes y diáconos que corrompieron sexualmente a los menores quedaron impunes debido a que, gracias a la protección del Obispado barcelonés, cuando este autor conoció y pudo probar los hechos e hizo intervenir a la justicia ordinaria ya había pasado demasiado tiempo desde la comisión de los presuntos delitos. Con todo, dado que los hechos son innegables, están acreditados y documentados, fueron perfectamente conocidos por la cúpula del obispado de Barcelona, y son altamente elocuentes acerca del habitual encubrimiento que la jerarquía católica dispensa a los sacerdotes envueltos en escándalos sexuales, presentamos a continuación una selección de los documentos más interesantes relacionados con el caso (para no desvirtuar en nada su contenido, se ha escaneado los documentos originales y se ofrecen en formato gráfico). Cada lector, pues, podrá sacar sus propias conclusiones.



    Documentación: (toda esta documentación ha sido autocensurada, los archivos eliminados y los links desactivados)

    Escrito de denuncia previo a la presentación de querella (16-5-1995)

    Anexos documentales al escrito de denuncia:

    Declaración de Asunción XXX (víctima del diácono A. S.).

    Declaración de denuncia de Asunción XXX contra A. S. ante el fiscal del Tribunal Eclesiástico del Arzobispado de Barcelona (junio 1988): pág 1 (34 Kb), pág 2 (36 Kb), pág 3 (32 Kb) y pág 4 (30 Kb).

    Carta de A. S. a Asunción XXX.

    Carta de A. S. a los padres de Asunción XXX.

    Carta del padre de Asunción XXX al arzobispo N. J.

    Carta del arzobispo N. J. al padre de Asunción XXX (3-11-1988)

    Carta de C. S. P. a Assumpta XXXXXXXX, madre de Asunción XXX (25-11-1988)



    Declaración de Asunción XXX ante la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Catalunya (1-6-1995): pág 1 (31 Kb), pág 2 (30 Kb), pág 3 (30 Kb), pág 4 (27 Kb), pág 5 (27 Kb) y pág 6 (27 Kb).

    Nota del Obispado anunciando la conclusión de los expedientes eclesiásticos contra los implicados (21-7-1995), (16 Kb).

    Escrito por el que el cardenal C. le niega al Juzgado que investiga la corrupción de menores una copia del expediente canónico incoado a A. S. alegando que es "totalmente reservado e interno" (9-12-1996), (16 Kb).

    Escrito del Fiscal instando a seguir las diligencias por corrupción de menores contra A. S. (10-12-1995), (24 Kb)

    Auto de sobreseimiento por prescripción del delito de corrupción de menores (3-2-1997): pág 1 (29 Kb) y pág 2 (15 Kb).

    Recurso de reforma y de apelación contra el Auto de sobreseimiento por prescripción (21-2-1997): pág 1 (17 Kb), pág 2 (28 Kb) y pág 3 (28 Kb).

    Nota de prensa del obispado de Girona en la que se reconoce la intervención del obispo C. S. P. en el caso de corrupción de menores protagonizado por S. (2-11-2001).

    http://www.pepe-rodriguez.com/Sexo_clero/Sexo_clero_querella_cmob.htm


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    Re: Pederastia en la Iglesia católica

    Mensaje por FranciscoBU el Vie Nov 11, 2011 6:21 pm

    Carta abierta enviada al papa Juan Pablo II, en noviembre de 1997, por ocho ex miembros de los Legionarios de Cristo que acusan a su fundador, Marcial Maciel, de haber abusado sexualmente de ellos cuando eran adolescentes

    A SU SANTIDAD JUAN PABLO II
    Autor de la Carta Encíclica Veritatis Splendor.
    Ciudad del Vaticano

    Santo Padre,
    Es con voz de la Biblia y apoyados en el espíritu de la tradición cristiana como solamente deberíamos dirigirnos a Vos, para pedir justicia y que, como reza el título de Vuestra Carta Encíclica Homónima, el esplendor de la verdad se manifieste más allá de todo cálculo de interés humano. Acudimos a Vos recordando que el Concilio Menor de Sárdica, inmediato al Concilio Primero de Nicea, autoriza a cualquier cristiano para apelar directamente al Papa. Nos acercamos, pues, sin temor de no llegar a ser reconocidos u oídos, no obstante las cerradas barreras con que a veces el mismo Vicario de Cristo se ve cercado cuando es un grupo menor, sin poder político, económico, social o eclesiástico, el que intenta hacerse escuchar por encima de fuerzas establecidas de la naturaleza mencionada.

    El motivo de esta carta
    Quienes ahora Os escribimos somos varios hombres cristianos, doblemente víctimas en dos claras épocas de nuestra vida: primero durante nuestra adolescencia y juventud y, luego, en nuestra madurez, por parte de un sacerdote y religioso muy allegado a Vos, que repetidamente abusó, antaño, sexualmente y de otras maneras de nosotros, indefensos, lejos de nuestros padres o tutores, en países diversos y lejanos del nuestro, y que, al haber revelado nosotros la triste verdad de nuestra historia a dos periodistas norteamericanos de buena fe, el año pasado, y, habiendo él sabido por ellos nuestros nombres a través de abogados suyos (sin haber nosotros incoado demanda legal alguna), acudió o dio instrucciones para que antiguos compañeros nuestros, actualmente fuera de la congregación, de la que el sacerdote ofensor es fundador y todavía actual superior general, dieran falso testimonio contra nosotros diciendo, ante notario público, que, tiempo atrás, los habíamos instado a formar una conspiración contra él, y, a través de él, contra la Iglesia, para acusarlo faltando y haciéndolos faltar a la verdad. Tales personas, Santo Padre, laboran para la institución llamada Legión de Cristo, o han laborado cerca de ella, y jamás habíamos imaginado siquiera que pudieran tener el valor de manifestar la verdad; pero con ellas nunca habíamos tenido razón alguna de conflicto, desde que juntos cantábamos "... congregavit nos in unum Christi amor...".
    Somos un pequeño grupo de ex miembros de la Legión de Cristo los que, con pleno derecho, y ahora aún más en legítima defensa, nos decidimos a declarar la terrible y dolorosa verdad del oscuro mal oculto, casi desde la fundación de su institución, durante más de cuatro décadas, acerca de la encubierta conducta inmoral del mismo fundador y superior general de la Legión de Cristo, el Padre Marcial Maciel Degollado, en quien penosamente de alguna manera aún creíamos antes de descubrir que el caso de nuestro abuso particular no era aislado ni único, sino muy general, y que había sido envuelto en palabras engañosas, que nuestra poca edad entonces y la devoción y obediencia ciega que estábamos obligados a tenerle como padre y superior nos hicieron creer.

    ¿Por qué ahora?
    Nosotros, aun fuera ya de la institución, no habíamos podido superar psicológicamente una dolorosa prudencia y discreción autoimpuesta durante largos años. Pero, Santo Padre, fue precisamente la carta de apoyo y felicitación de V. S. dirigida al Padre Marcial Maciel Degollado, publicada el día 5 de diciembre de 1994 en los siete diarios más influyentes de la Ciudad de México, avalada por Vuestra propia firma y por la reproducción muy visible del mismo escudo de armas pontificio, en la cual V. S. encomiaba al Padre como "guía eficaz de la juventud" y como quien "ha querido poner a Cristo (...) como criterio, centro y modelo de toda su vida y labor sacerdotal...", la que nos movió a romper, finalmente, el pesado silencio y revelar la penosa verdad; pues nos indignó que un Vicario más de Cristo a lo largo de varias décadas pudiera seguir estando a tan grave extremo engañado.
    Y ahora nos ha movido a dirigiros esta carta abierta y también privadamente por medio de Vuestro nuevo nuncio en México, monseñor Justo Mullor García, el hecho de conocerse públicamente el nombramiento vaticano, a pesar de todo, del padre Marcial Maciel Degollado como uno de los veintiún dignatarios encargados de organizar y dirigir el Sínodo de obispos de América, que está teniendo lugar en Roma, programado del 16 de este mes al 12 de diciembre de este año, para considerar puntos de doctrina y praxis cristianas frente al próximo milenio. Nos parecería inconcebible, Santo Padre, que nuestras graves revelaciones y quejas no Os importaran absolutamente nada: porque siendo cierto que frente a la justicia de los Estados hay tiempos legales que prescriben para la manifestación de delitos cometidos [La Jornada, México, 23-04-97], es por eso precisamente ante una Iglesia perenne, a la que queremos seguir creyendo poseedora de valores permanentes como Institución, y siendo Ella directamente la principal agraviada en su cuerpo moral a través de nosotros, ante la que de nuevo insistimos en exponer privada y públicamente nuestra indignación por tanta desatención y aun por el arrogante silencio, cuando no ofensas, de representantes importantes de su jerarquía ante tan grandes abusos e injusticia.
    Tanto el Estado como la Iglesia deben considerar que si nuestros presentes testimonios son falsos, somos acreedores a sanciones civiles, penales y eclesiásticas. ¿Por qué, entonces, habríamos de insistir? ¿Hay, como se ha dicho hace meses, detrás de nosotros alguno o algunos grupos de poder interesados en desacreditar al padre Marcial Maciel Degollado, o, como él ha dicho, a la Iglesia a través de su persona? Bien sabemos que es éste en el padre Maciel Degollado un viejo empleo astuto de la yuxtaposición como método. Lo justo, creemos es que todo puede y debe quedar sujeto a investigación, sin acepción de personas, a menos que se trate de una discriminación positiva a favor de los más débiles y víctimas.
    Dos de nosotros, entonces sacerdotes en funciones, ya desde 1978 y 1989 habíamos declarado por las vías y protocolos canónicos oficiales, establecidos por las instancias vaticanas pertinentes, parte gravísima de los males que este año, ya como grupo, revelamos [cfr. Hartford Courant, Connecticut, EE.UU. de Norteamérica, domingo 23-02-97]; pero hemos parecido tan insignificantes a la jerarquía católica, Santo Padre, que, a pesar de la enorme ominosidad de los hechos dados a conocer entonces y ahora, no logramos atención ninguna ni respuesta ninguna, ni burocrática siquiera, de nuestra Madre la Iglesia.
    El padre Marcial Maciel Degollado, por medio de la poderosa representación de la firma de abogados Kirkland and Ellis de Chicago y Washington, D.C., por medio de su vocero religioso en Norteamérica, el padre Owen Kearns, L.C., y, luego, en carta propia suya que mencionaremos líneas abajo, falsamente pretendió desmentir nuestros testimonios como carentes de fundamento alguno. Con lo cual no solamente ha faltado otra vez más a la verdad y a la caridad cristiana, sino también al concepto y a la práctica del más elemental sentido de la justicia y de la simple hombría humana: después de haberse negado a confrontar a los periodistas que en diciembre pasado le pedían una entrevista para escuchar su versión de los hechos a investigar -muy diferente de Cristo en Gethsemaní: ("¿A quién buscáis? [...] Yo soy"...)- se pertrechó no con la Palabra de Dios, como corresponde a un servidor Suyo, sino detrás de la poderosa y costosa representación legal. Y cuando tal estrategia puramente humana le resultó vana, entonces, en la mencionada carta personal, dirigida desde Roma, el 28-02-97, a Mr. Clifford L. Teutsch, editor en jefe del Hartford Courant, después de culparnos abyectamente de insidia, falsedad y calumnia, y como si fuera la suya una acusación ligera, declaró que nos perdonaba. ¡Qué travestismo y apariencia de virtud y, en palabras del mismo Cristo, qué falsa blancura de sepulcro! Santo Padre, ¡cuando una mediana experiencia de las cosas humanas y el buen sentido declaran a voces que un hombre de Dios, con la conciencia cristiana limpia y tranquila, jamás habría obrado así!
    Nosotros, además de católicos, miembros de la sociedad abierta, desprotegidos durante décadas por nuestro propio silencio, y desoídos después a lo largo del tiempo por diversas instancias eclesiásticas a las que inútilmente recurrimos, para la exposición de la verdad nos vimos constreñidos a aceptar el contacto con los libres medios de comunicación, no con ánimo de escándalo sino buscando también protección, ya que, hace años, uno de nosotros, y no veladamente, había sido amenazado de muerte por el mismo Padre Marcial Maciel Degollado; y de lo cual hay testigos. Por eso, Santo Padre, por nosotros mismos, por otras víctimas aún silenciosas; por la Iglesia y por la sociedad consideramos un deber moral insistir en manifestar la verdad "opportune et importune".

    La actitud de la jerarquía católica
    Si ha habido alguna conspiración, como han dicho, mintiendo de toda falsedad, ante notario público en documentos entregados a los abogados de Kirkland and Ellis tres incondicionales ex miembros, y, ante medios de comunicación, varios miembros de la Legión de Cristo bajo instrucciones de obediencia, Santo Padre, no ha sido de parte de nosotros, que consideramos nuestra acción como un difícil y arriesgado servicio a la Iglesia y a la sociedad, sino de parte de personas mismas constituidas en autoridad dentro de la Legión de Cristo y de la misma Iglesia: se trata de una conspiración de silencio, de vergonzoso encubrimiento y de una nueva e injustísima victimización contra nosotros por parte de personas de la jerarquía católica romana, de funcionarios ya informados del Vaticano y de altos miembros de la Iglesia mexicana. Datos: después de que, en los días 14, 15, 16 y 17 de abril de este mismo año, aparecieron en el diario La Jornada más detalladas revelaciones sobre los mismos hechos tratados en la edición del diario norteamericano citado, el obispo "emérito" Genaro Alamilla, sin conocernos de nada, sin saber si decíamos la verdad o no y sin escucharnos, nos ofendió ante los medios públicos y descalificó, sin conocimiento alguno de causa, nuestros testimonios, llamándonos mentirosos y resentidos [La Jornada, 24-04-97).
    El mismo arzobispo de la ciudad de México, monseñor Norberto Rivera Carrera, nos difamó públicamente, como consta en la edición de La Jornada [12-05-97] al insultarnos a nosotros y al periodista Salvador Guerrero Chiprés, autor de la serie de los cuatro artículos sobre el tema, conminándolo con estas palabras: "tú nos debes platicar cuánto te pagaron..." (se hizo grabación electrónica). Siendo mexicanos casi todos los ex legionarios que hicimos las revelaciones y siendo monseñor Norberto Rivera Carrera el pastor eclesial correspondiente más inmediato a la mayor parte próxima de nosotros, jamás nos convocó para poder conocer de nosotros mismos nuestra versión completa de los hechos manifestados y cuestionarla bajo cualquier procedimiento jurídico: canónico o, si procediera, del derecho positivo correspondiente. No. Simplemente y faltando a una de sus funciones de epí-skopos o supervisor (pues si el padre Maciel Degollado no depende de él, varios de nosotros, como fieles, sí), prefirió ofendernos ante cámaras y grabadoras y tomar partido incondicional por la parte poderosa, a la que nosotros señalamos como victimaria de nuestros cuerpos y de nuestras almas, antaño, y, ahora, de nuestro nombre y prestigio de hombres de bien. Si el haber comunicado nosotros a los medios, y no a él, arzobispo de la Ciudad de México, los hechos impugnatorios fuese la razón de su desatención, podría haberlo así manifestado; pero no fue el modo sino el contenido de nuestras palabras lo que, sin investigación alguna, descalificó en todo momento. Y no nos dirigimos a él porque dicasterios eclesiásticos vaticanos superiores, directamente responsables del seguimiento de tales casos, tampoco han contestado nunca desde 1978 y 1989 a los testimonios, oficialmente protocolizados, de dos de nosotros abajo firmantes.
    De Vuestro anterior delegado y, luego, nuncio apostólico, monseñor Girolamo Prigione, de quien parte de la opinión eclesiástica y laica mexicana se ha expresado tantas veces negativamente en extremo [cfr., por ejemplo, El Universal, suplemento especial Bucareli Ocho, Año 1, Nº 14, 24-08-97] y de cuya ingrata memoria en México parece preferirse no hablar ya, no cabía esperar atención ninguna a la presentación de nuestra queja. Él tuvo también la oportunidad de interrogarnos en servicio Vuestro, de la verdad y de la Iglesia, y de dirigir la información recabada a la congregación romana correspondiente, pero prefirió callar y aparecer intencionalmente con el padre Marcial Maciel Degollado y el arzobispo Rivera Carrera en una notoria fotografiada de primera página periodística [La Jornada, 22-04-97] apenas días después de publicarse nuevas revelaciones en el mismo diario, indicando con esa yuxtaposición de las imágenes, sin que mediase investigación alguna, que también él descalificaba totalmente nuestras revelaciones.
    Perdonadnos el mencionarlo, Santo Padre, pero hay personas que se sentirían tentadas a pensar también de estos jerarcas, como Baruch Spinoza de los altos clérigos de su época, que "...si tuviesen realmente una sola chispa de luz divina, no se equivocarían con tanta arrogancia sino que aprenderían a amar a Dios con más sabiduría y destacarían tanto entre los demás hombres por su capacidad de amor como sobresalen ahora por su malicia". [Tractatus Theologico-Politicus, Prefacio].
    Acudimos, sí, hace tiempo, como antes a otras personalidades eclesiásticas (y revelamos este dato aquí y ahora por primera vez) a otra alta instancia jerárquica, el Cardenal Cahil Daly, primado de Irlanda, después que él valientemente afirmó, a través de la British Broadcasting Corporation [cfr. El Universal, México, secc. Internacional, 2-01-95] que sería firme y que no encubriría a clérigos que tuviesen algo que ver con su país si hubiesen delinquido por abuso sexual. Podemos probar con la respuesta dada, casi dos años después [6-12-96], por medio de un asistente particular suyo a los investigadores del periódico Hartford Courant, Gerald Renner y Jason Berry, que sí había recibido una muy delicada misiva firmada entonces por cinco de nosotros, fechada el 5 de febrero de 1995, la cual le había sido entregada personalmente. Sin embargo, el Cardenal Cahil Daly, ni siendo aún el primado de Irlanda, ni después de serlo, nos contestó nunca, ni en público ni en privado, a pesar de sus promesas ante la BBC de Londres y a pesar de que en nuestra carta le rogábamos claramente que nos indicase sus instrucciones para dar seguimiento a nuestra información, por medio de nuestro propio mensajero, quien por obvias razones de confidencialidad, desconocía el contenido del envío que entregó en manos de su Eminencia. Constará, pues, a quienes deseen verificarlo que, aunque frustrado contra nuestra voluntad, el esfuerzo de comunicación privada y directa con el Cardenal Daly como miembro de la alta jerarquía católica es una prueba de la discreción y moderación con que durante tanto tiempo siempre quisimos tratar tan delicado asunto antes de aceptar la intervención abierta de algunos medios públicos de investigación y difusión.

    Testimonios internos de la Legión de Cristo
    Así, pues, Santo Padre, no se trata de un "¿Por qué ahora?", como el padre Marcial Maciel Degollado y sus voceros o sus solapados amigos de diversos medios de comunicación gráfica, radiofónica y televisiva han querido que piense confundidamente la gente. No: que se revisen los libros mismos [publicados con escasísimo conocimiento del método histórico y con inescrupulosa simplificación y deformación de los hechos], que tocan aspectos de la vida del padre Marcial Maciel Degollado. Léase en el texto redactado por el P. Owen Kearns, L.C. et al., Legionarios de Cristo, Cincuenta aniversario [México, Imprenta Madero, 1991], cómo, ya de joven, "al fallecer su tío Don Rafael [Guízar y Valencia, obispo de Jalapa] se suscitaron algunas ['] incomprensiones [']; [y] Marcial tuvo que abandonar el seminario de Veracruz" [op. cit., pág. 239]. Léase allí mismo cómo en el siguiente seminario, el de Montezuma, New México, Estados Unidos de Norteamérica, en el que estuvo solamente 18 meses (del 2 de septiembre de 1938 hasta la noche del 17 de junio de 1940, bajo matrícula nº 428 [Cfr. Montezuma en sus ex-alumnos, del P. José Macias, S.I., México, Ed. Progreso, 1962] cómo "mientras tanto, sin embargo, habían surgido también aquí algunas ['] incomprensiones ['] [otra vez]" y cómo ésa, "la noche del 17 de junio de 1940 Maciel tuvo que dejar el seminario..." [Legionarios de Cristo, Cincuenta Aniversario, pág. 23], dato que completa el P. J. Alberto Villasana, L.C., indicando que fue tan tajante y súbita la orden de expulsión esa noche, que el padre rector del Seminario [Don Agustín Waldner, S.I.], se negó totalmente a la solicitud del ya ex seminarista para hablar con él. [Una fundación en perspectiva. Evocación histórica, Roma Instituto de los Altos Estudios de la Legión de Cristo, 3 de enero de 1991, pág. 65]. Léase también en la página 31 de la misma obra redactada por el P. Owen Kearns, L.C., et al. que, después del apoyo brindado, hasta 1949, por el prestigiado moralista P Lucio Rodrigo, S.I., de la Universidad de Comillas, entonces en Santander, España, éste hombre tan ponderado, al igual que el rector de esa institución, el P. Francisco Javier Baeza, S.I., empezó a enviar informes negativos a las autoridades eclesiásticas: "... Pero después también llegaron otros informes con acusaciones infamantes..." [El padre editor no da absolutamente ninguna explicación, ni mínima siquiera, al respecto. Obviamente frente al padre Marcial Maciel Degollado y su conducta personal privada todo el mundo parece haber estado siempre equivocado].
    Pero léase la propia carta del mismo padre Marcial Maciel Degollado, quien, ya desde el 20 de noviembre de 1953, escribía desde Chihuahua, México, bajo el apartado 2, "La vida es una y se vive una sola vez": En mi entrega me sorprendió la batalla de la calumnia y la difamación...". [Mensaje, Cartas del Fundador del Regnum Christi, M.M.L.C., Roma, 1986, pág. 19], demostrando así el mismo que ya desde aquellos años era acusado de varias faltas cuya naturaleza él prefirió mantener velada; pues, al instarnos a "cerrar filas" y a obrar con "espíritu de cuerpo", como solía, se refería siempre a los "ataques de difamación y calumnia" de "sus enemigos", pero sin mencionar nunca, ni veladamente siquiera, quiénes fuesen esos "enemigos" ni tampoco la naturaleza ni el contenido de tales ataques.
    Nadie, pues, podrá restar fuerza al significado de esos autotestimonios ni negar que provienen de fuentes favorables al padre Marcial Maciel Degolado o de el mismo, no de "enemigos", como él frecuentemente calificaba en sus cartas "ad usum nostrorum tantum", en conversaciones privadas y charlas abiertas a quienes disentían de él, sobre todo en lo respectivo a su conducta moral.

    ¿Por qué tantos callamos tanto tiempo?
    Es verdad, Santidad, que, psicológicamente amordazados y con una mal entendida lealtad a la institución y al padre Marcial Maciel Degollado, siete de los firmantes de esta carta dirigida a Vos (pues uno, para entonces, ya había salido de la institución) ocultamos la verdad y mentimos en nuestra juventud ante los investigadores del Vaticano cuando fuimos interrogados en Roma acerca de su conducta moral, en 1956, y es cierto también que después callamos durante largo tiempo; pero sicólogos, psiquiatras y otros especialistas de las ciencias socias y del espíritu pueden probar que el silencio de las víctimas de cierta clase de abusos, y sobre todo bajo los efectos perdurables de un sometimiento psicológico ,y religioso intenso, mientras más prolongado, es más señalada la hondura del daño causado por la poderosa inhibición interior impuesta por las depredaciones espirituales originadas, en nuestro caso y con tanto dolor y confusión, en aquel de quien menos deberían provenir.
    ¡Ah, Santo Padre, si tantas bocas calladas dentro y fuera de la Legión de Cristo hablaran ahora, valientemente leales a la verdad y a la Iglesia, y menos amordazadas por el largo hábito de la incondicional pertenencia institucional, o por el temor de perder, ya fuera, su imagen social o ciertos beneficios generados por su silencio!
    Ved: como casi todos entrábamos muy jóvenes en la institución, por ello viven aún muchos sabedores de la realidad de las tristes verdades expuestas: unos que sí hemos escrito nuestro testimonio y otros que no lo han hecho, de que el mal moral del abuso sexual, del mal ejemplo de la inveterada adicción al uso de la morfina en privado pero delante de nosotros y de otros, de los cuales varios tenían, incluso, que conseguírsela, y del profundo y arraigado hábito de simulación y engaño por parte del padre Marcial Maciel Degollado tuvieron su origen desde las primeras décadas de la Legión de Cristo. Tenemos. conocimiento y convicción de que quienes hemos hablado o escrito acerca de estos males no representamos sino una muy pequeña parte de la totalidad de víctimas de los daños morales continuados durante largos años, almas adolescentes y jóvenes desprotegidas, antaño, por nuestra familias, desgraciadamente tan lejanas ¡y tan cristianamente confiadas!
    Considerad también, por lo que toca a nuestra residencia y no supervisada minoría de edad en el extranjero, que México, la patria de la mayor parte de nosotros, no mantenía relaciones con el gobierno español durante aquellos años y que, en el caso de nuestra permanencia en Roma, no podía tratarse de la improcedente relación de un gobierno laico con una institución religiosa de un catolicismo escasamente reconocido oficialmente en nuestro propio país; por lo cual quedaba descartada toda posible vigilancia sobre nosotros de parte de nuestras autoridades civiles.

    ¿Y nos protegió la Iglesia?
    ¿Y la misma Iglesia? ¿Podría sospechar siquiera aquella nuestra situación de entonces el Cardenal Giuseppe Pizzardo, supuestamente tan amigo del padre Maciel Degollado, Secretario de la Suprema Sagrada Congregación del Santo Oficio, Prefecto de la Congregación de Seminarios y Universidades de Estudios y Gran Canciller de la Pontificia Universidad Gregoriana, tan ocupado por las actividades de sus altos cargos? O, siendo entonces la Legión de Cristo reconocida sólo por derecho diocesano desde el 25 de mayo de 1948 hasta el 6 de febrero de 1965, por carecer aún de aprobación pontificia antes de esta fecha, podía monseñor Alfonso Espino, obispo de Cuernavaca, Morelos, México, darse cuenta de aquellas tropelías contra la moralidad e integridad nuestra, estando nosotros tan distantes, bajo el más absoluto régimen de censura y de "voto secreto" en toda clase de comunicación interna y externa y sin conocimiento del respaldo y protección debidos a nosotros por el Derecho Canónico? Aun hoy día, Santo Padre, ninguno de nosotros sabe en qué lugar del Vaticano o bajo el control de qué congregación o dicasterio romanos se conservan los testimonios transcritos en libreta de tipo notarial en que firmamos, en noviembre de 1956, ante los interrogadores vaticanos, el Superior General de la Orden Carmelita, padre Anastasio del Santísimo Rosario y de su asistente, el padre Bengiamino. Y nunca, como esperaría cualquier comisión de los Derechos Humanos, se nos dio copia alguna del documento en que en aquella ocasión tan seria, haya sido cual haya sido nuestro testimonio, asentamos nuestra firma.
    Por su parte, el padre Marcial Maciel Degollado, al defenderse, respondiendo, por medio. de sus abogados de la firma Kirkland and Ellis, a los investigadores del diario Hartford Courant, de diciembre del año pasado a febrero de este año, y queriendo él retrotraer los cargos hacia los años 1956-1959 (tiempo en que fue obligado por el Vaticano a mantenerse alejado de la institución), no presentó, como, en cambio, sí sería lógico esperar, ningún documento exoneratorio de parte de las autoridades vaticanas de entonces, por ejemplo, del venerable y firme Valerio Valeri, miembro del Colegio Cardenalicio desde 1953 y Prefecto de la Sagrada Congregación de Religiosos, quien tuvo información y, desde abril de 1956, sorpresiva evidencia personal de la drogadicción del padre Marcial Maciel Degollado, o de Su Eminencia el Cardenal Alfredo Ottaviani, desde 1935 Asesor del Santo Oficio y, para 1956, Pro-Secretario del mismo Sacro Dicasterio, o de monseñor Arcadio Larraona, C.M.F., más tarde Cardenal, de quien parece que dependió inmediatamente la dirección de la, evidentemente frustrada, investigación del caso. No: los abogados laicos del padre Maciel Degollado solamente presentaron (diciembre de 1996) a los investigadores del Hartford Courant, Geral Renner y Jason Berry, una carta manuscrita, pero, y en materia tan grave, SIN fecha, de monseñor Polidoro Van Blieberghe, obispo belga franciscano ahora retirado en Illapel, Chile, y el cual NO nos interrogó a nosotros en Roma y quien de ningún modo ni tuvo ni tiene las atribuciones de juez, y menos ahora, siendo como fue sólo un "técnico" observador intermediario en la investigación. Es llamativo, por cierto, que los abogados del padre Maciel Degollado también presentaron a su favor otra carta, supuestamente exoneratoria de su vicio de drogadicción, hológrafa también y firmada por el doctor Riccardo Galeazzi Lissi, el arquiatra mismo de S.S. Pío XII, pero extrañamente también SIN fecha. Y es importante observar que aquellas difíciles circunstancias ocurrieron especialmente durante la coyuntura transicional de las postrimerías del glorioso Pontificado de S.S. Pío XII a los inicios del primer año del memorable Pontificado de S.S. Juan XXIII.

    ¿Por qué ha sido posible todo esto?
    ¿Por qué han sido posibles dentro de la Iglesia y tan cerca del Papa encubrimiento tan denso y silencio tan prolongado? Sabemos por la lógica simple y por la misma enseñanza evangélica que no puede ser una misma la raíz del trigo y la de la cizaña. ¿Cómo explicar, entonces, Santo Padre, aparentemente de una misma fuente los bienes manifiestos y, al mismo tiempo, el mal moral referido, de cuya existencia no podemos dudar, pues de él tantos fuimos víctimas y por tanto tiempo? ¿Se trata de una misma raíz y de un mismo tronco, o de un extraño, no cristiano arte, cuasidemoníaco, de ocultarse el mal real detrás de ciertos bienes objetivos, productos de distintas buenas voluntades, no negables del bien y el hacedor del mal? Reconocemos que por diversas razones no es una labor fácil establecer de modo inequívoco el deslinde (pues, en último término, la verdad de una cosa sólo puede ser el conjunto de todas las cosas: ¡y eso es parte del gravísimo problema!); pero afirmamos que sí es responsabilidad de la Iglesia Católica, organizadora de toda clase de encuentros nacionales e internacionales para tratar puntos fundamentalmente de doctrina y praxis cristianas y a la que no le faltan los medios oportunos para investigar la verdad, si firmemente así lo quiere e institucionalmente así lo decide.
    Nosotros, como víctimas, pero adultos ya, reflexivos y obligados sólo a la verdad, basados en nuestra directa experiencia personal de muchos años muy cerca de la críptica vida íntima del fundador y general de la Legión de Cristo, el padre Marcial Maciel Degollado, afirmamos ante Vos, ante la Iglesia y ante la sociedad, sin negar el enigmático carisma que siempre lo ha acompañado y que, precisamente, no es privativo sólo de los espíritus buenos, que en gran parte su personalidad externamente conocida es un producto mítico de un esfuerzo institucional fabricadamente elaborado, más cercano en su esencia y modos, dirían algunos, a los procedimientos del nacionalista Joseph Goebbels que a la desnuda verdad de Evangelio de Cristo. Es cierto que, como muchos de los modernos mitos humanos, manifiesta aspectos a primera vista espectaculares y en varios sentidos hasta ventajosos. Mas no encontramos en la historia del Cristianismo ningún hombre de Dios que considerase a un mito como verdadero sólo porque resultara útil.

    ¿Qué es lo que está en riesgo?
    ¿Que con la investigación solicitada por nosotros se afectaría el prestigio y la respetabilidad públicas de la persona aquí acusada?: no más que el prestigio y la respetabilidad de cualquier hombre perteneciente a una sociedad bien constituida que posee leyes uniformes para todos, sin acepción de personas, y para la cual la Iglesia quiere ser modelo de doctrina y práctica de la justicia. Si lo que hemos dicho y estamos diciendo no es cierto, que esa misma justicia argumentadamente nos lo impute, que inflexiblemente nos lo pruebe y que seamos castigados duramente; y que ante Dios y ante los hombres brille íntegramente a favor del padre Marcial Maciel Degollado el esplendor de la verdad. Si, en cambio, sometidos todos, él y nosotros, al escrutinio. completamente imparcial de una comisión libre y capaz, formada por hombres y mujeres, laicos y eclesiásticos, especializados en las ciencias apropiadas para el caso, se reconociese que decimos lo cierto, como afirmamos, en las acusaciones que hemos presentado, que entonces también la verdad resplandezca y que igualmente se aplique la justicia. Que todos seamos tratados con la misma regla, como corresponde a hombres libres y adultos, miembros de la Asamblea Católica, en una sociedad y en una Iglesia dignas. Porque, de lo contrario, debería otorgarse a todo hombre y toda mujer el privilegio de deshacerse fácilmente de la responsabilidad moral de sus actos ante los grupos humanos legalmente constituidos, con el simple silencio o con declaraciones propias autónomamente exoneratorias, y con la facultad añadida de acusar de calumniadores, difamadores y falsarios a sus antiguas víctimas, reveladoras públicas ya de las injusticias infligidas contra ellas.
    Santo Padre, en caso de reconocerse la culpabilidad del padre Marcial Maciel Degollado, ¿sería ello tan oneroso para la Iglesia? Más grandes errores ha reconocido en su historia. Permitidnos la osadía de decir que por razones múltiples lo oprobioso para la Iglesia sería dejar de aclarar cuál es la verdad y no hacerse la debida justicia, se extenderá un escándalo mayor y quedará siempre en duda para muchos la credibilidad misma al magisterio de la Iglesia, la cual, por una parte, ofrece en ocasiones disculpas generales por los delitos de sus clérigos y publica documentos hermosos y ricos en fuentes escriturísticas sobre la debida pureza del sacerdote, sobre la dignidad de la persona humana y sobre el respeto a ésta debido y, por otra parte, oculta y calla cuando la acusación se refiere a alguien encumbrado dentro de su propio sistema.
    Ante lo que nos tocó presenciar directamente y sufrir en carne y espíritu propios, y después de lo que hemos observado y sabido durante largos años, nosotros nos preguntamos ahora, consternados: ¿cómo es posible que una sabiduría tan antigua como la de la Iglesia haya podido ser engañada tan fácilmente a tan altos niveles jerárquicos, por tanto tiempo, en tantos lugares, a pesar de tantas víctimas y de tantos insistentes reclamos? ¿Es la Iglesia eficaz en su voluntad de investigar y conocer los irregulares y destructivos hechos morales de sus altos miembros? ¿O teme conocerlos? ¿O teme el escándalo? ¿Pero qué mayor escándalo que ese extensísimo museo oculto de almas en diáspora espiritual, deformadas y dañadas de por vida en lo más íntimo de su sacralidad por "lobos vestidos con piel de oveja" y disfrazados de pastores, corruptos y corruptores, seductores y no conductores de almas, aunque obviamente poderosos por su influencia económica, social y eclesiástica, no personalmente por el ejercicio de los valores que pregona el verdadero Evangelio de Cristo?
    Santo Padre, Vos, como nosotros, sabéis que "Deus non irridetur" y que la palabra traiciona a quien traiciona la Palabra. Todo es cuestión de tiempo. Porque, como recuerda un autor poco notorio, "pese a los clamores y vítores, la gran mentira nunca ha sido un éxito histórico permanente". Si la Iglesia quiere recuperar la perdurable fe íntima de tantos fieles desilusionados (dejando a un lado las estadísticas publicitarias de aglomeraciones cuantiosas, que olvidan que sólo "in interiore hominis habitat Spiritus" y de datos de cierto crecimiento institucional, que, en contraparte, no mencionan para nada las aún mayores deserciones ni sus causas), debe ser claro y manifiesto que Ella no teme imponer limpieza y orden en su propio recinto socioespiritual. Creemos firmemente que sólo un cristianismo justo, transparente y valiente ganará el respeto verdadero y activo de viejos y jóvenes, de hombres y mujeres valiosos e inteligentes y sanamente críticos en un mundo superficial, tan fácilmente impresionable por datos de manifestaciones masivas, de movimientos gregarios y de un poder de convocatoria bajo declaraciones válidas en sí mismas, pero tristemente, ¡y tantas veces!, sin consecuencia para el cumplimiento de la justicia.

    ¿Una Iglesia santa?
    Santidad, nos sorprende muchísimo ver cómo tantos eclesiásticos de nuestros días se resisten a conocer la existencia del mal y de la injusticia en el medio religioso católico, cuando, por otra parte, sabemos por la Sagrada Escritura, por los testimonios de los Santos Padres y por los documentos del no lejano Segundo Concilio Vaticano que la Iglesia acepta oficialmente que es no sólo una Institución para los pecadores sino también una Iglesia pecadora. Que, aunque por su divino origen sea "sine macula et ruga", "la Iglesia está constantemente amenazada desde dentro (Mateo, XXIV, 20) por maestros erróneos y por profetas mentirosos (...) por la tentación de hacer mal uso de su misión (...). Que Dios otorga sitio al mal en la Iglesia, que la cizaña puede crecer hasta el fin de la cosecha y que en la red del pescador hay peces malos y peces buenos (...) (Mateo, IV, 1; XIII, 24; XIII, 36; XIII, 47) " [Karl Rahner, Escritos de Teología, Madrid, Taurus Ed., 1969, tomo IV: "Escritos del tiempo conciliar", p. 317].
    San Agustín, por su parte, nos advierte que hay hombres que permanecen ("in Ecclesiae sinu"...) "corpore quidem sed non corde"... [Ibid., p. 327, nota 24]; y el mismo santo nos recuerda con sus propias palabras, sin hacer excepción de persona alguna, que "...todos somos pecadores", declarando así, de hecho, a la Iglesia también pecadora, y prometiendo "su 'sin mancha ni arruga' sólo para la eternidad" [Ibid., p. 330]. "No se niega (...) una culpa de la Iglesia misma, toda vez que en orden a esa culpa entran en juego los portadores del ministerio eclesiástico, que obran jurídicamente en nombre de la Iglesia y cuya culpa la afecta muy empírica y perceptiblemente" [Ibid., p. 332]. Así pues, entendemos que "no solamente ha de confesarse cada uno en la Iglesia verdadera y humildemente como pecador (DS 229, 230, 1537), sino que también ha de hacerlo la Iglesia misma "[Ibid., p. 336]. Y perdonadnos, Santo Padre, continuar la cita del autor que tanto ha reflexionado sobre este tema: "Sólo cuando la Iglesia se sabe Iglesia de los pecadores, se convence real y perdurablemente -y entiende semejante imperativo en toda su hondura- de que necesita de purificación, de que ha de aspirar siempre a la penitencia y a la reforma (nº Cool. De lo contrario, todas las exigencias reformadoras no son sino recetas de antigua prudencia, deseos sin fuerza que sí pueden perfeccionar el derecho de una institución y desarrollar una técnica y una táctica pastorales de grandes vuelos, pero que, con todo, no arraigan en el suelo de la vida, de la fe verdadera y de la Iglesia humana". [Ibid., p. 336].

    ¿Una Iglesia justa?
    Pensamos, Santo padre, que no pocos de los que leyeren esta carta también pública nos tildarán de atrevidos por razón de nuestra directa apertura y, sobre todo, por dirigirnos a Vos con estas referencias de doctrina; o quizá nos juzguen insensatos por parecerles que pretendemos llevar nuestra pobre agua al mar de Vuestra sabiduría y autoridad. Con todo, Santidad, nosotros no hemos sido precipitados. Y por haber dicho la verdad acerca del padre Marcial Maciel Degollado, algunos de nosotros hemos tenido que soportar durante meses ataques e insinuaciones humillantes, intimidación, desconocimiento, ofensas eclesiásticas, editoriales alevosos [por ejemplo, en El Norte, Monterrey, México, 26-05-97], pérdida de amistades y contactos sociales, penosos dolores familiares. Queremos que la Iglesia y la sociedad comprendan que lo único que deseamos es que se haga justicia; mas no sólo por legítimas reivindicaciones personales sino por el bien de la Iglesia y de la sociedad. Pensamos objetivamente que la confrontación de David contra Goliath se repite. Y por encima de todo y de todos, nuestra única confianza real está puesta en El Señor del que Vos sois Vicario. Y no nos avergonzamos. Sabemos que la verdad nos mantiene libres y deseamos esa misma fortuna, a tiempo, para quien todavía la necesita. Porque, como el padre Marcial Maciel Degollado solía repetir tantas veces: "la vida es una y se vive una sola vez". ¡Mas qué triste, después de haber adoptado cuasipublicitariamente el heideggeriano concepto de "autenticidad" casi como lema institucional, llegar a los últimos años de esa vida envuelto aún en irredentoras apariencias, con las manos personalmente vacías de la verdad y habiendo pecado tanto contra la luz! Que recuerde esta cita de una de sus propias Cartas... sobre la mentira: "... duramente anatematizada y sancionada por Dios en la Sagrada Escritura: Dios abomina los labios mentirosos, dice el autor de los Proverbios [II, 22] y por medio de San Juan [III, 44] llama a los mentirosos "hijos de Satanás": 'Vosotros tenéis por padre al Diablo'". [Mensaje..., p. 136].
    Santidad, al concluir justamente Vuestra extensa entrevista con el periodista italiano Vittorio Messori, publicada en castellano bajo el titulo de En el umbral de la esperanza (Barcelona, Plaza y Janés), citabais con aprobación las palabras de André Malraux: "El siglo XXI será un siglo religioso, o no será". Nosotros nos atrevemos a imaginar, Santo Padre, que igualmente y con parecida convicción se les podrá ocurrir pensar a muchas mentes dubitantes y desesperanzadas algo similar con respecto a nuestra Madre: "La Iglesia Católica en los tiempos que avanzan habrá de ser verdaderamente coherente, o no será".
    Y, Santo Padre, nosotros no hemos buscado el escándalo: es Cristo quien dijo: "Es inevitable que aparezcan escándalos, mas ¡ay de aquel a quien se debe el origen del escándalo!..." [Lucas, XVII, 1]. También Vos mismo, el domingo 23 de junio del ano pasado, en Berlín, criticasteis a los alemanes, porque, cincuenta años atrás, "... no se movieron en forma masiva..." contra la mentira del nacionalsocialismo hitleriano y porque "...hubo demasiados silencios..." [Crónica, México, 25-06-97]. Y, al recordar esos hechos y omisiones, Vos no preguntasteis "¿Por qué ahora?".
    Es también la lectura de Vuestra Carta Encíclica Veritatis Splendor la que nos ha movido a manifestarnos privada y públicamente para que, dicho con Vuestras propias palabras, "... el esplendor de la verdad moral no sea ofuscado en las costumbres y en la mentalidad de las personas de la sociedad [...] a fin de que no sólo en la sociedad civil sino incluso dentro de las mismas comunidades eclesiales no se caiga en la crisis más peligrosa que puede afectar al hombre: la confusión del bien y del mal, que hace imposible conservar el orden moral en los individuos y en las comunidades". [op. cit., 93].
    Si esta carta, como rogamos a Dios, llegare a Vuestras venerables manos y fuere leída, al menos en parte, por Vos, lamentaremos el inevitable dolor que nuestra queja y la exposición de nuestro mal indudablemente causarán en Vuestro atribulado espíritu. Bien sabemos cuán pesada es la carga de Vuestro laborioso pontificado. Mas, completamente frustradas ya otras instancias de recurso dentro de la Iglesia, y aconsejados nosotros por la fe y por la historia, no nos quedaba otra puerta legítima y segura a la cual intentar llamar directamente coram omnibus, ante todos, sino la puerta del Papa. Tal vez un día, ante el resultado de la investigación profunda de la triste verdad que hemos manifestado, alivien de alguna manera Vuestra pena las sabias palabras que San Juan Crisóstomo pronunció en su Homilía en defensa de Eutropio: "Son mejores las heridas causadas por los amigos que los falsos halagos de los enemigos".

    Juramento
    Así pues, todos nosotros, católicos creyentes, los abajo firmantes, sin razón alguna de frustración en nuestros trabajos y esfuerzos personales, completamente libres de cualquier deseo de venganza por las ofensas corporales y espirituales antaño u hoy sufridas por nosotros de parte del padre Marcial Maciel Degollado, sin interés de medro de cualquier naturaleza, sin coacción alguna de nadie ni de ningún grupo de cualquier tipo de poder, mas conscientes de nuestra difícil pero ya impostergable obligación ante la Iglesia y la Sociedad, juramos solemnemente delante de Dios que nos ha de juzgar, delante de Vos, que tenéis también la gravísima responsabilidad de sopesar y conocer profundamente a los hombres que proponéis como guías y modelos de vida, delante de la Iglesia Católica entera de la Ciudad de Dios y, mientras, en la Ciudad del Hombre, y delante de toda autoridad divina y humana, religiosa y civil, que puede y debe, si quiere, someternos a duros y exhaustivos interrogatorios, juramos -repetimos- que en nuestras actuales declaraciones y revelaciones habladas y en nuestros testimonios individuales recientemente escritos acerca de la conducta inmoral del padre Marcial Maciel Degollado hemos dicho solamente la verdad. Y, bajo deber de conciencia eclesial y social, por lo que durante tantos años tan cercanamente presenciamos y tan personalmente experimentamos, y contradiciendo, muy a doloroso pesar nuestro, las palabras Vuestras acerca de la ejemplaridad moral del padre Marcial Maciel Degollado expresadas en Vuestra carta del 5 de diciembre de 1994, citada al inicio del presente documento, afirmamos virilmente, apoyados en la inequívoca doctrina del Evangelio de Cristo y en la tradición cristiana, que sería espiritual, psíquica y éticamente funesto en sumo grado para cualquier alma conducir su vida privada siguiendo el patrón de conducta íntima del padre Marcial Maciel Degollado con respecto al sexo, al placer del narcótico y a su negativa actitud ante la verdad y ante otros valores espirituales y humanos. Juramos esto por Cristo, por el ejemplo de los hombres dignos que en cualquier lugar y época del mundo han sufrido por defender la verdad, por la memoria de la engañada ilusión religiosa de nuestros padres, por el dolor del daño psíquico y moral de muchos de nuestros antiguos compañeros, por el deseo de una sociedad menos complaciente, más valiente e inquisitiva, por la esperanza de una juventud más crítica, por la necesidad de un gobierno civil más atento y supervisor, por el anhelo de una Iglesia justa, honesta y limpia.
    Entendiendo cuán difícil será para Vos, Santo Padre, comprendernos mientras no se lleve a cabo la necesaria investigación y un juicio canónico, rogamos al Señor por Vuestra luz, salud, bienestar y paz. Y os expresamos que deseamos permanecer unidos a Vos, con nuestra esperanza puesta en el esplendor de la verdad y en el triunfo de la justicia.

    Estados Unidos de Norteamérica/ México, Mes de noviembre de 1997.

    Responsables de la publicación:
    Félix Alarcón Hoyos
    José de J. Barba Martín
    Saúl Barrales Arellano
    Alejandro Espinosa Alcalá
    Arturo Jurado Guzmán
    Fernando Pérez Olvera
    José Antonio Pérez Olvera
    Juan José Vaca Rodríguez

    Dirección para Vuestra respuesta, que rogamos
    Nunciatura Apostólica de México
    Juan Pablo II # 118
    México D. F.
    01020
    (Esta carta fue publicada en la revista mexicana Milenio, el 8 de diciembre de 1997)


    --------------------------------------------------------------------------------

    Los firmantes de esta carta de denuncia contra Marcial Maciel --que también se materializó en forma de proceso judicial iniciado el 17 de octubre de 1998 ante el tribunal de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el mismo que lleva décadas encubriendo al poderoso sacerdote--, que confiesan haber sido abusados sexualmente por Maciel durante sus primeros años de adolescencia, cuando estaban bajo su cargo en seminarios de España e Italia, son todos hombres con una probada solvencia en sus vidas y profesiones. A saber:

    -- Félix Alarcón Hoyos es un sacerdote español que ejerce en Estados Unidos;
    -- José de J. Barba Martín es catedrático del Instituto Tecnológico Autónomo de México;
    -- Saúl Barrales Arellano es profesor de un colegio católico;
    -- Alejandro Espinosa Alcalá es un importante ganadero;
    -- Arturo Jurado Guzmán es catedrático de la Escuela de Lenguas del Departamento de Defensa de Estados Unidos;
    -- Fernando Pérez Olvera es ingeniero químico;
    -- José Antonio Pérez Olvera es abogado;
    -- Juan José Vaca Rodríguez, ex sacerdote, estrecho colaborador de Maciel durante tres décadas y ex presidente de Legionarios de Cristo en Estados Unidos.



    --------------------------------------------------------------------------------

    Para mayor información al respecto, puede consultarse:

    -- Torres Robles, Alfonso (2001). La prodigiosa aventura de los Legionarios de Cristo. Madrid: Foca.

    -- Rodríguez, Pepe (2002). Pederastia en la Iglesia católica. Barcelona: Ediciones B.

    http://www.pepe-rodriguez.com/Sexo_clero/Casos/Sexo_clero_M_Maciel_Leg_pedof_denuncia_Papa.htm


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    Re: Pederastia en la Iglesia católica

    Mensaje por FranciscoBU el Vie Nov 11, 2011 6:22 pm

    Carta en forma de motu proprio: Sacramentorum Sanctitatis Tutela ("La Tutela de la Santidad de los Sacramentos", Juan Pablo II, Vaticano, 30 de abril de 2001)

    Nota: el significado de este documento, que ordena tratar en secreto y encubrir los delitos sexuales del clero católico, se analiza y comenta en el capítulo 3 del libro Pederastia en la Iglesia católica.



    Carta apostólica del papa Wojtyla en forma de motu proprio por la que se promulga normativas a aplicar en los casos de los delitos más graves del clero, que están reservados a la Congregación para la Doctrina de la Fe.

    La Tutela de la Santidad de los Sacramentos, especialmente de la Santísima Eucaristía y de la Penitencia, así como de los fieles en orden a la preservación de los llamados por el Señor en la observancia del sexto precepto del Decálogo, postulan que, para procurar la salvación de las almas "que en la Iglesia debe ser siempre la suprema ley" (Código de Derecho Canónico, can. 1752), intervenga la propia Iglesia en su solicitud pastoral para precaver los peligros de violación.
    Y así, ya se ha provisto a la santidad de los sacramentos, especialmente de la peniten-cia, por nuestros Predecesores mediante las oportunas Constituciones Apostólicas, como la Constitución Sacramentum Poenitentiae del papa Benedicto XIV (1), publicada el día 1 de junio de 1741; igualmente los cánones del Código de Derecho Canónico promulgado en el año 1917, con sus fuentes, que había establecido sanciones canónicas contra los delitos de esta especie, perseguían esta finalidad (2).
    En tiempos más recientes, para prevenir estos delitos y conexos, la Suprema Sagrada Congregación del Santo Oficio estableció el modo de proceder en estas causas mediante la Instrucción que comienza por las palabras Crimen sollicitationis, dirigida a todos los Patriarcas, Arzobispos, Obispos y otros Ordinarios de lugar "incluso de Ritos orientales" del día 16 de marzo de 1962, por la cual le era concedida en exclusiva la competencia judicial en esta materia, tanto en la vía administrativa, como en la vía judicial. Debe ser considerado que dicha Instrucción tenía fuerza legal cuando el Sumo Pontífice, según la norma del can. 247 § 1 del Código de Derecho Canónico promulgado en el año 1917, presidía la Congregación del Santo Oficio y la Instrucción procedía de su propia autoridad, mientras que el Cardenal que había en cada momento cumplía sólo una función de Secretario.
    El Sumo Pontífice Pablo PP. VI, de feliz memoria, confirmó, mediante la Constitución Apostólica sobre la Curia Romana Regimini Ecclesiae Universae, publicada el día 15 de agosto del año 1967, la competencia judicial y administrativa en el procedimiento "según sus normas enmendadas y aprobadas" (3).
    Y por fin, mediante Nuestra autoridad, en la Constitución, expresamente establecimos: "los delitos contra la fe, así como los delitos más graves cometidos tanto contra las costumbres como en la celebración de los sacramentos, que le fueran comunicados, los conoce [la Congregación para la Doctrina de la Fe], y procede, cuando sea necesario, a declarar o irrogar sanciones canónicas, según la norma del derecho, tanto común como propio" (4), confirmando posteriormente y determinando la competencia judicial de la misma Congregación para la Doctrina de la Fe como Tribunal Apostólico.
    Aprobada por Nosotros la Ratio de actuar en el examen de doctrinas (5) era necesario definir con más precisión no sólo "los delitos más graves cometidos tanto contra las costumbres como en la celebración de los sacramentos" para los cuales permanece en exclusiva la competencia de la Congregación para la Doctrina de la Fe, sino también las normas procesales especiales "para declarar o irrogar sanciones canónicas".
    Así pues, por esta Nuestra Carta Apostólica dada en forma de Motu Proprio, realizamos, y mediante ella promulgamos, las Normas de los Delitos más graves reservados a la Congregación para la Doctrina de la Fe, divididas en dos partes, la primera de las cuales contiene Normas sustanciales, y la segunda Normas procesales, ordenando a todos los que tienen interés que las observen eficaz y fielmente. Estas Normas obtienen fuerza de ley el mis-mo día que sean promulgadas.
    No obstante cualquier cosa contraria, incluso digna de especial mención.
    Dado en Roma, junto a San Pedro, el día 30 de abril, memoria de San Pío V, del año 2001, vigésimo tercero de Nuestro Pontificado.
    Juan Pablo PP. II

    (1) Benedicto PP. XIV, Constitución Sacramentum Poenitentiae, de junio de 1741, en Código de Derecho Canónico, compilado por mandato de Pío X Máximo Pontífice, promulgado por autoridad de Benedicto PP. XV, Documentos, Documento V, en AAS 9 (1917), Parte II, pp. 505-508.
    (2) Cfr. Código de Derecho Canónico promulgado en el año 1917, cans. 817, 2316, 2320, 2322, 2368 § 1, 2369 § 1.
    (3) Pablo PP. VI, Constitución Apostólica Regimini Ecclesiae Universae sobre la Curia Romana, 15 de agosto del año 1967, n. 36, en AAS 59 (1967), 898.
    (4) Juan Pablo PP. II, Constitución Apostólica Pastor Bonus sobre la Curia Romana, 28 de junio de 1988, art. 52, en AAS 80 (1988) 874.
    (5) Congregación para la Doctrina de la Fe, Agendi ratione in doctrinarum examine, 29 de junio de 1997, en AAS 89 (1997) 830-835.


    http://www.pepe-rodriguez.com/Sexo_clero/Documentos/Sexo_clero_MP_Sacramentorum.htm


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    Re: Pederastia en la Iglesia católica

    Mensaje por FranciscoBU el Vie Nov 11, 2011 6:23 pm

    Estatutos para la protección de niños y jóvenes (Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, Dallas, 17 de junio de 2002)

    Nota: este documento se analiza y comenta, en cuanto a implicaciones, virtudes y limitaciones, así como a las dificultades para su posible aplicación, en el capítulo 9 del libro Pederastia en la Iglesia católica.



    Estatutos para la protección de niños y jóvenes

    Preámbulo

    La Iglesia en Estados Unidos está viviendo una crisis sin precedentes en nuestros días. El abuso sexual de niños y jóvenes por parte de algunos sacerdotes y obispos, y las maneras en que nosotros los obispos hemos tratado estos crímenes y pecados, ha causado gran dolor, indignación, y confusión. Víctimas inocentes y sus familias han sufrido terriblemente. En el pasado, el encubrimiento creó una atmósfera que inhibió el proceso de sanación y, en algunos casos, permitió que se repitiera una conducta de abuso sexual. Como obispos, reconocemos nuestros errores y la parte que nos corresponde en ese sufrimiento, y pedimos perdón y asumimos responsabilidad por haber fallado frecuentemente a las víctimas y a nuestro pueblo en el pasado. También nos responsabilizamos de enfrentar este problema de manera firme, consistente y efectiva en el futuro. Desde lo más profundo de nuestro corazón, nosotros los obispos expresamos nuestro dolor y profundo pesar por lo que el pueblo católico está soportando.
    Nosotros, a quienes se nos dio la responsabilidad de ser pastores del pueblo de Dios, continuaremos trabajando con el favor de Dios, y con la plena colaboración de nuestro pueblo, por la restauración de los lazos que nos unen. Esto no se consigue con palabras solamente. Se iniciará con las acciones que tomaremos aquí en nuestra Asamblea General y en casa, en nuestras diócesis/eparquías.

    El daño causado por el abuso sexual de menores es devastador y prolongado. Queremos llegar a quienes están sufriendo, pero especialmente a las víctimas de abuso sexual y a sus familias. Les pedimos perdón por el gran daño del que han sido víctimas y les ofrecemos nuestra ayuda para el futuro. En presencia de tanto sufrimiento, la sanación y la reconciliación parecen estar más allá de la capacidad humana. Sólo la gracia, misericordia y perdón de Dios nos sacará adelante, pues confiamos en la promesa de Cristo: "para Dios todo es posible" (Mt 19,26).

    La pérdida de la confianza es todavía más trágica cuando su consecuencia es la pérdida de la fe, que es nuestro deber sagrado promover. Nos hacemos eco de las palabras del Santo Padre acerca de que el abuso sexual de los jóvenes "es en todos los sentidos equivocado y justamente considerado como un crimen por la sociedad; es también un espantoso pecado a los ojos de Dios" (Discurso a los Cardenales de Estados Unidos y Funcionarios de la Conferencia, 23 de abril de 2002).

    La Conferencia de Obispos ha buscado respuesta a la vileza del abuso sexual de menores por parte de un sacerdote y, en su reunión de junio de 1992, estableció cinco principios a seguir (Cfr. Comité Ad Hoc sobre el Abuso Sexual, National Conference of Catholic Bishops, Restoring Trust -Restaurando la Confianza-, noviembre de 1993). Asimismo debemos reconocer que muchas diócesis/eparquías implementaron de forma responsable y oportuna reglas y procedimientos que han salvaguardado a niños y jóvenes. Muchos obispos tomaron los pasos apropiados para tratar con el clero culpable de un comportamiento sexual inapropiado.

    Que hoy a nadie le quede duda o confusión alguna: la obligación que nosotros, sus obispos, tenemos de proteger a niños y jóvenes, y evitar el abuso sexual, fluye de la misión y del ejemplo que nos dio el propio Jesucristo, en cuyo nombre servimos.

    Jesús mostró una constante dedicación por el vulnerable. Él empezó su ministerio con estas palabras del profeta Isaías:
    El Espíritu del Señor está sobre mí,
    porque él me ha ungido
    para que dé la buena noticia a los pobres.
    Me ha enviado para anunciar la libertad a los cautivos
    y la vista a los ciegos,
    para poner en libertad a los oprimidos,
    para proclamar el año de gracia del Señor. (Lc 4,18)

    En Mateo 25, el Señor hizo que eso fuera parte del encargo que dio a sus apóstoles y discípulos al decirles que cuando mostrasen piedad y compasión por los más pequeños a Él se la mostraban.
    Este cuidado Jesús lo extendió de manera sensible y urgente a los niños, reprochándole a sus discípulos por mantenerlos lejos de Él: "Dejad que los niños vengan a mí..." (Mt 19,14). Y lanzó una grave advertencia para quienes llevasen a los niños por mal camino, diciendo que a esa persona "más le convendría que le colgasen al cuello una rueda de molino y lo sepultaran en el fondo del mar" (Mt 18,6).
    Escuchamos estas palabras del Señor como proféticas para este momento. Nosotros los obispos, con la firme intención de resolver esta crisis, nos comprometemos a hacer todo lo posible en lo pastoral para restablecer la confianza con quienes han sufrido abuso sexual y con todos los fieles de la Iglesia.

    Renovamos nuestra determinación de brindar seguridad y protección a niños y jóvenes en nuestros ministerios e instituciones eclesiales. Les prometemos actuar de una manera que ponga de manifiesto la responsabilidad que tenemos ante Dios, ante su pueblo, y entre nosotros mismos en esta grave situación. Nos comprometemos a hacer todo lo posible para sanar el trauma que están viviendo las víctimas/supervivientes y sus familias y la herida que está sufriendo toda la Iglesia. Reconocemos nuestra necesidad de estar en diálogo con todos los católicos, especialmente con las víctimas y sus padres, con respecto a este asunto. Por medio de estas acciones queremos demostrar a toda la comunidad que comprendemos la seriedad del abuso sexual de menores.

    Para cumplir con estas metas, nuestras diócesis/eparquías y nuestra conferencia nacional, en un espíritu de arrepentimiento y renovación, adoptarán e implementarán los siguientes reglamentos.

    Para fomentar la sanación y la reconciliación con las víctimas/supervivientes de abuso sexual de menores

    ARTÍ*** 1. Las diócesis/eparquías, acercándose a las víctimas/supervivientes y sus familias demostrarán su sincero compromiso con su bienestar espiritual y emocional. La primera obligación de la Iglesia en relación a las víctimas es de sanación y reconciliación. Donde éste acercamiento aún no exista o no se haya puesto en práctica, cada diócesis/eparquía deberá establecer un proceso de aproximación para llegar a toda persona que haya sido víctima de abuso sexual (*) siendo menor, por parte de cualquier persona que actúe en nombre de la Iglesia, aunque el abuso haya ocurrido recientemente o muchos años atrás. Este acercamiento incluirá medidas para el asesoramiento, ayuda espiritual, grupos de apoyo, y otros servicios sociales seleccionados de común acuerdo por la víctima y la diócesis/eparquía. En cooperación con agencias de servicio social y otras iglesias, deberán ser fomentados y promovidos en todas las diócesis/eparquías, y en las comunidades parroquiales locales, grupos de apoyo para víctimas/supervivientes y otros afectados por abuso.
    Mediante este acercamiento pastoral hacia las víctimas y sus familias, el obispo diocesano/eparquial, o su representante, ofrecerá reunirse con ellos para escuchar con paciencia y compasión sus experiencias y preocupaciones, y para compartir el "profundo sentimiento de solidaridad y preocupación" expresado por nuestro Santo Padre en su Discurso a los Cardenales de Estados Unidos y Funcionarios de la Conferencia. Este acercamiento pastoral del obispo, o su delegado, también estará dirigido a las comunidades de fe en las cuales ocurrió el abuso sexual.

    ARTÍ*** 2. Las diócesis/eparquías tendrán mecanismos que respondan en forma rápida a cualquier alegación en la que exista motivo para creer que ocurrió un abuso sexual a un menor. Las diócesis/eparquías tendrán un coordinador de asistencia que sea competente para ayudar en el cuidado pastoral inmediato de las personas que alegan haber sufrido abuso sexual, siendo menores, por parte del clero u otro personal de la Iglesia. Las diócesis/eparquías tendrán asimismo un comité de revisión, cuya mayoría estará compuesta por laicos que no sean empleados de la diócesis/eparquía. Este comité asistirá al obispo diocesano/eparquial para evaluar las alegaciones y la aptitud para el ministerio, yrevisará periódicamente las reglas y procedimientos diocesanos/eparquiales para tratar con el abuso sexual de menores. Asimismo, el comité puede actuar de forma retrospectiva y prospectiva en estos asuntos y asesorar en todos los aspectos relacionados con las respuestas requeridas en relación a estos casos. Los procedimientos para quienes presenten una queja estarán disponibles en forma fácil y escrita, y periódicamente serán objeto de anuncios públicos.

    ARTÍ*** 3. Las diócesis/eparquías no entrarán en acuerdos confidenciales excepto cuando haya razones graves y substanciales presentadas por la víctima/superviviente y sean anotadas en el texto del acuerdo.

    Para garantizar una respuesta efectiva a las alegaciones de abuso sexual de menores

    ARTÍ*** 4. Las diócesis/eparquías notificarán cualquier alegación de abuso sexual de un menor a las autoridades correspondientes y cooperarán en la investigación de acuerdo a las leyes de la jurisdicción local.
    Las diócesis/eparquías cooperarán con las autoridades públicas informando sobre los casos cuando la persona haya dejado de ser menor de edad.
    En cada situación, las diócesis/eparquías aconsejarán y apoyarán el derecho de la persona a dar parte a las autoridades públicas.

    ARTÍ*** 5. Repetimos las palabras de nuestro Santo Padre en su Discurso a los Cardenales de Estados Unidos y Funcionarios de la Conferencia: " no hay lugar en el sacerdocio y en la vida religiosa para quienes dañan a los jóvenes".
    Cuando la investigación preliminar de una queja (cc. 1717-1719) contra un sacerdote o diácono así lo indique, el obispo diocesano/eparquial relevará rápidamente al supuesto ofensor de sus tareas ministeriales (Cfr. c. 1722). El supuesto ofensor será derivado para recibir una evaluación médica y psicológica apropiadas, siempre y cuando ello no interfiera con la investigación de las autoridades civiles.
    Cuando se compruebe que la alegación no tiene fundamento, se tomará todas las medidas necesarias para restablecer el buen nombre del sacerdote o diácono.
    Cuando el abuso sexual por parte de un sacerdote o diácono haya sido admitido o se haya establecido después de una investigación pertinente y de acuerdo al Código Canónico, se aplicará lo siguiente:
    - Las reglas diocesanas/eparquiales estipularán que incluso en el caso de un solo acto de abuso sexual (ver la nota (*) en Artí*** I) de un menor, en el presente o futuro, el sacerdote o diácono trasgresor será removido permanentemente del ministerio. De acuerdo con el propósito expreso de estos estatutos, al sacerdote o diácono trasgresor se le ofrecerá asistencia profesional, tanto para su propia sanación y bienestar, como por razones de prevención.
    - En todos los casos, los procesos establecidos por el derecho canónico deben ser observados y sus distintas provisiones consideradas (Cfr. Canonical Delicts Involving Sexual Misconduct and Dismissal from the Clerical State [Delitos canónicos que implican mala conducta sexual y destitución del estado clerical], 1995; Cfr. Carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe, 18 de mayo de 2001). Estas medidas pueden incluir la petición, por parte del sacerdote o diácono, para obtener la dispensa de sus obligaciones derivadas de las órdenes sagradas y la pérdida del estado clerical, o la petición por parte del obispo para la destitución del estado clerical, incluso sin el consentimiento del sacerdote o diácono. A fin de respetar la integridad del proceso, se aconsejará al acusado a mantener la asistencia de una asesoría civil y canónica. Cuando sea necesario, la diócesis/eparquía brindará asesoría canónica al sacerdote o diácono.
    - Si la pena de destitución del estado clerical no ha sido aplicada (por ejemplo, por razones de edad avanzada o enfermedad), el trasgresor deberá vivir una vida de oración y penitencia. No se le permitirá celebrar Misa en público, usar vestimenta clerical, o presentarse en público como sacerdote.

    ARTÍ*** 6. Mientras que el compromiso sacerdotal a la virtud de la castidad y el don del celibato es bien conocido, habrá normas diocesanas/eparquiales claras y bien divulgadas acerca del comportamiento ministerial y los límites apropiados para el clero y para todo el personal de la Iglesia en posiciones de confianza y que tiene contacto regular con niños y jóvenes.

    ARTÍ*** 7. Todas las diócesis/eparquías elaborarán un reglamento de comunicación que refleje su compromiso con la transparencia y la apertura. Dentro de los límites del respeto por la vida privada y reputación de los individuos afectados, las diócesis/eparquías deberán comunicarse lo más abiertamente posible con los miembros de la comunidad. Esto se hará especialmente cuando se trate de asistir y apoyar a comunidades parroquiales afectadas directamente por una mala conducta ministerial que involucre a menores.

    Para asegurar la responsabilidad de nuestros procedimientos

    ARTÍ*** 8. Para asistir en la firme aplicación de estos principios y para proporcionar un mecanismo para la rendición de cuentas y de asistencia a las diócesis/eparquías sobre este asunto, autorizamos el establecimiento de una Oficina para la Protección de Niños y Jóvenes en la sede de nuestra oficina nacional. Las tareas de esta Oficina incluirán (1) asistir a diócesis/eparquías particulares en la implementación de programas "entorno seguro" (ver Art. 12 abajo), (2) asistir a provincias y regiones en la creación de mecanismos apropiados para verificar el cumplimiento de las exigencias establecidas, y (3) producir un informe público anual sobre el progreso logrado en la implementación de las normas que aparecen en estos Estatutos. Este informe público incluirá los nombres de aquellas diócesis/eparquías que, a juicio de esta Oficina, no estén cumpliendo con las disposiciones y expectativas de estos Estatutos. Esta Oficina contará con el personal necesario para cumplir con su propósito básico. El personal consistirá en personas expertas en el campo de la protección de menores y serán nombradas por el Secretario General de la Conferencia.

    ARTÍ*** 9. La labor de la Oficina para la Protección de Niños y Jóvenes será asistida y vigilada por un Comité de Revisión, que incluya a padres de familia, nombrado por el Presidente de la Conferencia y que rendirá cuentas directamente a él. El Comité aprobará el informe anual sobre la implementación de estos Estatutos en cada una de nuestras diócesis/eparquías, y también cualquier recomendación que surja de esta revisión, antes de ser presentada al Presidente de la Conferencia y publicada. Para comprender el problema más profundamente y para mejorar la efectividad de nuestra respuesta futura, el Comité Nacional de Revisión comisionará un estudio exhaustivo de las causas y del contexto de la presente crisis. El Comité también comisionará un estudio descriptivo con la plena cooperación de nuestras diócesis/eparquías, sobre la naturaleza y alcance del problema dentro de la Iglesia Católica en Estados Unidos, incluyendo datos tales como estadísticas sobre los trasgresores y las víctimas.

    ARTÍ*** 10. La membresía del Comité Ad Hoc sobre Abuso Sexual será conformada de modo que incluya una representación de todas las regiones episcopales del país.

    ARTÍ*** 11. El Presidente de la Conferencia informará a la Santa Sede sobre estos Estatutos para indicar la forma en que, nosotros, los obispos católicos, junto con toda la Iglesia de Estados Unidos, pretendemos resolver la crisis actual.

    Para proteger a los fieles en el futuro

    ARTÍ*** 12. Las diócesis/eparquías establecerán programas "entorno seguro". Éstas cooperarán con padres de familia, autoridades civiles, educadores, y organizaciones de la comunidad para ofrecer educación y adiestramiento a niños, jóvenes, padres de familia, ministros, educadores y otros, sobre la manera de establecer y mantener un ambiente seguro para los niños. Las diócesis/eparquías comunicarán claramente al clero, y a todos los miembros de la comunidad, las normas de conducta para el clero, y otras personas en posiciones de confianza, con respecto al abuso sexual.

    ARTÍ*** 13. Las diócesis/eparquías examinarán los antecedentes de todos los miembros del personal diocesano, eparquial y parroquial que tenga contacto regular con menores. De forma específica, éstas deberán utilizar los recursos de las agencias encargadas del cumplimiento de la ley y de otras agencias comunitarias. Además, deberán emplear técnicas de pre-selección y evaluación apropiadas para decidir sobre la aptitud de los candidatos a la ordenación (Cfr. National Conference of Catholic Bishops, Program of Priestly Formation [Programa de formación sacerdotal], 1993, nº 513).

    ARTÍ*** 14. Cuando un clérigo sea propuesto para una nueva asignación, transferencia, residencia en otra diócesis/eparquía o en una diócesis/eparquía fuera de Estados Unidos, o residencia en la comunidad local de un instituto religioso, el obispo o superior mayor que envía deberá mandar, y el obispo o superior mayor que recibe deberá revisar -antes de la asignación- una descripción fiel y completa de la hoja de servicios del clérigo, incluyendo cualquier asunto en los antecedentes y servicio que pueda suscitar interrogantes sobre su capacidad para el ministerio. (Cfr. National Conference of Catholic Bishops y Conference of Mayor Superiors of Men, Proposed Guidelines on the Transfer or Assignment of Clergy and Religious [Normas propuestas para la transferencia o asignación de clérigos y religiosos], 1993).

    ARTÍ*** 15. El Comité Ad Hoc sobre Abuso Sexual y los Oficiales de la Conference of Mayor Superiors of Men, se reunirán para determinar la forma como estos Estatutos serán presentados y establecidos en las comunidades religiosas de hombres en Estados Unidos. Los obispos diocesanos/eparquiales y los superiores mayores de institutos clericales, o sus delegados, se reunirán periódicamente para coordinar sus funciones en referencia a alegaciones hechas en contra de algún miembro del clero de un instituto religioso que esté desempeñando su ministerio en la diócesis/eparquía.

    ARTÍ*** 16. Considerando lo extenso del problema de abuso sexual de menores en nuestra sociedad, estamos dispuestos a cooperar con otras iglesias y comunidades eclesiales, otros cuerpos religiosos, instituciones educativas y otras organizaciones interesadas en conducir investigaciones en esta área.

    ARTÍ*** 17. Prometemos nuestra cooperación plena con la Visitación Apostólica de nuestros seminarios diocesanos/eparquiales y casas religiosas de formación, recomendada en la Reunión Interdicasterial con los Cardenales de Estados Unidos y Funcionarios de la Conferencia en abril de 2002. En contraste con la visitación anterior, estas nuevas visitas se enfocarán en el asunto de la formación humana para el celibato casto basado en el criterio establecido en Pastores Dabo Vobis. Aguardamos con interés la oportunidad para fortalecer nuestros programas de formación sacerdotal a fin de que brinden al pueblo de Dios sacerdotes santos y maduros. Las diócesis/eparquías desarrollarán programas sistemáticos y continuos de formación de acuerdo al reciente documento de la Conferencia Basic Plan for the Ongoing Formation of Priests [Plan básico para la formación continua de sacerdotes] (2001) para ayudar a los sacerdotes a vivir su vocación.

    Conclusión

    En medio de esta terrible crisis de abuso sexual de jóvenes por sacerdotes y obispos, y de cómo ésta ha sido enfrentada por los obispos, han surgido muchos otros asuntos. En estos Estatutos nos hemos encarado específicamente con este penoso asunto. Sin embargo, en esta situación, queremos mostrar nuestra preocupación especialmente por los asuntos que se refieren a la consulta eficaz de los laicos y a la participación del pueblo de Dios en la toma de decisiones que afectan a su bienestar.
    Debemos incrementar nuestra vigilancia para evitar que esos pocos que pudiesen usar el sacerdocio para sus propios fines inmorales y criminales lo hagan. Al mismo tiempo, sabemos que el abuso sexual de los jóvenes no es un problema inherente al sacerdocio, ni son los sacerdotes los únicos culpables de ello. La gran mayoría de nuestros sacerdotes son fieles a su ministerio y felices con su vocación. Sus fieles muestran un enorme aprecio por el ministerio que brindan sus sacerdotes. En medio de esta prueba, ello sigue siendo causa de regocijo. Lamentamos muchísimo si algunas de nuestras decisiones hayan podido opacar la buena labor de nuestros sacerdotes, por la que su pueblo los mira con tanto respeto.
    Es dentro de este contexto de la solidez esencial del sacerdocio y de la profunda fe de nuestros hermanos y hermanas en la Iglesia, que sabemos que podemos enfrentar y resolver esta crisis ahora y en el futuro.
    Un medio esencial para enfrentar esta crisis es la oración para la sanación y la reconciliación, y las obras de reparación por la grave ofensa hacia Dios y la profunda herida infligida a su santo pueblo. Conectada muy de cerca a la oración y a las acciones de reparación está la llamada a la santidad de vida y el cuidado del obispo diocesano/eparquial para asegurar que él y sus sacerdotes hagan uso de los medios comprobados para evitar el pecado y crecer en santidad de vida.
    Por lo que hemos iniciado aquí hoy y por lo dicho y acordado,
    Prometemos solemnemente unos a otros y a ustedes, el pueblo de Dios, que vamos a trabajar en todo lo posible para la protección de niños y jóvenes.
    Prometemos dedicar a esta meta los recursos y personal necesarios para llevarla a cabo.
    Prometemos hacer lo mejor para ordenar al sacerdocio y colocar en posiciones de confianza sólo a quienes compartan este compromiso de proteger a niños y jóvenes.
    Prometemos trabajar por la sanación y reconciliación de quienes fueron abusados sexualmente por clérigos.
    Hacemos estas promesas con un sentido de humildad ante nuestras propias limitaciones, y confiando en la ayuda de Dios y el apoyo de sus fieles sacerdotes y de su pueblo, a fin de trabajar con nosotros para cumplirlo.
    Sobre todo, creemos en las palabras de San Pablo, citadas por el Papa Juan Pablo II en abril de 2002, "allí donde abunda el pecado, la gracia sobreabunda" (Rm 5,20). Éste es el mensaje de la fe. Con esta fe, tenemos confianza en que no seremos conquistados por el mal, sino que venceremos el mal con el bien (Cfr. Rm 12,21).

    Estos Estatutos se publican para las diócesis/eparquías de Estados Unidos, y nosotros los obispos nos comprometemos a su implementación inmediata. Éstos serán revisados en dos años por la Conferencia de Obispos, con la asesoría del Comité Nacional de Revisión, creado en el Artí*** 9, a fin de asegurar su eficacia para resolver los problemas de abuso sexual de menores por parte de sacerdotes.

    El documento "Estatutos para la Protección de Niños y Jóvenes" fue elaborado por el Comité Ad Hoc sobre Abuso Sexual de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB). Fue aprobado por el cuerpo entero de obispos católicos de Estados Unidos en su Reunión General de junio de 2002 y está autorizado para su publicación por el suscrito.

    Monseñor William P. Fay
    Secretario General, USCCB

    Copyright © 2002 United States Conference of Catholic Bishops, Washington, D.C. 20017



    --------------------------------------------------------------------------------

    (*) C. 1395, §2. "Notar que una ofensa sexual que viola el §2 no necesita ser un acto completo de coito, ni se debe equiparar el término con las definiciones de abuso sexual u otros delitos bajo la ley civil. "El abuso sexual [incluye] contactos o interacciones entre un niño y un adulto cuando el niño está siendo utilizado como objeto de gratificación sexual para el adulto. Un niño es abusado haya o no haya existido actividad que involucre fuerza explícita, haya o no haya habido contacto genital o físico, haya o no haya sido iniciado por el niño y exista o no exista un resultado dañino discernible" (Conferencia Episcopal de Canadá, From Pain to Hope, 1992, p. 20). Si existiese alguna duda sobre si un acto específico satisface esta definición, se deberá consultar los escritos de reconocidos teólogos en la moral y, si fuese necesario, obtener la opinión de un reconocido experto (Canonical Delicts Involving Sexual Misconduct and Dismissal from the Clerical State [Delitos canónicos que implican mala conducta sexual y destitución del estado clerical], 1995, p. 6). Asimismo, hacemos notar que las reglas diocesanas/eparquiales deberán estar en conformidad con la ley civil."

    http://www.pepe-rodriguez.com/Sexo_clero/Documentos/Sexo_clero_pedofilia_Doc_Dallas.htm


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    Re: Pederastia en la Iglesia católica

    Mensaje por Sahú Ari Merek el Vie Nov 11, 2011 6:29 pm

    Cuando una organización como esta , tiene que crear tanta estructura escrita al respecto , es porque el desborde es imparable y su destrucción próxima .


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    Re: Pederastia en la Iglesia católica

    Mensaje por FranciscoBU el Vie Nov 11, 2011 6:34 pm

    S.A.M. escribió:Cuando una organización como esta , tiene que crear tanta estructura escrita al respecto , es porque el desborde es imparable y su destrucción próxima .

    asi es Maestro todo es para aparentar que hacen algo cuando todos sabemos que no hacen nada para evitarlo.

    Resumen de conclusiones estadísticas sobre la conducta sexual del clero católico

    La investigación realizada para este libro nos ha conducido a una serie de estimaciones que, aunque se valorarán en cada uno de los capítulos específicos, adelantamos ahora en los siguientes gráficos sobre los hábitos afectivo-sexuales del clero católico en activo:

    Hábitos afectivo-sexuales:

    Entre los sacerdotes actualmente en activo, un 95% de ellos se masturba, un 60% mantiene relaciones sexuales, un 26% soba a menores, un 20% realiza prácticas de carácter homosexual, un 12% es exclusivamente homosexual, y un 7% comete abusos sexuales graves con menores.

    Gráfico: "Hábitos afectivo-sexuales del clero" (12 Kb)

    A estos porcentajes de práctica afectivo-sexual, sólo referidos a los sacerdotes actualmente en activo dentro de la Iglesia Católica, habría que añadir el notable 20% de sacerdotes ordenados que se han secularizado y casado, o viven amancebados sin más.

    Preferencias sexuales:

    A partir de una muestra de 354 sacerdotes en activo que mantienen relaciones sexuales, puede dibujarse el perfil de las preferencias sexuales del clero analizado con el siguiente resultado: el 53% mantiene relaciones sexuales con mujeres adultas, el 21% lo hace con varones adultos, el 14% con menores varones y el 12% con menores mujeres.

    Gráfico: "Preferencias sexuales de los sacerdotes" (10 Kb)

    Se observa, por tanto, que un 74% de ellos se relaciona sexualmente con adultos, mientras que el 26% restante lo hace con menores; y que domina la práctica heterosexual en el 65% de los casos, frente al 35% que tienen orientación homosexual.

    Edad de inicio de las relaciones sexuales:

    Valorando los datos conocidos de los 354 sacerdotes en activo que constan en el archivo de este autor como sujetos con actividad heterosexual u homosexual habitual, se llega a la conclusión de que el 36% de ellos comenzó a mantener relaciones sexuales antes de los 40 años, mientras que el 64% restante lo hizo durante el período comprendido entre sus 40 y 55 años.

    Gráfico: "Edad inicio de relaciones sexuales" (12 Kb)

    El elevadísimo porcentaje de sacerdotes actuales que mantienen relaciones sexuales tiene su origen en muy diferentes causas que iremos viendo a lo largo de este libro. Uno de los primeros motivos a valorar es el sentimiento de crisis estructural y de falta de sentido vocacional que se ha instalado progresivamente entre los clérigos durante la segunda mitad de este siglo, y que se ha ido agravando a medida que su inmersión en medio de una sociedad de libertades les ha acentuado la realidad larvada de sus profundos problemas afectivo-sexuales.

    http://www.pepe-rodriguez.com/Sexo_clero/Sexo_clero_estadist.htm


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    Re: Pederastia en la Iglesia católica

    Mensaje por FranciscoBU el Vie Nov 11, 2011 6:36 pm

    Más de 4.000 sacerdotes acusados de abuso sexual en Estados Unidos desde 1950

    Fuente: BBC Mundo, 27-02-2004



    Iglesia/pederastia: miles de acusados
    El arzobispo de Boston renunció en medio de acusaciones de encubrimiento

    Un informe que será publicado este viernes en Estados Unidos revela que más de 4.000 sacerdotes católicos han sido acusados de abusos sexual desde 1950. Esta cifra representa el 4% de los clérigos que han servido en Estados Unidos en los últimos 50 años. También se indica que, en el mismo período, se presentaron unas 11.000 denuncias separadas.

    Grupos de apoyo a las víctimas han dicho que todas estas cifras aumentarán.

    Escándalo

    En los últimos dos años, la Iglesia católica en Estados Unidos ha enfrentado fuertes críticas por la falta de firmeza de los obispos para enfrentar abusos sexuales cometidos por sacerdotes, algunos en
    contra de niños.

    Quince meses atrás, el cardenal Bernard Law, de la Arquidiócesis de Boston, fue obligado a renunciar, luego de conocerse que había trasladado a sacerdotes acusados de una parroquia a otra, en lugar de tomar medidas drásticas.

    Robert Piggot, experto en temas religiosos de la BBC en Estados Unidos, indicó que, con el nuevo informe, la iglesia católica se verá de nuevo bajo gran presión para realizar cambios. Estos cambios, indica Piggot, podrían incluir la revisión del voto de castidad.





    --------------------------------------------------------------------------------

    Para más información acerca de la conducta encubridora del cardenal Law sobre cientos de delitos sexuales cometidos por sacerdotes de su diócesis, y para conocer a fondo la política de encubrimiento sistemático del clero delincuente sexual que practican los prelados de todo el mundo por mandato del Papa y de la legislación eclesiástica, puede consultarse el libro del autor de este web:
    Rodríguez, P. (2002). Pederastia en la Iglesia católica. Barcelona: © Ediciones B.

    http://www.pepe-rodriguez.com/Sexo_clero/Casos/Sexo_clero_4000_acusados_Usa.htm


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    Re: Pederastia en la Iglesia católica

    Mensaje por FranciscoBU el Vie Nov 11, 2011 6:40 pm

    Informes sobre la violación de decenas de monjas por sacerdotes católicos en 23 países.

    La revista norteamericana National Catholic Reporter ha publicado los informes realizados por las religiosas María O'Donohue y Maura McDonald en los que denuncian violaciones, abortos y todo tipo de abusos sexuales cometidos por sacerdotes católicos.

    En esta página se reproduce el informe original de la revista NCR, un artí*** de prensa, la nota de prensa elaborada por el autor de este web, el importante informe elaborado por la hermana Fangman mucho antes de que estallara este escándalo, y la Resolución aprobada por el Parlamento Europeo a propósito de estos delitos del clero católico.

    El País, 21-3-2001(El Vaticano reconoce que cientos de monjas han sido violadas por misioneros)

    National Catholic Reporter, March 16, 2001 (Reports of abuse)

    National Catholic Reporter, March 16, 2001 (Inside NCR)

    Nota de prensa enviada por el autor de este site web, 23-3-2001

    Informe "Las raíces eclesiásticas de los abusos a las monjas" de Esther Fangman (monja benedictina y psicóloga), septiembre 2000. Traducción al español.

    Resolución del Parlamento Europeo "Sobre la violencia sexual contra las mujeres y en particular contra religiosas católicas", Estrasburgo, 5 de abril 2001.


    --------------------------------------------------------------------------------

    El País, miércoles 21 de marzo de 2001

    El Vaticano reconoce que cientos de monjas han sido violadas por misioneros (*)

    (*) Nota del webmaster: no fueron "misioneros" los violadores sino sacerdores diocesanos, aunque también es cierto que los misioneros conocieron los hechos y los encubrieron).

    El Vaticano admite el problema, comprobado en 23 países, y anuncia que se está afrontando

    LOLA GALÁN | Roma

    Centenares de monjas en 23 países, la mayoría en África, han denunciado haber sufrido abusos sexuales, a veces sistemáticos, por parte de sacerdotes y misioneros. Los datos figuran en varios informes de la religiosa Maria O'Donohue y en otro de Maura McDonald, publicados por la revista norteamericana National Catholic Reporter. El portavoz vaticano, Joaquín Navarro Valls, reconoció ayer que el problema es 'conocido' y que 'se está afrontando', pero lo circunscribió a 'un área geográfica limitada' refiriéndose a África, aunque sin mencionar el continente.

    Los abusos sexuales dentro de las congregaciones religiosas comenzaron a denunciarse en los años noventa. El 18 de febrero de 1995 la religiosa Maura O'Donohue, coordinadora del programa sobre el sida de Caritas Internacional y del Cafod (Fondo Católico de Ayuda al Desarrollo), presentó un informe sobrecogedor al presidente de los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica, el cardenal español Eduardo Martínez Somalo. El cardenal, sorprendido por las dimensiones del problema, encargó investigar la situación a un grupo de trabajo presidido por O' Donohue.

    La nueva investigación dibujó un panorama aún más inquietante. La lista de abusos es variada y descorazonadora: el informe incluye casos de novicias violadas por los sacerdotes a quienes tienen que solicitar los certificados oportunos, habla de médicos de hospitales católicos que se ven asediados por sacerdotes que les llevan 'a monjas y otras jóvenes para abortar'. O'Donohue cita un caso extremo, el de 'un sacerdote que obliga a abortar a una monja, ella muere y él oficia la misa de difuntos' por la joven fallecida.

    Peso de las culturas

    Aunque el informe, recogido ayer por el diario italiano La Repubblica, recoge denuncias de abusos en 23 países, de Burundi a Filipinas, de India a Colombia, de Irlanda a Italia y a EE UU, lo cierto es que el grueso de los casos se produce en África. Los progresos de la Iglesia en ese continente, donde el aumento de las vocaciones y el incremento de fieles son incesantes, podrían ser tan grandes como superficiales a tenor de estos datos que reflejan el peso enorme de las culturas propias, incluso en los hombres y mujeres que han optado por la vida religiosa. Sin especificar el nombre del país, el informe reconoce que determinadas culturas representan un serio inconveniente para el mantenimiento de los principios de la vida religiosa. En el continente africano, explica el texto, es 'imposible para una mujer rechazar a un hombre, sobre todo si es anciano y en especial si es un sacerdote', y la cultura está lejos de favorecer el celibato.

    Son situaciones agravadas por la extensión del sida, como viene a demostrar otro informe redactado por la misma religiosa y entregado a las autoridades eclesiásticas en 1994. O'Donohue comprobó que el fenómeno del sida había convertido a las religiosas en un grupo 'seguro' desde el punto de vista sanitario, lo que aumentaba el interés de los sacerdotes por ellas. A este respecto se cita el caso de la superiora de un convento que fue contactada por unos sacerdotes interesados en mantener relaciones sexuales seguras con las religiosas.

    En el informe de O'Donohue se habla de religiosos que piden a las monjas que recurran a la píldora y, en concreto, se alude a una comunidad religiosa femenina en la que la superiora solicitó la intervención del obispo tras comprobar que una serie de sacerdotes de la diócesis habían dejado embarazadas a 29 monjas. La reacción del obispo fue fulminante: la superiora 'fue suspendida' y sustituida por otra religiosa.

    Estos datos han sido avalados por otro informe presentado en 1998 por Marie McDonald, superiora de las Hermanas Misioneras de Nuestra Señora de África, en el que se pasa revista a las diferentes estrategias de acoso. Unas veces son sacerdotes que reclaman una especie de contraprestación sexual a cambio de la confesión. Otras el abuso se produce a partir de 'una dependencia financiera de las monjas de sacerdotes que pueden pedir a cambio favores sexuales'. McDonald está convencida de que hay que actuar con rapidez para atajar un problema que aumenta, y no parece satisfecha de la línea de actuación más bien tímida iniciada por el Vaticano.

    Una línea que Navarro Valls resumió ayer así: 'La Santa Sede está tratando la cuestión en colaboración con los obispos, con la Unión Superior de Generales y con la Unión Internacional de Superiores generales. Se trabaja en la doble vertiente de la formación de las personas y de la solución de cada caso particular'. En su comunicado el portavoz vaticano recuerda, no obstante: 'Unas cuantas situaciones negativas no pueden hacer olvidar la fidelidad con frecuencia heroica de la gran mayoría de los religiosos, religiosas y sacerdotes'.

    Dos semanas de retiro por violar a la novicia

    EL PAÍS | Madrid

    Algunas de las denuncias del informe de O'Donohue, publicadas en la revista National Catholic Reporter, son:

    - En ciertos niveles, las candidatas a la vida religiosa tienen que prestar favores sexuales a los sacerdotes para acceder a los certificados necesarios y/o recomendaciones para trabajar en una diócesis.

    - En algunos países, las monjas tienen que afrontar las dificultades que implica el verse obligadas a abandonar la congregación si se quedan embarazadas; en cambio, el sacerdote implicado puede seguir desempeñando su ministerio. Más allá de la rectitud, se plantea una cuestión de justicia social, ya que la monja tiene entonces que cuidar al niño como madre soltera, a menudo estigmatizada y en circunstancias socioeconómicas de suma pobreza. Como han perdido su estatus en la cultura local, algunas se ven forzadas a convertirse en la segunda o tercera esposa en una familia. La alternativa es prostituirse.

    - Algunos sacerdotes engañaban a las monjas haciéndolas creer que la píldora anticonceptiva evita el contagio del sida.

    - En varios países, los miembros de los consejos de las parroquias están poniendo en entredicho a sus pastores por sus relaciones sexuales con mujeres y muchachas. Algunas de ellas son esposas de feligreses que están furiosos por la situación, pero se hallan desconcertados a la hora de denunciar al sacerdote. Una parroquia llegó a ser atacada por feligreses con armas de fuego, muy exaltados por el abuso de poder y las traiciones de los sacerdotes.

    - Se sabe que algunos curas se relacionan con varias mujeres y tienen hijos de más de una de ellas. Muchos testimonios citados por el informe manifiestan que los feligreses esperan la oportunidad de presentarse voluntarios para hablar en una homilía dialogada y denunciar públicamente a algunos curas por su doble rasero entre lo que predican y lo que hacen.

    - Una mujer recién convertida del islam al cristianismo fue aceptada como novicia en una congregación local. Cuando fue a solicitar al párroco los certificados correspondientes, éste la violó como requisito previo. Como ella había sido repudiada por su familia por abandonar el islam, no podía volver a casa, por lo que se unió a la congregación. Poco después supo que estaba embarazada. No le quedó más remedio que huir y pasó diez días deambulando por la selva. Por fin decidió ir a ver al obispo, que llamó al cura. Éste aceptó la acusación y fue castigado con un retiro de dos semanas.

    - Desde los años ochenta, en varios países, las monjas se niegan a viajar solas en coche en compañía de un sacerdote por miedo a sufrir abusos.

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    --------------------------------------------------------------------------------

    National Catholic Reporter, March 16, 2001

    Reports of abuse

    AIDS exacerbates sexual exploitation of nuns, reports allege

    By JOHN L. ALLEN JR. and PAMELA SCHAEFFER NCR

    Staff, Rome and Kansas City, Mo.

    Several reports written by senior members of women's religious orders and by an American priest assert that sexual abuse of nuns by priests, including rape, is a serious problem, especially in Africa and other parts of the developing world. The reports allege that some Catholic clergy exploit their financial and spiritual authority to gain sexual favors from religious women, many of whom, in developing countries, are culturally conditioned to be subservient to men. The reports obtained by NCR -- some recent, some in circulation at least seven years -- say priests at times demand sex in exchange for favors, such as permission or certification to work in a given diocese. The reports, five in all, indicate that in Africa particularly, a continent ravaged by HIV and AIDS, young nuns are sometimes seen as safe targets of sexual activity. In a few extreme instances, according to the documentation, priests have impregnated nuns and then encouraged them to have abortions.

    In some cases, according to one of the reports, nuns, through naiveté or social conditioning to obey authority figures, may readily comply with sexual demands.

    Although the problem has not been aired in public, the reports have been discussed in councils of religious women and men and in the Vatican.

    In November 1998, a fourpage paper titled "The Problem of the Sexual Abuse of African Religious in Africa and Rome" was presented by Missionaries of Our Lady of Africa Sr. Marie McDonald, the report's author, to the Council of 16, a group that meets three times a year. The council is made up of delegates from three bodies: the Union of Superiors General, an association of men's religious communities based in Rome, the International Union of Superiors General, a comparable group for women, and the Con-gregation for Institutes of Consecrated Life and Societies of Apostolic Life, the Vatican office that oversees religious life.

    Last September, Benedictine Sr. Esther Fangman, a psychological counselor and president of the Federation of St. Scholastica, raised the issue in an address at a Rome congress of 250 Benedictine abbots. The federation is an organization of 22 monasteries in the United States and two in Mexico.

    Five years earlier, on Feb. 18, 1995, Cardinal Eduardo Martínez, prefect of the Vatican congregation for religious life, along with members of his staff, were briefed on the problem by Medical Missionary of Mary Sr. Maura O'Donohue, a physician.

    O'Donohue is responsible for a 1994 report that constitutes one of the more comprehensive accounts. At the time of its writing, she had spent six years as AIDS coordina-tor for the Catholic Fund for Overseas Development based in London.

    Though statistics related to sexual abuse of religious women are unavailable, most religious leaders interviewed by NCR say the frequency and consistency of the reports of sexual abuse point to a problem that needs to be addressed.

    "I don't believe these are simply exceptional cases," Benedictine Fr. Nokter Wolf, abbot primate of the Benedictine order, told NCR. "I think the abuse described is happening. How much it happens, what the numbers are, I have no way of knowing. But it is a serious matter, and we need to discuss it."

    Wolf has made several trips to Africa to visit Benedictine institutions and is in contact with members of the order there.

    In her reports, O'Donohue links the sexual abuse to the prevalence of AIDS in Africa and concerns about contracting the disease.

    "Sadly, the sisters also report that priests have sexually exploited them because they too had come to fear contamination with HIV by sexual contact with prostitutes and other 'at risk' women," she wrote in 1994.

    O'Donohue declined requests for interviews with NCR.

    In some cultures, O'Donohue wrote, men who traditionally would have sought out prostitutes instead are turning to "secondary school girls, who, because of their younger age, were considered 'safe' from HIV."

    Similarly, religious sisters "constitute another group which has been identified as 'safe' targets for sexual activity," O'Donohue wrote.

    "For example," O'Donohue wrote, "a superior of a community of sisters in one country was approached by priests requesting that sisters would be made available to them for sexual favors. When the superior refused, the priests explained that they would otherwise be obliged to go to the village to find women, and might thus get AIDS."

    O'Donohue wrote that at first she reacted with "shock and disbelief" at the "magnitude" of the problem she was encountering through her contacts with "a great number of sisters during the course of my visits" in a number of countries.

    Different view of celibacy

    "The AIDS pandemic has drawn attention to issues which may not previously have been considered significant," she wrote. "The enormous challenges which AIDS poses for members of religious orders and the clergy is only now becoming evident."

    In a report on her 1995 meeting with Cardinal Martínez in the Vatican, O'Donohue noted that celibacy may have different meanings in different cultures. For instance, she wrote in her report, a vicar general in one African diocese had talked "quite openly" about the view of celibacy in Africa, saying that "celibacy in the African context means a priest does not get married but does not mean he does not have children."

    Of the world's 1 billion Catholics, 116.6 million -- about 12 percent -- live in Africa. According to the 2001 Catholic Almanac, 561 are bishops and archbishops, 26,026 are priests and 51,304 are nuns.

    In addition to such general overviews, Martínez's office has also received documentation on specific cases. In one such incident, dating from 1988 in Malawi and cited in O'Donohue's 1994 report, the leadership team of a diocesan women's congregation was dismissed by the local bishop after it complained that 29 sisters had been impregnated by diocesan priests. Western missionaries helped the leadership team compile a dossier that was eventually submitted to Rome.

    One of those missionaries, a veteran of more than two decades in Africa, said the Malawi case was complex and the issue of sexual liaisons was not the only factor in-volved. She described the incident in a not-for-attribution interview with NCR.

    The missionary said the leadership team had adopted rules preventing sisters from spending the night in a rectory, banning priests from staying overnight in convents and prohibiting sisters from being alone with priests. The rules were intended to reduce the possibility of sexual contact.

    Several sources told NCR that religious communities as well as church officials have taken steps to correct the problem, though they were reluctant to cite specific examples.

    Others say the climate of secrecy that still surrounds the issue indicates more needs to be done.

    The secrecy is due in part to efforts by religious orders to work within the system to address the problems and in part to the cultural context in which they occur. In sub-Saharan Africa, for instance, where the problems are reportedly the most severe, sexual behavior and AIDS are rarely discussed openly. Among many people in that region of Central and Southern Africa, sexual topics are virtually taboo, according to many who have worked there.

    Expressing frustration at unsuccessful efforts to get church officials to address the problem, O'Donohue wrote in 1994, "Groups of sisters from local congregations have made passionate appeals for help to members of international congregations and ex-plain that, when they themselves try to make representations to church authorities about harassment by priests, they simply 'are not heard.'

    " The Vatican press office did not respond to NCR requests for comment on this story. O'Donohue wrote that, although she was aware of incidents in some 23 countries, including the United States, on five continents, the majority happened in Africa.

    Ironically, given the reticence of many Africans to talk about sex, casual sex is common in parts of Africa, and sexual abstinence is rare. It's a culture in which AIDS thrives. Experts say the view derives from a deeply rooted cultural association between male-ness and progeny -- a view that makes the church's insistence on celibacy difficult not only in practice but also in concept for some African priests.

    AIDS rampant in Africa

    Some 25.3 million of the world's 36.1 million HIV-positive persons live in sub-Saharan Africa. Since the epidemic began in the late 1970s, 17 million Africans have died of AIDS, according to the World Health Organization. Of the 5.3 million new cases of HIV infection in 2000, 3.8 million occurred in Africa.

    According to a graphic article on AIDS in sub-Saharan Africa in the Feb. 12 issue of Time magazine, "Casual sex of every kind is commonplace. Everywhere there's pre-marital sex, sex as recreation. Obligatory sex and its abusive counterpart, coercive sex. Transactional sex: sex as a gift, sugar-daddy sex. Extramarital sex, second families, multiple partners."

    Further, Time reported, women, taught from birth to obey men, feel powerless to pro-tect themselves from men's sexual desires.

    Even accounting for promiscuity -- which in fact, some experts have argued, is no less a problem in Western nations -- the religious men and women raising the issue of sex-ual exploitation of religious women say the situations they report on are clearly intoler-able and, in some cases, approach the unspeakable.

    In one instance, according to O'Donohue, a priest took a nun for an abortion, and she died during the procedure. He later officiated at her requiem Mass.

    Harassment common

    In McDonald's report, she states that "sexual harassment and even rape of sisters by priests and bishops is allegedly common," and that "sometimes when a sister becomes pregnant, the priest insists that she have an abortion." She said her report referred mainly to Africa and to African sisters, priests and bishops -- not because the problem is exclusively an African one, but because the group preparing the report drew "mainly on their own experience in Africa and the knowledge they have obtained from the members of their own congregations or from other congregations -- especially diocesan congregations in Africa."

    "We know that the problem exists elsewhere too," she wrote.

    "It is precisely because of our love for the church and for Africa that we feel so distressed about the problem," McDonald wrote.

    McDonald's was the report presented in 1998 to the Council of 16. She declined to be interviewed by NCR.

    When a sister becomes pregnant, McDonald wrote, she is usually punished by dis-missal from the congregation, while the priest is "often only moved to another parish -- or sent for studies."

    In her report, McDonald wrote that priests sometimes exploit the financial dependency of young sisters or take advantage of spiritual direction and the sacrament of reconciliation to extort sexual favors.

    McDonald cites eight factors she believes give rise to the problem:

    The fact that celibacy and/or chastity are not values in some countries.

    The inferior position of women in society and the church. In some circumstances "a sister … has been educated to regard herself as an inferior, to be subservient and to obey."

    "It is understandable then, that a sister finds it impossible to refuse a cleric who asks for sexual favours. These men are seen as 'authority figures' who must be obeyed."

    "Moreover, they are usually more highly educated and they have received a much more advanced theological formation than the sisters. They may use false theological arguments to justify their requests and behaviour. The sisters are easily impressed by these arguments. One of these goes as follows:

    " 'We are both consecrated celibates. That means that we have promised not to marry. However, we can have sex together without breaking our vows.' "

    The AIDS pandemic, which means sisters are more likely to be seen as "safe."

    Financial dependence created by low stipends for sisters laboring in their home countries or inadequate support for sisters sent abroad for studies. The problem of sexual abuse in Africa is most common, according to many observers, among members of di-ocesan religious congregations with little money and no network of international support.

    A poor understanding of consecrated life, both by the sisters and also by bishops, priests, and lay people.

    Recruitment of candidates by congregations that lack adequate knowledge of the culture.

    Sisters sent abroad to Rome and other countries for studies are often "too young and/or immature," lack language skills, preparation and other kinds of support, and "frequently turn to seminarians and priests for help," creating the potential for exploitation.

    "I do not wish to imply that only priests and bishops are to blame and that the sisters are simply their victims," McDonald wrote. "No, sisters can sometimes be only too willing and can also be naïve."

    Silence. "Perhaps another contributing factor is the 'conspiracy of silence' surrounding this issue," McDonald wrote. "Only if we can look at it honestly will we be able to find solutions."

    The American priest who gave a similar account of sexual abuse of women religious is Fr. Robert J. Vitillo, then of Caritas and now executive director of the U.S. bishops' Campaign for Human Development. In March 1994, a month after O'Donohue wrote her report, Vitillo spoke about the problem to a theological study group at Boston Col-lege. Vitillo has extensive knowledge of Africa based on regular visits for his work. His talk, which focused on several moral and ethical issues related to AIDS, was titled, "Theological Challenges Posed by the Global Pandemic of HIV/AIDS."

    'Necessary to mention'

    Vitillo, a priest of the Paterson, N.J., diocese, declined requests from NCR for an interview on the content of his talk.

    He told the gathering at Boston College that nuns had been targeted by men, particularly clergy, who may have previously frequented prostitutes.

    "The last ethical issue which I find especially delicate but necessary to mention," he said, "involves the need to denounce sexual abuse which has arisen as a specific result of HIV/AIDS. In many parts of the world, men have decreased their reliance on commercial sex workers because of their fear of contracting HIV. … As a result of this widespread fear, many men (and some women) have turned to young (and therefore presumably uninfected) girls (and boys) for sexual favors. Religious women have also been targeted by such men, and especially by clergy who may have previously frequented prostitutes. I myself have heard the tragic stories of religious women who were forced to have sex with the local priest or with a spiritual counselor who insisted that this activity was 'good' for the both of them.

    "Frequently, attempts to raise these issues with local and international church authorities have met with deaf ears," said Vitillo. "In North America and in some parts of Europe, our church is already reeling under the pedophilia scandals. How long will it take for this same institutional church to become sensitive to these new abuse issues which are resulting from the pandemic?"

    The specific circumstances outlined in the O'Donohue report are as follows: In some instances, candidates to religious life had to provide sexual favors to priests in order to acquire the necessary certificates and/or recommendations to work in a diocese.

    In several countries, sisters are troubled by policies that require them to leave the congregation if they become pregnant, while the priest involved is able to continue his min-istry. Beyond fairness is the question of social justice, since the sister is left to raise the child as a single parent, "often with a great deal of stigmatization and frequently in very poor socioeconomic circumstances. I was given examples in several countries where such women were forced into becoming a second or third wife in a family because of lost status in the local culture. The alternative, as a matter of survival, is to go 'on the streets' as prostitutes" and thereby "expose themselves to the risk of HIV, if not already infected."

    "Superior generals I have met were extremely concerned about the harassment sisters were experiencing from priests in some areas. One superior of a diocesan congregation, where several sisters became pregnant by priests, has been at a complete loss to find an appropriate solution. Another diocesan congregation has had to dismiss over 20 sisters because of pregnancy, again in many cases by priests.

    "Some priests are recommending that sisters take a contraceptive, misleading them that 'the pill' will prevent transmission of HIV. Others have actually encouraged abortion for sisters with whom they have been involved. Some Catholic medical professionals employed in Catholic hospitals have reported pressure being exerted on them by priests to procure abortions in those hospitals for religious sisters.

    "In a number of countries, members of parish councils and of small Christian communi-ties are challenging their pastors because of their relationships with women and young girls generally. Some of these women are wives of the parishioners. In such circumstances, husbands are angry about what is happening, but are embarrassed to challenge their parish priest. Some priests are known to have relations with several women, and also to have children from more than one liaison. Laypeople spoke with me about the concerns in this context stating that they are waiting for the day when they will have dialogue homilies. This, they volunteered, will afford them an opportunity to challenge certain priests on the sincerity of their preaching and their apparent double standards. In one country visited, I was informed that the presbytery in a particular parish was at-tacked by parishioners armed with guns because they were angry with the priests because of their abuse of power and the betrayal of trust which their actions and lifestyles reflected.

    "In another country a recent convert from Islam (one of two daughters who became Christians) was accepted as a candidate to a local religious congregation. When she went to her parish priest for the required certificates, she was subjected to rape by the priest before being given the certificates. Having been disowned by her family because of becoming a Christian, she did not feel free to return home. She joined the congrega-tion and soon afterwards found she was pregnant. To her mind, the only option for her was to leave the congregation, without giving the reason. She spent 10 days roaming the forest, agonizing over what to do. Then she decided to go and talk to the bishop, who called in the priest. The priest accepted the accusation as true and was told by the bishop to go on a two-week retreat.

    "Since the 1980s in a number of countries sisters are refusing to travel alone with a priest in a car because of fear of harassment or even rape. Priests have also on occasion abused their position in their role as pastors and spiritual directors and utilized their spiritual authority to gain sexual favors from sisters. In one country, women supe-riors have had to request the bishop or men superiors to remove chaplains, spiritual di-rectors or retreat directors after they abused sisters."

    Those most directly affected are the women abused, wrote O'Donohue. The effects extend, however, to the wider community and include disillusionment and cynicism. The abused and others in the community "find the foundation of their faith is suddenly shattered."

    Many whose faith has been shattered are from families that look unfavorably on religious vocations and who "question why celibacy should be so strongly proclaimed by the same people who are seemingly involved in sexually exploiting others. This is seen as hypocrisy or at least as promoting double standards," O'Donohue wrote.

    Some observers say that in the wake of such reports, steps have been taken to address the problem.

    New guidelines

    Wolf, the Benedictine leader in Rome, said, "Several monasteries already have guidelines in case a monk is accused of sexual misconduct, taking care of the individuals concerned, the victim included. I pushed this question in our congregation. We need sincerity and justice."

    A Vatican official told NCR that "there are initiatives at multiple levels" to raise awareness about the potential for sexual abuse in religious life. The official cited efforts within conferences of religious superiors, within bishops' conferences, and within particular communities and dioceses.

    Most of these, the official said, were steps the Vatican is "aware of" and "supporting" rather than organizing or initiating.

    The Vatican official was willing to speak anonymously about the problem with NCR. The official noted two signs that the culture in the church is changing. In specific cases, the official said, the response from church leaders is more aggressive and swift; and in general, there is a climate within religious life that these things have to be discussed. "Talking about it is the first step towards a solution," the official said.

    Church officials have not always, however, been open to such exchanges. McDonald wrote in her 1998 report that in March of that year she had spoken to the standing committee of the Symposium of Episcopal Conferences of Africa and Madagascar, the consortium of African bishops' conferences, on the problem of sexual abuse of sisters. "Since most of what I gave was based on reports coming from diocesan congregations and Conferences of Major Superiors in Africa, I felt very convinced of the authenticity of what I was saying," McDonald wrote.

    Yet, "the bishops present felt that it was disloyal of the sisters to have sent such reports outside their dioceses," McDonald wrote. "They said that the sisters in question should go to their diocesan bishop with these problems."

    "Of course," she wrote, "this would be the ideal. However, the sisters claim that they have done so time and time again. Sometimes they are not well received. In some in-stances they are blamed for what has happened. Even when they are listened to sym-pathetically, nothing much seems to be done."

    Sigue.....

    http://www.pepe-rodriguez.com/Sexo_clero/Casos/Sexo_clero_violacion_monjas.htm


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    Re: Pederastia en la Iglesia católica

    Mensaje por FranciscoBU el Vie Nov 11, 2011 6:41 pm


    Continua....

    Informes sobre la violación de decenas de monjas por sacerdotes católicos en 23 países.

    Worth talking about

    Whatever positive steps have been taken, the problem remains a live concern for religious women. In an interview at her home in Kansas City, Mo., Fangman, the nun who raised the issue last September at a gathering of Benedictine abbots in Rome, told NCR that she had heard the stories about sisters being sexually abused by priests during informal discussions at meetings of abbesses and prioresses worldwide.

    "The sisters who brought it up were deeply hurt by it and found it very painful -- and very painful to talk about," she said. Because of the pain that she and others were hearing, "we decided that it was worth also beginning to talk about in a more open way, and we had the opportunity at our regular meeting with the Congress of Abbots," she said.

    Fangman said her report to the Benedictine abbots was based on the conversations with sisters and on the material in O'Donohue's reports.

    Fangman's talk was published in a recent issue of the Alliance for International Monasticism Bulletin, a mission magazine of the order.

    O'Donohue's report was prepared in a similar spirit: in hope of promoting change. She wrote in her report that she had prepared it "after much profound reflection and with a deep sense of urgency since the subjects involved touch the very core of the church's mission and ministry."

    The information on abuse of nuns by priests "comes from missionaries (men and women); from priests, doctors and other members of our loyal ecclesial family," she wrote. "I have been assured that case records exist for several of the incidents" de-scribed in the report, she said, "and that the information is not just based on hearsay." The 23 countries listed in her report are: Botswana, Burundi, Brazil, Colombia, Ghana, India, Ireland, Italy, Kenya, Lesotho, Malawi, Nigeria, Papua New Guinea, Philippines, South Africa, Sierra Leone, Tanzania, Tonga, Uganda, United States, Zambia, Zaire, Zimbabwe.

    Her hope, she wrote, is that the report "will consequently motivate appropriate action especially on the part of those in positions of church leadership and those responsible for formation."

    John Allen's e-mail address is jallen@natcath.org. Pamela Schaeffer's e-mail address is pschaeffer@natcath.org

    Documents related to the above story will be available on the NCR Web site at www.natcath.com/NCR_Online/documents/index.htm

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    National Catholic Reporter, March 16, 2001

    Inside NCR

    This week's cover story is a jarring account of misused power and abuse that has re-mained largely hidden amid layers of cultural idiosyncrasies and church bureaucracy.

    The first hints of the story began circulating several years ago. In early 1999 we began to dig for more details related to the content of two reports that came our way, one from several sources. We were also seeking an assessment of the dimensions of the prob-lem and some indications of what was being done to address the issue.

    Then other reports came to our attention. We became aware that the topic was being discussed in many gatherings of religious women.

    It is deeply disturbing material.

    The people who gathered the primary data for the reports on which the story is based, respected members of religious communities, professionals responsible for the church's work in the wider world, did not intend to come to the press with it. Their in-tent, we believe, was to awaken religious communities to the abuse and to alert the Vatican, hoping that something would be done.

    We could find little evidence that anything was being done through formal church channels.

    In the reporting of this story, Managing Editor Pam Schaeffer and Rome Correspondent John L. Allen Jr. found that those who compiled the reports were reluctant to provide further details.

    Their reluctance is understandable. No one who has given a life of service to the church wants to be perceived as betraying the institution or speaking ill of it in public. Some are convinced that sensitive and embarrassing matters are best handled in pri-vate, through church channels. It is, finally, axiomatic that this papacy, with its ban on discussion of ordaining women, optional celibacy and married priests, is not conducive to discussion of even more difficult issues.

    I wrestled with this story for its implications beyond the church. We weren't eager to spotlight one more agony for Africa, a continent already besieged with war, poverty and epidemics.

    We're keenly aware that the scourge of AIDS in Africa could be diminished if Western nations mustered the will to help (see NCR, Nov. 5, 1999). It is an international scandal that so many Africans continue to die of AIDS without treatment readily available in other countries.

    Weighing injustices, one against the other, however, does no one justice. The wounds caused by sexual abuse won't heal if left alone, and indeed may never heal. They are, however, as much a part of the 21st century Catholic story as were all the golden moments of the Jubilee.

    The Jesuit theologian John Courtney Murray once wrote: "Through the rights of the people, the freedom of the press knows only one limitation, and that is the people's need to know. And I think within the church as within civil society, the need of the peo-ple to know is in principle unlimited."

    In this case, the wider church community needs to know of this tragedy in order to be-gin dealing with it. Women who have been victims must know they are not abandoned or ignored to protect the institution. It is also our hope that airing the reports will provide some safety for women religious who may be in vulnerable circumstances and that it will prevent further abuse.

    The Christian endeavor survived Peter's denial of Jesus. We all live in the tradition of that denial as much as in the tradition of the Resurrection. The alleged abuse and rape of young nuns in Africa is a modern denial. Failing to fulfill our role as journalists would only amplify the echo, through the ages, of Peter's line: "Woman, I do not know him." We do know him. Forgiveness and redemption are ours, but not before evil is named and confronted.

    Tom Roberts My email address is troberts@natcath.org

    National Catholic Reporter, March 16, 2001

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    Nota de prensa enviada por el autor de este site web:

    La reciente publicación, por parte de la revista norteamericana National Catholic Reporter, del contenido de varios informes realizados por las religiosas María O'Donohue y Maura McDonald, que denuncian la violación de cientos de monjas en 23 países, así como embarazos, abortos y un sin fin de tropelías sexuales, ha puesto de nuevo sobre la mesa la espinosa cuestión de la vida sexual del clero católico.

    La novedad, ahora, es que el Vaticano ha declarado conocer la existencia de estos delitos sexuales... aunque, tal como es norma de actuación de las autoridades eclesiásticas, no han hecho nada para poner fin a esa situación ni para castigar a los culpables a pesar de que fueron informados de los delitos hace más de 6 años.

    Desde los ámbitos católicos intenta quitarse importancia a estos hechos argumentando que "sólo" suceden en países africanos, por una cuestión estrictamente cultural (más abajo analizaremos esta cuestión), pero, lamentablemente, los abusos sexuales del clero católico son muy importantes en todo el mundo, incluidos los países más desarrollados, entre los que está España.

    Tal como ya saben la mayoría de los receptores de este e-mail, yo conozco bien la situación española, ya que realicé en 1995 el primer y único estudio riguroso sobre el comportamiento sexual de su clero. Trabajando con una base de datos extraordinariamente amplia (ver la metodología de la investigación en la sección temática "Sexualidad del clero" de mi site web: http://www.pepe-rodriguez.com) y en la constan pruebas irrefutables del historial sexual de casi 400 sacerdotes actualmente en activo, se documentó la siguiente realidad estadística:

    Entre los sacerdotes actualmente en activo, un 95% de ellos se masturba, un 60% mantiene relaciones sexuales, un 26% soba a menores, un 20% realiza prácticas de carácter homosexual, un 12% es exclusivamente homosexual, y un 7% comete abusos sexuales graves con menores.

    Las preferencias sexuales del clero analizado son las siguientes: el 53% mantiene relaciones sexuales con mujeres adultas, el 21% lo hace con varones adultos, el 14% con menores varones y el 12% con menores mujeres. Se observa, por tanto, que un 74% de ellos se relaciona sexualmente con adultos, mientras que el 26% restante lo hace con menores; y que domina la práctica heterosexual en el 65% de los casos, frente al 35% que tienen orientación homosexual.

    Entre los sujetos con actividad heterosexual u homosexual habitual, el 36% comenzó a mantener relaciones sexuales antes de los 40 años, mientras que el 64% restante lo hizo durante el período comprendido entre sus 40 y 55 años.

    Los gráficos y otros datos estadísticos pueden encontrarse en http://www.pepe-rodriguez.com y, claro, en el trabajo original publicado en el libro La vida sexual del clero. Los datos estadísticos mencionados pueden ser extrapolables a la situación que se está viviendo entre el clero católico de otros países con estructura social similar a la española.

    Otras investigaciones, como la realizada un año antes, 1995, en la Universidad de Salamanca y publicada por el Ministerio de Asuntos Sociales, afloraron un dato no menos trágico: del total de españoles que han sufrido abusos sexuales siendo menores, un 10 por ciento fue abusado por un sacerdote católico.

    Cuando se publicó mi libro, del que en España se han vendido más de 55.000 ejemplares a pesar de la censura impuesta por muchos medios de comunicación, la cúpula del clero español me acusó de mentir y de buscar el escándalo. Curiosamente, ninguno de entre las decenas de sacerdotes y obispos en activo que se mencionan, con su nombre y apellidos, en mi libro, ha presentado jamás una demanda judicial contra mi; la razón es evidente: lo que se cuenta en él es absolutamente cierto, tal como tuvo el valor de reconocer el portavoz de la Conferencia Episcopal portuguesa (ver su carta en mi site web).

    Obviamente, también se me acusó de mentir cuando hace años afirmé que en la India, país que conozco bien, se estaba violando sistemáticamente a decenas de monjas por parte de algunos sacerdotes católicos. Sin tener que irnos tan lejos, en España, entre los mismos sacerdotes se conoce el prototipo que ellos llaman "gañán de monjas" o "semental de monjas", que son sacerdotes especializados en seducir a monjas.

    Hasta teólogos católicos muy críticos con la Iglesia, como Enrique Miret Magdalena, gran persona y buen amigo mío, descalificaron mi libro... aunque ahora tengan que tragarse sus propias palabras ante la realidad que ellos mismos denuncian: según el propio Miret Magdalena (Ver El País de 22-3-2001), recientes estudios sociológicos norteamericanos han desvelado que sólo el 2% de los sacerdotes cumple el celibato; mi estudio, en todo caso, se quedaba muy por debajo de este dato porque, tal como ya advertía en él, prefería acogerme a las cifras más modestas posibles, aunque sabía que la realidad del problema era superior.

    Nada nuevo tampoco en el dato que aporta Miret sobre norteamérica, ya en mi libro documentaba que, en 1995, unos 400 sacerdotes católicos habían sido ya condenados en USA por delitos sexuales cometidos contra menores y que al menos una cifra similar estaban a la espera de juicio. Las indemnizaciones que ha tenido que pagar la Iglesia católica han sido de miles de millones de pesetas; tanto, que en algunos países la Iglesia católica ha contratado un seguro de responsabilidad civil para responder ante las previsibles demandas contra el clero por delitos sexuales.

    La situación de Estados Unidos no es atípica ni única, sólo que allá las víctimas no temen enfrentarse a la Iglesia. En España hay pánico a la institución y por eso apenas se denuncian los abusos sexuales del clero, y en no pocos juzgados se ha protegido con descaro al sacerdote acusado (algunos expedientes judiciales que lo prueban obran en mi archivo).

    La Iglesia conoce perfectamente esta situación desde siempre y jamás hace otra cosa que no sea encubrir los hechos. Puedo probar decenas de casos de encubrimiento grave por parte de los obispos, pero como muestra basta uno: en mi site web (http://www.pepe-rodriguez.com) puede obtenerse, escaneados, todos los documentos originales que demuestran cómo el cardenal de Barcelona, monseñor Carles, encubrió una red conformada por varios sacerdotes y diáconos que corrompieron sexualmente a no menos de 60 menores y adolescentes. El cardenal y parte de sus obispos auxiliares (alguno implicado directamente en el caso) no sólo no denunciaron ante la justicia ordinaria el caso sino que tampoco expulsaron del clero, tal como sería preceptivo, a quienes protagonizaron esos desmanes sexuales. En lugar de actuar con honestidad, presionaron a las familias de las víctimas para que callaran y ocultaran lo sucedido y permitieron incluso que quienes entonces eran diáconos fuesen ordenados sacerdotes, actividad que siguen desarrollando hoy día.

    Esta brutal hipocresía del clero no sólo viene justificada por el talante de algunos obispos --todavía es una conseja corriente, que me han confesado algunos curas, el que cuando un sacerdote le plantee sus dificultades para mantener el celibato a su obispo éste le aconseje: "Si tienes que ir con mujeres, procura ir con casadas, que con ellas no se nota"; es decir, no te complican la vida y si quedan embarazadas, ya que los medios anticonceptivos son pecado, será el marido quién lo asuma-- sino, mucho más grave, por el propio Derecho Canónico que, tal como se documenta en el artí*** correspondiente de mi web, obliga a encubrir todos y cada uno de los delitos sexuales cometidos por el clero.

    Resumiendo los cánones que se citan en el articulo de referencia, se concluye que el "castigo penal" que la Iglesia católica le aplica a un clérigo que, por ejemplo, haya corrompido sexualmente a un menor (can. 1395.2) se limita a la práctica de alguna amonestación, obra de religión o penitencia (cann. 1312, 1339), realizadas siempre en privado (can. 1340) para que permanezca en secreto la comisión del delito. En todo caso, nunca puede emprenderse un "procedimiento penal" sin antes haber intentado "disuadir" al delincuente para que cambie de comportamiento (cann. 1341, 1347), es decir, que la Iglesia siempre perdona y "olvida" de oficio el primer delito --en este caso la primera relación sexual con un menor-- y, en la práctica, también perdona y encubre todos los siguientes. La burla a las víctimas y a la Administración de Justicia es obvia.

    Resulta absolutamente inaceptable que en un Estado de Derecho se admita una patente de corso como el Derecho Canónico que obliga a encubrir delitos a fin de impedir que la justicia ordinaria cumpla con su obligación.

    La situación denunciada acerca de las violaciones de monjas no es sino la punta de un tremendo iceberg que la Iglesia no sabe ni quiere resolver.

    En todas las encuestas entre sacerdotes, no menos de un 75 a 80 por ciento está a favor del celibato opcional, postura que también defiendo yo en mi libro La vida sexual del clero, pero el actual Papa, por motivos estrictamente personales, lo ha impedido (aunque también ha declarado en privado que será inevitable que eso ocurra, pero no quiere que sea en su pontificado).

    No hay duda de que el próximo Papa permitirá el celibato opcional, no sólo porque es justo y necesario, y mejorará la vida afectiva (que es más importante que la sexual) de los sacerdotes que deseen tener una familia, y acabará con infinitas situaciones de abuso, delito e hipocresía, sino porque, además, es un decreto administrativo relativamente reciente y profundamente antievangélico, sin base neotestamentaria ninguna (ver el artí*** correspondiente en mi web).

    Las razones que explican el que cientos de monjas hayan sido violadas por sacerdotes en 23 países son el resultado de varias causas, al margen de la irracional imposición del celibato obligatorio, que pueden actuar conjuntamente, a saber:

    1) En muchos países y/o etnias, la figura del adulto soltero es incomprensible, por ello, si un sacerdote quiere tener predicamento en esas comunidades y ser aceptado, debe tener vida marital. Es de sobra conocido que en África hay muchos obispos que tienen una o varias esposas (que incluso acuden al aeropuerto a despedir al Papa en sus visitas) y lo mismo sucede con muchos sacerdotes. Este hecho se repite en algunas áreas latinoamericanas.

    2) La Iglesia tiene problemas graves para enrolar en su barco a nuevos sacerdotes, así que, en muchos países, admite a varones de las clases más bajas que ven en el sacerdocio un modus vivendi, tal como ya sucedió en la Edad Media, la época más brutal en cuánto a la delincuencia sexual del clero. Esos varones, al margen de su cultura étnica de nulo respeto hacia la mujer, al verse investidos del poder y prestigio que concede su cargo eclesial, no encuentran el menor impedimento, por parte de mujeres culturalmente sumisas, para dar rienda suelta a sus instintos sometiendo sexualmente a monjas y feligresas (de las que no se habla en los informes de las religiosas, pero que seguro aportan un número de víctimas muy superior). El patético barniz cultural y teológico que se da en la formación durante el periodo de seminario, no puede poner coto a estos desmanes porque no forma en valores humanos sino en ardor evangelizador, que es algo años luz alejado del mensaje que se lee en los Evangelios.

    3) A lo anterior su suma una práctica vergonzosa y nefasta: en España, cuando un sacerdote comienza a tener problemas por ser pública su actividad sexual con menores o con adultos de ambos sexos, primero se le traslada de parroquia para ocultar los hechos, pero, si persiste su actividad sexual, el obispo de su diócesis pone los medios económicos para que el delincuente sexual se marche a instalarse en Latinoamérica o África. A la cúpula de la Iglesia le preocupa más el escándalo que el hecho de que un sacerdote abuse de menores, por eso los envían lejos, saben que las clases más humildes de un país tercermundista no acuden jamás ante un juzgado. Problema resuelto para todos. No hay escándalo y el cura puede satisfacer su perversión sin límites.

    4) Este tipo de situaciones persisten, tanto en países del tercer mundo como en los más desarrollados, porque la cúpula eclesial, que siempre y sin ninguna excepción conoce los casos, siempre los encubre. En los casos en que la mujer victimizada, ya sea amante fija del sacerdote, mujer embarazada por una relación ocasional o víctima de violación, acude al obispo de la diócesis en demanda de justicia, éste siempre la culpabiliza a ella y la hace responsable de haber seducido a un santo varón con traje talar; la amenaza del infierno por su pecado horrible es lo menos que deben escuchar esas pobres mujeres. Miles de mujeres en el mundo están o han pasado por esta situación.

    A pesar de mi dura crítica a la Iglesia, saben todos los que leen mis libros, entre ellos cientos de sacerdotes católicos que apoyan mi trabajo, que no soy anticlerical. Mi crítica va contra una situación injusta, hipócrita y delictiva que perjudica a todos, siendo las principales víctimas los propios sacerdotes y el gran colectivo de las mujeres, ya sean monjas, mujeres de Iglesia o cualquiera otra.

    La actitud de la cúpula católica con respecto a la mujer es profundamente lamentable (ver el artí*** correspondiente en mi web) y debería cambiar con la máxima rapidez en beneficio de todos, también de la propia Iglesia, dado que la gran mayoría de su personal laboral y de sus creyentes son mujeres.

    Quiero dejar constancia, también, de que hay cientos de sacerdotes honestos, que dan su vida por los demás y a los que siempre he apoyado y apoyaré, tanto en lo personal como mediante notables aportaciones económicas para sus proyectos en el Tercer Mundo.

    No es lícito decir que todo es basura dentro de la Iglesia, porque es injusto y no es verdad. Pero tampoco cabe aceptar la cretinez que monseñor Guerra Campos le espetó a la presidenta de la Asociación de Padres y Amigos de Deficientes Mentales de Cuenca (ASPADEC) cuando fue a solicitarle que pusiese bajo tratamiento psiquiátrico al sacerdote Ignacio Ruiz Leal, acusado de haber abusado sexualmente de tres disminuidos psíquicos de ASPADEC. El prelado ultraconservador le respondió: "¡Señora, lo que usted me cuenta es imposible, los sacerdotes no tenemos sexo!".

    Los sacerdotes no sólo sí tienen sexo, sino que lo usan y hacen mucho daño con él.

    Desde dentro y desde fuera de la Iglesia hay que luchar para que esta situación se acabe de una vez.

    Dado que la Red nos permite comunicarnos sin censuras, este mail se ha enviado a unas 2.000 direcciones de 14 países. Si tu estás de acuerdo con su contenido, y te parece razonable, envíale una copia a tus amigos.

    Es hora de que el debate social ayude a cambiar la grave y enquistada situación de abusos sexuales que se vive dentro de la Iglesia.

    Gracias por tu colaboración.

    Pepe Rodríguez

    http://www.pepe-rodriguez.com

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    Las raíces eclesiásticas de los abusos a las monjas

    por Esther Fangman (monja benedictina y psicóloga)

    Informe presentado al Congreso de abades, priores y abadesas de la orden benedictina celebrado en Roma en septiembre del 2000. Fue publicado en el Bulletin de l'Aim (Alliance for International Monasticism, número 70/2000). La traducción al español es de Il Regno (número 7/2001).

    DÓNDE Y CÓMO NACEN LOS ABUSOS

    Hoy estoy frente a vosotros para hablar de un tema inquietante del que hemos tomado conciencia estos últimos años durante nuestros encuentros entre benedictinas. No es fácil hablar de esto, pero es necesario poneros al corriente de que, en algunas situaciones, las religiosas benedictinas nos vemos obligadas a llevar una cruz muy pesada, como víctimas del comportamiento sexual de un cura. Callar significaría consentirlo.

    Este informe se divide en cuatro partes:

    -lo que ha pasado;
    -cómo ha podido pasar;
    -una posible explicación psicológica que intente comprender la dinámica de los acontecimientos, en el contexto de las influencias culturales en esta materia;
    -una mirada sobre las consecuencias para la víctima.

    Deseo aclarar bien desde el principio que lo que diré no debe generalizarse y aplicarse a todas las situaciones, países, comunidades femeninas o a todos los curas. Por ejemplo si afirmara que el abad general es un santo, eso no quiere decir que todos los abades aquí presentes sean unos santos, ni
    tampoco todos los curas. Os ruego que no generalicéis. Con esto que digo no me refiero ni a todos los curas ni a todas las comunidades monásticas femeninas.

    Lo que ha pasado

    En nuestras reuniones y coloquios, y en discusiones informales, hemos tenido noticia de las situaciones que voy a contar. En algunos países africanos, algunos curas han acudido a conventos y monasterios para "satisfacer sus exigencias sexuales". Más concretamente, esto quiere decir que un cura puede
    presentarse en la puerta del convento y esperar que se le ofrezca una religiosa para satisfacer su deseo sexual. En algunos casos, cuando una muchacha toma la decisión de entrar en una comunidad y se dirige al cura que mejor conoce para obtener el necesario certificado y las cartas de recomendación, éste no le concede los documentos si no va con él. Otra situación en la que puede sufrir presiones es cuando va a confesarse. Este tipo de situaciones están aumentando en los últimos años, probablemente a causa del sida, tan extendido en ciertos países de África. Con una monja, que presumiblemente es virgen, se evita el riesgo de contraer el sida. En algunos casos ha ocurrido que la propia monja haya sido contagiada por el virus y/o quedado embarazada.
    Otro lugar en el que puede constatarse la violencia sexual es en esta misma ciudad, Roma.
    A veces, cuando las hermanas son enviadas aquí para formarse, llegan prácticamente sin un duro en el bolsillo. Durante las vacaciones puede ocurrir que algún cura se les acerque y les ofrezca dinero a cambio de una pequeña ayuda. Se les piden favores. Ellas imaginan que tienen que hacer tareas domésticas. y se encuentran con que, por el contrario, lo que se les pide son favores sexuales.
    Por supuesto que esto no sólo ocurre en África o en Italia. Estoy al corriente incluso de casos ocurridos en Estados Unidos, y también en otros lugares como Méjico, Japón, etc. Puede pasar de diferente manera según los sitios. Por ejemplo, así es como se desarrolló un caso sucedido en Estados Unidos. Os hago saber esto no para disminuir el dolor causado por los abusos sexuales sobre nuestras hermanas africanas, sino porque quisiera explicar mejor cómo éstas situaciones pueden darse en contra de la voluntad de las hermanas y monjas.

    Cómo ha podido ocurrir

    En este episodio ocurrido en Estados Unidos, estuvo implicada una monja que había sido nombrada por primera vez directora de una escuela elemental. Al comienzo del curso académico, esta hermana se encontró un día frente a un gran problema con los padres y los alumnos.
    Muy alterada, al terminar la escuela fue a comentárselo al párroco. Llegó empañada en lágrimas, visiblemente trastornada. Él la hizo entrar en su oficina, cerró la puerta y la sentó en sus rodillas abrazándola "para consolarla". La escuchó con atención y respondió con amables palabras. La
    turbación con la que había llegado aumentó con la confusión que le causó el comportamiento del párroco. Por un lado parecía que él la comprendía, por otro lado algo en ella le decía "no puedo creer que esté ocurriendo esto, no me parece correcto". Pero el gesto inmediato con que él la puso sobre sus
    rodillas la tomó de sorpresa. Ella dudó, desconcertada, y cuando pudo entender lo que estaba ocurriendo, ya había pasado cierto tiempo. Él seguía diciéndole palabras de comprensión, de simpatía. Aunque empezaba a dudar y sentía que una voz en su interior le decía "cuidado", se dijo en cambio: "es
    muy comprensivo, es sólo eso". En aquella ocasión no hubo ningún otro tipo de contacto de tipo sexual. Pero al cabo del tiempo él siguió mostrándose "muy comprensivo, lleno de compasión" y el "afecto físico" se manifestó con otros acercamientos. Ella consideró el comportamiento inicial "sin ninguna
    intención". Al final, la relación se convirtió en sexual y la hermana perdió el contacto con la verdad en su interior.

    Una explicación psicológica plausible

    Seguía siendo monja, pero al cabo del tiempo la ansiedad y la depresión se apoderaron de ella. ¿Por qué? Esto ocurrió debido a que era presa de una contradicción interior que quería resolver sin admitirla. Sabía que sus acciones y su comportamiento estaban en conflicto con su fe. En psicología, Leon Festiger llama a esto "disonancia cognitiva". Cuando en nuestro interior hay cosas contradictorias, que están en conflicto, experimentamos la disonancia. Él afirma que dentro de cada uno existe un impulso de autenticidad, de integridad, que quiere hacer que nuestras acciones y pensamientos correspondan a lo que creemos. Necesitamos ser coherentes; y, frente a la incoherencia, sentimos una disonancia cognitiva que tiene que resolverse de alguna forma. Puede ocurrir de varias maneras. Una de ellas es
    cambiar el comportamiento. "Dejar de hacer lo que te hace estar en contradicción con lo que crees". En el caso expuesto, la hermana podía dejar de ver al cura. La segunda manera de resolver este conflicto interior es cambiar el modo de pensar, sea cambiando de verdad la propia fe, sea no teniéndola en cuenta. Puede parecer sencillo, pero en muchos casos no lo es en absoluto. Así, esta hermana pudo haber empezado a decirse, por ejemplo, "me quiere de verdad, y yo le quiero, ¿cómo puede ser malo esto?". Se intenta razonar, para comprender la situación. Pero a nivel inconsciente esta hermana no podía aceptar tal razonamiento, de ahí su estado de ansiedad y depresión. Una tercera solución para la disonancia cognitiva es "separar" o alejar de sí mismo la parte en conflicto, haciendo como si no existiera.
    Es una forma de disociación. En algunas personas, funciona durante algún tiempo. Después a menudo se añaden otros comportamientos para intentar no darse cuenta de esta falta de lógica, como el alcoholismo o el uso de drogas. Pero si una persona tiene costumbre de rezar, especialmente de
    manera contemplativa, la disonancia saldrá y habrá que afrontarla y curarla.
    He puesto este ejemplo porque me parece importante examinar las situaciones de violencia sexual por parte de un cura con cierta comprensión, sin juicios severos. Si se crece dentro de una cultura -o de una familia- que tiene determinadas opiniones en lo que se refiere a los impulsos sexuales, considerándolos no sólo naturales sino que hay que satisfacerlos como algo sano, para ser hombre y todo eso, cuando la Iglesia viene y dice "los curas tienen que ser célibes", entonces se produce la disonancia cognitiva. La
    primera solución a este conflicto, obviamente, es observar el celibato simplemente. Otra solución consiste en considerar la ley del celibato en el contexto de otros razonamientos que la anulan. Por ejemplo: "Roma no entiende nuestra cultura; el celibato no es una cosa normal; en realidad no
    quieren decir que no se deben tener relaciones sexuales; los hombres tienen derecho de satisfacer sus deseos sexuales, etc.". No voy a minimizar la horrible injusticia de estos abusos sexuales, sino que simplemente intento entender lo que ocurre. Nuestro comportamiento está fuertemente influido por
    la cultura en la que crecemos. Si se crece en una cultura que ha institucionalizado ciertas convicciones, éstas forman parte de nosotros, están inscritas en nuestro interior, y las aceptamos. Llegamos a un punto en que nuestra imaginación no puede elegir otra cosa. Por tanto si pertenezco a una cultura que tiene un tipo de estructura en la cual los hombres deciden lo que está bien y lo que está mal, y las mujeres tienen que obedecer, yo, si soy mujer, consiento todo esto. Si la estructura jerárquica es la
    siguiente: ancianos, hombres más jóvenes, niños, mujeres y niñas, yo me quedo con la noción de que soy inferior, de que el hombre es el que sabe. Y si en esta cultura el cura ha sustituido al jefe, o a la figura que representa la sabiduría espiritual, entonces él es el primero, después van los ancianos, los otros hombres, luego los jóvenes, las mujeres, etc.
    Entonces, si un cura pide favores sexuales a una monja, aunque ésta no se dé cuenta, su imaginación no le permite pensar que podría decirle: "No, no voy a hacerlo". La clara libertad de elección no está siempre tan exenta de ambigüedad como se podría esperar. No se trata de una situación en la que un
    hombre y una mujer deciden de común acuerdo tener una relación sexual. No es una situación en la que un cura y una hermana/monja tienen la misma capacidad de elección. Las mujeres han aprendido a someterse a "el que sabe" . Y aún nosotros la condenamos si consiente.
    Para entender toda la fuerza de esta formación cultural, voy a poner un ejemplo sacado de otra parte. En 1973 en Estocolmo, Suecia, cuatro personas fueron secuestradas por unos individuos y mantenidas como rehenes en un banco durante cinco días y medio. Al final, fueron liberadas y fue un shock
    para todo el mundo comprobar que algunas víctimas tenían miedo de la policía, que las había liberado. Y cuando los secuestradores fueron procesados, algunos de los rehenes testificaron a su favor. Algunos llegaron incluso a pagarles los abogados. Se llama "síndrome de Estocolmo". ¿Cómo pudo ocurrir? Cuando la supervivencia de una persona depende de otra, y ésta última la trata bien y/o utiliza amenazas violentas contra ella, la víctima, para sobrevivir, comienza sometiéndose, y termina por adoptar el punto de vista del opresor sobre la realidad. La víctima da otro nombre a lo que pasa, da otro sentido a la realidad. En la situación de Estocolmo el enemigo se convierte en el que los agresores indican. Desde entonces, este fenómeno ha sido previsto y entendido por los negociadores en caso de secuestro aéreo
    o naval. Los negociadores saben que cuanto más se prolonga la situación de los rehenes, más se identificarán con los piratas.
    Y bien, si éste fue el resultado evidente en el caso de un secuestro de sólo cinco días y medio de duración, ¿por qué habría de ser tan difícil de entender claramente que una cultura que influye durante 10, 18 o más años en la vida de una persona, será determinante para el pensamiento o la conducta
    futura de dicha persona?
    Cambiar de mentalidad es una lucha larga y ardua. ¿Cómo se puede afirmar simplemente que la hermana no tiene más que decir "no", sobre todo a alguien que ella considera más sabio? Es un punto de partida desequilibrado, un terreno de juego desigual. Es una situación similar a de David y Goliat, con
    la diferencia de que David podía pensar que tenía el derecho de combatir a Goliat, mientras que a algunas mujeres ni se les pasa por la cabeza la idea de poder decir "no". Pero todo esto va cambiando.
    Las mujeres se atreven a levantar la voz. Ahora las religiosas empiezan a hablar de esto. La pena -la cruz- empieza a manifestarse. La voz interior que siempre repetía, pero tan profundamente escondida que no se podía oír, se alza y dice "¡basta!". Es la misma voz que gritaba la injusticia de la esclavitud en Estados Unidos, la misma voz con que Jesús proclamaba que tenemos que amar a los otros como a nosotros mismos. Este mandamiento no permite ningún ultraje como los cometidos por el comportamiento violento sobre las mujeres.

    Las consecuencias para la víctima

    ¿Qué les ocurre a las religiosas víctimas de un cura tal como se ha explicado? Seguramente su vida termina si contraen el virus del sida, y si se quedan embarazadas se acaba su vida como religiosas. Pero, ¿qué ocurre en su mente?; ¿cómo se ven a sí mismas?
    Están aferradas a la disonancia cognitiva, cuando toda la enseñanza que han recibido en la vida religiosa les dice que tienen que ser vírgenes, y, en cambio, tienen una relación sexual con un cura. ¿Cómo hacer coexistir estas cosas? Generalmente el hombre reacciona de manera diferente a la mujer, se encuentra por encima en la escala jerárquica en términos de consideración social. Es una posición privilegiada, y es importante comprender este concepto de "privilegio". No es algo que se merezca; es dado por nacimiento, se nace hombre. En el caso que examinamos, existe el privilegio adicional que da el sacerdocio. Poco importa qué tipo de persona sea: si tiene el título de cura se le considera sabio, como aquél que conoce lo que es el bien y el mal, etc. Quien se encuentra en esta posición tendrá tendencia a resolver el conflicto, la disonancia, desacreditando la regla o a la otra persona; de todos modos arrojará el descrédito fuera de sí mismo. Pero si se es una mujer, minusvalorada en cuanto mujer, entonces la tendencia será la de desacreditarse a sí misma. Normalmente esto se expresa con sentimientos como: "soy mala", "es mi culpa". Cuanto más estima la mujer el rol del hombre o del cura, más se desprecia a sí misma y más recurre a los reproches. Esto se acompaña de una gran vergüenza, de una convicción
    creciente sobre su falta de valía. Y en la vida monástica comunitaria, esto no solamente afecta a la propia persona, sino que puede conducir al aislamiento, a la desconfianza (especialmente frente a la autoridad), generar cólera, fobia, depresión y causar comportamientos compulsivos como la masturbación. La vergüenza no es sólo muy dolorosa, sino también potente.
    Todo lo que menciona Benito en el capítulo 72 de la Regla, sobre cómo los monjes y monjas deben tratarse recíprocamente, se hace más difícil a causa de la pena interior. Y así los demás miembros de la comunidad, que no han sido víctimas directamente, también lo sufren. ¿Y si el cura viene a celebrar la eucaristía? ¿Pensáis que la que ha sido su víctima puede olvidar lo que ha pasado cuando el cura eleva la hostia y dice "cuerpo de Cristo"?
    Pero el daño más grave es quizás el que ocasiona a la relación con Dios.
    Todos intentamos acercarnos a Dios de manera coherente; y entonces, nuestra manera de estar cerca de aquellos que nos rodean será un reflejo de nuestra relación con Dios. Ahora bien, ¿cómo alguien que cree valer menos que nada puede convencerse de que Dios realmente quiera hablarle de lo que vale a sus ojos (ls 43)? Sólo cuando lo que se ha vivido puede llamarse realmente con su verdadero nombre -un abuso-, entonces las cosas pueden cambiar.
    Hoy he venido aquí para daros parte de una pena de nuestras hermanas benedictinas. Ellas hacen parte de nosotros. Queremos decirles que las escuchamos, que sentimos su pena, somos solidarias con ellas. Estamos como un día María a los pies de la cruz, cerca de aquellas que llevan su cruz. Y
    rezamos. Rezamos para que este problema se resuelva. Uníos a nosotras en esta preocupación. En fin, creemos que el evangelio que tan importante es para nosotras tiene que llevarse a la práctica. Tiene que influirnos más la cultura. Por eso la primera cuestión a tratar es el valor de todos los seres humanos y, en particular, hay que insistir en el respeto hacia las mujeres.
    En segundo lugar, habrá que examinar la cuestión del celibato.

    Volver a inicio


    --------------------------------------------------------------------------------

    Resolución del Parlamento Europeo "Sobre la violencia sexual contra las mujeres y en particular contra religiosas católicas"

    Resolución aprobada en Estrasburgo el 5-4-2001 con 65 votos a favor, 49 en contra y 6 abstenciones.

    El Parlamento europeo,
    -vista la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la Convención Europea sobre los Derechos Humanos
    -vista la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea, -vista su resolución con fecha de 16 de septiembre de 1997 sobre la necesidad de organizar una campaña a nivel de la Unión Europea para la total intransigencia frente a la violencia contra las mujeres,
    -vista su resolución con fecha de 10 de marzo de 1999 sobre la violencia contra las mujeres,
    -vista la Convención de las Naciones Unidas sobre la eliminación de cualquier forma de discriminación contra las mujeres,
    A) ratificando la firme condena -por su parte y la de otras instituciones comunitarias- de cualquier forma de violencia contra las mujeres y en particular de los abusos sexuales,
    B) seriamente preocupado por el contenido de una declaración aparecida en la revista americana National Catholic Reporter, en la que se señalan numerosos casos de estupro, en al menos 23 países, cometidos por curas a religiosas católicas,
    C) considerando que la Santa Sede ha confirmado tener conocimiento de casos de estupro y abusos sexuales contra mujeres, incluso monjas, por parte de curas católicos, dado que desde 1994 se han transmitido al Vaticano al menos cinco informes sobre el tema,
    D) considerando que, pese a haber sido pertinentemente informados acerca de estas violaciones de los derechos humanos, los responsables oficiales no han reaccionado como hubieran debido,
    E) subrayando que, según estos informes, numerosas religiosas estupradas también han sido obligadas a abortar, a dimitir y, en algún caso, han sido infectadas por el virus del sida,
    F) tomando las declaraciones del portavoz del Vaticano, Joaquín Navarro Valls, quien ha afirmado que "el problema es grave pero geográficamente limitado", y subrayando que, por el contrario, este fenómeno se halla extendido no sólo en África
    G) recordando que el abuso sexual constituye un delito contra la persona humana y que los autores de estos delitos tienen que ser entregados a la justicia,
    1. condena toda violación de los derechos de la mujer así como los actos de violencia sexual, en particular contra religiosas católicas, y expresa su solidaridad con las víctimas,
    2. pide que los autores de estos delitos sean arrestados y juzgados por un tribunal; pide a las autoridades judiciales de los 23 países citados en el informe que garanticen que se aclaren totalmente en términos jurídicos estos casos de violencia contra las mujeres;
    3. pide a la Santa sede que considere seriamente todas las acusaciones de abusos sexuales cometidos dentro de las propias organizaciones, que coopere con las autoridades judiciales y que destituya a los responsables de cualquier cargo oficial;
    4. pide a la Santa Sede que reintegre a las religiosas que han sido destituidas de sus cargos por haber llamado la atención de sus autoridades sobre estos abusos, y que proporcione a las víctimas la necesaria protección y compensación por las discriminaciones de las que podrían ser objeto en lo
    sucesivo;
    5. pide que se haga público el contenido integral de los cinco informes citados en el National Catholic Reporter;
    6. encarga a su Presidente que transmita la presente resolución al Consejo, a la Comisión, a las autoridades de la Santa Sede, al Consejo de Europa, a la Comisión para los derechos humanos de las Naciones Unidas, a los gobiernos de Botswana, Burundi, Brasil, Colombia, Ghana, India, Irlanda,
    Italia, Kenya, Lesotho, Malawi, Nigeria, Papúa Nueva Guinea, Filipinas, Sudáfrica, Sierra Leona, Uganda, Tanzania, Tonga, Estados Unidos, Zambia, República Democrática del Congo y Zimbawe.



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    Re: Pederastia en la Iglesia católica

    Mensaje por FranciscoBU el Vie Nov 11, 2011 6:42 pm

    EL VATICANO PREMIA EL ENCUBRIMIENTO DE DELITOS SEXUALES

    El día 29 de julio de 2001 la prensa anunció que Jaume Traserra Cunillera, obispo auxiliar de Barcelona, será el nuevo obispo de la diócesis de Solsona en sustitución de monseñor Antoni Deig. Un día después se anunciaba también que Joan-Enric Vives Sicilia, otro obispo auxiliar de Barcelona, era ascendido a obispo coadjutor de la diócesis de Urgell, con derecho a suceder a Martí Alanís, arzobispo y copríncipe de Andorra, cuando a éste le toque jubilarse en noviembre de 2003.

    Sólo tres meses después hay que ampliar esta página para incluir en ella una noticia hecha pública el 30 de octubre de 2001: el Vaticano confirma por dos años más en su puesto al cardenal de Barcelona Ricard María Carles Gordo, que ya ha pasado sobradamente la edad para su jubilación obligatoria, y el también obispo auxiliar de Barcelona Carles Sóler Perdigó es ascendido a nuevo obispo de Girona, en sustitución de Jaume Camprodon.

    Sin duda el Vaticano debe conocer qué méritos hacen merecedores de tales cargos a todos esos prelados, y no será este autor quien se los discuta, pero resulta curioso que todos ellos compartan silencios profundamente vergonzosos durante su labor en la diócesis de Barcelona.

    Tal como ya documentamos en otra sección de este web, al menos cinco miembros de la curia de gobierno del arzobispado de Barcelona, los cardenales Narcís Jubany Arnau y Ricard María Carles Gordo y los obispos auxiliares Carles Soler Perdigó, Jaume Trasserra Cunillera y Joan-Enric Vives Sicilia, conocieron perfectamente los pormenores de la mayor red clerical de corrupción de menores que ha existido en España y todos ellos la encubrieron.

    Carles Sóler Perdigó era párroco en la parroquia de Sant Pius X de Barcelona cuando uno de sus diáconos, A. S. (que ahora es sacerdote), corrompió sexualmente a diversas menores de la parroquia, en algún caso copulando con las menores en una habitación de la propia parroquia. El sacerdote supo con todo lujo de detalles qué ocurrió y lo encubrió con plena conciencia y voluntad. Y siguió haciendo lo mismo tras ser ordenado obispo (el 22 de septiembre de 1991) y desde su puesto como obispo auxiliar de Barcelona. Algunos datos que prueban su participación directa en el encubrimiento de la red de corrupción de menores citada pueden leerse en ***[los documentos probatorios han sido autocensurados de este web, pero son consultables, para quien tenga un interés legítimo en la causa, en el Juzgado de Instrucción nº 21 de Barcelona]***: la declaración judicial de una de las víctimas ante la Fiscalía de Menores de Barcelona, en un escrito de la citada víctima, en una carta del padre de la víctima dirigida al entonces cardenal Jubany, en el escrito de denuncia contra todos los prelados, en una carta personal firmada por el propio Carles Sóler Perdigó, y hasta en una nota de prensa emitida por el Obispado de Girona.

    Jaume Traserra Cunillera, nombrado obispo auxiliar de Barcelona el 9 de junio de 1993, desde su capital e influyente cargo de vicario general -tanto con el cardenal Narcís Jubany como con Ricard María Carles (que lo cesó en 1995)-, recibió siempre con los brazos abiertos a P. C. (uno de los protagonistas principales de la red de corrupción de menores) en los momentos más conflictivos, y no dudó en mostrarse como valedor suyo y de Nous Camins (la asociación a la que pertenecían parte de los diáconos y sacerdotes que corrompieron a varias decenas de menores) cuando hizo falta. Así, por ejemplo, Jaume Trasserra, que es un eclesiástico melómano y de gustos caros -a pesar del escaso sueldo oficial que le corresponde a un obispo-, fue quien, en una reunión de obispos, intentó detener la redacción de una nota oficial en la que se decía que Nous Camins no tenía nada que ver con la Iglesia y, al no lograrlo, se ofreció a escribirla él mismo, cosa que no hizo, naturalmente; aunque sí tuvo energías, poco después, para intentar parar de nuevo la publicación de la nota que el arzobispo había encargado a otro prelado (ver los capítulos 9 y 10 de La vida sexual del clero).

    Joan-Enric Vives i Sicilia, nombrado obispo auxiliar de Barcelona el 9 de junio de 1993, era, en la época en que actuó la red clerical de corrupción de menores, el rector del Seminario Conciliar de Barcelona y conocía perfectamente a los seminaristas de la Casa de Santiago (institución a la que pertenecían algunos de los sacerdotes que organizaron la red corruptora) que, por otra parte, le informaban puntualmente de todo lo referente a las andanzas de P. A. (sacerdote de la red), sus diáconos, y los miembros de Nous Camins. El obispo Vives siempre se manifestó, privadamente, horrorizado por lo que estaba pasando y era contrario a la actividad de esta gente, pero jamás movió un dedo para impedir unos abusos sexuales de los que tenía cumplido conocimiento (ver los capítulos 9 y 10 de La vida sexual del clero).

    El cardenal Ricard María Carles Gordo, como máximo cargo de la diócesis de Barcelona, fue y sigue siendo responsable directo del encubrimiento de los delitos sexuales mencionados y, también, de que los diáconos implicados fuesen finalmente ordenados sacerdotes en lugar de ser expulsados del clero (reducidos al estado laical, en su terminología), tal como ordena el Código de Derecho Canónico.

    Los expedientes internos abiertos por el Arzobispado de Barcelona, reconocieron la existencia de los hechos mencionados y se impuso "determinados remedios penales a los sacerdotes responsables de la extinguida fundación canónica Casa de Santiago y de la asociación civil Nous Camins" (ver nota del Arzobispado). Naturalmente, todos los protagonistas de la red de corrupción sexual de menores fueron encubiertos por los prelados mencionados y jamás han sido puestos a disposición de la Justicia penal ordinaria. Hoy, los delitos sexuales cometidos por los miembros de la red clerical ya están prescritos y sus autores quedaron impunes. Pero, dado el modo de proceder de los obispos Jaume Traserra Cunillera, Joan-Enric Vives i Sicilia y Carles Soler Perdigó en este caso, cabe preguntarse ¿será ésta la moral católica y la práxis pastoral y canónica que desarrollarán desde sus nuevos cargos?


    http://www.pepe-rodriguez.com/Sexo_clero/Sexo_clero_Trasserra_Vives_Soler.htm


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    Re: Pederastia en la Iglesia católica

    Mensaje por FranciscoBU el Vie Nov 11, 2011 6:44 pm

    Iglesia sin abusos

    Nota, emitida en marzo de 2004, del colectivo católico "Iglesia sin abusos" denunciando el silencio y encubrimiento de delitos sexuales cometidos sobre menores, en una parroquia de Madrid, por parte de las autoridades de la diócesis, en este caso el Arzobispo Antonio María Rouco y el Obispo Auxiliar Eugenio Romero Pose.


    --------------------------------------------------------------------------------

    Para cambiar de forma radical la forma en la que nuestra Iglesia aborda los abusos sexuales a menores cometidos por sacerdotes

    CARLOS SÁNCHEZ

    MADRID.

    ECLESALIA.- Somos un grupo de laicos que pertenecemos a la Vicaría VI de Madrid. Compartimos nuestra fe en pequeñas Comunidades Cristianas y participamos del trabajo pastoral en una Parroquia.

    Hemos tenido conocimiento de presuntos casos de abusos sexuales a menores de edad en nuestra diócesis cometidos por un sacerdote. Cuando hemos intentado dialogar con los responsables pastorales de nuestra diócesis solo encontramos puertas cerradas.

    Constatamos más de un año después de intentar ponernos en contacto con "nuestros Pastores", tanto verbalmente como por escrito, las siguientes pautas de actuación:

    a.. No se considera oportuno dialogar ni explicar a catequistas responsables de los menores la situación creada ni las medidas adoptadas por la Iglesia.
    b.. El interés por acallar los escándalos se pone por delante de la necesidad de aclarar lo ocurrido y ni siquiera se acude a los tribunales ordinarios de justicia, como es obligación de cualquier colectivo inmerso en nuestra sociedad.
    c.. De todo lo anterior parece deducirse que en nuestra Archidiócesis no se adoptan medidas que eviten la repetición de sucesos tan desagradables.
    Nos hubiera gustado contrastar nuestras experiencias, temores y conclusiones con los que se dicen nuestros Pastores. Lo hemos intentado pero ni el Arzobispo Antonio María Rouco, ni el Obispo Auxiliar Eugenio Romero Pose, ni nuestro Vicario Julio Lozano, ni tampoco nuestro Párroco han querido dialogar con nosotros. No hacemos otra cosa que estrellarnos ante un pétreo muro.

    Nuestro objetivo primordial es que se pongan los medios necesarios para cambiar de forma radical la forma en la que nuestra Iglesia aborda los abusos sexuales a menores cometidos por sacerdotes. Ningún grupo humano puede evitar que aparezcan en su seno estos casos pero lo que nos debiera diferenciar de otras formas de actuar es nuestra creencia en Jesús de Nazaret. ¿Por qué la Archidiócesis de Madrid se empeña de apagar nuestra esperanza?.

    Continuaremos demandando explicaciones y lo haremos porque somos parte de la iglesia y queremos seguir siéndolo.

    Si queréis poneros en contacto con nuestro colectivo, podéis hacerlo a través de los correos eléctrónicos que figuran en la página web http://www.iglesiasinabusos.com.

    Un abrazo para todos.

    http://www.pepe-rodriguez.com/Sexo_clero/Casos/Sexo_clero_Iglesia_sin_abusos_M_es.htm



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    Re: Pederastia en la Iglesia católica

    Mensaje por FranciscoBU el Vie Nov 11, 2011 6:45 pm

    Los pecados del padre Geoghan

    En Estados Unidos se ha confirmado que la Iglesia católica ocultó, durante más de 30 años, los abusos sexuales del sacerdote John Geoghan, para eludir un escándalo que involucra denuncias de abusos a más de 130 niños. Para evitar que las denuncias se formalizasen ante un tribunal, la Iglesia pagó en secreto un total de 10 millones de dólares a las familias de unas 50 víctimas de los delitos del sacerdote.

    Los abogados que defienden a las víctimas de estos ataques sexuales estiman que la Iglesia católica ha pagado en los últimos 20 años entre 690 y 1.500 millones de euros por este tipo de abusos.






    --------------------------------------------------------------------------------


    Nota del autor de este web:

    Los textos que reproducimos seguidamente no son más que uno de los cientos de ejemplos posibles de delitos sexuales cometidos por sacerdotes católicos y encubiertos de modo consciente y activo por los prelados que regentan las diócesis en las que éstos cometen sus tropelías sexuales.
    Cuando, en 1995, publiqué el libro La vida sexual del clero, en el que ya documentaba la existencia de cientos de delitos sexuales del clero encubiertos por la Iglesia (una realidad que finalmente acabó por estallar y que ha ido aflorando, gota a gota, en los medios de comunicación de todo el mundo, durante los años siguientes a la edición de ese texto), fui duramente atacado por apologetas católicos a sueldo de la hipocresía, pero la terrible realidad de curas pederastas y prelados sinvergüenzas, responsables del encubrimiento de los delincuentes sexuales de sus diócesis, que no cesa de llegar a los medios de comunicación, está demostrando sin lugar a dudas quien tenía la razón.
    Así, por ejemplo, sin alejarnos de los días en que se está produciendo el escándalo de Boston, encontramos que: tras descubrirse el encubrimiento de las decenas de delitos sexuales del padre Geoghan, su encubridor, el cardenal Law, quiso cubrirse las espaldas (demasiado tarde para las víctimas, claro) denunciando a otros 87 sacerdotes pedófilos de su archidiócesis de Boston. El 25-2-2002, el arzobispo Juliusz Paetz, de Poznan, Polonia, fue acusado de agredir sexualmente a varias decenas de sacerdotes y seminaristas de su propia diócesis. El 10-3-2002, dimitía el obispo Anthony J. O'Connell de Palm Beach, Florida, tras admitir que había abusado sexualmente de dos jóvenes. Un caso más, tras los de Massachusetts y los de varias parroquias de Rhode Island. En España, el 14-2-2002 era detenido y encarcelado el párroco de Casar de las Hurdes por su vinculación a una red de pornografía infantil. El 8-3-2002 se denunciaba en la prensa un caso que llevaba años paralizado en el juzgado: la querella contra un influyente sacerdote que abusó sexualmente de al menos una niña mientras era juez eclesiástico, ...

    En España la situación no es distinta a Estados Unidos (país al que se refiere la información que reproduciremos) en lo que atañe a la presencia de delitos sexuales contra menores --el clero católico es el responsable del 10% del total de abusos sexuales cometidos contra menores en España (ver, por ejemplo, las estadísticas de la vida sexual del clero, o los documentos del encubrimiento de una red de corrupción de menores--, pero la diferencia está en que acá, como en Latinoamérica, las víctimas sexuales del clero temen a la Iglesia y no acuden a denunciar a los delincuentes sexuales ante los juzgados penales.

    Si en cualquier país de los considerados tradicionalmente católicos se abriesen al público los archivos secretos (así se llaman) de las diócesis, tal como se ha obligado a hacer en Massachussets, los obispos no podrían volver a mirar a la cara a sus feligreses.




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    Los pecados del padre Geoghan

    (c) El Tiempo, Bogotá, 3-2-2002

    Para evitar que las denuncias se convirtieran en juicios la Iglesia de E.U. arregló “por las buenas” más de 50 acusaciones de transgresiones sexuales y pagó un total de 10 millones de dólares a las familias afectadas.
    AP. EL TIEMPO


    Los pecados del padre Geoghan

    Estados Unidos no sale del asombro, tras confirmarse que la Iglesia católica ocultó durante más de 30 años las desviaciones del reverendo John Geoghan para evitar un escándalo que involucra denuncias de abusos en más de 130 niños.

    El pasado 18 de enero una corte de Boston, Massachussets encontró a Geoghan culpable de haber abusado de un menor de diez años. El sacerdote había introducido sus manos en el pantalón de baño del pequeño mientras realizaban una práctica de natación a comienzos de los noventa. Geoghan, hoy de 66, años podría ser condenado a más de 10 años de cárcel y aguarda aún el veredicto de otros dos juicios que están en curso por acciones similares.
    Además, y gracias al revuelo que ha causado el incidente, más de 84 niños –hoy adultos– han salido de su silencio para denunciar abusos cometidos en el pasado por el sacerdote.
    Lo que ha hecho del caso Geoghan algo diferente es que el juez que lo manejaba decidió, tras una demanda interpuesta por el diario 'The Boston Globe', abrir los expedientes de la querella que normalmente están vetados al público.
    Al hacerlo, quedaron expuestos más de 10.000 documentos en los que se detallan las maniobras de la Iglesia por tapar las ‘andanzas’ del sacerdote, conceptos de siquiatras que lo catalogaban como “pedófilo en potencia, obsesivo compulsivo con rasgos narcisistas”; los nombres de otros obispos y cardenales que sabían de sus inclinaciones y no hicieron nada para detenerlo y decenas de acusaciones y protestas elevadas a la Iglesia por padres de niños que decían haber sido víctimas de Geoghan.

    Arreglos ‘non sacntos’


    Las andanzas del sacerdote se remontan a 1962 y se extienden hasta 1995, fecha en la que se retiró del servicio activo. Durante ese período, demuestran los documentos, la arquidiócesis de Boston trasladó a Geoghan de más de 10 parroquias en las que había sido acusado de pedofilia. Aún más, para evitar que las denuncias se convirtieran en juicios arregló “por las buenas” más de 50 acusaciones de transgresiones sexuales y pagó un total de 10 millones de dólares a las familias afectadas.
    También hay varios conceptos de siquiatras y clínicas de tratamiento en las que Geoghan fue recluido para tratar su mal y que recomendaron en su momento alejar al sacerdote de la práctica activa. “No se puede dar el lujo de tenerlo en una parroquia. Más vale que le corte las alas antes de que esto explote”, decía Edward Messner uno de los siquiatras encargados de su tratamiento en una carta fechada en 1989 y dirigida al cardenal Bernard Law, encargado de la arquidiócesis de Boston.
    Law hizo caso omiso de la recomendación y reasignó a Geoghan a la parroquia de Santa Julia, en el suburbio de Weston, donde trabajó hasta la fecha de su retiro.
    A su vez han salido a la luz incontables cartas de padres de familia en la que acusaban al sacerdote ante los superiores y pedían su suspensión. En respuesta a una de ellas, el cardenal Law le dice a uno de los familiares de las víctimas: “Es mejor que esto quede entre nosotros, es mejor para todos, para usted sobre todo pero también para nuestra querida comunidad”.


    Expiando culpa

    Hoy, tras el escándalo, Law admitió su error: “Hice mal al reasignar a John Geoghan. Lo lamento y quiero aprender de mi error”, dijo el cardenal en una de las múltiples declaraciones que ha dado para tratar de “expiar” sus culpas.
    De hecho Law se comprometió a reportar a las autoridades las acusaciones de abuso sexual que se eleven contra miembros del clero a su cargo como lo hacen la mayoría de las diócesis en E.U. Al hacerlo, sin embargo, Law obró en contra de un nuevo dictamen del Vaticano que exige que en casos de transgresiones sexuales se dé previo aviso a la Santa Sede que a la larga será quien decida si el abusador será “removido, suspendido, o reubicado”.
    El gesto, aunque sirvió para calmar un poco los ánimos, no satisfizo del todo a los bostonianos. Por eso, en un acto sin precedentes, el Senado de Massachussets ordenó a la diócesis abrir todos los expedientes pasados de casos o acusaciones de abuso sexual. Esta semana, por orden del Cardenal Law, fueron abiertas al público 40 años de “memorias” de la arquidiócesis. Su contenido no fue menos escalofriante que el caso de Geoghan.
    De acuerdo con los documentos, la arquidiócesis resolvió por fuera de los tribunales decenas de casos de abuso sexual en los que estaban implicados por lo menos 70 sacerdotes más. Una portavoz de la Iglesia indicó que los sacerdotes que aparecen en esta nueva “lista negra” ya están retirados.
    Pero a pesar de las medidas que se han comenzado a adoptar, para muchos de los afectados el daño ya está hecho. “Creo en la religión Católica, pero no puedo volver a la Iglesia. He perdido mi fe en ella y ahora rezo dentro de mi carro cuando voy camino a mi trabajo”, dice Anthony Muzzi, hoy de 47 años y una de las primeras víctimas de John Geoghan.

    Otros casos

    Los casos de sacerdotes vinculados en casos de pederastia o de violaciones no son nuevos.
    En octubre del 2000, en Francia, el abad René Bissey fue condenado a 18 años de cárcel por violar y agredir sexualmente a menores de 15 años entre 1987 y 1996. Por este mismo caso fue condenado a tres meses de prisión condicional el obispo Pierre Pican, por no haber alertado a la Justicia de los actos de pedofilia cometidos por el abad, de quien era superior jerárquico.
    En otro caso, también en Francia, el sacerdote Hubert Barral fue acusado de “no asistencia a personas en peligro” por no haber denunciado los actos pederastas que cometía su amante en el presbiterio de su parroquia. Ante el Tribunal, Barral definió las actividades de su amante en la habitación vecina a la suya como 'actos de desarrollo personal', 'libremente elegidos' por cada cual, 'cualquiera que sea su edad'.
    Y en marzo del año pasado, el Vaticano, en un hecho sin precedentes, reconoció públicamente que conoce casos de sacerdotes que han abusado sexualmente de religiosas en 23 países del mundo, entre ellos Colombia. El informe se centró en África, donde algunos sacerdotes identificaron a las monjas como sexualmente seguras ante la devastadora presencia del sida en ese continente.

    Por Sergio Gómez Maseri
    Corresponsal de EL TIEMPO
    Washington



    --------------------------------------------------------------------------------

    10 años de cárcel para un sacerdote por abuso sexual de un menor

    (c) El Mundo, Madrid, 22 de febrero de 2002



    ESTADOS UNIDOS
    10 años de cárcel para un sacerdote por abuso sexual de un menor

    Otras 130 personas aseguran que el cura las ha violado o abusado de ellas

    BOSTON. Un sacerdote católico de Massachusetts recibió ayer la sentencia máxima de entre nueve y 10 años de prisión por abusar de un menor de edad, en un caso que ha sacudido los cimientos de la
    Iglesia católica en Boston, según informa Efe.
    Al dictar la sentencia contra John Geoghan, la juez Sandra Hamlin dijo que el cura acusado era un pederasta «que aprovechó su condición clerical» para abusar de niños «vulnerables».
    Geoghan, quien fue retirado del sacerdocio al conocerse su delito, fue declarado culpable en diciembre del año pasado de abusar sexualmente de un niño de 10 años, en 1991, en el primero de tres casos criminales en su contra.
    La juez detalló las propias confesiones de Geoghan, de 66 años de edad, en la que señalaba que había abusado de otros menores, y señaló que, en sus evaluaciones psicológicas, el acusado no mostró preocupación alguna por el estado de su víctimas, ni sobre las consecuencias para ellos.
    Según las autoridades, desde 1995 más de 130 personas han presentado quejas de que el sacedote John Geoghan las había violado o abusado sexualmente de ellas durante los 30 años que estuvo en diversas parroquias del área de Boston.
    Geoghan, cuyo caso ha renovado las exigencias de que renuncie el cardenal Bernard Law porque presuntamente no tomó medidas correctivas , es objeto de más de 80 demandas civiles por el mismo
    delito.
    Tras la condena de Geoghan, la archidiócesis de Boston identificó recientemente a 80 sacerdotes en el estado de Massachusetts que abusaron sexualmente de menores de edad en las últimas cuatro décadas.


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    Pagarán 34,5 millones de euros por abusos sexuales


    (c) El Mundo, Madrid, 14 de marzo de 2002



    RELIGION / ARCHIDIOCESIS DE BOSTON
    Pagarán 34,5 millones de euros por abusos sexuales

    FELIPE CUNA. Especial para EL MUNDO

    NUEVA YORK. La archidiócesis de Boston pagará durante los próximos meses unos 34,5 millones de euros a 86 hombres que fueron víctimas de los abusos sexuales de un sacerdote hace varias décadas.
    Otras 56 víctimas también han firmado una petición para recibir dinero y las demandas por abusos sexuales en otros lugares de Estados Unidos cometidos por curas se amontonan en las oficinas de
    los abogados.
    John Geoghan está ya en la cárcel por molestar a un niño hace 25 años y ha sido acusado de abusar y de violar a unos 130 monaguillos, a niños que acudían a su clase de catecismo y a jóvenes de Massachusetts de seis parroquias donde ejerció durante tres décadas.
    En enero se reveló que la archidiócesis de Boston conocía las acusaciones contra Geoghan, guardó silencio y no hizo nada para apartarle del contacto con los feligreses.
    «Esto no es, obviamente, el final de los casos de abuso de los sacerdotes. Pero ayudará a superar sus traumas y los de sus familias», comentó el martes Mitchell Garabedian, un abogado de los
    demandantes.
    Los abogados que defienden a las víctimas de estos ataques estiman que la Iglesia católica ha pagado en los últimos 20 años entre 690 y 1.500 millones de euros por este tipo de abusos.


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    La diócesis de Boston cuestiona el celibato en su revista oficial


    (c) El Mundo, Madrid, 17 de marzo de 2002



    RELIGION / DEBATE TRAS EL CASO DE LOS CURAS PEDERASTAS
    La diócesis de Boston cuestiona el celibato en su revista oficial

    «¿Debe ser condición para el sacerdocio?», se pregunta el editorial de la publicación

    FELIPE CUNA. Especial para EL MUNDO

    NUEVA YORK. La archidiócesis de Boston se ha planteado por vez primera la necesidad de que la Iglesia católica rescinda las leyes internas que obligan a los sacerdotes a ser célibes.

    El debate abierto en EEUU por los numerosos casos de sacerdotes pederastas que han aparecido en los últimos meses llevó el viernes a El Piloto, la revista de la archidiócesis de Boston, a plantearse en un editorial que la Iglesia católica necesita un cambio.
    «Estos escándalos han creado serias dudas en la mente de los laicos de nuestra comunidad que simplemente no desaparecerán», escribió el monseñor Peter Conley, el director de El Piloto.
    El editorial presentó algunas preguntas que no contestó que se encuentran en la mente de muchos de los feligreses católicos y, según parece, de los mismos sacerdotes de toda la nación.«¿Debe ser el celibato una condición para el sacerdocio?, ¿atrae la vida sacerdotal a un desproporcionado número de hombres homosexuales?».
    Conley advirtió que los católicos necesitan respuestas a muchas preguntas para las que los curas no tienen respuestas ciertas.«¿Por qué hay tantas personas católicas que no están convencidas de que
    Cristo quería un sacerdocio sólo de hombres y que estas reglas no deben cambiarse?».
    El impacto de este editorial fue inmediato en las radios y televisiones de Boston y se espera que sea uno de los asuntos más debatidos en las homilías y en las reuniones entre feligreses y sacerdotes que se celebran tras la misa dominical.
    El cardenal de Boston, Bernard Law, emitió un comunicado a última hora del viernes para señalar que el editorial de El Piloto no quería cuestionar la posición oficial de Roma sobre el celibato sino que era la respuesta a las preguntas y a los comentarios sobre el tema de otras personas de la comunidad.

    Preguntas sin discutir

    «Se están planteando preguntas que el Papa no quiere discutir», declaró ayer Arthur Jones, el director del National Catholic Reporter, otro diario informativo para los fieles católicos.
    Por otro lado, políticos, legisladores y otros cargos públicos en Nueva York han pedido a la jerarquía católica que denuncie a las autoridades los casos de pedofilia protagonizados por religiosos.
    Las leyes del Estado de Nueva York exigen a profesores, policías o doctores, entre otros profesionales, a informar de abusos sexuales y otros malos tratos a menores, pero los religiosos no están incluidos, lo que ha dado lugar ya a algunas iniciativas en el ámbito legislativo para remediar esa situación.
    La archidiócesis de Boston llegó a un acuerdo en esta semana para revolver las reclamaciones de 86 víctimas, que sufrieron abusos de un ex religioso que sirvió por tres décadas en diferentes parroquias
    de esa demarcación y que supondrá un desembolso de entre 15 y 30 millones de dólares.

    http://www.pepe-rodriguez.com/Sexo_clero/Casos/Sexo_clero_Geoghan_pederasta.htm


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    Re: Pederastia en la Iglesia católica

    Mensaje por Invitado el Sáb Jun 23, 2012 5:24 am

    ME PARECE POCO CASTIGO PARA TANTO DAÑO.

    Por primera vez en EE. UU. un alto cargo católico irá a la cárcel por pederastia Le han declarado culpable por encubrir diversos abusos de menores y podría cumplir unos 7 años de condena




    Monseñor William Lynn, sacerdote de la archidiócesis de Filadelfia, la sexta más grande de Estados Unidos, se ha convertido en el primer alto cargo de la Iglesia católica en EE. UU. que irá a la cárcel por pederastia. Ha sido declarado culpable de haber encubierto a curas acusados de abusos.


    Puso la salud de menores de edad en peligro al permitir que curas acusados de pederastia continuaran en contacto con los niños, según ha anunciado el jurado que ha tardado 13 días en acordar su decisión. La sentencia final a Lynn será dictada a inicios de agosto. Según la Fiscalía, es muy probable que el sacerdote, que inicialmente se enfrentaba a un total de 28 años de prisión por la suma de presuntos delitos, sea condenado finalmente a 7 años como máximo. Los hechos por los que Lynn es acusado se remontan a 1992, cuando ejercía como secretario de la archidiócesis y se encargaba de asignar el destino de los sacerdotes pertenecientes a la misma. Aquel año un feligrés acusó al cura Edward Avery de haberle acosado a lo largo de una década, entre 1970 y 1980. Como consecuencia de la denuncia, Avery fue internado en un centro especializado de rehabilitación de curas acusados de abusos sexuales. Una vez acabado el período de tratamiento activo, Lynn envió a Avery a trabajar en un colegio parroquial, a pesar de las advertencias explícitas del terapeuta del sacerdote que insistía en la necesidad de mantenerle alejado de los niños. En 1999, Avery fue acusado de nuevo de “abusar brutalmente” de un niño de 10 años de edad. Otro caso que se le imputa a Lynn es el del reverendo James Brennan. En 1996 Brennan fue denunciado por violar a un joven de 14 años. En vez de abrir una investigación, Lynn simplemente ordenó el traslado de Brennan a otro estado. En 2005, Lynn y otros altos cargos de la archidiócesis fueron llevados al banquillo de los acusados por silenciar denuncias de pederastia que implicaban, al menos, a 37 miembros de la Iglesia católica. Sin embargo, aquel juicio no tuvo ninguna consecuencia jurídica, ya que los delitos cometidos fueron calificados como prescritos. Gracias a dos nuevas querellas, la Fiscalía pudo reabrir el caso en 2011.

    http://actualidad.rt.com/sociedad/view/47670-Por-primera-vez-en-EE.-UU.-un-alto-cargo-cat%C3%B3lico-ir%C3%A1-a-c%C3%A1rcel-por-pederastia

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    Re: Pederastia en la Iglesia católica

    Mensaje por Invitado el Sáb Jun 23, 2012 5:28 am

    MISMA OPINION QUE EL ANTERIOR.


    Condenan a 2 años de cárcel a un cura español por pornografía infantil.
    El sacerdote guardaba y compartía en redes pedófilas más de 21.000 archivos




    En los próximos días se dictará sentencia de dos años de cárcel a un cura español acusado de pornografía infantil. La condena es producto de un acuerdo entre el acusado y la fiscalía, al que se llegó tras dos años de negociaciones.

    Rafael Sansó, párroco de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Villafamés, en España, fue detenido en noviembre del 2010. En la operación policial, la Guardia Civil encontró más de 21.000 archivos de contenido pedófilo, algunos con bebés, que ocupaban unos 600 gigas en la memoria de su computadora. Los investigadores probaron que el sacerdote compartía el material pedófilo con los usuarios de la red GROU.PS, vinculada con la pedofilia y cuyos usuarios debían recibir una invitación previa para integrarse, además de aportar nuevo material. En total, la policía identificó a 10.759 usuarios de esta red. La fiscalía pidió inicialmente 3 años y medio de prisión para el acusado, pero después de que Sansó reconoció los hechos e inició un período de negociaciones para evitar el juicio oral, mismo que hace una semana concluyó con el acuerdo de 2 años de prisión y la privación de su derecho de sufragio pasivo (la imposibilidad para postularse como candidato) durante el tiempo de la condena.

    http://actualidad.rt.com/sociedad/view/47438-Condenan-a-2-a%C3%B1os-de-c%C3%A1rcel-a-un-cura-espa%C3%B1ol-por-pornograf%C3%ADa-infantil

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    Re: Pederastia en la Iglesia católica

    Mensaje por Invitado el Sáb Jun 23, 2012 7:09 am

    Gracias Yoga hermano por estos informes que sirven para que se tome conciencia de una buena vez de la clase de ....... que nos rodean lamentáblemente y lo peor es que no solo trauman a los adulos adolescentes , sino a los niños ...

    Un gran abrazo Ramdas

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    Re: Pederastia en la Iglesia católica

    Mensaje por Invitado el Jue Ago 16, 2012 8:37 am

    Un sacerdote ebrio persigue en ropa interior a un niño
    El menor se despertó cuando el cura le hacía fotos y le tocaba los genitales, y salió corriendo en plena noche





    El sacerdote Ángel Armando Pérez, reverendo de la ciudad de Woodburn en Oregón (EE.UU.), intentó abusar presuntamente de un menor de 12 años al que perseguía por la calle en ropa interior.


    Según las autoridades locales, una pareja encontró al menor corriendo por la calle en plena medianoche perseguido por el cura. Heather Rodríguez, el hombre que socorrió al niño, contó a las autoridades que el sacerdote le exigió que le devolviera al niño. El menor aseguró que estaba durmiendo en el hogar del reverendo y se despertó porque este empezó a tocarle los genitales y a hacerle fotos. Pudo escapar y salir corriendo a la calle donde fue rescatado por Healther Rodriguez. Al parecer los padres del niño dejaron a su hijo en casa del sacerdote porque al día siguiente se iban a escalar. El menor contó también que durante la tarde Ángel Armando Pérez estuvo bebiendo mucha cerveza y le había ofrecido a él mientras veían una película. El sacerdote afronta cargos de abuso sexual de primer grado y de conducta sexualmente explícita con un menor.

    http://actualidad.rt.com/sociedad/view/51605-sacerdote-ebrio-angel-armando-perez-mal-asunto-ninos
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    Re: Pederastia en la Iglesia católica

    Mensaje por dansel1981 el Sáb Sep 08, 2012 4:31 am

    Un obispo irlandés encubría delitos sexuales contra menores con sobornos El prelado consideraba que los casos eran un problema de "amistad extralimitada"


    Un obispo irlandés encubrió los delitos sexuales de uno de los sacerdotes de su diócesis pagando sobornos a las víctimas, según informa el diario The Irish Times. De acuerdo con el rotativo, fue el propio obispo, John Kirby, quien confesó al rotativo que en los años 90 pagó un equivalente a 165.000 euros a dos víctimas de un sacerdote para que los casos no llegaran a juicio. No obstante, el sacerdote fue procesado, según el informe del Directorio Nacional para la Protección de los Niños en la Iglesia Católica (NBSCCC, por sus siglas en inglés), una institución supervisora de la Iglesia Católica Irlandesa que se ocupa de la revisión de las medidas que se toman para proteger a los menores de edad. Según dicho informe, entre 1990 y 1997 se presentaron cinco denuncias contra el delincuente, que figura en el documento como ´Sacerdote A´. Fue encontrado culpable de pederastia y encarcelado. El NBSCCC señala que en vez de denunciar ante las autoridades policiales los abusos sexuales contra los niños, el obispo prefirió simplemente mandar al ´Sacerdote A´ a otra parroquia. Por su parte, Kirby apunta que “pensaba que si separaba al sacerdote del menor solucionaría el problema, que era una amistad extralimitada”, según creía. Esta particular visión sobre la pedofilia, “puede atribuirse a mi ingenuidad y extrema inocencia”, explicó el obispo, que también pidió perdón por la manera inapropiada de reaccionar a las denuncias. Las denuncias mencionadas en el informe del NBSCCC están siendo investigadas por la Unidad de Delitos Sexuales, según afirmó el jueves el ministro de Justicia de Irlanda, Alan Shatter.

    Texto completo en: http://actualidad.rt.com/sociedad/view/53196-obispo-irlandes-encubria-delitos-sexuales-menores-sobornos
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    Re: Pederastia en la Iglesia católica

    Mensaje por dansel1981 el Mar Sep 11, 2012 4:45 pm

    Sacerdote católico culpa a los niños por el abuso sexual recibido
    New York: Un importante sacerdote católico dice que él cree que los “jovencitos” a menudo son los culpables del abuso sexual cometido por los sacerdotes y los sacerdotes a los que se considera los culpables en primera instancia no deberían ser encarcelados por esos crimenes.

    El padre Benedict Groeschel, fundador de la orden los frailes franciscanos de la Renovación es bien conocido por el programa Sunday Night Prime with Father Benedict Groeschel, un show semanal en la red de televisión católica EWTN. No fue lo que dijo en su televisión lo que levantó la controversia, sino sus comentarios en una entrevista con el National Catholic Register . Según un informe de to a UPI , Groeschel dijo al diario:



    “La gente tiene esta imagen en sus mentes de que una persona planificando, un sicópata. Pero este no es el caso. Suponte que tienes un hombre que tiene una crisis nerviosa, y viene un joven a ‘buscarle’. En un montón de casos, es el joven, de 14, 16 y 18, el seductor”.



    (Nota Trinity: obviamente, este señor sabe muy bien de lo que está hablando. Y para terminar de cubrirse de gloria añade Groeschel :


    “Bueno, no es tan dificil de ver. Un chico buscando a un padre cuando no tuvo a uno en su vida, y no es que su intención sea tener sexo duro con él (el padre), sino algo romántico, con abrazos, besos, dormir con él, pero no mantener una relación sexual o nada de eso. Es comprensible y sabes dónde encontrarlos entre el clero o la gente importante; miras a los profesores, abogados, jueces, trabajadores sociales”.

    El New York Times cita a Groeschel diciendo:



    “Estoy inclinado a pensar” que los sacerdotes que fueron los abusadores en primera instancia no deberian ser encarcelados porque “su intención no fué nunca cometer un crimen”.


    El mencionado sacerdote
    El abuso sexual de niños por parte de sacerdotes católicos ha sido reportado los últimos años de una forma muy recurrente, con países como Canadá, Irlanda, EEUU, Reino Unido, México, Bélgica, Francia, Alemania y Australia a la cabeza. Estados Unidos e Irlanda son los únicos países en los que se ha llevado a cabo investigaciones nacionales a gran escala sobre ello.

    En 1981 el padre Donald Roemer, de la archidiocesis de Los Angeles, fue declarado culpable de abuso sexual de un menor.

    En Octubre de 1985, Gilbert Gauthe, un sacerdote de Louisiana, fue declarado culpable de 11 casos de abuso sexual a chicos.

    Según Religious Tolerance no fue hasta el 2002 que el tema de los abusos sexuales por sacerdotes que alcanzaron un climax y se convirtieron en algo habitual.

    Un informe de Reuters dice que después de décadas de acusaciones de abusos y encubrimiento por parte de la Iglesia, todo ello ha dejado una mancha que durará décadas en la Iglesia Católica y que miles de millones de dólares en compensaciones a las víctimas han arruinado a varias diócesis de EEUU.

    La iglesia no es la única institucion que ha recibido cobertura extensiva en relación a los abusos sexuales, sin embargo. Recientemente la Univesidad del Estado de Penn fue golpeada duramente por el caso Jerry Sandusky . Sandusky fue acusado de abusar sexualmente de 10 niños en el transcurso de 15 años.

    Groeschel hizo referencia a este escándalo en su entrevista según el reporte de Reuters . Groeschel se refirió a Sandusky como “este pobre tipo” y se preguntaba cómo los ataques de Sandusky se pudieron producir por tanto tiempo. Luego dijo:

    “Bueno, sabes, hasta muy recientemente, la gente NO REGISTRABA EN SUS MENTES QUE ESTO ERA UN CRIMEN”.

    Raw News informa de que el artí*** con la entrevista a Groeschel ha sido eliminada del sitio web de National Catholic Reporter Digital Journal confirma que la entrevista ya no está en la web. Un articulo de por NCR de Tim Roberts decía:



    “Los editores del National Catholic Register se disculpan por la publicación sin clarificación del padre B. Groeschel y sus comentarios que parecen sugerir que el niño es responsable del abuso. Nuestra publicación cree que publicar tal comentario fue un error editorial por el que sinceramente nos lamentamos”.

    Una nota posterior del New York Times dice que Groeschel no quería decir esto y que lo “lamenta profundamente”.

    ”Yo no intentaba culpar a la víctima. Un sacerdote (o cualquier otra persona) que abusa de un menor siempre hace mal y siempre es responsable. Mi mente y mi forma de expresarme no es tan clara como solía ser. He pasado mi vida tratando de ayudar a otros. Lamento profundamente el daño que yo pueda haber causado”.

    Joseph Zwilling, portavoz de la archidiócesis de New York publicó estas declaraciones en su página web:

    “Los comentarios del Padre Benedict Groeschel que aparecieron en la página web del National Catholic Register son simplemente equivocados. Aunque él no es sacerdote de la Archidiócesis de NY, lo que dijo el Padre Father Groeschel no puede ser permitido y debe ser contestado. El abuso sexual de un menor es un crimen, y quienquiera que lo cometa debe ser perseguido con todas sus consecuencias por la ley.

    El daño causado por esos comentarios tiene que ver con la connotación de que la víctima del abuso es el responsable de éste y causó que éste se produjera.

    Esto no es sólo terriblemente incorrecto, sino que es extremedamente doloroso para las víctimas. Aquellos que habéis sido heridos por esos comentarios, por favor, entended que tenéis nuestra profunda simpatia y de los que rezan con nosotros. La Archidiócesis de NY se disocia por completo de esos comentarios. No reflejan nuestras creencias ni nuestras prácticas.”

    Fin del articulo y la traducción:
    Es evidente que este señor, y aquellos que opinan como él, abierta u ocultamente, creen estar más allá del bien y del mal. La supuesta crisis nerviosa de los sacerdotes, parece excusar cualquier crimen por horrendo que sea. Este señor debería revisar las razones por las que esos señores sufren de “crisis nerviosa” dentro de un sistema religioso que aparentemente no está pensado para la medida humana y que les obliga a vivir negando su propia naturaleza humana, en lugar de culpar a niños y adolescentes abandonados por su familia o dejados a su cargo por el sistema de control. ¡Ya es hora de que las leyes humanas se apliquen sobre todos los sujetos de la Iglesia exactamente igual que sobre todos los demás!. Ya es hora de empezar a sanar en este mundo la hipocresía insolente del sistema ecleseástico y de muchos sujetos que viven en él, al margen de las leyes que castigan el crimen.
    La noticia positiva de este post es doble. Uno que esos comentarios no pasen desapercibidos y obligen a todo el engranaje ecleseástico a disculparse para no seguir levantando una marea de respuestas críticas.


    Dos, esta frase del sacerdote cuando dice: “Bueno, sabes, hasta muy recientemente, la gente NO REGISTRABA EN SUS MENTES QUE ESTO ERA UN CRIMEN”.
    Las leyes no han cambiado respecto al abuso sexual a menores. Lo que sí ha cambiado es que ahora la gente registra el abuso como un crimen. Esto nos da la esperanza de continuar para erradicar por completo esas espantosas prácticas.
    http://www.trinityatierra.com/2012/09/11/sacerdote-catolico-culpa-a-los-ninos-por-el-abuso-sexual-recibido/

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    Re: Pederastia en la Iglesia católica

    Mensaje por Invitado el Mar Sep 11, 2012 4:55 pm

    Si quieren saber quienes son los Illuminati, quien es Satanas, y cual es su Reino, vean este video, no les quedaran duadas, de que el Vaticano y la casa Blanca son desde nos gobiernan al mundo entero.

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    FranciscoBU
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    Re: Pederastia en la Iglesia católica

    Mensaje por FranciscoBU el Mar Sep 11, 2012 5:12 pm

    Gracias por sus aportes pero procedo a cerrar el tema ya que como quedo ya bien claro , la unidad es con todo sentido, no todos lo que es católico es malo, hay muchas personas que son de buen corazón y gran ejemplo. queremos paz , amor y que todos los que queremos el bien para nuestro planeta estemos juntos , sin importar credos , religiones etc.


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    Re: Pederastia en la Iglesia católica

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