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    El estudio de la sequia en el Antiguo Egipto

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    El estudio de la sequia en el Antiguo Egipto

    Mensaje por Halfaro el Vie Ago 24, 2012 11:53 pm

    Antiguo Egipto: aumenta estudiar las teorías de sequía
    Por Nix - 24 de agosto 2012


    La investigación reciente demuestra registros arqueológicos de las sequías en el Antiguo Egipto, durante la caída del Imperio Antiguo de Egipto, la época conocida como el tiempo de pirámide edificio. Un estudio del polen y carbón de leña antiguo conservado en sedimentos enterrados profundamente en el Nilo de Egipto Delta proporciona evidencia de las sequías e incendios, entre ellos un gran sequía hace 4.200 años.

    Christopher Bernhardt, un investigador del Servicio Geológico de EE.UU., explicó que los seres humanos tienen una larga historia de tener que lidiar con el cambio climático. Bernhardt señaló que junto con otras investigaciones, este estudio geológico revela que la evolución de las sociedades es a veces ligada a la variabilidad del clima en todas las escalas - ya décadas o milenario. USGS Directora Marcia McNutt dijo que la disponibilidad de agua era el talón de Aquiles del cambio climático después de Egipto, como bien puede ser ahora, por un planeta superando siete billones de personas sedientas. Ella señala que incluso los poderosos constructores de las pirámides antiguas de más de 4.000 años atrás fue víctima cuando eran incapaces de responder a un clima cambiante.


    La Esfinge y la Gran Pirámide de Giza, Egipto. (Créditos: Departamento de EE.UU. Servicio Geológico de la foto Interior USGS Servicio Geológico de EE.UU. por Benjamin P. Horton, de la Universidad de Pennsylvania)

    El polen conservado y carbón utilizado para esta investigación fue tomada desde el núcleo de sedimento Delta del Nilo que data de hace 7.000 años hasta la actualidad para ayudar a resolver los mecanismos físicos subyacentes a los eventos críticos de la historia del antiguo Egipto. Su motivo era ver si los cambios en los conjuntos polínicos reflejaría las sequías antiguos egipcios Oriente Medio y recogidos en los registros arqueológicos e históricos.

    También examinaron la presencia y la cantidad de carbón vegetal como la frecuencia de incendios a menudo aumenta durante las épocas de sequía y los incendios se registran como carbón de leña en el registro geológico. Los científicos sospechaban que la proporción de polen de humedales se reduciría en tiempos de sequía y la cantidad de carbón aumentaría el que dio la razón como una gran reducción en la proporción de polen de los humedales y los aumentos de carbón microscópico producido en el núcleo durante cuatro ocasiones distintas entre 3.000 y hace 6.000 años.


    Río Nilo y su delta. (Fuente: Jacques Descloitres, MODIS Rapid Response Team, NASA / GSFC)

    La investigación también muestra que hubo un abrupto y mundial mega-sequías de alrededor de hace 4.200 años, una sequía que tuvo graves repercusiones sociales, incluyendo las hambrunas, y que probablemente jugó un papel en la final del Imperio Antiguo de Egipto, y afectó a las culturas mediterráneas, así .

    "Nuestro registro de polen parece ser muy sensible a la disminución de las precipitaciones que se produjeron en el mega-sequía de hace 4.200 años. La respuesta de la vegetación duró mucho más tiempo en comparación con otros registros de proxy geológicas de esta sequía, posiblemente indicando un efecto sostenido en el delta del Nilo y la vegetación de la cuenca. "Christopher Bernhardt, USGS

    Del mismo modo, la evidencia del polen y carbón registraron dos sequías otros grandes: uno que ocurrió hace unos 5.000 a 5.500 años atrás, y otro que se produjo alrededor de 3.000 años atrás.

    Estos eventos están en sincronía con los registrados en la historia humana - la primera comenzó hace unos 5.000 años, cuando la unificación del Alto y el Bajo Egipto se produjo y se derrumbó el reino Uruk en el moderno Irak. El segundo evento se llevó a cabo alrededor de 3.000 años en el Mediterráneo oriental y se asocia con la caída del reino de Ugarit y hambrunas en los reinos de Babilonia y Siria.

    "El estudio geológico demuestra que al descifrar los climas del pasado, polen y otros microorganismos, tales como el carbón, puede complementar o verificar los registros escritos o arqueológico - o pueden servir como el propio registro si otro tipo de información no existe o no es continua , "Benjamin Horton, Departamento de Penn de la Tierra y Ciencias Ambientales

    El estudio " delta del Nilo respuesta a la variabilidad climática del Holoceno ", fue publicado en la edición de julio de Geología, dirigida por Christopher E. Bernhardt, como parte de su doctorado en la Universidad de Pennsylvania, junto con Benjamín Horton, profesor asociado en el Departamento de Penn de la Tierra y Ciencias Ambientales y Stanley Jean-Daniel en la Institución Smithsonian.

    Fuente: USGS , Terradaily, Geology.GSA

    Imagen destacada: La Esfinge y la Gran Pirámide de Giza, Egipto. Créditos: Departamento de EE.UU. Servicio Geológico de la foto Interior USGS Servicio Geológico de EE.UU. por Benjamin P. Horton, de la Universidad de Pennsylvania.

    http://thewatchers.adorraeli.com/2012/08/24/ancient-egypt-study-augments-the-drought-theories/


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    Re: El estudio de la sequia en el Antiguo Egipto

    Mensaje por fidel el Sáb Ago 25, 2012 5:07 am

    la respuesta esta aquí , nunca creyeron a Petri Hassan ,y tal vez las plagas del antiguo Egipto fueron por causa del cambio climático , ANKATIFI TENIA RAZON .
    http://youtu.be/-2qoLwvk_Sk

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    Re: El estudio de la sequia en el Antiguo Egipto

    Mensaje por Invitado el Sáb Ago 25, 2012 5:18 am

    fidel escribió: la respuesta esta aquí , nunca creyeron a Petri Hassan ,y tal vez las plagas del antiguo Egipto fueron por causa del cambio climático , ANKATIFI TENIA RAZON .
    http://youtu.be/-2qoLwvk_Sk


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    Re: El estudio de la sequia en el Antiguo Egipto

    Mensaje por Viajera Cósmica el Sáb Ago 25, 2012 10:18 am

    En el Reino de los Faraones.

    Desde José hasta Moisés.

    1. José en Egipto.

    ¿Tuvo Putifar un modelo? — El papiro de Orbiney. — Los hyksos, soberanos del Nilo. — José... funcionario de una potencia de ocupación. — Silos de grano, patente egipcia. — Confirmación de los siete años de carestía. — Instalación en Gosen. — Bahr Yusuf, el canal de José. — Sellos con la leyenda "de Jacob." — La historia de José.

    JOSÉ, PUES, FUE BAJADO A EGIPTO, Y PUTIFAR, EUNUCO DEL FARAÓN, JEFE DE LA ESCOLTA Y VARÓN EGIPCIO, COMPRÓLE DE MANO DE LOS ISRAELITAS QUE ALLÍ LE HABÍAN BAJADO (Gen. 39:1).

    La historia de José, que, vendido por sus hermanos, es llevado a Egipto y nombrado allí primer ministro del Faraón y que se reconcilia finalmente con los suyos, es sin duda una de las historias más bellas de la literatura universal.

    "Acaeció después de estos sucesos que la esposa de su amo puso los ojos en José y le dijo: "¡Yace conmigo!" Pero él se negó" (Génesis 39:7-Cool. "Cuando su esposo regresó le dijo: "El siervo hebreo que nos trajiste ha venido donde mi a hacerme escarnio" (Génesis 39:17).

    "Ben Akiba," se dijeron sonriendo con aire satisfecho los egiptólogos al estudiar por primera vez la traducción del "Papyrus Orbiney." Lo que descifraban en aquellos jeroglíficos era una historia muy leída del tiempo de la XIX dinastía con el discreto título de La novela de los dos hermanos.

    "Éranse una vez dos hermanos... El nombre de uno de ellos era Anubi y el más joven se llamaba Bata. Anubi poseía una casa y una esposa, y su hermano menor vivía con él cual si fuese su hijo. Sacaba a pacer los rebaños al campo, y de noche los volvía a casa y dormía con ellos en el establo. Cuando llegó el tiempo de arar la tierra, los dos hermanos araban juntos en el campo. Como permaneciesen allí durante unos días y les faltase la simiente, el hermano mayor mandó al más pequeño diciéndole:

    "—¡Corre y trae simiente de la ciudad!

    "El hermano menor encontró a la esposa de su hermano mayor cuando se estaba aderezando el tocado. Y entonces le dijo:

    "—Levántate y dame simiente para poderla llevar al campo; pues mi hermano ha dicho: "¡Date prisa y no te entretengas!"

    "Cargóse, pues, la simiente a la espalda y salió de casa con la pesada carga... Entonces ella le dijo:

    "—¡Tienes mucha fuerza! Cada día lo estoy notando... ¡Ven! ¡Echémonos una hora!.. Te resultará agradable. Y, además, te haré hermosos vestidos.

    "Pero el joven se irritó como un leopardo del Sur... debido a las malas palabras que ella le había dirigido, y entonces le contestó:

    "—¿Qué grosería es ésta que me acabas de decir? ¡No vuelvas a repetírmelo! Tampoco yo lo diré a nadie...

    "Y diciendo esto, levantó su carga y se dirigió al campo... pero la mujer temió por lo que había dicho. Cogió grasa y se dispuso como si hubiese sido maltratada por un atrevido. Su esposo encontró a su mujer echada... enferma cual si hubiese sido víctima de un acto de violencia... Al verla así su esposo le preguntó:

    "—¿Quién habló contigo?

    "Y ella contestó:

    "—No otro... sino tu hermano menor. Cuando vino en busca de simiente... me encontró sola y que estaba aquí sentada y me dijo: "Ven, echémonos una hora. ¡Recoge tus cabellos!.." Pero yo no le escuché. "¿Es que no soy como tu madre? Y tu hermano mayor, ¿no es acaso como tu padre?" Así le dije. Entonces tuvo miedo y me golpeó para que nada te dijera. Si permites que él viva, yo moriré.

    "Entonces su hermano se irritó como un leopardo del Sur e hizo afilar su cuchillo... para dar muerte a su hermano menor."

    Parece cual si se viera en realidad a los cortesanos del Faraón cuchicheando, contándose esta historia que les agradaba tanto. Los problemas sexuales y la psicología de la mujer eran ya temas interesantes muchos miles de años antes de Kinsey.

    La historia de una adúltera, descrita en una novela egipcia, ¿sirvió de modelo para la historia bíblica de José? Sobre los pros y los contras de esta tesis discutieron los eruditos con ocasión del documento designado con el nombre de "Papyrus Orbiney," y sus discusiones continuaron hasta bien entrado el siglo actual.

    Pero en el relato faltaba la estancia de Israel en Egipto que figura en la Biblia. En ningún otro documento había rastro alguno de este acontecimiento. Muchos historiadores y profesores de Teología hablaban de la "leyenda de José."

    Precisamente de un país como Egipto era de esperar que se nos facilitase una documentación completa y contemporánea sobre los hechos allí acaecidos y de los cuales nos da cuenta la Biblia. Por lo menos en lo que hace referencia a José, pues era nada menos que primer ministro del Faraón y, por tanto, hombre poderoso en el país del Nilo.

    Ningún estado del viejo Oriente nos ha transmitido su historia de manera tan fiel como Egipto. Hasta el año 3000 antes de J.C. conocemos casi sin solución de continuidad los nombres de los faraones, como conocemos también los de las dinastías de los Imperios Antiguo, Medio y Nuevo. Ningún otro pueblo ha trazado con tanta exactitud los acontecimientos de su historia, las hazañas de sus soberanos, sus campañas, la construcción de sus templos y de sus palacios, así como su literatura y su poesía.

    FIG. 13.

    Pero sobre este particular que nos ocupa, Egipto dejaba a los investigadores sin contestación a sus preguntas. Cosa rara que no se encontrara mención alguna de José; pero tampoco de su época se han hallado ni monumentos ni documento alguno. Las noticias de los pasados siglos, casi jamás interrumpidas, cesan alrededor del año 1730 antes de la era cristiana casi en forma repentina. Desde aquella fecha y durante mucho tiempo la historia de Egipto permanece en una profunda obscuridad. Sólo en el año 1580 antes de J.C. aparecen nuevos testimonios. ¿Cómo explicar la falta de datos durante un espacio de tiempo tan grande y referente a un pueblo tan desarrollado?

    Es que algo terrible ocurrió en la tierra del Nilo hacia el año 1730 antes de J.C. De repente, como un rayo en cielo sereno, unos guerreros montados en carros, ligeros como flechas, invaden el país; columnas interminables, envueltas en el polvo del camino, se precipitan sobre Egipto; en los fuertes de la frontera se oyen noche y día las pisadas de las herraduras, que resuenan también en las largas calles de las ciudades, sobre las plazas de los templos y los magníficos patios de los palacios faraónicos. Y antes de que los egipcios se apercibiesen, el país estaba invadido, ocupado, vencido.

    El gigante del Ni-lo, que en el transcurso de su larga historia jamás vio a ningún conquistador extranjero, yace ahora amordazado en tierra.

    FIG. 14. — Nombramiento de un visir egipcio.

    El dominio de los conquistadores da comienzo con un río de sangre. Los hyksos, tribus semíticas de Canaán y Siria, no tienen entrañas. Con el año 1730 antes de J.C. termina la dominación de las dinastías, que habían perdurado 1.300 años. El Imperio Medio de los Faraones se resquebraja ante el asalto del pueblo asiático, del "Soberano de los países extranjeros." Esto es lo que significa el nombre de hyksos. Cuan vivamente grabada en el alma del pueblo egipcio quedó esta catástrofe política, aparece claro en la descripción del historiador egipcio Maneton. "Gobernaba entonces un rey de nuestra estirpe llamado Timaios. Durante su reinado ocurrió lo que voy a narrar. No sé por qué Dios estaba descontento de nosotros. De improviso llegaron hombres plebeyos de los países del Este. Tuvieron la osadía de realizar una expedición a nuestro propio país y lo sometieron por la fuerza pero con toda facilidad, sin librar una sola batalla. Y cuando se hubieron apoderado de nuestros soberanos, incendieron en forma bárbara nuestras ciudades, destruyeron los templos de los dioses. Todos los habitantes fueron tratados con suma crueldad, pues asesinaron a unos y se llevaron como esclavos a las mujeres y a los niños. Finalmente nombraron rey a uno de ellos. Su nombre era Salatis y vivía en Menfis, haciendo que el Alto y el Bajo Egipto le fueran tributarios. Puso guarniciones en muchos lugares estratégicos... y cuando en la comarca de Sait encontró una ciudad apropiada para sus objetivos la reconstruyó y la fortificó por medio de murallas que fueron erigidas a su alrededor, y con una guarnición de 240.000 hombres que puso allí para sostenerla. A esa ciudad, llamada Avaris, situada al este de un brazo del Nilo, iba Salatis cada verano, y junto a Bubasti, para recolectar sus cosechas de trigo y para pagar a sus soldados, hacer maniobras con su ejército y con ello hacer concebir temor a sus enemigos."

    Avaris es la ciudad que, bajo otro nombre, desempeña un papel importante en la historia bíblica, ¡Avaris, más tarde llamada Pi-Rameses, es una de las ciudades tributarias de Israel en Egipto! (Ex. 1:11).

    El relato bíblico de la historia de José y de la permanencia de los hijos de Israel en Egipto procede de esta época de gran turbulencia en que el Nilo se hallaba bajo la soberanía de los hyksos. No es, pues, de extrañar que no tengamos de ella ninguna mención egipcia contemporánea. En cambio, existen pruebas indirectas sobre la autenticidad de la historia de José. La representación bíblica del fondo histórico es exacta; hasta en sus más pequeños detalles su colorido es puramente egipcio. El egiptólogo lo ve confirmado mediante una serie de objetos hallados en las excavaciones.

    Son precisamente mercaderes ismaelitas, árabes de raza, los que transportan especias y drogas de su país hasta Egipto, donde venden a José (Gen. 37:25). Egipto importa estos productos en grandes cantidades. Se precisan para el culto divino de los templos, donde son quemadas hierbas de olor penetrante a manera de incienso. A los médicos les son indispensables para la curación de las enfermedades, y a los sacerdotes, para embalsamar los cadáveres de los potentados.

    FIG. 15. — Carro portaestandarte de Tebas.

    Putifar es el nombre del egipcio a quien José es vendido (Génesis 37:36). Éste es un nombre muy corriente en el país. En egipcio equivale a "Pa-di-pa-Ra," es decir: "el enviado del dios Ra."

    El nombramiento de José como virrey de Egipto podríamos decir que viene indicado en la Biblia en forma protocolaria. Es revestido con las insignias de su elevado cargo; recibe el anillo, el sello del Faraón, una rica vestidura de lino y una cadena de oro (Gen. 41:42). Exactamente como los artistas egipcios han representado y descrito en las inscripciones murales y en los bajos relieves las solemnes investiduras.

    José ocupa el "segundo carro" 1 (Gen. 41:43) del Faraón en su calidad de virrey. Esto equivale a decir que nos hallamos en la época de los hyksos. Estos "soberanos extranjeros" fueron los primeros en traer a Egipto los veloces carros de guerra. Y sabemos que los soberanos hyksos fueron los primeros en utilizar un carro de lujo para sus ceremonias en Egipto. Esto no era costumbre antes de su época en tierras del Nilo. Los carros de ceremonias, a los cuales iban uncidos selectos corceles, eran los "Rolls Royce" de los potentados y magnates de aquella época. El primero de los carros correspondía al soberano y el "segundo carro" era ocupado por el dignatario más importante del reino.

    José toma una esposa cual corresponde a su dignidad, llamada Asenet (Gen. 41:45), convirtiéndose así en yerno de un hombre de gran influencia llamado Putifar, sacerdote de Heliópolis, es decir, de la ciudad bíblica de On, situada hacia el norte de El Cairo actual, en la orilla derecha del Nilo.

    Contaba José treinta años cuando se determinó visitar las tierras de Egipto (Gen. 41:54). Nada más dice la Biblia sobre ello. Pero una gran obra del país del Nilo ha conservado hasta nuestros días el nombre de José.

    Medinet-el-Raiyûm, situada a 130 kilómetros al sur de El Cairo, en medio del fructífero Faiyum, es considerada como la "Venecia egipcia." En los frondosos huertos de ese inmenso y floreciente oasis se cosechan naranjas, mandarinas, melocotones, aceitunas, granadas y uvas. Estos riquísimos frutos los debe Faiyum a un canal de 334 kilómetros de longitud que conduce el agua del Nilo transformandouna comarca en un espléndido paraíso que, de otra manera, hubiera sido un desierto: "Bahr Yusuf," es decir, el "Canal de José," es el nombre con que se designa en todo el Egipto este antiquísimo acueducto, hasta en nuestros días. Entre el pueblo circula la tradición de que fue mandado construir por el bíblico José, designado en las leyendas árabes con el nombre de "Gran Visir" del Faraón.

    La Biblia representa a José como un gran organizador, quien, en su calidad de gran visir del pueblo egipcio, ayuda en los tiempos difíciles con su consejo, y hace provisiones en los años de abundancia para los años de escasez. Él hace almacenar el trigo en los graneros para las épocas de penuria.

    CONCLUYERON, PUES, LOS SIETE AÑOS DE ABUNDANCIA QUE HUBO EN EL PAÍS DE EGIPTO Y COMENZARON A VENIR LOS SIETE DE HAMBRE SEGÚN JOSÉ LO HABÍA PREDICHO. ASÍ, PUES, HUBO HAMBRE EN TODOS LOS PAÍSES, MIENTRAS EN TODA LA TIERRA DE EGIPTO HABÍA PAN (Gen. 41:53-54)

    Los años de sequía, malas cosechas y épocas de hambre son muy frecuentemente mencionados al hablar de las tierras del Nilo. En los tiempos antiguos, al principio del tercer milenio, parece ser que hubo una época de hambre que duró siete años según consta en una inscripción mural del tiempo de los Tolomeos. El rey Zoser hace llegar a los nobles que, junto a la gran catarata, rigen los destinos de aquel país, el siguiente mensaje:

    FIG. 16. — Venta de trigo a los semitas procedentes de Canadn.

    "Estoy muy preocupado por los que están en palacio. Mi corazón está apenado porque hace siete años que el Nilo no ha subido. Existen pocos frutos del campo y falta hierba, así como toda clase de alimentos. Cada cual le roba a su vecino... Lloran los niños, los jóvenes emigran. El corazón de los ancianos está deprimido, sus miembros inválidos; permanecen sentados en el suelo. En la corte las gentes están inquietas. Los depósitos de víveres fueron abiertos, pero... todo cuanto en ellos había ha sido ya consumido."

    Han sido hallados los restos de los graneros que ya existían en el antiguo reino. En muchas tumbas se han encontrado reproducciones de ellos en arcilla. Al parecer, también tratándose de los muertos se pensaba en los años de penuria.

    "Viendo, pues, Jacob que en Egipto había grano, dijo a sus hijos: "¿Por qué os estáis mirando unos a otros?— Y añadió: — Ved que he oído que hay grano en Egipto; bajad allá y compradnos, para que vivamos y no muramos." Bajaron, en efecto, diez hermanos de José a comprar grano en Egipto" (Gen. 42:1-3).

    Este es el motivo del gran viaje que conduce a los israelitas a Egipto y que dará lugar al encuentro con el hermano a quien vendieron. El virrey hace traer a Egipto a su padre, a sus hermanos y a sus parientes... "El total de las personas de la casa de Jacob que vinieron a Egipto fue de setenta... Y vinieron a la tierra de Gosen" (Gen. 46:27-28).

    El virrey había obtenido un amplio permiso para que los suyos pudiesen atravesar la frontera, y lo que relata la Biblia corresponde exactamente a las normas de gobierno de aquel país.

    "Entonces el Faraón dirigió la palabra a José diciendo: "Tu padre y tus hermanos han venido a ti; la tierra de Egipto a tu disposición esta; asienta en lo mejor del país a tu padre y a tus hermanos; habiten en la comarca de Gosen"" (Gen. 47:5-6).

    Se ha encontrado un papiro de aquella época que es un mensaje escrito por un empleado de la frontera a su superior en jerarquía. Dice así:

    "Otro asunto queda para comunicar a mi Señor y es que hemos permitido el paso a las tribus de beduinos de Edom a través de la fortaleza del Menefta en Zeku, después de los pantanos de la ciudad de Per-Atum... para que puedan permanecer durante su vida, ellos y sus rebaños, en las posesiones del Rey, disfrutando del buen sol de todo el país..."

    Per-Atum, que aparece en este texto jeroglífico, es el Pitom de la Biblia situado en el país de Gosen, una de las ciudades de Servidumbre en tiempos posteriores para Israel (Ex.1:11).

    En casos semejantes la policía fronteriza acudía hasta la corte y el mensaje seguía un trámite preestablecido. En el documento que nos ocupa se trata del permiso para la utilización de pastos; los fugitivos de un país en el cual reina el hambre son aceptados para instalarse en Egipto, en el delta, a la orilla derecha del Nilo, en la tierra bíblica de Gosen. En aquel lugar ejercen también su soberanía los conquistadores hyksos.

    Los hijos de Israel debieron encontrarse muy a su gusto en el país de Gosen. Era exactamente, tal como lo describe la Biblia (Gen. 45:18; 46:32; 47:3), extraordinariamente fructífero y, como tierra rica en pastos, ideal para la recría de ganado. Cuando el viejo Jacob murió, ocurrió algo insólito para él, para Canaán, para Mesopotamia y para su familia; algo completamente fuera de lo acostumbrado y que, por tanto, fue muy notable para los suyos: su cuerpo fue embalsamado.

    LUEGO ORDENÓ JOSÉ A LOS MÉDICOS QUE ESTABAN A SU SERVICIO QUE EMBALSAMARAN A SU PADRE Y LOS MÉDICOS EMBALSAMARON A ISRAEL. EMPLEARON EN ELLO CUARENTA DÍAS, PUES TAL ES EL TIEMPO QUE EMPLEABAN EN LOS EMBALSAMAMIENTOS 2 (Gen. 50:2- 3).

    En Herodoto, el trotamundos número uno y el relator de viajes de la Antigüedad, podemos leer cuan exactamente corresponde esta descripción con la costumbre egipcia. José fue embalsamado más tarde en la misma forma.

    Jamás un "habitante del desierto" habría podido ser virrey entre los faraones. Los nómadas se dedicaban a la cría de asnos, ovejas y cabras y nada era para los egipcios más despreciable que un pastor de ganado menor, porque los egipcios abominan de todos los pastores (Gen. 46:34). Sólo entre los conquistadores hyksos extranjeros tenía un "asiático" la posibilidad de llegar a ser nombrado funcionario de la más elevada jerarquía del Estado. Bajo los hyksos hubo repetidas veces empleados con nombres semitas. En sellos de la época de los hyksos se ha podido descifrar claramente la "leyenda de Jacob."

    "Y no es imposible — así por lo menos opina el gran egiptólogo americano James Henry Breasted — que uno de los dirigentes de las tribus del Jacob israelita hubiese sido investido de autoridad en aquellos obscuros tiempos en el valle del Nilo. Semejante acontecimiento hubiera favorecido extraordinariamente la penetración de tribus israelitas en Egipto, cosa que precisamente debió tener lugar en aquella época."

    ** ** **

    1. "El carro del segundo," es decir, del virrey.

    2. Jacob recibió de Yahvé el nombre de Israel, por lo que más tardo los suyos se llamaron "hijos de Israel" o israelitas.

    http://www.holytrinitymission.org/books/spanish/biblia_tenia_razon_keller.htm

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    Re: El estudio de la sequia en el Antiguo Egipto

    Mensaje por Viajera Cósmica el Sáb Ago 25, 2012 10:20 am

    2. Cuatrocientos Años de Silencio.

    Nuevo despertar de la tierra del Nilo. — Tebas desencadena la sublevación.— La expulsión de los hyksos. — Egipto adquiere el rango de gran potencia internacional. — La cultura india en el Estado de Mitani. — ¿Fue Nofrete una princesa indoaria? — Los "hijos de Het" junto al Halis. — Una viuda del Faraón que desea contraer matrimonio. — El primer pacto de no agresión del mundo. — Un cortejo nupcial hitita a través de Canaán.

    ASÍ, PUES, ISRAEL SE ESTABLECIÓ EN EL PAÍS DE EGIPTO, EN EL TERRITORIO DE GOSEN, Y ARRAIGARONSE EN ÉL Y FRUCTIFICARON Y SE AUMENTARON MUCHO (Gen. 47:27).

    La Biblia guarda un profundo silencio acerca de un período de 400 años, durante el cual se transformó por completo el aspecto político del "Fértil Creciente." En estos cuatro siglos se suceden notables cambios en la estructura de los pueblos. Estos cambios interrumpen la historia de más de mil años de los reinos semitas que se extienden junto al Tigris y al Éufrates. La gran isla cultural del Próximo Oriente es arrancada bruscamente de su propio ambiente. Pueblos y culturas extranjeras irrumpen de lejos, desde países hasta entonces desconocidos, y experimentan su primer contacto con el resto del mundo.

    Egipto permanece también sumido en el silencio durante 150 años. La aurora del nuevo despertar del gigante del Nilo empieza por un motivo muy curioso: el bramido de los hipopótamos de este río.

    Según puede leerse en un fragmento de papiro 1, un enviado del rey hykso Apofis sale de Avaris y se dirige al príncipe de la ciudad del Sur. La ciudad del Sur es Tebas, su príncipe el egipcio Sekenenrê, tributario del conquistador extranjero del Delta superior. Asombrado, pregunta el príncipe al enviado de la potencia asiática de ocupación:

    "¿Por qué te han mandado a la ciudad del Sur? ¿Cómo fue que emprendiste el viaje?"

    Y el mensajero le contestó:

    "Por orden del rey Apofis, ¡que larga vida, bienestar y salud haya! Me encarga que te transmita el siguiente mensaje: Traslada el estanque de los hipopótamos del Nilo situado al este de tu ciudad, pues no me dejan dormir. Día y noche resuena su bramar en mis oídos."

    El príncipe de la ciudad del Sur quedó perplejo durante unos instantes cual si hubiese quedado aturdido por el fragor del trueno, pues no sabía qué contestar al enviado del rey Apofis, ¡que larga vida, bienestar y salud haya!

    Finalmente dice:

    "Pues bien. Vuestro señor, ¡quien larga vida, bienestar y salud haya! oirá pronto mis noticias acerca de este estanque situado al este de la ciudad del Sur."

    Pero el mensajero no se contenta tan fácilmente. Y añade:

    "¡El asunto con el cual me envió aquí ha de ser cumplimentado!"

    El príncipe de la ciudad del Sur intenta convencer a su manera al enérgico mensajero. Adopta la vieja táctica, aún en boga en nuestros días, de los banquetes, como cosa propicia para crear una atmósfera amistosa y de buena voluntad. El mensajero hykso es obsequiado con "cosas excelentes," "con carne y pasteles"... Pero ¡todo inútil!; cuando emprende el regreso lleva en su bolso un documento escrito sobre papiro que dice textualmente así:

    "Haré todo cuanto me has dicho. Díselo, pues."

    "Y entonces el príncipe de la ciudad del Sur reunió a sus subordinados más importantes, y a todos los soldados de más categoría que tenía a su servicio y les repitió aquel mensaje del rey Apofis, ¡quien larga vida, bienestar y salud haya! Ellos callaron durante algún tiempo..."

    Aquí se interrumpe el texto del papiro. Por desgracia falta el final de la descripción. Pero podemos reconstruir lo que debió acontecer por medio de un testimonio de la misma época.

    En el museo de El Cairo se conserva la momia de un Sekenenrê. Al ser descubierta en Deir-el-bahri, junto a Tebas, llamó poderosamente la atención de los médicos. Es que el cráneo mostraba cinco graves heridas producidas por golpes. Sekenenrê había perdido la vida en una batalla.

    Parece un cuento y, sin embargo, es un caso verídico y extraordinario; los bramidos de los hipopótamos de Tebas molestaban a los soberanos del Delta del Nilo. Ese bramido ha sido, pues, el casus belli más raro de la historia universal 2.

    Desde Tebas se inicia la sublevación contra los opresores del país. Los batallones egipcios descienden por el Nilo. Al propio tiempo se ha hecho a vela, provista de robustos remeros, una flota muy bien equipada que desciende por el río sagrado en dirección Norte. Avaris, la fortaleza de los hyksos en el Delta, cae por fin en el año 1580 antes de J.C. Amosis I, hijo de Sekenenrê, se convierte en el celebrado liberador de Egipto. Un homónimo suyo, Amosis, oficial de la nueva marina real egipcia, ha legado a la posteridad en los muros de su tumba en El-Kab, un relato de los hechos de armas que tan decisivos fueron para la historia de aquel país. Después de hacer mención de su formación militar en forma muy detallada, dice lacónicamente:

    "Avaris fue tomada; allí hice prisioneros a un hombre y a tres mujeres, en conjunto cuatro personas. Su Majestad me los dio como esclavos."

    El oficial de la marina describe también la guerra en tierra firme:

    "Scharuhen fue asediada durante tres años y Su Majestad la tomó."

    Esta vez la acción resultó también fructífera para Amosis. "Allí me apoderé de dos mujeres. Me otorgaron el oro de la valentía, además de hacerme donación de los prisioneros para esclavos míos."

    Scharuhen, el bíblico Bet-Pelet (Jos. 15:27), era un punto estratégico del Negueb, debido a su situación dominante al sur de las pardas cordilleras de Judea. Todo lo que de ella ha quedado es una pequeña colina, formada de escombros y ruinas, designada con el nombre de Tell Far. En este lugar fue donde Flinders Petrie, el célebre arqueólogo de Inglaterra, exhumó una grandiosa muralla.

    Los ejércitos de los egipcios formados por soldados de varios colores, negros, asiáticos y nubios, siguieron su marcha hacia el Norte atravesando Canaán. Los nuevos faraones recibieron una lección con la amarga experiencia del pasado. Su país ya no será objeto de ataque alguno por sorpresa. Egipto no pierde el tiempo y, más allá de las fortalezas que señalan sus fronteras, procura crear estados que le sirvan de tierra de choque. Lo que resta del imperio de los hyksos es desmembrado y Palestina se convierte en una provincia egipcia. Los antiguos puestos consulares, los depósitos de comercio y las estaciones postales de Canaán y de Fenicia se convierten en guarniciones permanentes, en puntos estratégicos y de apoyo, en fortalezas egipcias.

    Después de una historia dos veces milenaria el coloso del Nilo sale de las sombras de sus pirámides y de sus esfinges con la pretensión de tomar parte activa en los sucesos que se desarrollan fuera de sus fronteras, en el resto del mundo. Egipto va madurando cada vez más para convertirse en una gran potencia mundial. Antes, todos cuantos vivían fuera del Valle del Nilo eran sólo "despreciables asiáticos," "nómadas del desierto," ganaderos, pueblos que no merecían la atención de los faraones. Ahora los egipcios se hacen más sociables. Empiezan a entablar relaciones con otros países. Esto era antes cosa inimaginable. Entre las notas diplomáticas halladas en el archivo del palacio de Mari no existe ni un solo escrito procedente del Nilo. Témpora mutantur... ¡Los tiempos cambian!

    El avance emprendido les lleva, al fin, hasta Siria, hasta la misma orilla del Éufrates. Allí se encuentran los egipcios con pueblos de cuya existencia no tenían conocimiento alguno. En vano buscan los sacerdotes en los viejos rollos de papiro de los archivos de los templos alguna mención de ellos; es inútil que estudien los relatos de las campañas de los primitivos faraones: ¡en ninguno encuentran la más mínima mención de los desconocidos Mitani!

    En la región septentrional de Mesopotamia se extiende, entre el curso superior de los ríos Tigris y Éufrates, el poderoso reino Mitani. Sus reyes han adquirido fama de ser la aristocracia de los luchadores en carros y sus nombres son de origen indoario. Los aristócratas del país se llaman "maria," que quiere decir "joven guerrero." María es una palabra antigua de la India, y sus templos están también dedicados a divinidades indias, de tiempos remotos. Los cantos mágicos del Rigweda resuenan ante las imágenes de Mitra, el vencedor de la luz en su lucha contra las tinieblas, el Indra que tiene poder sobre la tempestad, y de Waruna, el que dirige el curso eternamente regular del universo. Los antiguos dioses de los semitas han caído de sus pedestales.

    Los mitani son insignes conocedores de caballos, hasta podríamos decir que sienten una debilidad por ellos. En las orillas de los grandes ríos se celebran las primeras "carreras" del mundo. Las reglas y recomendaciones para la cría y la remonta, las instrucciones para la doma de los jóvenes potros, para su alimentación y adiestramiento, para la celebración de las carreras, llenan bibliotecas enteras de tablillas de barro cocido. Se trata de obras hipológicas que pueden ser comparadas con cualquier tratado moderno de la cría caballar. El caballo, para los marias, para los aristocráticos luchadores en carro, tenía más valor que el hombre.

    La época a que nos referimos, la frontera de Egipto lindaba con el estado mitani, frontera que no disfrutará por mucho tiempo de tranquilidad. Las contiendas locales no cesan. Los ataques provocados por una u otra parte, los arqueros egipcios se ven a cada punto envueltos en combates por los luchadores en carros. En sus campañas las fuerzas de choque egipcias, al perseguir a las columnas de los mitani, se adentran siempre profundamente en país enemigo. Los valles del Líbano, las riberas del Orontes y del Éufrates suelen ser escenarios de infinitas luchas y de sangrientos combates. Casi durante un siglo los dos grandes estados permanecen en ininterrumpida lucha.

    Poco antes del año 1400 antes de J.C. los belicosos mitani ofrecen la paz a los egipcios. De enemigos se convierten en amigos. Los reyes de Mitani pasan a desarrollar una política familiar. Con gran pompa y ricos presentes mandan a sus hijas a la tierra del Nilo; sus princesas se casan con faraones. Los soberanos en tres generaciones sucesivas se mezcla la sangre egipcia con la indoaria. Seguramente fue una de sus princesas la más célebre entre todas las esposas de los faraones: Nofrete, cuya belleza aún hoy día admira el mundo. Su esposo, Amenofis IV, fue el rey Sol de los egipcios: Eknatón.

    ¿Cuál fue el motivo de las raras proposiciones pacíficas de los mitani?

    El impulso vino de fuera. Su reino se veía amenazado por una guerra de dos frentes. Un enemigo muy fuerte irrumpió por el Noroeste, procedente del Asia Menor, recorriendo sus fronteras. Era un pueblo del cual los eruditos apenas nada supieron hasta nuestro siglo, pero que, sin embargo, representa un gran papel en el Antiguo Testamento: el pueblo de los hititas.

    Abraham levantó sus tiendas entre los "hijos de Het" al sur de las montañas de Judá, junto a Hebrón. A ellos les compró la tierra en donde construyó la tumba para su esposa Sara (Gen. 23:3), Esaú se casó a disgusto de sus padres Isaac y Rebeca, con dos doncellas hititas (Gen. 26:34), y también el rey David tomó a la esposa de Urias el hitita (2 Sam.. 11). Por el profeta Ezequiel sabemos que los hititas contribuyeron a la fundación de Jerusalén: "Eres por tu tierra y por tu origen una cananea; tu padre un amorreo, tu madre una hitita" (Ezq. 16:3:45).



    FIG. 17

    El nuevo descubrimiento del pueblo hitita, que había caído en un completo olvido, tuvo lugar poco después de empezado el actual siglo en el corazón de Turquía.

    En la meseta situada al este de la capital, Ankara, el Halis, en su cruce hacia el Mar Negro, describe una gran curva. Casi exactamente en el centro se halla el lugar de Boghasköi; "Boghas," en turco, quiere decir "desfiladero," y "köi," aldea. En esta aldea, situada en un desfiladero, descubrió en 1905 el egiptólogo alemán, profesor Hugo Winckler, toda una serie de inscripciones cuneiformes entre las cuales se encuentra un raro texto con figuras. Grande fue la expectación que causaron, y no sólo entre los eruditos. Con asombro se entera de quiénes eran los "hijos de Het" nombrados en la Biblia. La traducción de las escrituras cuneiformes pone claramente ante el mundo a los hasta entonces desconocidos hititas de origen indogermánico, y al gran reino que con ellos se hundió.

    Dos años después tiene lugar una nueva expedición que sale de Berlín y se dirige a Boghasköi. Esta vez va dirigida por el presidente del Instituto Arqueológico de Berlín, Otto Puchstein, quien explora el gran campo de ruinas situado en la parte superior de la aldea. En este lugar se hallaba Hattusas, la soberbia capital del reino hitita. Lo que de él queda son grandes escombros, restos de muros, fragmentos de un templo, puertas de la fortaleza y las ruinas de toda una ciudad. Sus muros abarcaban una superficie de 170 hectáreas. Hattusas era casi tan grande como la medieval Nuremberg. En las puertas de la ciudad había relieves con figuras de tamaño natural. A estas figuras, de basalto negro y dureza similar al hierro, les debemos nuestro conocimiento acerca de los reyes y de los más notables guerreros hititas. Llevaban éstos el pelo largo y arrollado como un moño a la espalda. Encima, un gorro alto y dividido por la mitad. El corto delantal estaba sostenido por un ancho cinturón. Además llevaban zapatos puntiagudos.

    Cuando hacia el año 1370 antes de J.C. el rey hitita Suppiluliuma se puso en marcha al frente de un poderoso ejército en dirección Sudeste, los días del reino Mitani, a pesar de su política familiar, estaban contados. Suppiluliuma derrotó el reino de los luchadores en carro; los obligó a pagar tributo y los empujó en dirección de los montes del Líbano, hacia el norte de Canaán. Al mismo tiempo, Egipto tenía en Siria otro vecino no menos fuerte ni con menos deseos de conquista.

    De aquel tiempo existe un precioso documento. Se trata de las memorias del príncipe Mursilis, hijo de Suppiluliuma; en ellas da cuenta de un episodio ocurrido en la corte de los hititas, que le impresionó tanto que decidió relatarlo en sus escritos:

    Anches-en-Amón, la esposa del faraón Tutankamon, se había quedado viuda. Sus padres eran personajes notables, Eknatón y Nofrete. A ésta la conocemos a través de las maravillosas esculturas egipcias como un ser delicado y juvenil. Y sin embargo, debió de ser una mujer que sabía muy bien lo que quería; mediante la influencia de su personalidad, verdaderamente encantadora, trató de llevar la alta política en forma beneficiosa para su pueblo. Mediante la oferta hábilmente preparada de un trono faraónico — ¡qué oferta más tentadora! — se esfuerza en deshinchar las velas de su nuevo y poderoso vecino. Los guerreros hititas se hallaban precisamente en Anca, la fructífera tierra situada entre el Líbano y el Anti-Líbano.

    Mursilis escribe: "Cuando las gentes de Egipto se enteraron del ataque de Anca, se asustaron. Para colmo de desdichas, su señor (Tutankamon) acababa de morir. Entonces su mujer viuda, la reina egipcia, mandó un embajador a mi padre y le escribió como sigue: "Mi esposo murió y no tengo hijos. Se dice que tú tienes muchos. Si me mandases a uno de ellos podría ser mi esposo. Siento una gran aversión por tomar a uno de mis subordinados y desposarme con él." Cuando mi padre lo oyó reunió a los grandes en consejo y díjoles: "Desde que existe el mundo no he visto cosa semejante." Así mandó a su chambelán Hattu-zitis: "Ve, tráeme una completa información de este hecho insólito. Muy bien podría ser que intentaran engañarme; quizá tienen ya un príncipe; así, pues, tráeme una información completa."

    "El embajador de Egipto, el honorable Hanis, vino a mi padre. Como éste había instruido a Hattu-zitis antes de su viaje a Egipto para que se informara, pues "quizá tienen un príncipe y traten de engañarme y no necesitan de ninguno de mis hijos para asumir la soberanía del reino," la reina egipcia contestó a mi padre en una misiva:

    " "¿Por qué dices tú "podrían tratar de engañarme"? Si tuviese un hijo, ¿escribiría yo a un país extranjero en una forma que resulta humillante para mí y para mi país? Tú no te fías de mí y llegas a decirme todo esto. Aquel que fue mi esposo murió y yo no tengo hijo alguno. ¿Es que he de tomar a alguno de mis servidores y hacer de él mi marido? Aún no he escrito a ningún otro país, sólo te he escrito a ti. Se dice que tú tienes muchos hijos. Cédeme, pues, uno de ellos y será mi esposo y rey en la tierra de Egipto." Como mi padre era tan magnánimo, cedió a los deseos de la reina y decidió mandarle el hijo que solicitaba."

    A esta rara proposición de matrimonio, la suerte le negó el éxito. Tanto el trono faraónico como el lecho de Anches-en-Amón permanecieron vacíos. El pretendiente solicitado fue asesinado durante su viaje a Egipto.

    Siguiendo la misma ruta Halis-Nilo, otra proposición de matrimonio alcanzaba, unos 75 años después, su término feliz a pesar de que empezó con fragor de armas y ruido de batallas que le hacían presagiar un fin muy diferente. Ramsés II, llamado "el Grande," se dirigió a Siria a través de Palestina. Quiere enfrentarse, por fin, con los odiados hititas.

    En el valle del Orontes, donde hoy día existen vastos campos algodoneros y donde el antiguo castillo de los cruzados "Drak-des-Chevalliers" domina la llanura de Bukea, un poco al sur del lago de Moms, intensamente verde, se extendía entonces la ciudad de Kades. Ante sus puertas se enfrentaron cuatro ejércitos egipcios, con rápidos carros de guerra, contra la infantería hitita. Si bien la batalla no proporcionó a Ramsés II la deseada victoria, pues faltó poco para que quedase prisionero él mismo, consiguió sin embargo poner fin a las hostilidades. En 1280 antes de J.C. los hititas y los egipcios concluyen el primer pacto de no agresión y de defensa mutua de que se tiene conocimiento en la Historia Universal. La buena inteligencia conduce, además, al matrimonio de Ramsés II con una princesa de los hititas. Muchas inscripciones de varios metros de longitud describen detalladamente, en forma viva, el ambiente pintoresco de ese acontecimiento de tan extraordinaria importancia en aquella época. Tanto en los muros de los templos de Karnak, de Elefantina como en Abu Simbel o en las numerosas estelas, en todas partes, el relato se expresa en la misma forma.

    Ramsés II fue más allá que todos sus predecesores en su propia propaganda y su autoalabanza.

    Entonces se presentó alguien para entregar un comunicado a Su Majestad. Decía así: "¡Ved! ¡Hasta el gran príncipe de Hatti! (de los hititas). Su hija primogénita es entregada y con ella una multitud de tributos de toda clase. Han alcanzado las fronteras de Su Majestad. ¡Haced que venga el ejército y que vengan los dignatarios para recibirla! Entonces experimentó Su Majestad una gran alegría y fue feliz la corte cuando oyó tales cosas que en Egipto eran completamente desconocidas. Así mandó al ejército y a los dignatarios para que se apresuraran a recibirla."

    Una numerosa delegación se pone en marcha para dirigirse al norte de Palestina a recibir a la novia. Los enemigos de ayer fraternizan. "Salió, pues, la hija del Gran Príncipe de Hatti en dirección a Egipto. Mientras la infantería, los conductores de carros y los dignatarios de Su Majestad la acompañaban, el pueblo del país de los hititas se mezclaba en forma vistosa y pintoresca con los egipcios. Comieron y bebieron juntos; eran un solo corazón, como hermanos..."

    El numeroso cortejo de la novia salió de Palestina y se dirigió a la ciudad de Pi-Ramsés-Meri-Amón, situada en el Delta del Nilo. "Después condujeron a la hija del gran príncipe de Hatti... ante Su Majestad... Entonces Su Majestad vio que era bella de rostro como una diosa... Y la amó más que a todas las cosas..."

    Los hijos de Israel tuvieron que ser testigos de la llegada del cortejo de la novia a la ciudad de Pi-Ramsés-Meri-Amón y de las fiestas que se celebraron con dicho motivo. Según explican las descripciones bíblicas, su permanencia en dicha ciudad no fue sin embargo voluntaria. En este momento prosigue también la Biblia su relato. Cuatrocientos años de emigración pacífica y feliz de los hijos de Israel en la tierra del Nilo hicieron que permaneciera silenciosa. Pero malas noticias aparecen al principio de un nuevo e importante capítulo de la historia del pueblo bíblico.

    ** ** **

    1. Papiro de Sallier I, actualmente en el Museo Británico de Londres.

    2. Además de estar descrito en esta pieza literaria el comienzo de la sublevación, lo está en un texto histórico no publicado aún procedente de Karnak.







    3. Trabajos de Esclavitud en Pitom y Rameses.

    José había muerto hacia muchos años. — Noticias sobre la Biblia en la sepultura de los príncipes. — Pitom, la ciudad de los esclavos f en los textos egipcios. — Nueva residencia en el Delta del Nilo. — Error procedente del afán constructivo y del deseo de aparentar. — Montet desentierra la ciudad de la esclavitud: Rameses. — Moisés se escribía "ms." — Historia de una cestilla de juncos en Mesopotamia. — Moisés emigra a Madian. — Plagas conocidas en la tierra del Nilo.

    AHORA BIEN, ALZÓSE EN EGIPTO UN REY NUEVO QUE NO HABÍA CONOCIDO A JOSÉ, Y DIJO A SU PUEBLO: "MIRAD QUE EL PUEBLO DE LOS HIJOS DE ISRAEL ES MAS NUMEROSO Y FUERTE QUE NOSOTROS"... ENTONCES PUSIERON SOBRE ÉL CAPATACES DE PRESTACIONES PERSONALES PARA QUE LOS ABRUMARAN CON CARGAS, EDIFICANDO ASÍ PARA EL FARAÓN LAS CIUDADES ALMACENES DE PITOM Y RAMESES (Ex. 1:8-11).

    El nuevo rey que nada sabe de José es Ramsés II; su desconocimiento es comprensible. José, en efecto, vivió muchos siglos antes que él en la época de los hyksos. Es cosa cierta que apenas fueron transmitidos los nombres de esos soberanos extranjeros tan odiados por los egipcios; nada es de extrañar, pues, si los de sus dignatarios y empleados cayeron totalmente en el olvido. Y aunque Ramsés II hubiera tenido noticia de José no hubiera querido saber nada de él. Para un auténtico egipcio había dos motivos para despreciarle: primero, por su origen asiático, un "nómada del arenal," y después por su calidad de alto empleado de la administración de la odiada potencia que había sometido al país. Bajo este último aspecto el encumbramiento de José no sería ciertamente una recomendación para los israelitas.

    La naturaleza de los trabajos a que se vieron obligados los hijos de Israel en las grandes construcciones del antiguo Egipto, junto a las márgenes del Nilo, puede apreciarse muy bien mediante la contemplación de una antigua pintura que Percy A. Newberry — el descubridor del cuadro de los patriarcas en Beni-Hasan — halló en una tumba excavada en la peña oeste del Valle de los Reyes, de Tebas.

    En los muros de una grandiosa bóveda están representadas las realizaciones que, en beneficio de su país, hizo durante su vida un alto dignatario del reino, el visir Rekhmire. Una escena nos lo muestra inspeccionando unas obras. En uno de los detalles relativos a la fabricación de ladrillos llama la atención que entre los trabajadores, cubiertos con un simple delantal, predominan los de piel blanca. Una comparación con los de piel de color muestra que aquellos son semitas.

    "Nos provee de pan, cerveza y de toda clase de cosas buenas," pero, a pesar de tales alabanzas por el cuidado de su manutención, no existe la menor duda de que no trabajan voluntariamente, sino que los trabajos son forzados.

    "El palo está en mi mano — dice uno de los capataces egipcios según aparece en escritura jeroglífica—. ¡No seáis holgazanes!"

    FIG. 18. - Obreros extranjeros trabajando en la fabricación de ladrillos en Egipto.

    El cuadro resulta una impresionante ilustración de las palabras de la Biblia: Los egipcios esclavizaron tiránicamente a los israelitas y amargaron su vida con duros trabajos de arcilla y adobes (Ex. 1:13-14).

    Israel era un pueblo de pastores y no estaba acostumbrado a otra clase de trabajo, que, por tanto, le resultaba doblemente pesado.

    Los trabajos de construcción y la fabricación de ladrillos eran, para ellos, trabajos de esclavos.

    La pintura de la tumba de la peña muestra una escena de la construcción del templo de Amón, en la ciudad de Tebas. Pero las ciudades clásicas de la servidumbre de los hijos de Israel eran Pitom y Rameses. Ambos nombres aparecen en forma variada en las representaciones egipcias. "Pi-Tum," la "Casa del dios Tum," es el nombre de una ciudad que Ramsés II mandó construir. Y el ya mencionado Pi-Ramsés-Meri-Amón corresponde al bíblico Rameses. Una inscripción de la época de Ramsés II habla de "Pr," "el arrastre de los bloques de piedra para la gran fortaleza de la ciudad Pi-Ramsés-Meri-Amón." Con las letras pr se designa a los semitas en el idioma escrito de los egipcios.

    Queda aún sin esclarecer la cuestión del lugar donde se hallaban emplazadas ambas ciudades. Todo cuanto se sabe sobre el particular es que los soberanos del Imperio Nuevo habían trasladado su residencia desde la antigua Tebas hacia el Norte, a Avaris, desde la cual los hyksos habían regido el país. La nueva política de la potencia internacional hizo aconsejable no estar demasiado lejos de aquel punto, como acontecía con Tebas, situada mucho más al Sur. Desde el Delta podía ser mas fácilmente vigilada la inquieta "Asia," las posesiones en Canaán y Siria. El faraón Ramsés II dio su nombre a la nueva capital. De la primitiva Avaris surgió la ciudad de Pi-Ramsés-Meri-Amón.

    Después de muchas suposiciones y conjeturas, la piqueta de los arqueólogos puso fin a la diversidad de opiniones sobre el emplazamiento de una de las dos ciudades. El que viaje por Egipto puede incluir en su programa una visita a sus ruinas. Desde El Cairo es una excursión en auto de unos 100 km. de recorrido. Aproximadamente a la mitad del canal de Suez, allí donde éste atraviesa el antiguo lago de los Cocodrilos 1, empieza un valle seco que se extiende hasta el brazo oriental del Nilo, conocido con el nombre de Wadi Tumilat. Diez kilómetros de distancia separan a dos montículos formados por ruinas. Uno de ellos es el Tell-er-Retaba, el bíblico Pitom, y el otro el Tell-el-Maschuta, el bíblico Sukkot (Éxodo, 12:37; 13:20). Además de los restos de los depósitos de grano, se encontraron inscripciones en las cuales se habla de almacenes de víveres.

    FIG. 19. — Grandes silos para el trigo en Egipto

    Si 4.000 años atrás hubiese existido una oficina de protección de patentes, hubiera tenido que conceder una a los egipcios por la invención de los silos. Los que actualmente existen en las haciendas canadienses y americanas aún se construyen según estos modelos. Claro que los silos egipcios no alcanzaron proporciones gigantescas; pero las construcciones de forma circular de 8 metros de diámetro, con su rampa y embudo de carga, no eran cosa rara en las tierras del Nilo. Fue José quien hizo construir silos de grano cuando era gran visir (Gen. 41:48 y sigs.); y sus descendientes edificaron depósitos de trigo en la tierra de Gosen bajo un régimen de trabajos forzados.

    La investigación para encontrar la segunda ciudad donde los israelitas se vieron obligados a trabajar en esta forma, Ra-meses 2, no dio resultado durante mucho tiempo. Sólo al cabo de tres decenios después del descubrimiento de Pitom fue finalmente hallada. Esto sucedía en el año 1930.

    El faraón Ramsés II, llamado el Grande, ha dejado a los arqueólogos muchos enigmas para descifrar. Mayor que su fiebre constructiva fue su vanidad; de suerte que nunca sintió escrúpulos en adornarse con plumas ajenas. ¡La posteridad tenía que quedar maravillada del gran constructor Ramsés II! Y lo consiguió. Los arqueólogos apenas pudieron comprender, al principio, cómo era posible la existencia de tan gran número de templos y edificios profanos que llevan el nombre del "insigne" Ramsés II. Cuando los edificios fueron examinados más minuciosamente, la explicación saltó a la vista sin gran dificultad. Muchos de aquellos edificios fueron levantados varios siglos antes de Ramsés II. Lo que sucedió es que éste, para satisfacer su vanidad, hizo grabar su monograma en todos ellos.

    En el Delta la búsqueda de la ciudad de Pi-Ramsés-Meri-Amón llevó de una colina a otra; uno tras otro fueron examinados todos los sitios donde aparecían restos de la antigüedad en el Delta oriental del Nilo: Pitom, Heliópolis, Pelusium y otros. Los enigmas se resolvieron sólo cuando el profesor Fierre Montet, de Estrasburgo, en el año 1929, comenzó sus excavaciones cerca de la actual población pesquera de San, a unos 50 kilómetros al sudoeste de Port Said. Este investigador, en sus trabajos, que duraron del 1929 al 1932, descubrió cantidades insólitas de estatuas, esfinges, estelas y restos de edificios, todos sellados con el monograma de Ramsés II. Esta vez no hubo ya duda de que se trataba de las ruinas de Pi-Ramsés-Meri-Amón, la ciudad designada con el nombre de Rameses en la Biblia. Y al igual que Pitom, se encontraron también aquí ruinas de depósitos de granos y almacenes.

    Los israelitas fueron, en realidad, las víctimas del afán constructivo del Faraón. La situación de la tierra a la cual habían emigrado favorecía la implantación de trabajos de esclavos. El bíblico Gosen, con sus ricos pastos, empezaba a pocos kilómetros al sur de la nueva capital y llegaba hasta Pitom. Nada era más fácil que separar a esos extranjeros de sus rebaños y emplearlos como mano de obra para sus grandes construcciones.

    Las ruinas halladas en San nos dejan adivinar los esplendores de la metrópoli de un día. En una misiva escrita en papiro por un contemporáneo se nos describe lo que los esclavos contemplaban en su marcha diaria al lugar donde se realizaban las obras. El alumno Pai-Bos escribe entusiasmado a su maestro Amenen-Opet:

    "...He venido a Pi-Ramsés, el favorito de Amón, y encuentro que es maravilloso. Una ciudad soberbia que no tiene igual. La ha fundado el dios Ra según el plano de Tebas. Permanecer en ella equivale a llevar una vida magnífica. Sus campos ofrecen gran variedad de buenas cosas. Diariamente recibe vituallas frescas y carne. Sus estanques están llenos de peces, sus lagunas pobladas de aves, las superficies de sus prados están cubiertas de hierba verde y sus frutos tienen el sabor de la miel en los campos bien cultivados. Sus almacenes están repletos de cebada y de trigo; se elevan hasta el cielo. Hay cebollas y puerros para los guisos, así como granadas, manzanas, aceitunas, higos en los huertos. Vino dulce de Kendkeme que tiene mejor sabor que la miel. El brazo del Delta Shi-Hor produce sal y salitre. Continuo es el paso de las naves. Aquí diariamente hay manjares frescos y reses. Es una delicia vivir en este lugar. Nadie dice: ¡Quiera Dios! Las gentes modestas viven como los potentados. ¡Celebremos allí las fiestas divinas y el comienzo de las estaciones!"

    Unos años después la dura vida de los hijos de Israel en el desierto les hace olvidar la amarga servidumbre. Sólo ha quedado el recuerdo de la abundancia de la comida en el Delta del Nilo:

    "Y les dijeron: ¡Ojalá hubiéramos muerto en manos de Yahvé en el país de Egipto cuando nos sentábamos junto a la olla de la carne, cuando comíamos pan hasta hartarnos!" (Ex. 16:3). "¿Quién nos dará a comer carne? Nos acordamos del pescado que de balde comíamos en Egipto, de los cohombros, melones, puerros, cebollas y ajos... ¿Quién nos dará a comer carne? Ciertamente éramos felices en Egipto" (Num. 11:4-5,18).

    Los restos hallados en las excavaciones y los textos contemporáneos de aquella época, que casi al pie de la letra repiten lo mismo, refuerzan esta descripción de la Biblia. Pero no se piense que con ello se haya acallado la disputa académica sobre el valor histórico de estos hechos en la vida de Israel. Casi con enojo suenan las palabras del profesor americano William Foxwell Albright, uno de los pocos eruditos que posee una formación universal (es teólogo, historiador, filósofo, orientalista y arqueólogo), cuando se expresa de esta manera:

    "Según nuestros conocimientos actuales de la topografía del Delta oriental, el relato de la partida para el éxodo que se hace en el libro de Moisés (Ex. 12:37; 13:20) es completamente exacto por lo que hace a la descripción del terreno. Nuevas pruebas acerca del carácter esencialmente histórico del relato del Éxodo, sobre el paso por los territorios del Sinaí, Madián y Qadés, no resultará difícil obtenerlas, gracias a nuestros conocimientos, cada día más precisos, sobre la topografía y la arqueología. Por ahora, tenemos que contentarnos con la seguridad de que la postura hipercrítica que por parte de algunos existe aún sobre estos extremos, como existía antes sobre las primitivas tradiciones históricas de Israel, carecen ya en absoluto de fundamento. Hasta la propia fecha de la huida, que durante tiempo fue objeto de polémicas, puede ser ahora determinada dentro de límites no demasiado imprecisos... Si la fijamos en el año 1290 antes de J.C., apenas podemos equivocarnos, ya que los primeros años de Ramsés II (desde 1301 a 1234) estuvieron en su mayor parte ocupados por una gran actividad constructiva que se desarrolló en la ciudad a la cual dio su nombre, la Rameses de la tradición israelita. La notable coincidencia entre esta fecha y la indicación contenida en el Ex. 12:40, de 430 años ("La estancia de los hijos de Israel en Egipto duro 430 años"; Ex. 12:40), hace suponer que su entrada en Egipto debió de tener lugar hacia el año 1720 antes de la era cristiana, cosa que puede ser casual, pero no deja de ser una coincidencia muy notable."

    El gobierno de Ramsés II representa la época de la opresión y de la servidumbre de Israel; pero, al propio tiempo, aquella en que surge el gran libertador Moisés:

    Y SUCEDIÓ POR AQUELLOS DÍAS QUE, SIENDO YA MAYOR MOISÉS, FUE DONDE SUS HERMANOS, COMPROBÓ LO AGOBIADOS QUE ANDABAN Y VIO UN EGIPCIO QUE PEGABA A UNO DE SUS HERMANOS HEBREOS. VOLVIÓSE A UNO Y OTRO LADO Y, NOTANDO QUE NO HABÍA NADIE, MATÓ AL EGIPCIO Y LO ENTERRO EN LA ARENA... ENTERÓSE EL FARAÓN DEL CASO Y TRATÓ DE MATAR A MOISÉS; PERO MOISÉS HUYÓ DE LA PRESENCIA DEL FARAÓN, SE ESTABLECIÓ EN EL PAÍS DE MADIÁN Y CIERTO DÍA SENTÓSE JUNTO A UN POZO (Ex. 2:11-15).

    Moisés era un hebreo nacido en Egipto y educado por egipcios y llevaba un nombre típico de este país. "Moisés" es el nombre Mâose, muy corriente junto al Nilo. La palabra egipcia "ms" 3 significa sencillamente "niño, hijo." Un gran número de faraones se llamaban Amosis, Amasis y Thutmosis. Y Thutmose se llamaba el célebre escultor entre cuyas obras maestras figura la cabeza de Nefrete, de sin igual belleza, que todo el mundo admira aún hoy día.

    Esto son hechos positivos. Los egiptólogos lo saben. Pero la generalidad fija su atención sobre la célebre historia bíblica de Moisés, sobre la cestilla encontrada en el Nilo, y los eternos escépticos sacan a colación un argumento que, según ellos, pone en duda la autenticidad de tan precioso relato:

    "¡Esto no es más que la leyenda del nacimiento de Sargón!" dicen.

    Y opinan que se trata de un simple plagio.

    Del rey Sargón, fundador de la dinastía semítica de Akkad, 2.360 años antes de J.C., nos hablan los textos trazados en escritura cuneiforme:

    "Yo soy Sargón, el poderoso rey de Akkad. Mi madre era una sacerdotisa. A mi padre no le conocí. Mi madre me concibió; me dio a luz a escondidas; me colocó en una cesta de juncos y cerró mi puerta con asfalto. Me abandonó en el río... El río me arrastró llevándome hasta donde estaba Akki regando. Éste me adoptó como hijo suyo y me educó..."

    El parecido con la historia bíblica de Moisés es, en realidad, desconcertante:

    Mas como no pudiese tenerlo oculto mas tiempo, cogió una cestilla de papiro, calafateada por betún y pez, puso en ella al niño y la coloco en el juncal, orilla del Nilo... (Ex. 2:3...).

    La historia de la cestilla es un relato popular muy antiguo entre los semitas. A través de muchos siglos, fue de boca en boca. La leyenda relativa a Sargón, perteneciente al tercer milenio antes de Jesucristo, se encuentra también reseñada en unas tablillas de escritura cuneiforme del primer milenio. Sus detalles no son más que arabescos con los cuales, desde los tiempos más remotos, se adornaba la vida de los grandes hombres para la posteridad. ¿Quién pondría en duda la realidad histórica del emperador Barbarroja por algunos detalles que la leyenda ha ido tejiendo en torno a su vida?

    Los empleados del Estado disfrutan en todas partes de la protección oficial. En tiempos de los Faraones ocurría lo mismo que en nuestros días. Así, a Moisés, después de haber dado muerte al capataz llevado por su justa cólera, no le queda otro recurso que la huida, a fin de escapar de un seguro castigo.

    Moisés hace lo que, antes que él, hizo Sinuhe. Huye del territorio egipcio en dirección a Oriente. Como Canaán es territorio ocupado por Egipto, Moisés elige, para su exilio, la montañosa comarca de Madián, situada al este del golfo de Akaba, con la cual se siente unido por lazos de parentesco. Queturá era una mujer del patriarca Abraham, después que Sara hubo muerto (Gen. 25:1). Uno de sus hijos se llamaba Madián. La tribu de Madián es designada en el Antiguo Testamento con el nombre de quineos (Num. 24:21). En árabe "qain," en arameo "qainaya," equivale a herrero. Esta denominación está enlazada con la existencia de metal en las proximidades del lugar donde estaba asentada la tribu. Las cordilleras situadas al este del golfo de Akaba son ricas en yacimientos de cobre, como pudieron comprobar las primeras exploraciones del americano Nelson Glueck.

    Ningún Estado deja salir de buen grado de sus dominios a los obreros extranjeros, mano de obra barata, y sujetos a servidumbre. Esto lo tuvo que experimentar también el pueblo de Israel. Finalmente, parece ser que las plagas decidieron a los egipcios, conceder el permiso de salida. No existe por ahora ningún documento extra bíblico que pueda aducirse en pro del hecho de las plagas que tuvieron efecto en tiempo de Moisés. Pero las plagas no son ni inverosímiles ni poco frecuentes. Precisamente forman parte integrante del colorido local egipcio. "Las aguas del Nilo se convirtieron en sangre." "Subieron ranas y cubrieron toda la tierra de Egipto." "Vinieron mosquitos y tábanos y una peste sobre el ganado y pústulas eruptivas, y finalmente granizo, langostas y tinieblas" (Ex. 7-10).

    Todas estas cosas que cita la Biblia las está sufriendo Egipto hasta en nuestros días. Tal sucede, por ejemplo, con el "Nilo rojo."

    Los materiales de aluvión procedentes de los lagos de Abisinia colorean el agua del río especialmente en la parte superior de su curso, y esa coloración adquiere, muchas veces, un matiz rojo obscuro tirando a pardo. Las aguas adquieren un aspecto muy parecido al de la sangre. En las épocas de las inundaciones aumentan las ranas y también los mosquitos, a veces en forma tan considerable, que se convierten en verdaderas plagas. Algo semejante sucede con los tábanos. No es raro que lleguen a invadir extensas regiones; penetran en los ojos, en la nariz y en las orejas, dando lugar a acerbos dolores.

    En cuanto a pestes del ganado las hay frecuentes en todo el mundo. Y por lo que se refiere a las pústulas que invaden tanto al hombre como a los animales, puede tratarse del llamado sarpullido o sarna del Nilo. Consiste en erupciones que producen una gran comezón, son contagiosas y, a menudo, se convierten en úlceras terribles. Esta fea enfermedad de la piel también amenaza a Moisés como castigo al cruzar el desierto: “ΎαΙινό te herirα con las ϊlceras de Egipto, con almorranas, con sarna, con tina, de que no curaras" (Deut. 28:27).

    El pedrisco es verdaderamente raro en el Nilo, pero no desconocido. La época más propicia para que ocurra son los meses de enero o febrero. En cambio, las nubes de langosta constituyen catástrofes muy frecuentes y típicas en los países de Oriente. Igual ocurre con las repentinas tinieblas. El chamsin, designado vulgarmente con el nombre de simún, es un viento ardiente que arrastra masas considerables de arena, las cuales ocultan la luz del sol, le dan un aspecto mate y amarillento y hacen que, en pleno día, apenas si se vea. Sólo la muerte del primogénito es una plaga para la cual no existe explicación alguna (Ex. 12) 4.

    ** ** **

    1. Lago Timsah.

    2. Es decir, Pi-Rarasés-Meri-Amón, el primitivo Avaris.

    3. "ms" está por musu; el lenguaje culto egipcio renuncia a las vocales.

    4. Es cierto que cada una de las plagas (si exceptuamos la décima) "están relacionadas con fenómenos naturales que tienen efecto en Egipto." Esto no quiere decir, sin embargo, que estos fenómenos, tal como son narrados en la Sagrada Escritura, fuesen meramente naturales. Tanto por la consideración del texto como por alusiones posteriores aparece claro que las plagas tuvieron un carácter marcadamente milagroso, fueron verdaderos milagros en cuanto al modo, pues no habrían sucedido tal como sucedieron "sin la intervención de un poder especial divino." Cfr. B. Orchard..., Verbum Dei I, Barcelona, 1956, pág. 519 (N. del T.).
    http://www.holytrinitymission.org/books/spanish/biblia_tenia_razon_keller.htm

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    Re: El estudio de la sequia en el Antiguo Egipto

    Mensaje por Viajera Cósmica el Sáb Ago 25, 2012 10:21 am

    Parte Tercera.

    Del Nilo al Jordán.

    1. Hacia el Sinaí.

    Salida de Rameses. — Dos probables escenarios del milagro del mar. — Huellas de vados en el canal de Suez. — Jornadas de tres días sin agua. — Bandadas de codornices en la época de emigración de las aves. — Una expedición que pone en claro el fenómeno del maná. — Un centro minero egipcio en el Sinaí. — El alfabeto en el templo de Hathor.

    PARTIERON. PUES, LOS HIJOS DE ISRAEL DE RAMESES HACIA SUKKOT (Ex. 12:37). ASÍ, PUES. DIOS HIZO RODEAR AL PUEBLO POR EL CAMINO DEL DESIERTO HACIA EL MAR ROJO (Ex. 13:18). PARTIERON DE SUKKOT Y ACAMPARON LUEGO EN ETAM (Ex. 13:20). PERSIGUIÉRONLOS, PUES, LOS EGIPCIOS Y LES DIERON ALCANCE — TODA LA CABALLERÍA Y LOS CARROS DEL FARAÓN Y SUS JINETES Y SU EJÉRCITO — MIENTRAS ACAMPABAN JUNTO AL MAR CERCA DE PI-HAJIROT (Ex. 14:9).

    La primera parte del camino andado en la huida de Egipto puede seguirse fácilmente sobre el mapa. No se extiende — conviene hacerlo notar — en dirección de la posteriormente llamada "Vía Filistea" (Ex. 13:17), que era la gran ruta que, a través de Palestina, conducía de Egipto al Asia. Esta gran ruta, que seguían las caravanas y las columnas militares, corre casi paralela a la costa del Mediterráneo y era la más corta y la mejor, pero al mismo tiempo la más vigilada de todas. Un verdadero ejército de soldados y de funcionarios ejercía un estricto control sobre ella desde los fuertes fronterizos.

    Esa ruta ofrecía un peligro grande. Por esto el pueblo de Israel se desvía hacia el Sur. Desde Pi-Ramsés, ciudad situada en el delta del Nilo, en su margen derecha, se dirige primero a Sukkot, situada en el Wadi Tumilat, luego hacia Etam. Pi-Hajirot, la más próxima estación. La Biblia indica que este lugar estaba situado "entre Migdal y el mar, frente a Baalsefón" (Ex. 14:2). "Miktol" aparece también en los textos egipcios; significa algo así como torre. Una fortaleza guardaba en aquella parte sur la ruta las caravanas que se dirigían al territorio del Sinaí. A 25 kilómetros al norte de Suez fueron desenterradas sus ruinas.

    EXTENDIÓ MOISÉS LA MANO SOBRE EL MAR Y YAHVÉ RETIRÓ EL MAR MEDIANTE UN FUERTE VIENTO SOLANO QUE SOPLÓ TODA LA NOCHE, DEJÓ AL MAR SECO Y LAS AGUAS SE HENDIERON. ENTONCES LOS HIJOS DE ISRAEL ENTRARON EN MEDIO DEL MAR POR ENJUTO Y LAS AGUAS FORMABAN COMO UN MURO A SU DERECHA E IZQUIERDA (Ex. 14:21-22).

    ...Una división de carros de combate, que intenta alcanzar al pueblo de Israel, es engullida por el mar junto con sus caballos y sus jinetes.

    Este "milagro" ha ocupado incesantemente la atención de los hombres. Lo que ni la ciencia ni la investigación pudieron aclarar hasta ahora no es la huida en sí, para la cual existen muchas posibilidades reales. Lo que es objeto de controversias es sólo el escenario, sobre cuyo emplazamiento no existe todavía una completa certeza.

    La primera dificultad consiste en la traducción. La palabra hebraica "Yam suph" ha sido traducida unas veces por "Mar Rojo" y otras por "Mar de los Juncales," es decir, Mar de los Cañaverales. De los cañaverales se habla repetidas veces: "Pues hemos oído cómo Yahvé secó ante vosotros el agua del Mar de los Cañaverales en vuestra salida de Egipto..." (Jos. 2:10). En el Antiguo Testamento se designa hasta el profeta Jeremías con el nombre de "Mar de los Cañaverales." El Nuevo Testamento menciona sólo el Mar Rojo (Ap. 7:36; Hebr. 11:29).

    En las orillas del Mar Rojo no crece ningún cañaveral. El verdadero Mar de los Cañaverales estaba situado más al Norte. Una reconstrucción que responda realmente al lugar preciso — y ésta es la segunda dificultad — no es posible en modo alguno. La construcción del canal de Suez en el pasado siglo ha modificado por completo el aspecto de esta comarca. Según los cálculos más verosímiles el milagro del mar tiene que haber acontecido precisamente en aquel territorio. Así, por ejemplo, el antiguo lago Ballah, situado al sur de la ruta de los filisteos, ha desaparecido al construirse el canal; era una comarca que se encharcaba. En tiempos de Ramsés II el Golfo de Suez se comunicaba con los Lagos Amargos. Al parecer, esta comunicación se extendía hasta el lago Timsah, el Lago de los Cocodrilos. La parte de agua que unía el Golfo de Suez con los Lagos Amargos era vadeable por muchos sitios. Es completamente verosímil que la huida de Egipto tuviese lugar a través de este "Mar de los Cañaverales."

    En los primeros tiempos del cristianismo sospecharon algunos peregrinos que la huida de Egipto se efectuó a través del Mar Rojo. Pensaban, al decir esto, en la extremidad septentrional del Golfo en las proximidades de la ciudad de Es-suwes, el Suez de nuestros días. También aquí pudo tener lugar la travesía. A veces los fuertes vientos del Noroeste hacen retroceder de tal manera las aguas al extremo norte del Golfo de Suez, que éste puede atravesarse de a pie. En Egipto predomina el viento del Oeste. En cambio, el "viento del Este" mencionado en la Biblia es típico en Palestina 1.

    DESPUÉS MOISÉS HIZO PARTIR DEL MAR ROJO A LOS ISRAELITAS, QUIENES SE DIRIGIERON AL GRAN DESIERTO DEL SUR, POR EL CUAL CAMINARON TRES DÍAS SIN HALLAR AGUA, Y LLEGARON A MARA, DE CUYA AGUA NO PUDIERON BEBER, PORQUE ERA AMARGA (Ex. 15:22-23).

    LLEGARON A ELIM, DONDE HABÍA DOCE FUENTES Y SETENTA PALMERAS (Ex. 15:27).

    PARTIERON DE ELIM Y TODA LA CONGREGACIÓN DE LOS HIJOS DE ISRAEL LLEGÓ AL DESIERTO DE SIN, QUE ESTA ENTRE ELIM Y EL SINAÍ (Ex. 16:1).

    Entonces empieza la penosa marcha, la vida nómada en el árido paisaje de la estepa, ¡que tiene que durar cuarenta años!

    Con asnos, cabras y ovejas sólo pueden realizarse jornadas diarias de unos 20 kilómetros; el fin de la jornada está siempre en la próxima aguada.

    Durante cuarenta largos años peregrinan los hijos de Israel siguiendo el confín del desierto de una fuente a otra, de una aguada a otra aguada. Teniendo en cuenta los puntos de descanso citados en la Biblia, pueden identificarse muy bien las diferentes etapas.

    El itinerario seguido viene descrito en forma verídica y convincente en el capítulo 33 del libro de los Números. Como es lógico, una comunidad formada por seres humanos y por animales no se aleja, ni en el Negueb ni en el territorio del Sinaí, de los oasis ni de los pastizales.

    Desde el Nilo hasta las montañas de la península del Sinaí se desarrolla un antiquísimo camino de herradura. Era el camino por el que llegaban las innumerables columnas de trabajadores y de esclavos que, ya desde el año 3000 antes de J.C. extraían el cobre y las turquesas del Monte Sinaí. Más de una vez, en el transcurso de los milenios, fueron abandonadas las minas, permaneciendo durante varios siglos en el olvido. Ramsés II se acordó de los tesoros que yacían ocultos en aquel lugar y puso de nuevo las minas en explotación.

    A lo largo de este camino que conducía a la región minera, Moisés guía a su pueblo. Empieza en Menfis, llega junto a la punta del Golfo al sitio donde actualmente se halla situada la ciudad de Suez, y luego tuerce por una región sin agua de unos 70 kilómetros de profundidad, sin oasis y sin un solo manantial. Expresamente se dice en la Biblia que al principio del éxodo de Egipto los israelitas deambularon durante tres días por el desierto sin agua; que después llegaron a una fuente amarga y poco después alcanzaron un fértil oasis con "doce fuentes y setenta palmeras." Estos datos tan precisos de la Biblia ayudaron a los investigadores para dar con la ruta histórica del éxodo.

    Para una caravana formada por rebaños de ganado y mucha gente, 70 kilómetros representan una marcha de tres días. Los nómadas pueden recorrer semejante distancia. Para ello llevan en sus zurrones una "ración de agua reservada," en odres de piel de cabra, como los que llevaba la familia patriarcal de la pintura mural de Beni Hasan. A 70 kilómetros, contando desde la extremidad norte del Mar Rojo, mana aún hoy día una fuente, "Ain Hawarah," según se la designa en el lenguaje de los beduinos. Los nómadas, cuando llevan sus rebaños, se detienen a disgusto en este lugar. El agua en realidad no invita a hacer un alto. Es salobre y sulfurosa, "amarga," dice la Biblia. Es la antigua Mará.

    Unos 24 kilómetros más hacia el Sur, exactamente a una jornada de marcha más lejos, se extiende el Wadi Garandel: un magnífico oasis con umbrías palmeras y muchas fuentes. Éste es el bíblico Elim, el segundo lugar de reposo. Más allá de Elim empieza el desierto de Sin, junto a la costa del Mar Rojo, hoy día llanura de El Kaa. Los hijos de Israel tienen, a decir verdad, un corto camino andado a sus espaldas, pero desacostumbrado y lleno de privaciones, para ellos, principalmente después de la vida que habían llevado en Egipto, que si bien era dura, era también ordenada y sin preocupaciones por saciar el hambre. No es de extrañar, pues, que la desilusión y el descontento cundieran entre el pueblo. Sin embargo, la insuficiente alimentación del desierto pudo ser completada gracias a dos acontecimientos imprevistos y bien recibidos.

    EN EFECTO, A LA TARDE SUBIERON LAS CODORNICES Y CUBRIERON EL CAMPAMENTO, Y POR LA MAÑANA HABÍA UNA CAPA DE ROCÍO ALREDEDOR DE ÉL. CUANDO SE EVAPORÓ EL ROCÍO, ADVIRTIERON QUE HABÍA SOBRE LA SUPERFICIE DEL DESIERTO UNA COSA MENUDA A MODO DE ESCAMAS, MENUDA COMO ESCARCHA, SOBRE LA TIERRA. CUANDO LO VIERON LOS HIJOS DE ISRAEL DIJÉRONSE UNOS A OTROS: "¿QUÉ ES?" (MAN-HU), PUES NO SABÍAN LO QUE ERA. MOISÉS DIJO: "ES EL PAN QUE NOS HA DADO YAHVÉ PARA ALIMENTO" (Ex. 16:13-15).

    Grandes han sido las discusiones entabladas en torno a la cuestión de las codornices y del maná. ¡Cuántos escepticismos han suscitado! Y, sin embargo, tanto las codornices como el maná son algo natural 2. Basta con preguntar a un profesor de Ciencias Naturales, o a los naturales del país que aún hoy día pueden observar un fenómeno parecido.

    FIG. 20. — Caza de codornices junto al Nilo.

    La huida de Egipto de los israelitas tiene lugar en primavera, es decir, en la época de las grandes emigraciones de las aves. Desde el África, que en verano resulta insoportable por el calor y la sequía, los pájaros, desde tiempos antiquísimos, se dirigen a Europa siguiendo dos rutas. Una de ellas lleva desde la punta occidental de África a España; la segunda, alrededor del Mediterráneo oriental, a los Balcanes. Entre las aves peregrinas se encuentran las codornices, que en los primeros meses del año pasan por encima de las aguas del Mar Rojo, que tienen que atravesar en su ruta hacia el Este. Cansadas de tanto volar, se dejan caer en las llanuras costeras para recuperar sus fuerzas a fin de realizar después el vuelo por encima de las altas montañas hasta alcanzar el Mediterráneo. Flavio Josefo (Ant. III, t. 5) da cuenta de este hecho; pero aún en nuestros días, en los meses de primavera y otoño, los beduinos cazan con la mano en aquella misma comarca a las cansadas codornices.

    Por lo que se refiere al célebre maná, es preferible ver lo que dicen los botánicos. Ante todo, el que se interese por este producto lo hallará entre la lista de exportaciones de la península del Sínai. Por lo demás, los árboles donde se produce vienen indicados en todas las reseñas botánicas del Próximo Oriente, especialmente la Tamarix mannifera. Para la generalidad de las gentes, el bíblico pan del cielo sigue siendo un misterio inexplicable. El fenómeno del maná viene a ser un ejemplo clásico de la manera persistente y obstinada de cómo ciertas opiniones y puntos de vista arraigan en la gente, a veces, durante generaciones y más generaciones, y cuan difícil le resulta entonces a la verdad abrirse paso. Parece cual si nadie quisiera admitir la realidad de los hechos, y ésta es que el "maná del cielo" existe en realidad. Y no nos faltaban por cierto descripciones verídicas sobre su existencia. El siguiente relato de un testigo ocular tiene más de 500 años:

    "En todos los valles que rodean al monte Sinaí se encuentra hasta en nuestros días el llamado "pan bajado del cielo" que los monjes y los árabes recolectan, conservan y venden a los peregrinos y extranjeros que pasan por aquel país." Esto escribía en el año 1483 el decano de Maguncia Breitenbach al describir su peregrinación al Sinaí. "Dicho pan cae por la mañana, al amanecer, cual rocío o escarcha, a gotas sobre la hierba, las piedras o las ramas de los árboles. Es dulce como la miel, y se adhiere a los dientes cuando se mastica. De él hemos adquirido algunas porciones."

    En 1823, el botánico alemán G. Ehrenberg publicó un folleto 3 que hasta sus colegas recibieron con escepticismo. A decir verdad, sus explicaciones parecían inverosímiles, pues venía a decir que el maná no era más que una secreción de los árboles y de los arbustos de tamariscos cuando éstos reciben las picaduras de una clase especial de cochinillas que son privativas del Sinaí.

    Cien años después tiene lugar una auténtica expedición para proceder al descubrimiento del maná. Los botánicos Federico Simón Bodenheimer y Osear Theodor de la Universidad Hebrea de Jerusalén se dirigen a la península del Sinaí para esclarecer la tan debatida cuestión del fenómeno del maná. Durante varios meses los dos hombres de ciencia exploran las tierras secas y los oasis que rodean el monte Sinaí. Su comunicado causa una gran sensación. No sólo traen consigo la primera fotografía del maná, sino que, como resultado de su investigación, confirman completamente los datos de Breitenbach y de Ehrenberg, afirmando además la verdadera realidad con que la Biblia da cuenta de la peregrinación del pueblo de Israel por el desierto.

    Sin la cochinilla mencionada por primera vez por Ehrenberg no existiría, en realidad, el maná. Los pequeños insectos viven especialmente sobre los tamariscos, una especie de acacia nativa del Sinaí. Estos tamariscos segregan un jugo duro que, según los datos facilitados por Bodenheimer, tiene la forma y el tamaño de las semillas del cilantro (Coriandrum sativum). Al caer es blanco; pero cuando hace tiempo que está depositado en el suelo adquiere una coloración amarillopardusca. Como es natural, ambos investigadores han probado el maná. "El sabor de los gránulos cristalizados de maná tiene un dulzor especial — dice Bodenheimer —. Puede compararse más bien al azúcar de panal, es decir, al producto de la vieja miel de abejas." "Y era como la semilla del cilantro blanco — dice la Biblia—y tenía un sabor como de torta de harina amasada con miel" (Ex. 16:31).

    Los resultados de la expedición confirman asimismo la restante descripción del maná: "Recogíanlo, pues, todas las mañanas, cada uno según el sustento que necesitaba y cuando calentaba el sol derretíase" (Ex. 16:21). Exactamente igual se apresuran los beduinos en nuestros días en las montañas a recoger a primera hora su "Mann es-samâ," o sea el "maná del cielo," pues las hormigas son competidoras voraces. "Empiezan su recolección cuando el suelo ha alcanzado una temperatura de 21 grados centígrados," se dice en el relato de la expedición. "Esto sucede hacia las ocho y media de la mañana. Hasta entonces los insectos están aún en estado letárgico."

    Así que las hormigas se ponen en movimiento desaparece el maná. Esto es lo que el cronista de la Biblia quiso seguramente significar cuando dice que se liquidaba. Los beduinos no se olvidan ciertamente de almacenar el maná cuidadosamente en un puchero, ya que, de no ser así, las hormigas se precipitarían sobre él y lo devorarían. Igual aconteció en la época de la peregrinación de Moisés: "Muchos dejaron algo para el día siguiente; pero se lleno de gusanos..." (Ex. 16:20).

    La recolección del maná depende de una favorable lluvia de invierno y es distinta a través de los años. ¡Si el año es favorable, los beduinos del Sinaí suelen recoger cada mañana medio kilo por hombre! Una cantidad apreciable que puede ser suficiente para alimentar a una persona adulta. Así pudo ordenar Moisés a los israelitas:

    "Que cada uno de vosotros recoja la cantidad que necesite para alimentarse" (Ex. 16:16).

    Los beduinos amasan con las gotas de maná una papilla que suele añadirse como complemento muy apreciado y rico en vitaminas a una alimentación demasiado monótona. El maná es también un producto de exportación y, bien conservado, un producto inalterable, puesto que puede conservarse por tiempo indefinido.

    Y Moisés le dijo a Aarón: "Coge un vaso, pon en él un ómer lleno de maná, colócalo delante de Yahvé a fin de conservarlo para vuestros descendientes" (Ex. 16:33).

    "Los israelitas comieron del maná durante cuarenta años, hasta que llegaron a tierra habitada, o sea hasta que llegaron a la frontera del país de Canaán" (Ex. 16:26).

    Los tamariscos productores de maná siguen poblando el Sinaí a lo largo del desierto de Arabia hasta el Mar Muerto.

    PARTIERON DEL DESIERTO DE SIN Y ACAMPARON EN DOFQÁ (Num. 33:12).

    El desierto de Sin, que se halla a varios centenares de metros sobre el nivel del Mar Rojo, se extiende vasto y monótono. En la cálida meseta, las brillantes y amarillas superficies de los arenales están sólo interrumpidas por plantas de esquenanto y escasos matorrales. Ni el viento ni la brisa suelen herir aquí el rostro de los caminantes. Aquel que siguiendo la vieja ruta de las caravanas se dirige hacia el Sudeste atravesando este país disfruta de una visión inolvidable: de repente aparecen ante él los escarpados perfiles de una montaña que surge del horizonte, destacándose sobre la meseta: es el macizo del Sinaí.

    A medida que el caminante se acerca a él van apareciendo formaciones geológicas que brillan en forma inusitada y en una rara escala de matices. Las peñas de granito de colores rosado y malva se destacan crudamente sobre el cielo azul. En medio, hay vertientes y precipicios de tono ámbar pálido y de un azufre rojizo con vetas de pórfido color de plomo y bandas de feldespato de un verde obscuro.

    Es como si la policromía y la magnificencia de un jardín lleno de flores hubiesen quedado petrificadas en esa sinfonía de piedra. En la linde del desierto de Sin termina el camino trillado y se pierde en un valle.

    Nadie supo hasta finales del siglo XIX dónde tenía que buscarse el emplazamiento de Dofqá. Solamente el nombre hace alguna referencia a aquél. Dofqá, en efecto, según dicen los filólogos, es un nombre que en hebreo equivale a "hornos de fusión." Y es cierto: allí donde hay algún metal escondido suele haber hornos de fusión.

    En los días de primavera del año 1904, el inglés Flinders Petrie, famoso ya como investigador en el campo de la arqueología bíblica, sale de Suez con una larga caravana de camellos. Un verdadero enjambre de eruditos, treinta entre arquitectos, egiptólogos y auxiliares, le acompañan. Desde las instalaciones del muelle del canal de Suez, la expedición sigue las huellas del camino que los egipcios seguían para alcanzar la región del Sinaí. Este camino pasa a través del desierto de Sin hasta las cordilleras y sigue la misma ruta que siguieron los israelitas al huir de Egipto.

    La caravana avanza lentamente por uno de los valles alrededor de la vertiente abrupta de la montaña; el reloj parece haber retrocedido de repente dos o tres milenios, o hasta quizá cuatro. La caravana se ambienta de súbito en el mundo de los Faraones. Petrie ordena que se detenga. En la plataforma formada por unos peñascos del valle se eleva un antiguo templo. El busto de una diosa con orejas de vaca fija sus ojos rígidos desde las columnas cuadrangulares del vestíbulo, donde se halla. Un conglomerado de estelas y, junto a ellas, un alto pilón, parecen haber surgido del suelo. La arena amarilla, alrededor de pequeños altares de piedra, muestra claras huellas de cenizas originadas por los holocaustos. Obscuros pasadizos se abren en las vertientes próximas, y altiva, sobre el valle, se eleva la ingente mole del monte Sinaí.

    El griterío de los guías cesa. La caravana permanece quieta, como sobrecogida ante tan fantasmagórica visión.

    En las ruinas del templo descubre Petrie el nombre del gran Ramsés II grabado en la piedra. La expedición se encuentra ahora en Serabit el-Chadem, el antiguo centro industrial y minero dedicado a la extracción de cobre y de turquesas. Todo hace pensar que es aquí donde hay que buscar a la bíblica Dofqá.

    Durante dos años largos, un campamento de tiendas colocado delante del antiguo templo da vida al valle.

    Las escenas de culto y las representaciones de sacrificios halladas en los muros de este santuario recuerdan que aquí' fue venerada la diosa Hathor.

    Los enormes montones de fragmentos que llenan los valles próximos nos hacen comprender la cantidad de excavaciones que se hicieron para la extracción del mineral de cobre y de las turquesas. Las huellas de los golpes de las herramientas aparecen en forma inequívoca; y las ruinas de las colonias donde vivían los mineros pueden distinguirse aún en los alrededores.

    El sol calcina de forma despiadada aquel anfiteatro formado por las montañas, tanto, que el calor llega a ser verdaderamente insoportable, dificultando la labor de los expedicionarios. En verdad, el trabajo en estas minas, sobre todo en el verano, debió de ser un infierno. Así lo deja suponer una inscripción de tiempos de Amenemhet III, que reinó alrededor del año 1800 antes de J.C.

    "Hor-ur-Re, guardasellos del Faraón y "jefe de los trabajadores," dirige un mensaje a los mineros y esclavos trabajadores. Él trata de estimularlos y darles ánimos en estos términos: ¡Por afortunado puede considerarse todo aquel que se halla trabajando en estas minas!"

    Pero ellos respondieron:

    "Cierto que hay turquesas en la mina. Pero es en la piel en lo que hay que pensar en esta estación. Sabemos que el mineral es siempre extraído en esta época; pero, la verdad, ¡imposible resistir en esta estación insoportable!"

    Hor-ur-Re contesta:

    "En todos los tiempos en que yo he llevado los hombres a las minas me ha guiado la gloria del rey... Mi rostro no estuvo nunca decaído ante el trabajo... Nunca exclamé: "¡Oh, si tuviera una buena piel!" Antes bien mis ojos brillaban..."

    Mientras las excavaciones se hallan en pleno desarrollo en las viejas minas, en las antiguas residencias de los mineros y en el ámbito del templo, a pocos pasos del santuario de la diosa Hathor, aparecen fragmentos de tablas de piedra que estaban debajo de la arena. Entre ellas hay también una estatuilla. Tanto en las tablas como en la escultura hay grabados unos signos raros. Ni Flinders Petrie ni los egiptólogos que figuran entre sus colaboradores pueden descifrarlos. Se trata de signos trazados en una escritura jamás vista. A pesar de que esos signos tienen un aspecto sumamente gráfico — recuerdan los jeroglíficos egipcios—, no puede tratarse de ninguna escritura jeroglífica. Para ello existe demasiado poca variedad de signos.

    Una vez examinadas todas las circunstancias del hallazgo, Flinders Petrie llega a la siguiente arriesgada conclusión: "Este sistema de signos lineales debió proceder de los obreros de Retenu 4 que eran contratados por Egipto y que son nombrados a menudo. La consecuencia es trascendental: los sencillos obreros cananeos ya estaban familiarizados con la escritura hacia el año 1500 antes de J.C. y dicha escritura no tiene nada que ver ni con los jeroglíficos, ni con los signos cuneiformes. Además desvaloriza definitivamente la hipótesis según la cual los israelitas, que después de su huida de Egipto atravesaron esta comarca, no supiesen escribir."

    Esta comunicación causó una sensación enorme en los círculos de los arqueólogos de los dedicados al estudio de las Sagradas Escrituras y de los historiadores. Todos los conocimientos que hasta entonces se poseían sobre el origen y el primer uso de una escritura en Canaán tuvieron que ser desechados. Parecía imposible que los habitantes de Canaán poseyeran ya escritura propia a mediados del segundo milenio antes de J.C. Sólo por el texto de las tablas del Sinaí podía ser demostrado si Petrie tenía verdaderamente razón. Inmediatamente después de su regreso a Inglaterra, Flinders Petrie hizo copiar las tablas.

    Los expertos de todos los países en la interpretación de los escritos antiguos se dedican al estudio de aquellos caracteres. Ninguno consigue encontrar en ellos sentido alguno. Sólo diez años más tarde, Sir Alan Gardiner, el genial descifrador de los textos egipcios, descorre el velo. Ha conseguido descifrar parte de la inscripción. El "bordón del pastor," repetidamente entallado, le ha servido de gran ayuda. En una combinación de cuatro o cinco signos que se repiten muchas veces, ¡al fin cree descubrir Gardiner unas palabras del antiguo lenguaje de los hebreos! Los cinco signos l-B’-l-t los considera dedicados a "da diosa Baalath."

    En el segundo milenio antes de J.C., en la ciudad costera de Biblos, era venerada una deidad femenina con el nombre de Baalath. A la misma deidad le fue erigido un templo por parte de los egipcios en Serabit el-Chadem; sólo que aquí era designada con el nombre egipcio de Hathor. Los trabajadores de Canaán habían extraído cobre y turquesas de las proximidades de este templo.

    La cadena de las comprobaciones se habían cerrado. La importancia del hallazgo realizado en el monte Sinaí sólo pudo ser apreciada en todo su valor después de minuciosas y pacientes investigaciones y estudios, seis años después del fallecimiento de Flinders Petrie.

    Gardiner sólo había podido descifrar una parte de los raros signos. Tres decenios después, en 1948, un equipo de arqueólogos de la Universidad de California, en Los Angeles, encuentra la clave que permite una traducción, palabra por palabra, de todas las inscripciones de las tablillas del Sinaí. ¡Éstas proceden sin duda de una época que puede situarse en el año 1500 antes de J.C. y están escritas en un dialecto de Canaán!

    Lo que Flinders Petrie arrancó de la ardiente tierra del Sinaí en 1905 lo tienen los hombres de todo el mundo ante sus ojos aunque en forma ligeramente modificada en periódicos, revistas, libros, ¡hasta en los propios tipos de la máquina de escribir! Las piedras de Serabit el-Chadem nos muestran los antecedentes de nuestro alfabeto actual. Las dos formas de expresión del "Fértil Creciente," caracteres en forma de figuras y letras cuneiformes, eran ya antiquísimas cuando, en el segundo milenio antes de J.C., se formó un tercero y más importante método de expresión: el alfabeto. Seguramente, acuciados por la escritura figurativa de sus colegas de trabajo, oriundos de la tierra del Nilo, los semitas del Sinaí formaron una escritura propia y completamente distinta.

    Las célebres inscripciones del Sinaí representan los primeros pasos del alfabeto semítico septentrional, que es, en línea directa, el padre y precursor de nuestro actual alfabeto. Se escribía así en Palestina, en Canaán, en las repúblicas marítimas de los fenicios; a fines del siglo IX antes de Jesucristo pasó a ser del dominio de los griegos. Desde Grecia pasa a Roma y desde Roma a todo el mundo. "Luego dijo Yahvé a Moisés: "Escribe esto para recuerdo en un libro"" (Ex. 17:14).

    FIG. 21. — Origen y desarrollo de nuestro alfabeto.

    Por primera vez se habla en el Antiguo Testamento de "escrito" cuando el pueblo de Israel llegó en viaje a través del desierto a la estación que está después de Dofqá. Ni una sola vez aparece antes dicha palabra. La operación de descifrar las tablas del Sinaí hizo considerar este lugar bíblico a la luz, completamente nueva, de un testimonio histórico; pues desde entonces sabemos que 300 años antes de que Moisés llevara por aquellos lugares al pueblo israelita salido de Egipto, las gentes de Canaán, en su lenguaje, estrechamente emparentado con el de Israel, usaban la escritura en su país.

    ** ** **

    1. Dios se valió sin duda de un viento del Este, particularmente fuerte y continuo, para demostrar tanto a su pueblo como a sus perseguidores su omnipotencia en este hecho milagroso. Cfr. B. Orchard..., o. c., págs. 527-528.

    2. En realidad tanto el hecho de las codornices como el del maná tal como son descritos en el texto sagrado no son completamente naturales. El alimento era natural, no las circunstancias (tiempo, duración, cantidad, etc.) que hacen que estos hechos sean en parte milagrosos o preternaturales. Cfr. B. Orchard..., o. c., Pág·530 (N. del T.).

    3. Symbola physica.

    4. Es decir, de Canaán.
    http://www.holytrinitymission.org/books/spanish/biblia_tenia_razon_keller.htm

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    Re: El estudio de la sequia en el Antiguo Egipto

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